Inicio Análisis y Perspectivas ¡CAMINANTE NO HAY CAMINO… SE HACE CAMINO AL ANDAR!

¡CAMINANTE NO HAY CAMINO… SE HACE CAMINO AL ANDAR!

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por Franco Machiavelo

No hay senderos trazados para los pueblos que deciden emanciparse. El camino no está en los manuales del poder ni en las columnas editoriales que dictan resignación. El camino se construye cuando la conciencia despierta y comprende que los derechos sociales, humanos y laborales no fueron regalos de la historia: fueron conquistas arrancadas a estructuras que siempre buscaron perpetuarse.

Decir “se hace camino al andar” no es una frase poética vacía; es una definición política. Significa que la transformación no nace de la pasividad, sino de la organización. La historia demuestra que cuando las mayorías se fragmentan, el poder económico avanza. Cuando se desmovilizan, la ultraderecha reorganiza su narrativa para presentar la precarización como modernidad y el retroceso como libertad.

El clasismo no es odio: es conciencia. Es entender que existe una estructura que concentra riqueza, medios de comunicación y capacidad de influencia, y que desde allí fabrica sentido común. Ese “sentido común” busca convencer al trabajador de que sus derechos son privilegios; al estudiante de que la educación es mercancía; al pueblo de que la protesta es desorden. Frente a esa maquinaria ideológica, la respuesta no puede ser ingenuidad ni dispersión.
Abrir las grandes alamedas hoy no es solo una metáfora histórica: es hacer visibles las demandas colectivas, articular sindicatos, juntas territoriales, organizaciones sociales, plataformas programáticas claras. La visibilidad organizada impide que la regresión avance en silencio. Cuando los pueblos se repliegan a lo privado, el poder opera sin testigos.
La combatividad no implica violencia ciega, sino firmeza estratégica. Implica estar atentos, leer el momento político, anticipar ofensivas legislativas o culturales que busquen erosionar derechos laborales, sociales o humanos. Implica comprender que los retrocesos no llegan de golpe: se instalan gradualmente, normalizando la desigualdad y criminalizando la disidencia.

Ser intransigente en principios no significa ser irracional; significa no negociar la dignidad. La cautela, por su parte, exige organización sólida: formación política, comunicación alternativa, redes de apoyo jurídico y social. Sin estructura, la indignación se diluye; con estructura, se convierte en proyecto histórico.

No hay camino hecho porque cada generación enfrenta nuevas formas de dominación: digital, financiera, mediática. Por eso la tarea es permanente. Se requiere una plataforma de lucha clasista que no se limite a la reacción, sino que proponga un horizonte: redistribución real, democratización profunda, participación vinculante, defensa irrestricta de los derechos humanos y laborales.

Caminar es organizar. Organizar es construir poder popular consciente. Y construir poder popular es la única garantía de que ningún intento regresivo pueda borrar lo conquistado.

El camino no aparece. Se crea. Y se defiende andando, juntos, visibles y organizados. 

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