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¡Ahora incluso la Derecha dice ser republicana!

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La Derecha  se conoce muy  bien a sí misma y también a la izquierda…. mientras que esta es analfabeta en ambos casos, ya que desconoce sus fallas y aún no aprende que la Derecha es inmutable

Arturo Alejandro Muñoz

Caso PENTA, caso SQM, almuerzos extrañamente onerosos, historia de yates y cenas por mil dólares, escándalos políticos que van, vienen y vuelven…. etcétera. A río revuelto… ganancia de pescadores hábiles.

Luego de tantos dimes y diretes, resulta que ahora todos los miembros de las diversas cofradías partidistas, sin excepción, dicen ser “republicanos”, cuestión que me hace dudar de la verdadera virtud del republicanismo cuando me percato que a él juran adherir hoy día viejos estandartes del totalitarismo pinochetista.

La Derecha –aunque muchos la consideremos extemporánea y poco ‘avispada’ –   siempre ha sabido sacar maquila de las situaciones en las que se derraman escandaleras públicas. Cuando ella entra en problemas serios, se divide… pero lo hace con sapiencia, con un objetivo claro y una programación efectiva. Si la Derecha se separa no significa que se atomice dispuesta a enfrentar el requiescat  in pace partidista. Lo hace para repartir sus huevos en varias canastas, lo cual le permite en el futuro mediato regresar a la unidad e instalarse con renovados bríos en el escenario político.

Muy por el contrario, la izquierda –cuando se divide (y siempre se divide)- demuestra de inmediato cuál ha sido su carencia principal, ya histórica: liderazgo. Cuesta muchísimo convertirse en líder de los cuadros izquierdistas, ya que en ellos predominan diversas tendencias que, en algunos casos, llegan a ser contrapuestas. Es que en la izquierda todos y cada uno de sus integrantes creen ser dueños de la verdad, del amor del pueblo y del programa de gobierno que el país requiere.

Recuerdo una festiva frase que se repetía en el viejo Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile (en años previos a la dictadura), frase que en cierta medida reflejaba un hecho indesmentible: “en los partidos y grupos de la izquierda, el que menos puja caga un piano”.

Es que en esos grupos todos creen ser los  más inteligentes, los más asertivos, honestos y aterrizados… por lo que difícilmente aceptan que venga un igual (o un menor) a darles instrucciones. ¿Aceptar órdenes de alguien que no ha leído “El 18 Brumario”, ni tampoco “El Capital”, ni a Lenin, ni a Althousser? ¡¡Jamás!! He ahí el gran problema de la izquierda, y me estoy refiriendo específicamente  a la izquierda en serio, pues la otra, la que está en la Nueva Mayoría, con suerte logra tener peso para ser considerada socialdemócrata reconvertida a la fe capitalista y titulada como mayordomo de la derecha dura.

Esta última, en cambio, no se hace rollos ni líos. Tiene muy claro qué es lo que desea y qué es lo que rechaza. Entonces, cuando vienen los ventarrones y las tormentas, no se anda con chicas para desgranar su propio choclo y formar grupos menores los que salen al campo público criticando ácidamente al tronco madre, a la vez que ofrecen alianzas temporales con quienes eran, hasta poco tiempo, sus adversarios.

Pasado el temporal, atraídos por el imán del dinero y las finanzas, esos grupos regresan al seno fundamental, histórico e inmutable del conservadurismo clásico.  Dejan tras de sí una estela de acuerdos menores, intrascendentes, con los que obnubilaron a los socialdemócratas inadvertidos, retardando eficazmente todo intento de reformas de fondo.

La gran diferencia entre izquierda y derecha –en los hechos concretos- es que esta última nunca ha sufrido divisiones serias para definir los objetivos a perseguir. En cambio la izquierda, siempre fragmentada en varios grupos, observa que estos logran concordar en lo que no quieren, pero llegado el momento de definir lo que sí quieren y cómo conseguirlo, comienza el desbande hasta formar un archipiélago de referentes, grupos, movimientos y partidos. La vieja frase romana, “divide et imperam”, ha sido una de las armas que el conservadurismo viene usando desde antaño apara subyugar a todo aquello que huela a  ‘socialismo’.

El problema, estimado lector, es que la Derecha  se conoce muy  bien a sí misma y también a la Izquierda…. mientras que esta es analfabeta en ambos casos, ya que desconoce sus fallas y aún no aprende que la Derecha es inmutable, pues  aunque pasen años, décadas y siglos, será siempre la misma… independientemente  de los colgajos que de vez en cuando se desprenden –de forma temporal y programada-  de su tronco principal.

Hoy, en medio del vendaval en el que pareciera naufragar la administración del especulador financiero Sebastián Piñera, los viejos patricios pinochetistas entienden que la moda necesaria se llama “republicanismo y convención constituyente”… asuntos que detestan, claro está, pero envían al campo político a algunos de sus escuadrones para marear al respetable  electorado, y desde el corazón mismo de la coalición de las tiendas consideradas ‘progresistas’,  ofrecer alianzas de corto aliento destinadas, por supuesto, a ganar todo el tiempo que el tronco madre requiere para recomponer sus cuadros, fortalecerse y regresar a la lucha con la mira puesta en obtener más del 30% de los convencionales constituyentes en la próxima elección. .Eso le basta para lograr mantener incólume la actual constitución de las bayonetas y lo haría “democráticamente”. Por ello sus diputados y senadores, sus editores y dirigentes partidistas, hablan y pontifican sobre republicanismo…y hay quienes les creen.

Sin embargo, aún hay mucha gente que tiene  clarísima una realidad:  la Derecha no es democrática, no es republicana… la Derecha sabe… la Derecha es pilla… la Derecha es PENTA, es SQM, es Barrick, es Hidroaysén, es Fuerte Aguayo…

 

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