Inicio Análisis y Perspectivas Afírmate Catalina…

Afírmate Catalina…

5
0

escribe Luis Casado


   

 

¿Te gustó el desastre de las AFP? Vas a adorar la crisis financiera de la IA (Indigencia Artificial).

El temor de una crisis financiera ligada a la IA se nutre de la brecha entre una masiva inversión financiada por la deuda e ingresos aún fallos al caldo. Los gigantes de la tech (los “Siete magníficos”) y los actores de la nube han invertido cientos de miles de millones de dólares en los centros de datos y sus infraestructuras, recurriendo cada vez más al crédito privado y los empréstitos para hacerle frente a los costos.

El 27 de junio pasado, al constatar señales de los mercados que indicaban el fin de la borrachera, el diario financiero parisino La Tribune publicó en su portada una alerta en forma de pregunta:

Bolsas: ¿el principio del estallido de la burbuja de la IA?

Hasta entonces, y aún hasta estos últimos días, era chutear y correr a abrazarse. Cuando algún oligarca de las gigantescas empresas de la Silicon Valley solicitaba los mercados financieros, estos se precipitaban y se entrechocaban en la puerta aportando decenas de miles de millones de dólares y aún cientos de miles de millones, con el pretexto de disponer de modelos de IA cada vez más potentes, más rápidos, más eficientes.

Para darte una idea, el MIT (Massachussets Institute of Technology) anunció en agosto del 2022 haber creado una inteligencia artificial un millón de veces más rápida que el cerebro humano.

¿En serio?

El MIT no fue el único actor del sector que abrió su bragueta para mostrar cuan larga la tiene, con o sin enfermedad de La Peyronie: OpenAI, Google DeepMind, Anthropic, Meta, Nvidia, DeepSeek, Mistral y aún otros anuncian un día sí y al otro también que sus respectivas maravillas son capaces de tocar el cielo.

Siempre y cuando a nadie se le ocurra tocar el enchufe, bajar el interruptor, provocar un cortocircuito o desconectar la alimentación de los Data Centers.

Visto que su consumo de energía es colosal, necesitan una enorme infraestructura de alimentación para hacer funcionar los procesadores de cálculo intensivo (GPU) y –no menos importante– los sistemas de refrigeración necesarios para refrescar el coso.

Cada vez más frecuentemente desaparecen criaderos de aves y/o tierras agrícolas o de pastoreo, que le ceden el lugar a inmensas instalaciones generadoras de energía eléctrica solar, incluso en sitios en los que el sol, lo que se llama el sol, aparece sólo muy de vez en cuando.

Pero las dificultades técnicas o tecnológicas, el suministro de semiconductores y procesadores de alta densidad de transistores por milímetro cuadrado, la programación de cientos de miles y hasta millones de líneas de código seguidas del correspondiente debugging del software excretado, el desafío que representan las líneas de comunicación de (muy) alta velocidad, e incluso las salidas de madre de los geniales tera-empresarios que dirigen las empresas mencionadas más arriba, no constituyen la peor dificultad, lejos de ello.

El desafío mayor es el que representa la muy pedestre exigencia de un ROI como se pide: la única razón de existir de una empresa es la generación de lucro decía el benemérito Milton Friedman, el resto –con el perdón– se puede ir un ratito al carajo.

ROI –como sabes– significa Return On Investment. En castellano medieval ¿cómo voy ahí?, o si prefieres el lunfardo castizo: la tarasca, el vento o la papota.

Y ahí es donde le tiritan las de quillay al boom de los mercados financieros ligados a la Indigencia Artificial, visto que el billete que arriesgan no es el suyo, sino el tuyo, vía las AFP, o bien esquilmándote directamente vía la compra de acciones, por aquí la rica sopa, haga trabajar sus ahorros y obtenga miríficos dividendos gracias a los cuales su jubilación será el deleitoso tiempo de la pierna suave, de la papita p’al loro y del orgasmo permanente.

Con esto quiero decir que la bendita Indigencia Artificial –hasta el día de hoy– ha vendido sólo prodigiosas promesas, previsiones de lucro inmoderado, días asoleados, templadas brisas sobriamente perfumadas y un relajo en plan Hammam, Spa y Termas Romanas… sin materializar lucro, beneficios, utilidades o rendimientos capaces de remunerar a los esperanzados inversionistas.

Ergo… inquietud, incertidumbre, cuestionamiento en plan “¿no nos estarán viendo el género, o peor aún derechamente las almorranas?”.

Tú ya sabes cómo es eso: cuando las dudas se instalan, las Bolsas tiemblan, las transacciones se reducen y los Consultores no responden el teléfono… la regla inevitable es la que dice ¡Maricón el último!

Ese es el mensaje que envió el diario financiero parisino La Tribune en su portada del 27 de junio pasado. Tal parece que estaba bailando más rápido que el ritmo de la música, pero a estas alturas… ¿a quién coños le importa el compás?

Si le dieron el palo al gato, la crisis financiera del 2008 aparecerá como el suave y ligero rumor del gualdrapeo de las velas frente a la calmada brisa que besa las aguas del lago… y la estafa del fondo E de las AFP como perder 100 pesos al cara o sello.

Prevenido quedas…

¿Aprendiste a nadar?

 

POLITIKA

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.