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LA RENOVACIÓN DE LA DOCTRINA MONROE Y LA OFENSIVA IMPERIALISTA CONTRA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

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Desafíos para la unidad, la soberanía y la resistencia de los pueblos

Intervención de Esteban Silva Cuadra
El Conjuro de las Estrellas, Julio de 2026



PARTE I

Queridas compañeras y compañeros:

Quiero comenzar agradeciendo a El Conjuro de las Estrellas por esta invitación y saludar fraternalmente a quienes comparten este panel: Elías Jaua, Carlos Medina Gallego y Sonia Gutiérrez, así como a todas y todos los que siguen este encuentro desde distintos países de Nuestra América.

Quiero hacer un saludo muy especial a nuestro compañero Elías Jaua y, a través de él, hacer llegar toda nuestra solidaridad al pueblo venezolano por el dramático terremoto que han sufrido. Nuestra solidaridad también, a más de seis meses de que Estados Unidos, bajo las órdenes de Donald Trump, bombardeara Caracas y secuestrara al Presidente Nicolás Maduro y a Cilia Flores, a quienes mantienen como prisioneros de guerra en Nueva York. Desde aquí alzamos nuestra voz para exigir su liberación inmediata e incondicional.

El tema que nos convoca trasciende la coyuntura. No estamos frente a una simple sucesión de conflictos internacionales ni ante decisiones aisladas de la política exterior de Estados Unidos. Estamos asistiendo a una reconfiguración estratégica del poder imperial en un momento de transición histórica. Comprender esa transformación resulta indispensable para orientar nuestras luchas y construir alternativas.

Vivimos el agotamiento del orden internacional surgido tras el fin de la Guerra Fría. Durante más de tres décadas, Washington pretendió imponer un mundo unipolar bajo su hegemonía militar, financiera, tecnológica y cultural. Ese proyecto atraviesa hoy una profunda crisis. Nuevos actores estatales, nuevas alianzas regionales y nuevas formas de cooperación cuestionan la capacidad de Estados Unidos para seguir definiendo unilateralmente el destino del planeta. La emergencia de un mundo multipolar —con todas sus contradicciones y desafíos— constituye uno de los procesos geopolíticos más relevantes del siglo XXI.

Sin embargo, las grandes potencias no renuncian pacíficamente a sus privilegios. Cuando disminuye su capacidad de consenso, suelen recurrir con mayor intensidad a la coerción económica, la presión diplomática, la guerra híbrida y, cuando lo consideran necesario, la intervención militar directa. Es precisamente en este contexto donde debemos analizar la renovada ofensiva estadounidense sobre América Latina y el Caribe.

No se trata simplemente de la continuidad de la histórica Doctrina Monroe proclamada en 1823. Lo que observamos hoy es su actualización bajo nuevas formas de dominación: sanciones económicas, control financiero, espionaje digital, operaciones judiciales, campañas mediáticas y el fortalecimiento de fuerzas ultraconservadoras. Asistimos a una nueva etapa del imperialismo estadounidense.



La Doctrina Monroe del siglo XXI

La Doctrina Monroe fue presentada originalmente bajo la consigna «América para los americanos». Sabemos perfectamente que esa frase nunca significó «América para los pueblos». Significó desde sus orígenes: América para los intereses de Estados Unidos.

Desde entonces, esa doctrina justificó invasiones, golpes de Estado, ocupaciones militares, bloqueos económicos, imposición de dictaduras y saqueo sistemático de nuestros recursos naturales.

A comienzos del siglo XX, Theodore Roosevelt profundizó esta visión mediante su famoso Corolario, otorgándose el supuesto derecho de intervenir militarmente cuando Washington estimara afectados sus intereses.

Más de un siglo después, ese razonamiento permanece intacto. La diferencia es que hoy las intervenciones no siempre requieren desembarcos militares. Muchas veces comienzan mediante sanciones financieras, manipulación informativa, endeudamiento externo, tribunales internacionales, espionaje tecnológico, control digital o tratados de libre comercio diseñados para limitar la soberanía de nuestros Estados.

Estamos frente a una forma sofisticada de colonialismo que procura convertir nuevamente a América Latina y el Caribe en una reserva estratégica de minerales críticos, alimentos, biodiversidad, agua dulce, energía y mano de obra barata.



Donald Trump y la restauración agresiva de la hegemonía

El regreso de Donald Trump representa mucho más que el retorno de un dirigente conservador. Expresa el intento de reorganizar la hegemonía estadounidense mediante una estrategia mucho más agresiva frente a China, Rusia, Irán y frente a los procesos soberanos de América Latina. Su política busca contener el avance científico, tecnológico y productivo de China, al tiempo que intenta disciplinar a nuestros países mediante la amenaza permanente de sanciones, aranceles y condicionamientos comerciales.

Esta política se acompaña de una narrativa profundamente nacionalista, xenófoba y militarista que intenta presentar cualquier búsqueda de soberanía como una amenaza para la seguridad estadounidense.



Marco Rubio y la nueva arquitectura de la intervención

En esta estrategia desempeña un papel particularmente relevante Marco Rubio. No se trata simplemente de un dirigente republicano. Representa uno de los principales arquitectos de la política intervencionista hacia América Latina.

Su trayectoria ha estado marcada por el respaldo a las sanciones contra Cuba y Venezuela, el estímulo al aislamiento diplomático de gobiernos progresistas y el apoyo permanente a operaciones de cambio de régimen.

Su discurso pretende revestir de defensa de la democracia políticas que, en realidad, buscan restaurar la subordinación de nuestros países a los intereses estratégicos de Washington.

Resulta profundamente contradictorio invocar la defensa de los derechos humanos mientras se respaldan bloqueos económicos que afectan a millones de personas, se justifican golpes institucionales o se guarda silencio frente a graves violaciones cometidas por gobiernos aliados. Esa doble moral constituye uno de los rasgos permanentes de la política exterior estadounidense.



Cuba: la persistencia del bloqueo y el nuevo macartismo

Un ejemplo particularmente elocuente es Cuba. Después de más de seis décadas de bloqueo económico, financiero y comercial, Washington continúa recurriendo a nuevas formas de agresión.

La reciente caracterización de Cuba como supuesto «centro del comunismo del siglo XXI» no constituye un análisis académico. Forma parte de una estrategia ideológica destinada a justificar el endurecimiento del bloqueo, criminalizar la cooperación internacional con la isla y reinstalar una lógica propia del macartismo.

Lo que se pretende no es debatir un modelo político. Se pretende impedir que un país soberano decida libremente su propio camino de desarrollo.

Cada año, la inmensa mayoría de la comunidad internacional condena el bloqueo en las Naciones Unidas. Sin embargo, Estados Unidos mantiene una política que viola principios elementales del derecho internacional y castiga directamente a la población cubana.

La solidaridad con Cuba sigue siendo hoy una causa profundamente democrática y latinoamericanista. Defender a Cuba significa defender el derecho de todos nuestros pueblos a decidir soberanamente su destino.



Venezuela: soberanía, recursos estratégicos y disputa geopolítica

Algo similar ocurre con Venezuela. Durante años hemos observado una combinación de sanciones económicas, desconocimiento institucional, campañas mediáticas y múltiples intentos de aislamiento internacional.

No estamos únicamente frente a un conflicto ideológico. Estamos frente a una disputa por uno de los principales reservorios energéticos del planeta. El petróleo venezolano continúa siendo un objetivo estratégico para las grandes potencias.

Por ello resulta imposible comprender la política estadounidense hacia Venezuela sin considerar la dimensión económica y geopolítica del conflicto. Los intentos de condicionar la voluntad soberana del pueblo venezolano buscan también garantizar el control externo sobre recursos naturales esenciales para la transición energética mundial.

Esta política forma parte de una estrategia mucho más amplia de apropiación de recursos estratégicos en distintos continentes. En ese mismo contexto de injerencia se inscriben las denuncias sobre fraude electoral con intervención extranjera en los recientes procesos de Perú y Colombia, donde las candidaturas populares de Roberto Sánchez e Iván Cepeda habrían sido afectadas por maniobras que buscaban impedir su triunfo, reproduciendo el patrón histórico de Washington de obstaculizar gobiernos progresistas en la región.



Los nuevos tratados de libre comercio como instrumentos de subordinación

En este contexto debemos analizar también la nueva generación de tratados de libre comercio. Durante décadas se nos prometió que estos acuerdos traerían desarrollo, crecimiento económico y bienestar social.

La experiencia demuestra otra realidad. Muchos de estos tratados fortalecieron procesos de reprimarización productiva, limitaron la capacidad regulatoria de los Estados, ampliaron el poder de las corporaciones transnacionales y redujeron los márgenes democráticos para definir políticas públicas.

Las cláusulas de protección de inversiones, los mecanismos de solución de controversias entre inversionistas y Estados, las restricciones a las compras públicas y las limitaciones a las políticas industriales constituyen verdaderos mecanismos de transferencia de soberanía.

No hablamos de libre comercio. Hablamos de nuevas formas de dependencia estructural.

Por eso, desde la Plataforma América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC, hemos sostenido que la integración regional no puede construirse sobre acuerdos diseñados para favorecer la acumulación de las grandes corporaciones, sino sobre la cooperación solidaria, la complementariedad productiva y el respeto a la soberanía económica de nuestros pueblos.



PARTE II

La ofensiva imperial que hoy enfrenta América Latina y el Caribe no puede comprenderse aisladamente de lo que ocurre en otras regiones del mundo. Palestina, el Sáhara Occidental, Irán, Ucrania o África no constituyen conflictos independientes entre sí. Son distintos escenarios de una misma disputa por el poder mundial.



Palestina: el fracaso moral del llamado «orden internacional»

El genocidio que el gobierno de Benjamín Netanyahu perpetra contra el pueblo palestino, con el respaldo político, militar y diplomático de Estados Unidos, constituye uno de los mayores fracasos morales del sistema internacional contemporáneo.

Mientras se invoca permanentemente el derecho internacional para sancionar a determinados Estados, se tolera e incluso se apoya la destrucción sistemática de hospitales, escuelas, universidades, campamentos de refugiados y población civil en Gaza.

Nunca como hoy ha quedado tan en evidencia la existencia de un doble estándar en la aplicación del derecho internacional.

La causa palestina ya no pertenece únicamente al pueblo palestino. Se ha transformado en una causa universal en defensa del derecho de los pueblos a existir, a resistir la ocupación y a ejercer plenamente su derecho a la autodeterminación.

La solidaridad con Palestina constituye hoy una obligación ética, política e internacionalista.



Irán y el nuevo equilibrio estratégico

La reciente agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán debe entenderse dentro de la misma lógica imperial. No se trata únicamente de contener a un Estado considerado adversario. El verdadero objetivo consiste en impedir que se consoliden nuevos polos de poder regional capaces de desafiar la hegemonía estadounidense en Asia Occidental.

La resistencia iraní ha demostrado que incluso las mayores potencias militares encuentran límites cuando enfrentan pueblos y Estados decididos a defender su soberanía.

Lo ocurrido confirma que el mundo unipolar ya no posee la capacidad de imponer unilateralmente sus decisiones.

Para América Latina esta realidad tiene profundas implicancias. Cada pueblo que logra preservar su soberanía fortalece indirectamente las posibilidades de soberanía para todos los demás. Por eso la solidaridad internacionalista no responde únicamente a principios éticos. También constituye una necesidad estratégica.



Rusia, la OTAN y el fin del mundo unipolar

Algo semejante ocurre con el conflicto entre Rusia y la OTAN. Más allá de las diversas interpretaciones sobre sus orígenes y desarrollo, resulta evidente que la expansión militar de la OTAN hacia el este europeo ha contribuido decisivamente a la escalada del conflicto.

La guerra en Ucrania expresa también la crisis del viejo orden internacional. Hoy asistimos al surgimiento de nuevas correlaciones de fuerza que anuncian una transición hacia un sistema internacional más complejo y más multipolar.

Para América Latina ello implica una enorme responsabilidad. Nuestros pueblos deben actuar con autonomía, evitando reproducir las lógicas de confrontación entre grandes potencias y defendiendo un orden internacional basado en el diálogo, el respeto al derecho internacional, la solución pacífica de las controversias y la igualdad soberana entre los Estados.



El Sáhara Occidental: la última colonia africana

Otro de los grandes silencios de la comunidad internacional continúa siendo el Sáhara Occidental. Desde hace cinco décadas, el pueblo saharaui lucha por ejercer el derecho a la autodeterminación reconocido por las Naciones Unidas.

Sin embargo, la ocupación marroquí continúa contando con importantes respaldos internacionales. La presión ejercida por Estados Unidos para imponer la llamada «autonomía marroquí» pretende reemplazar el derecho internacional por la política de los hechos consumados.

Esa posición no resuelve el conflicto. Simplemente legitima una ocupación colonial.

El pueblo saharaui no reclama privilegios. Reclama exactamente el mismo derecho que América Latina reivindicó durante sus luchas de independencia: decidir libremente su destino.

Por eso la solidaridad con la República Árabe Saharaui Democrática y con el Frente Polisario forma parte inseparable de la lucha mundial contra todas las formas de colonialismo.



Fascismo, ultraderecha y el Foro de Madrid

En América Latina esta ofensiva imperial encuentra hoy aliados internos. La expansión de fuerzas de extrema derecha, profundamente neoliberales, autoritarias y antidemocráticas, no constituye un fenómeno exclusivamente nacional. Existe una articulación política internacional.

El llamado Foro de Madrid representa precisamente uno de esos espacios de coordinación. Bajo discursos que invocan la libertad, busca consolidar una agenda orientada a debilitar los procesos de integración latinoamericana, criminalizar a las fuerzas populares, privatizar bienes públicos, destruir derechos sociales y reinstalar una visión profundamente subordinada a los intereses geopolíticos de Washington.

No podemos subestimar esta ofensiva. La historia latinoamericana demuestra que el fascismo nunca llega solo. Siempre avanza acompañado por la concentración económica, la manipulación mediática, el odio político, la persecución judicial y la erosión de las instituciones democráticas.

Por ello resulta indispensable construir la más amplia unidad democrática, popular y antifascista.



CELAC y la necesidad de una CELAC Social

La CELAC representa uno de los principales logros políticos alcanzados por Nuestra América durante las últimas décadas. Sin embargo, la actual correlación de fuerzas regional limita significativamente sus posibilidades de avance. El predominio de gobiernos conservadores y de extrema derecha ha debilitado los esfuerzos de integración soberana.

Pero precisamente por ello adquiere mayor importancia fortalecer la articulación de los movimientos sociales, sindicales, campesinos, indígenas, feministas, juveniles, culturales y populares.

Necesitamos construir una CELAC Social verdaderamente autónoma. Una CELAC Social que no dependa de los cambios de gobierno. Una CELAC Social capaz de sostener la integración desde los pueblos.

Porque los procesos históricos de emancipación nunca han sido obra exclusiva de los gobiernos. Han sido construidos, fundamentalmente, por la organización y la movilización popular.



Un llamado a la resistencia y a la unidad de los pueblos

Compañeras y compañeros:

Vivimos una época de enormes riesgos, pero también de grandes oportunidades. El imperialismo intenta reorganizar su dominación. Los pueblos buscan construir un mundo diferente.

· Frente a la Doctrina Monroe, levantamos el proyecto emancipador de Bolívar, Martí, Sandino, Allende, Fidel Castro, Hugo Chávez y de tantos hombres y mujeres que hicieron de la soberanía una causa irrenunciable.
· Frente al imperialismo: soberanía.
· Frente al colonialismo: autodeterminación.
· Frente al fascismo: unidad antifascista.
· Frente al neoliberalismo: justicia social.
· Frente al saqueo: integración solidaria.
· Frente a la guerra: cooperación entre los pueblos.

Desde Chile decimos con claridad que rechazamos cualquier intento de convertir nuestro país en plataforma de la internacional reaccionaria. Llamamos a las organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles, feministas, de derechos humanos y políticas a movilizarse democráticamente frente a la realización del Foro de Madrid y frente a toda expresión de odio, racismo, xenofobia, colonialismo y neofascismo.

Es tiempo de construir una CELAC Social fuerte, autónoma, democrática e internacionalista. Una CELAC nacida desde abajo. Una CELAC de los pueblos.

Porque Palestina resiste.
Porque Cuba resiste.
Porque Venezuela resiste.
Porque el pueblo saharaui resiste.
Porque los pueblos del mundo siguen demostrando que ninguna dominación es eterna.

Como nos enseñó Salvador Allende, la historia es nuestra y la hacen los pueblos. Y como también nos enseñó, mucho más temprano que tarde volverán a abrirse las grandes alamedas por donde pase el hombre y la mujer libres para construir una sociedad mejor.

Con esa convicción, con la fuerza de nuestras luchas y con la memoria de quienes nos precedieron, seguiremos defendiendo la soberanía, la integración latinoamericana y caribeña, la solidaridad internacionalista y el derecho de todos los pueblos a decidir libremente su destino.



¡Viva la unidad de América Latina y el Caribe!

¡Viva la solidaridad entre los pueblos del mundo!

¡Hasta la victoria siempre! 

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