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A 35 años de uno de los crímenes más salvajes de la Dictadura: patrulla del Ejército quemó vivos a dos jóvenes

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Para no olvidar:

A 35 años de uno de los crímenes más salvajes de la Dictadura: patrulla del Ejército quemó vivos a dos jóvenes. Jefe de los militares fue dirigente de grupo político de Kast

Alfredo Peña R.

 Cambio 21 – 2 julio 2021

Los dramáticos y violentos hechos se produjeron mientras en Chile se desarrollaban protestas contra la dictadura que encabezaba Pinochet y que era sustentada por grupos políticos de la Derecha, que participaban en el Gobierno como ministros: Sergio Fernández, ex ministro y ex senador UDI; Sergio Jarpa, ex ministro y ex senador RN; Francisco Cuadra, ex ministro y ex militante RN; Rodolfo Stange, ex director de Carabineros, después fue senador de la UDI y un sinnúmero de funcionarios civiles de la Dictadura, adscritos a estos partidos.

Cinco documentos desclasificados en Estados Unidos por el organismo civil Archivo Nacional de Seguridad, revelan que Pinochet fue informado por el director de Carabineros de la época, Rodolfo Stange, de que fueron militares los que quemaron vivos a dos jóvenes, y de cómo se urdió, desde el Ejército y los mandos civiles de La Moneda, el encubrimiento, el amedrentamiento a testigos y las operaciones para dejar impune a los autores y hacer creer al País que los mismos jóvenes se habían prendido fuego, al portar elementos explosivos.

Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas –en la fotografía al inicio de la crónica–, fueron detenidos por 17 miembros del Ejército, tres oficiales, suboficiales y conscriptos, el 2 de julio de 1986, durante una jornada de protesta contra la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet y, posteriormente, golpeados y amenazados con armas de fuego, rociados con gasolina y quemados vivos.

Los miembros del Ejército arrojaron, después, a las víctimas a una zanja, junto a un camino rural, en las afueras de Santiago.

Las víctimas fueron el fotógrafo chileno-estadounidense Rodrigo Rojas de Negri, que perdió su vida, y la joven Carmen Gloria Quintana, que logró salvarse, pese a padecer graves quemaduras y heridas.

Por estos hechos, el ministro en visita extraordinario para causas por violaciones a los Derechos Humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Mario Carroza, condenó a los tres tenientes, al momento del grave delito –que el Ejército los ascendió, llegando dos de ellos al importante grado de Coronel–: Julio Ernesto Castañer González, Iván Humberto Figueroa Canobra y Nelson Fidel Medina Gálvez a 10 años y un día de presidio, en calidad de autores de los delitos. Castañer vestía de civil cuando cometieron el cruel crimen, porque pertenecía a la Policía Política del Dictador.

En tanto, los suboficiales y conscriptos Luis Alberto Zúñiga González, Jorge Osvaldo Astorga Espinoza, Francisco Fernando Vásquez Vergara, Leonardo Antonio Riquelme Alarcón, Walter Ronny Lara Gutiérrez, Juan Ramón González Carrasco, Pedro Patricio Franco Rivas y a Sergio Hernández Ávila fueron condenados a tres años y un día de presidio, con el beneficio de la libertad vigilada, como cómplices.

En la causa, se decretó la absolución de René Aníbal Muñoz Bruce, por falta de participación, y de Pedro Fernández Dittus por aplicación de la excepción de la cosa juzgada.

Lo singular y, también, dramático es que la mayoría de estos sujetos están en libertad, mientras no exista una sentencia definitiva de las Cortes.

En el caso de Castañer, incluso en los últimos años se presentó como coordinador del grupo de apoyo al Partido Republicano, del ultra derechista José Antonio Kast, en Punta Arenas. Kast no ha negado su amistad con Julio Castañer que, antes de que fuera condenado, en este partido se pensó llevarlo como candidato a diputado por la Zona Austral.

El coronel Castañer fue el autor material

Ese día, Castañer quemó vivos a ambos jóvenes, en el sector de Estación Central, según declararon miembros de la Patrulla. Luego, tras haberlos quemado y agonizantes, los lanzaron en una acequia muy lejos del lugar –cerca del Aeropuerto– en que los incendiaron, en Quilicura, para ocultar el grave delito, sin prestarles ningún tipo de ayuda.

Coronel Julio Castañer, el que quemó vivos a los jóvenes



Rojas De Negri, un joven fotógrafo de 19 años, murió como consecuencia de la acción criminal. Carmen Gloria Quintana de 18 años y estudiante universitaria, sobrevivió con graves lesiones y se ha transformado en un testimonio vivo de la crueldad de los violadores de Derechos Humanos.

Un ex conscripto, que formó parte de esa patrulla, Fernando Tomás Guzmán Espíndola, rompió el silencio 32 años después de los hechos y, en televisión, dijo que el entonces teniente Julio Castañer fue el autor material del ataque en contra de los jóvenes. 

“Se quemaron vivos por la negligencia de un carnicero, porque él gozaba viendo eso, haciendo sufrir al prójimo, a un niño que fue a protestar porque no estaba de acuerdo con el Gobierno… Matarlo… El verdadero culpable tiene nombre y apellido: Julio Castañer; ese es el nombre del asesino”, sostuvo Fernando Guzmán, en un espacio televisivo.

Según la Causa, Castañer lideraba el operativo que derivó en la detención de Quintana y de Negri. En ella consta la confesión de Guzmán: “Castañer ordena rociarlos, le ordenó a un soldado rociarlos con la misma bencina que fueron a buscar afuera, donde iban a hacer la barricada los muchachos. Se rocían los dos muchachos con eso, se acerca a la muchacha y empieza a intimidarla con un encendedor. ‘¿Querís que te queme, conchetumadre?’, le decía… La niña [Carmen], asustada, solamente lloraba”, testificó.

“Me subo al camión, me quedo detrás de Mendoza Rivera y este tipo todavía seguía hueveando a la Carmen con el encendedor: ‘¿Querís que te queme, conchetumadre, querís que te queme por andar haciendo hueás? Hasta que hizo combustión”, relató el ex conscripto.

Los tiraron a una acequia

Los jóvenes fueron encontrados por una patrulla de carabineros, tras denuncias de testigos. Rojas de Negri murió, cuatro días después, en consecuencia de las quemaduras. Carmen Gloria Quintana logró recuperarse, no sin antes ser, durante años, sometida a complejas operaciones.

La Dictadura negó los hechos, aunque terminó reconociendo su existencia, pero aseguraron que los muchachos se habían quemado solos. Los hechos y confesiones demostraron la barbarie de ese día.

Rojas de Negri estaba de paso en Chile y buscaba capturar imágenes de las manifestaciones, pues era un experto fotógrafo, a pesar de su edad y, de seguro, sería una buena oportunidad para retratar lo que acontecía en nuestro país. Sabía que allí estarían los muchachos de la ex Universidad Técnica del Estado [actual USACH-Universidad de Santiago], que habían resistido la dictadura de manera activa, mal que mal en esa universidad se habían cometido alevosas violaciones a los Derechos Humanos. Víctor Jara y otras víctimas inspiraban su actuar. 

Casi a la misma hora, Carmen Gloria Quintana, una chica estudiante que vivía con sus padres y cinco hermanos y que cursaba Ingeniería Civil en la hoy USACH, se aprestaba a encontrarse con sus amigos en la protesta. Estaban de acuerdo en hacer una barricada que interrumpiera el tránsito en el sector de la Villa Los Nogales.

No pudieron huir

Ambos, junto a un grupo de otros muchachos, enfilaron rumbo a General Velásquez, en la Comuna de Estación Central. Portaban según consta del expediente de la Causa, algunos neumáticos, un bidón de combustibles y las ganas de protestar. En esa situación, fueron sorprendidos por una numerosa patrulla militar, compuesta por 17 soldados fuertemente armados y tres civiles.

La patrulla militar se encontraba al mando del teniente Pedro Fernández Dittus y compuesta por cinco suboficiales, 17 soldados y tres civiles. Al ubicar al grupo, se abalanzaron en contra de los muchachos. Todos pudieron huir, salvo Rodrigo y Carmen Gloria. No hubo preguntas, solicitud de antecedentes, nada formal, sólo los golpearon brutalmente, en especial a Rodrigo, que quedó herido en el suelo.

Luego de eso, las imágenes oficiales se contraponen a las reales, al doloroso recuerdo de la víctima sobreviviente, testigos, familiares y amigos. Para el Fiscal Militar, un accidente provocó que ambos muchachos, ya reducidos y en poder de la patrulla, terminaran completamente quemados. Para testigos y de acuerdo a los propios dichos de Carmen Gloria, fueron rociados intencionalmente con combustible y, luego, se les prendió fuego.

Los quemaron vivos

Carmen Gloria Quintana recuerda, de manera sentida, lo sucedido aquel día: “Tratamos de huir, pero nos detuvieron a Rodrigo y a mí; nos golpearon. Luego, nos empaparon con bencina; pensé que era para intimidarnos, jamás pensé que nos prenderían fuego, como lo hicieron. Mi cuerpo y el de Rodrigo eran unas antorchas humanas, trataba de pararme, no podía, me desmayé. Luego nos fueron a botar a Quilicura”.

El teniente a cargo de la patrulla, Fernández Dittus, ordenó a sus hombres cubrir los cuerpos ardientes de Carmen Gloria y Rodrigo con unas frazadas para, luego, ser subidos a uno de sus vehículos militares. Sin atención de ninguna naturaleza, fueron llevados a un sector apartado en Quilicura, a más de 20 kilómetros y lanzados a una acequia. Después que se marcharon los militares, Carmen Gloria reconstruye ese momento: “Salimos a pedir ayuda, caminamos como dos zombis, con Rodrigo…”

Trabajadores agrícolas los encontraron en esas condiciones y, de inmediato, notificaron a la policía. Carabineros los llevó a un hospital público. Allí, comenzó otro calvario de denegación de atención que terminó, pocos días después, con la muerte de Rodrigo y la casi inexistente atención a Carmen Gloria.

Haciendo memoria

Verónica de Negri, madre de Rodrigo y una víctima más de estos hechos y de otros vividos en carne propia, ha ocupado los medios para hacer memoria de lo acontecido 35 años atrás. “El 4 de julio del 86 volaba desde Estados Unidos, donde todo el mundo celebraba su independencia, para encontrarme con mi hijo, que había sido quemado vivo”, recuerda, de manera dolorosa, a Cambio21.

Para Verónica, como madre, fue “La destrucción de un niño, de un ser humano, de una familia, amigos, de una nación. La muerte de Rodrigo nos ha demostrado que él no era sólo mi hijo: es un patrimonio que vive, o debe vivir, en la conciencia nacional. En lo humano, hay tanto que decir…”, señala, guardando unos instantes de silencio.

Verónica de Negri, fue prisionera en el campo de concentración de Tres Álamos. Permaneció más de un año allí, hasta que fue expulsada del País y logró refugiarse en Estados Unidos, donde se reunió con Rodrigo y su otro hijo.

“Rodrigo nunca dejó de ser chileno, a pesar de haber abandonado obligadamente el País a los seis años –recuerda–; ansiaba volver a Chile. Quienes lo quemaron fueron una patrulla completa, entre los que habían tres miembros de la policía secreta de Pinochet –y, de inmediato, se pregunta–, ¿por qué había tres civiles en el crimen que se cometió en contra de Rodrigo? Eso nunca se ha aclarado”, responde, al instante.

Han pasado los años pero el dolor nunca cesa

Para Verónica De Negri, “Han pasado los años, pero el dolor nunca cesa… y, quizás, se hace más intenso, porque hay otras cosas, como más tiempo para pensar. Eso de que el tiempo ayuda a olvidar, es falso –asegura–; recuerdo a mis padres llorando como niños chicos y mi madre, después de la muerte de Rodrigo, empezó a morir también”, reflexiona.

Si bien cuesta recordar, porque “el dolor muerde”, Verónica llama a no detenerse y a seguir luchando por Verdad y Justicia, para que, “Realmente, nunca más tenga lugar otro episodio como el que Chile vivió con la Dictadura, porque no podemos darnos el lujo de seguir destruyéndonos entre nosotros mismos. Lo anterior no significa que deje de resultarme incomprensible que aún exista impunidad y que los victimarios intenten pasar por víctimas”, afirma.

“No sólo fue un dolor físico”

“Llegó a tanto el miedo infundido durante la Dictadura a la gente, que prefiere no saber de estos casos; es más fácil ir a un mall de compras, que conocer lo que le sucede a otros chilenos –afirma de Negri–; ha sido brutal la ausencia de la necesaria conciencia del nunca más, el abandono de la verdad; pero, lucharé hasta el último suspiro de mi vida por justicia: esa ha sido una de mis grandes batallas. Sólo en la medida en que sigamos hablando de esto, como sociedad, más conciencia se va a tomar”, concluye.

Carmen Gloria Quintana no sólo sufrió los dolores al momento de ser quemada viva, sino que, además, durante su largo e interrumpido tratamiento era tremendamente doloroso cada cambio de vendaje, “pues las vendas se me pegaban al cuerpo”, recuerda. Fueron decenas las operaciones y años de tratamiento sicológico para superar el trauma ocasionado. Se casó, estudió psicología, profesión que ejerce y tiene maravillosos hijos. A los mismos a los que, con mucho cuidado y de a poco, ha ido relatando sus sufrimientos y lo que pasó.

Vivió complejos procesos de auto culparse, “cuando, en realidad, el único gran culpable de todo esto es Pinochet y todos los políticos que sustentaron a esa dictadura”, señala, convencida, Carmen Gloria. Sus padres se separaron después del periodo en que debieron estar en Canadá; fueron muchas las situaciones dolorosas que trajo como consecuencia el acto criminal ocurrido aquel 2 de julio. Muchas y aún no terminan. Tampoco terminarán, al parecer, para los criminales; pero, claro, eso dependerá del Poder Judicial.

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