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Betty Friedan – Teórica y líder feminista

Betty Friedan – Teórica y líder feminista

Betty Friedan

(4 de febrero de 1921, Peoria, Illinois, EE.UU.

4 de febrero de 2006, Washington D. C., EE.UU.)

Enviado por Alfredo Rubio Bazán

 

Teórica y líder feminista, periodista y escritora estadounidense de las décadas de 1960 y 1970. Dedicó toda su vida a la lucha en favor de los derechos de las mujeres y en 1963 la publicación de su obra La mística de la feminidad –libro que representó un nuevo impulso para el feminismo en Estados Unidos y que le valió el Premio Pulitzer en 1964– clave en la historia del pensamiento feminista y considerado como uno de los libros de no ficción más influyentes del siglo XX. Mujer adelantada a su tiempo, nunca bajó la guardia en los problemas que siempre la preocuparon: la reestructuración de lo doméstico y familiar y la paridad económica y laboral entre hombres y mujeres, dos frentes en los que abrió brecha y que la convirtieron en la figura más emblemática del feminismo en una época, en la década de 1960, en la que todo estaba por hacer. En este sentido, esta pionera de los derechos de las mujeres será recordada como una de las activistas que más han contribuido a trazar un camino hacia la igualdad real de géneros.

En La mística de la feminidad, que marcó no sólo su vida sino la historia de las mujeres occidentales en la segunda mitad del siglo XX, planteó la visión de las mujeres como seres psíquicos que configuran su identidad individual al hilo de sus relaciones sociales afrontando lo que denominó «el malestar que no tiene nombre» manifestado en autodestructivas patologías como ansiedad, alcoholismo, desmedido deseo sexual, neurosis o incluso suicidio, propiciadas por la imposición de estereotipos que en la sociedad estadounidense de la posguerra relegaban a la mujer a su papel de esposas y madres ajenas a todo lo que ocurriera fuera del hogar. La obra de Friedan avanzó problemas y se adentró por primera vez en campos de investigación que posteriormente fueron claves de la filosofía feminista a pesar de no ser filósofa.

Betty Naomi Goldstein nació en 1921 en Peoria, Illinois. Era hija de un matrimonio de inmigrantes judíos, su padre, Harry, era joyero, y su madre, Miriam, abandonó su empleo como editora de un periódico para ejercer de ama de casa. Sólo más adelante, cuando estaba escribiendo La mística de la feminidad Friedan pudo comprender el comportamiento frío y crítico de madre, enmascarando una profunda amargura al renunciar al trabajo que amaba–explicó años después–.

Betty se liberó en la universidad. Estudiante brillante, se graduó summa cum laude en el Smith College, en 1942 y en 1943 logró una beca de la Universidad de California en Berkeley para realizar estudios de posgrado donde estudió con el renombrado psicoanalista Erik Erikson. Allí renunció a una segunda beca para seguir formándose para complacer al hombre con el que salía entonces. Fue un momento decisivo -explicó en sus memorias- que luego la llevaría al feminismo. Empezó a trabajar como redactora, escribiendo primero para Federated Press (1943-1946), servicio de noticias del que se nutrían la mayoría de los periódicos sindicales, y más tarde para UE News (1946-1952), publicación oficial de United Electrical, Radio and Machine Workers of America, sindicato radical en la lucha por la justicia social para los afroamericanos y para las mujeres trabajadoras.

La siguiente etapa de su vida la llevó hasta el Greenwich Village en Nueva York donde colaboró con varias publicaciones obreras3 y trabajo como editora en The Federated Press, un pequeño servicio de noticias que surtía de información a los periódicos nacionales. En 1946 encontró un trabajo como reportera en U.E. News.

En Nueva York conocería a Carl Friedan, productor y ejecutivo de una agencia de publicidad con el que se casaría en 1947 y que le daría tres hijos, antes de que la pareja se divorciara tras veintidós años de matrimonio, en 1969. En 1952, cuando se encontraba embarazada de su segundo hijo, Betty fue despedida de su trabajo. Dedicada a partir de este momento al cuidado de la familia y a las tareas domésticas (y limitada laboralmente a algunos trabajos free lance), un encuentro que tuvo unos años después con antiguas compañeras de estudios resultaría determinante para su futuro. A raíz de un encargo del Smith College sometió a sus colegas a un minucioso cuestionario y descubrió que su insatisfacción con la vida que llevaba no era algo personal sino colectivo.

Las conclusiones de este primer estudio, presentadas en el artículo “I say: Women are People Too” (cuyo borrador fue rechazado por varias revistas para mujeres, más interesadas en publicar artículos sobre decoración y cocina), reflejaban la pérdida colectiva de identidad de las mujeres de su generación y la llevaron a iniciar un análisis de campo sobre el papel que, en la sociedad estadounidense de la posguerra y la guerra fría, se asignaba a las mujeres.

Se entrevistó en profundidad con más de ochenta mujeres de diferente condición: estudiantes de enseñanza secundaria o superior, amas de casa y madres jóvenes, mujeres que rondaban los cuarenta años… Paralelamente, recurrió a psicoanalistas, sociólogos, antropólogos y expertos en psicología femenina y en educación familiar para conocer sus puntos de vista.

El resultado de este estudio fue La mística de la feminidad (1963), un exhaustivo análisis del rol de las mujeres de clase media “convertidas por la sociedad en amas de casa sin recursos propios”, y referente indispensable (al igual que El segundo sexo de Simone de Beauvoir) para la configuración del movimiento feminista de la década de 1970.

En opinión de Friedan, «existía una extraña discrepancia entre la realidad de nuestras vidas como mujeres y la imagen a la que intentábamos ajustarnos, la imagen que denominé la «mística de la feminidad» […]. La mística femenina no es más que una forma de la sociedad de embaucar a las mujeres, vendiéndoles una serie de bienes que las dejan vacías, padeciendo «del malestar que no tiene nombre» y buscando una solución en los tranquilizantes y el psicoanálisis. Una mujer debe poder decir, y no sentirse culpable al hacerlo, «¿Quién soy? y ¿Qué quiero hacer en mi vida?» No se debe sentir como una persona egoísta y neurótica si quiere alcanzar metas propias, que no estén relacionadas con su esposo e hijos».

En contra de la posición de otro grupo de psicólogos que también trabajaron el tema, consideraba que el problema no era sexual aunque pudiera generar patologías de ese tipo sino que estaba relacionado con el desarrollo de la identidad personal de propio yo. Por otro lado a través de estudios de campo descartó que estuviera vinculado a la clase social de las mujeres o a la formación y consideró que era un problema común a todas las mujeres estadounidenses y, en esa medida, su solución exigía una reacción de todas y cada una de ellas.

Friedan acompaña sus propuestas pragmáticas de marco teórico y para interpretar la situación a la que se enfrentan las mujeres reivindica la herencia de las feministas clásicas ilustradas sobre todo del ámbito anglosajón como Mary Wollstonecraft, las sufragistas y la Declaración de Seneca Falls. Entre los conceptos ilustrados que revindica es el de la razón. Friedan recupera para los años 60 la reivindicación de que se reconozca a las mujeres el estatuto de «seres humanos» dotadas de razón. Otro argumento ilustrado que utiliza continuamente en su desarticulación de «el malestar que no tiene nombre» es aquel según el cual «la igualdad de las mujeres es necesaria para liberar también a los varones». También es ilustrada la definición de la identidad de las mujeres que no puede definirse sólo sus funciones biológicas (reproducción y crianza) señalando que la cultura es un valor fundamental en la formación de su yo.

En los años inmediatos a su publicación, La mística de la feminidad, se convirtió en un auténtico best-seller –las ventas superaron los tres millones de ejemplar– es y puede decirse que marcó un antes y un después en la historia del siglo XX, pues dio forma al movimiento feminista urbano de clase media.

Cada vez más implicada en acciones en pro de la equiparación de los derechos de las mujeres, en 1966 Friedan fue cofundadora –junto a Pauli Murray, con otros 27 hombres y mujeres– y su presidenta hasta 1970, de NOW ([National Organization for Women] Organización Nacional de Mujeres) institución para promover la igualdad de oportunidades, pionera en el movimiento de mujeres que reunió un gran número de colectivos y grupos feministas de Estados Unidos y que en el siglo XXI se mantiene como una de las organizaciones feministas más importantes de  ese país

Como fundadora y dirigente de la NOW, Friedan tomó posiciones extremas en asuntos como la igualdad de salarios, las oportunidades de promoción y otros derechos que hoy lo son por ley, pero que entonces ni siquiera llegaban a borrador. Destacaron sus presiones al Gobierno estadounidense para que prohibiese la discriminación en el trabajo, y a las aerolíneas para que suprimieran la política de emplear tan sólo a mujeres solteras menores de treinta y dos años como azafatas de vuelo.

Uno de sus primeros actos públicos tuvo lugar en Nueva York el 26 de agosto de 1970, coincidiendo con el 50º aniversario del sufragio femenino, cuando encabezó la Huelga por la Igualdad de las Mujeres (Women’s Strike for Equality), una jornada reivindicativa que incluía la exigencia del «aborto gratis e inmediato» y que congregó a más de 50.000 personas.

En 1970 dejó la presidencia de NOW tras altercados cada vez más frecuentes con otras compañeras de la organización a causa de sus ataques hacia las posturas más radicales de una nueva generación que la apartaron del movimiento.

En 1971 Betty dio otra vuelta de tuerca en su particular cruzada en favor de la paridad de géneros con la fundación, con Gloria Steinem, Bella Abzug y otras, del National Women’s Political Caucus (NWPC, Comité Político Nacional de Mujeres) para apoyar la presencia de más mujeres en la política y la National Association for the Repeal of Abortion Laws (NARAL, Asociación Nacional para la Revocación de las Leyes contra el Aborto), empresa en la que la acompañaron Bernard Nathanson y Larry Lader y que después se convertiría en Naral Pro Choice. En 1973, Friedan participó del International Feminist Congress de 1973 y fue una de los firmantes del Manifiesto Humanista II, y, ese mismo año, colaboró en la fundación del First Women’s Bank.

Entre sus obras posteriores a La mística de la feminidaddestacan La segunda fase (The Second Stage, 1981), la segunda obras clave para el feminismo aunque no tuvo la repercusión de la primera. Friedan evaluó el progreso del feminismo y su personal punto de vista sobre las distintas etapas del movimiento. Se sitúa en el contexto histórico de la reacción política dada por el ascenso al poder del presidente conservador Ronald Reagan. Los problemas de las mujeres se producen, a juicio de la autora, tras la constatación de que a pesar de que pueden acceder a puestos de trabajo públicos no logran la igualdad ni en el ámbito público ni en el privado. El problema se sitúa en la doble jornada y una imagen de la mujer que corresponde a la “supermujer”. Autoras como Perona defienden que en esta obra se produce un cambio en Friedan desde el formalismo estrictamente liberal de su primera época hasta propuestas más cercanas de lo que se denomna en Europa “socialdemocracia” aunque se trataría de un giro ideológico moderado pues mantiene el individualismo como noción central de su teoría.

Entre otras publicaciones de la autora destacan It Changed My Life (1976), un viaje por sus años de propagandista política, La fuente de la edad: Vivir la vejez como una etapa de plenitud (The Fountain of Age, 1993), en el que aborda la menopausia, representa una afirmación de la vitalidad en la edad madura, en la que se plantean propuestas innovadoras, y el libro de memorias Mi vida hasta ahora (2000).

Su trabajo, no obstante, no estuvo exento de críticas y controversias, sobre todo por su renuencia a la hora de apoyar las reivindicaciones de las minorías raciales y las lesbianas e incluirlas en el movimiento feminista, algo que finalmente hizo en el año 1978. Fue incluso llamada «retrógrada» por defender que las mujeres podían y debían vivir en asociación con los hombres. Colaboradora habitual de McCall’s, Harper’s, The New York Times, The New Republic y The New Yorker, escribió numerosos trabajos sobre los derechos de las mujeres.

Además de sostener su activismo político hasta el final de su vida, Friedan mantuvo una intensa labor como conferenciante, miembro de la comunidad académica y escritora comprometida.

https://es.wikipedia.org/wiki/Betty_Friedan

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/f/friedan.htm

http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=friedan-betty-naomi-goldstein

 

La mística de la feminidad: Mística de la feminidad es el nombre de un libro clave del Feminismo de la segunda ola del feminismo (1960-1990) con el que su autora Betty Friedan ganó el premio Pulitzer en 1964. Publicado en Estados Unidos en 1963, en la introducción, trata «el malestar que no tiene nombre», que según las investigaciones que realizó Friedan, aquejaba a las mujeres estadounidenses de clase media y que la autora identifica con «la mística de la feminidad». Este libro fue el punto de arranque del feminismo de los años 70, marcó el final del interregno y de la mística femenina. Se constató que: En los hogares tecnificados, las mujeres sufrieron un retroceso en el ejercicio de derechos ya conquistados aunque los derechos políticos se tenían -resumidos en el voto-, los educativos se ejercían , las profesiones se iban ocupando (…)las mujeres no habían conseguido una posición paritaria respecto de los varones. Friedan describe el período de los años 50 en el que el modelo educativo, difundido después de la Segunda Guerra Mundial, se dirigía a que las mujeres decidieran elegir la opción de regresar al hogar, después de haber conquistado el derecho al voto y a la educación y de haber accedido a un empleo. La expresión mística de la feminidad, según su autora, se emplea para describir un conglomerado de discursos y presupuestos tradicionales acerca de la feminidad que obstaculiza el compromiso intelectual y la participación activa de las mujeres en su sociedad. Sin independencia económica, el modo de vida del ama de casa en ese nuevo hogar tecnificado, produce soledad, depresión y otros cuadros médicos calificados como «típicamente femeninos». Friedan analiza el sistema económico en el que se vende a las mujeres una identidad acorde con la unidad familiar de consumo en que se ha transformado la familia. No tenía sentido salir a competir en el mercado por un puesto de cualificación media o baja cuando se podía ser su propia jefe. Una «mujer moderna» no sólo tenía a punto su hogar tecnificado, sino que establecía las relaciones por las cuales el marido podía progresar: reuniones, asociaciones, cenas, partys, que hincharan las velas del progreso familiar.

 

«¿Qué es feminidad? Es ser mujer; es sentirse bien como mujer; es ser fuerte unas veces y no tanto otras; es ser receptiva, estar abierta a los cambios y saber hablar desde dentro con todos los sentimientos y palabras para ser comprendida; es ser suave y a la vez un tigre […] En nuestra larga marcha, encontramos varias definiciones de feminidad.» – Betty Friedan

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