CEIP León Trotsky
Hay revolucionarios sabios y otros ignorantes, los hay inteligentes y los hay mediocres. Pero no es revolucionario el que no está dispuesto a destruir obstáculos, el que carece de abnegación y espíritu de sacrificio. (…)
No me extenderé sobre la trayectoria del partido ruso en la época del trabajo ilegal. La persona que estaba en el movimiento ponía a disposición de éste sus medios materiales, le pertenecía en cuerpo y alma, se identificaba abiertamente con la causa que servía. Fue ese proceso educativo el que nos permitió formar los combatientes que luego fueron los “ejes” de la revolución proletaria.
(…) la persona que es el “eje”, es decir, el dirigente o uno de los dirigentes del movimiento revolucionario, se adjudica el derecho de llamar a los obreros a hacer los mayores sacrificios, incluso el de sus vidas. Este derecho entraña las responsabilidades concomitantes. En caso contrario, todo obrero inteligente inevitablemente se preguntará: “Si Fulano, que me exige los mayores sacrificios, utiliza las cuatro quintas o las dos terceras partes de su tiempo, no para asegurar mi victoria sino para asegurar su existencia burguesa, demuestra que no tiene confianza en la inminencia de la revolución próxima.” Ese obrero tendría razón.
* Cómo se forman los revolucionarios, Trotsky, 11 de julio de 1929 (carta dirigida a Maurice Paz, abogado francés oposicionista que iba a publicar un periódico en Francia)












