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La épica degradación de los salarios

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escribe Luis Casado


   

El diario madrileño El País del 25 de abril pasado sorprendió a moros y cristianos con un titular que asesinó décadas de análisis y afirmaciones político-económicas. Ingiere un diazepam y lee alma impía:

¿Suben los salarios? En realidad llevan 30 años estancados. El sueldo medio real en España apenas ha subido un 5% desde 1995, frente al 31% de media en la OCDE. Y los impuestos sobre el trabajo están en máximos…

La nota viene acompañada de un gráfico explícito, helo aquí:

   

Como puedes ver, el nivel de salarios ha reptado penosamente durante décadas sin levantar cabeza. Seis días más tarde, el 1º de mayo, el semanario financiero parisino La Tribune publicó a su vez una nota no menos explosiva:

Desigualdades mundiales: los super-dividendos vuelan, el poder adquisitivo se hunde. El informe “Working for the Rich” señala una desconexión inédita entre productividad y salarios, alimentada por dividendos récord de 2,100 billones de dólares en 2025.

Otras informaciones periodísticas del mismo medio abundaron en el tema:

Un informe de la Oxfam y de la CSI revela que al año 2025, la remuneración de los dirigentes aumentó en un 54 % desde 2019, mientras los salarios reales cayeron un 12 % en el ámbito mundial. Mientras el CAC 40 (Bolsa de París) redistribuye 76 % de sus beneficios, el poder adquisitivo de los trabajadores se erosiona. Un asalariado medio pondría 490 años para igualar el ingreso anual de un patrón.

La lectura de tan infaustas nuevas trajo a mi mente alguna teoría económica como la que establece la optimalidad de un mercado de libre competencia, propiedad cuyo origen se encuentra en Walras y su teorema del equilibrio general expuesto en su libro Elementos de economía política pura (1874).

Los mercados de libre competencia producirían mejor, el máximo de riqueza, y la repartirían, para condiciones históricas dadas, de la mejor manera.” (Bernard Maris. Carta abierta a los gurús de la economía que creen que somos imbéciles. Ed. Albin Michel. París, 1999).

Bernard Maris demuestra que todo eso son manipulaciones, patrañas, mentiras, acomodos e infundios. Y se sorprende de que aún en esos años (1999) hubiese quién se atreviera a vender tales insensateces. Entre 1999 y este año de gracia de 2026 se han sucedido no pocas crisis, algunas de las cuales sepultaron para siempre las teorías que todavía enseñan en las Facultades de Economía.

Como suele suceder, también me hice la pregunta acostumbrada: ¿Y cómo andamos por casa? Lo que tuvo el mérito de recordarme la bendita Ley Miscelánea que Kast envió al Congreso con el declarado propósito de beneficiar al riquerío, y un reciente informe proveniente de la SOFOFA cuyo título anuncia su contenido: Radiografía Laboral.

Lo que me llevó a examinar los datos referidos al empleo, a sus características (estabilidad, legalidad, accesibilidad…), los salarios, la protección del asalariado y en un sentido general la distribución de la riqueza producida en Chile entre el capital y el trabajo, objeto principal de la economía como la entendía David Ricardo, uno de los fundadores de la disciplina. Veamos.

La tasa de desocupación en Chile se mantuvo elevada al inicio de 2026. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) publicada por el Instituto Nacional de Estadísticas, el indicador alcanzó un 8,9% en el trimestre móvil enero-marzo, anotando un alza de 0,2 puntos porcentuales en doce meses.

Como quedó dicho, hace unos meses, en septiembre del 2025, un documento emanado de la SOFOFA –Radiografía Laboral– describió la situación en que se encuentran cientos de miles de personas sin empleo:

Chile enfrenta un estancamiento y, en ciertas variables, un retroceso en el mercado laboral. A cuatro años de la pandemia, la ocupación sigue sin recuperar su tendencia previa, la participación laboral sin repuntar y el desempleo bordea máximos de 15 años, con más de 888,9 mil personas desocupadas. En un contexto donde los tiempos de búsqueda de empleo se han extendido transversalmente por sexo, edad y nivel educacional, el porcentaje de hombres desocupados buscando empleo por 1 año o más se duplicó – de 8,6% a 16,6%—, mientras que en las mujeres aumentaron los periodos de búsqueda de 3 a 12 meses. En paralelo, los adultos entre 51 y 65 años triplicaron su número de desocupados, y 1 de cada 4 lleva 1 año o más buscando empleo sin éxito. Esto evidencia que Chile no se encuentra frente a un ciclo coyuntural, sino ante un rezago persistente y una dificultad estructural en la capacidad de crear puestos de trabajo.

El informe precisa:

Se visualizan brechas persistentes y nuevos focos de fragilidad. Las mujeres (9,7%) y los jóvenes (21,6%) siguen siendo los más golpeados, pero también aparecen tensiones inéditas: el desempleo entre mujeres universitarias llegó a 9,8%, mostrando que la formación dejó de ser un escudo frente a la desocupación…

La Radiografía expone lo que llama Desafíos en formalidad y productividad:

Uno de cada cuatro trabajadores se encuentra en la informalidad, cifra que se eleva a más de la mitad (56,8%) entre los mayores de 65 años y a un 35% en los jóvenes ocupados. A esto se suma que la productividad laboral de Chile se ubica entre las más bajas de la OCDE y con una brecha importante respecto de algunos países. En conjunto, el panorama muestra un mercado laboral que no solo avanza lentamente, sino que también enfrenta retos estructurales para elevar su competitividad y capacidad de generar empleos formales.

Nótese que si bien el informe proviene de la más importante organización patronal, la SOFOFA no asume ninguna responsabilidad en la situación que describe: la degradada situación de la fuerza de trabajo es culpa del “mercado laboral que avanza lentamente”, –uno se pregunta por qué–, y además se ve enfrentado a “retos estructurales para elevar su competitividad y capacidad para generar empleos formales”.

Para decirlo en pocas palabras, más de 2 millones y medio de asalariados sobreviven en la informalidad, mientras otros 889 mil están desempleados. Lo que no augura nada bueno de la capacidad de su poder adquisitivo: el consumo es el motor de la creación de empleo y de la producción y del tan mentado crecimiento. ¿De qué sirve producir para una sociedad miserable cuyos hogares, en una proporción significativa, viven endeudados?

La caída de la demanda trae consigo la recesión como las nubes acarrean la lluvia.

Una mirada a la evolución salarial chilena, desde el año 1965 al 2025 ofrece algunas claves para entender por qué, cómo y dónde estamos.

El 1º de enero de 1965 el salario mínimo (SM) equivalía a US$ 15,97. La llegada de Salvador Allende a la presidencia tuvo consecuencias positivas: el 1º de enero de 1971 el SM equivalía a US$ 35,45 y el 1º de enero de 1972 alcanzó el equivalente a US$ 122,62.

La llegada de la dictadura produjo el efecto exactamente contrario: el SM chileno, expresado en dólares, bajó a US$ 9,98 al 1º de octubre de 1974, a US$ 4,94 al 1º de marzo de 1975, y a US$ 3,71 al 1º de enero de 1976.

Si bien el salario mínimo subió progresivamente después, el 1º de febrero de 1989 equivalía a US$ 58,07, y el 1º de junio de 1990 a US$ 85,27… Es decir que 17 años de dictadura terminaron con un SM que se acercaba penosamente al 70% de lo que era casi 20 años antes (sin tomar en cuenta que entretanto el dólar había perdido 2,59% de poder adquisitivo anual por la inflación).

De 1991 en adelante el salario mínimo conoció una progresión irregular pero permanente, lo que afectó positivamente la evolución salarial. El Informe sobre Desigualdad de Ingresos en Chile dado a conocer en marzo de este año por la División Observatorio Social de la Subsecretaría de Evaluación Social del Ministerio de Desarrollo Social y Familia– precisa que:

La alta desigualdad característica del Chile actual tiene sus orígenes en el período de la dictadura civil-militar (1973-1990), llegando a su máximo hacia fines de la década de 1980. En la década de 1990 y hasta 2009 —cuando finaliza la serie elaborada por Rodríguez Weber—, la desigualdad experimenta una leve disminución respecto del período anterior, pero se mantiene en niveles elevados y relativamente estables.(página 26).

El mismo documento señala que las empresas suelen esperar la aplicación de las disposiciones legales para aumentar el salario mínimo. Eso parece indicar que en la pugna capital/trabajo, este último carece de la fuerza necesaria para negociar sus remuneraciones y que los incrementos del salario mínimo –acompañado de sus consecuencias– son mayormente de origen gubernamental y legislativo. Tal situación recuerda las palabras de Víctor Hugo:

Uds. quieren ayudar a los miserables. Yo quiero eliminar la miseria.”

Se trata de una cuestión de fondo: quienes han gobernado durante los últimos 35 años parecen buscar un equilibrio que permita conservar el “modelo chileno” evitando, o al menos morigerando, la lucha de clases. No se trata de fortalecer el sindicalismo, de contribuir a su extensión, pertinencia y capacidad de representación, sino de privarlo de su función primera cual es la de pesar significativamente en la determinación de las condiciones de trabajo, la protección de los trabajadores, las negociaciones salariales, la capacitación profesional, los derechos previsionales.

Los resultados, al cabo de un periodo de tiempo más que significativo, son los descritos en el Informe Sobre Desigualdad de Ingresos en Chile:

Al ocupar una metodología que integra la Encuesta Casen con registros administrativos del Servicio de Impuestos Internos y Cuentas Nacionales, de modo de dar cuenta de la totalidad de los ingresos obtenidos por los hogares en la parte alta de la distribución, los resultados son elocuentes. La alta concentración de ingresos en los segmentos superiores es incluso mayor: el 10% más rico no concentra un tercio, sino cerca de la mitad del ingreso nacional, mientras que el 50% de menores ingresos no abarca un quinto del total, sino cerca de un 15%. (página 3).

Precisión necesaria: hasta ahora, limitándose a los datos de la encuesta Casen, los análisis sub-evaluaban la intensidad y la extensión de la concentración de los ingresos y de la riqueza en pocas manos. El Informe citado expone los métodos adoptados para paliar ese fenómeno que no es privativo ni exclusivo de Chile. Recientemente, en Francia, el entonces ministro de Economía Eric Lombard corrigió los datos que el Senado exhibió como un escándalo:

Según los senadores, 13.335 personas afectas al impuesto sobre la fortuna inmobiliaria (IFI) exhiben un ingreso fiscal de referencia tan bajo que fueron eximidos del impuesto sobre el ingreso, sobre sobre las plus-valías y los dividendos. Pero, según Eric Lombard, el número de franceses afortunados que no pagan impuestos es aún más elevado: en torno a 50 mil…” (26 febrero 2026).

En Francia, el fraude fiscal está estimado entre 80 mil y 100 mil millones de euros al año. El déficit presupuestario para el año 2025 fue de 152 mil 500 millones de euros, o sea un 5,1% del PIB galo. Al mismo tiempo, las “ayudas” a las grandes empresas privadas fueron cifradas por el Senado en un informe del 8 de julio del 2025 en 211 mil millones de euros para el año 2023, o sea el 7% del PIB francés. Desde luego, a nadie se le ocurriría pensar que esto es normal en país presidido por un banquero proveniente del Banco Rotschild…

Lo cierto es que los poseedores de las grandes fortunas inciden grandemente en la formulación de la Ley de Presupuestos, y son quienes practican activamente el fraude fiscal. Al menos en Francia.

El Informe Sobre Desigualdad de Ingresos en Chile merece el desvío: se trata de un estudio de gran erudición, tremendamente pedagógico y de alcances muy amplios:

Desde el retorno a la democracia, el país ha experimentado transformaciones económicas y sociales significativas, caracterizadas por un crecimiento económico sostenido, importantes y persistentes avances en la reducción de la pobreza, y una expansión sustantiva de la protección social. No obstante, junto con estos avances, la distribución del ingreso ha mantenido niveles elevados de concentración, sobre todo en comparación con las economías desarrolladas, situando al país entre aquellos con mayores niveles de desigualdad dentro de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).(página 8).

En cuanto al método elegido…

la medición de la desigualdad de riqueza resulta sin duda importante, pues permite vincular el aumento de la desigualdad con la expansión y desregulación de los mercados financieros globales (Pfeffer y Waitkus, 2021; Saez y Zucman, 2014). (página 14).

En cuanto a las consecuencias…

Los análisis comparativos entre países muestran que los efectos de la desigualdad sobre el crecimiento económico son heterogéneos, aunque tienden a ser negativos y más pronunciados en los países emergentes (Grigoli, Paredes y Di Bella, 2016). (página 18).”

No sólo: la desigualdad de ingresos concentra también el poder político:

En sociedades desiguales, los recursos económicos no solo otorgan un mayor estatus social y mayor acceso a bienes y servicios, sino que amplían la capacidad de participar efectivamente en los procesos de toma de decisiones, incidiendo en sus resultados.

Esta influencia política desproporcionada de quienes poseen mayores recursos económicos se manifiesta de dos formas. Por un lado, es descriptiva, ya que existe una sobrerrepresentación de personas de altos ingresos en los espacios formales de toma de decisiones. Por otro, es sustantiva, pues las visiones e intereses de estos grupos tienden a ser más eficazmente promovidos en dichos espacios, gracias a los diversos mecanismos de influencia que pueden ejercer sobre el proceso deliberativo (PNUD, 2017).

En este sentido, una mayor desigualdad socioeconómica entra en tensión con el principio de igualdad política que sustenta los sistemas democráticos. (página 19)”

El fenómeno analizado no llegó con Kast, ni es privativo de Chile:

Durante los últimos 30 años, la desigualdad se ha consolidado como una problemática de interés global. Desde la década de 1980, se ha observado un aumento relativamente sostenido de la desigualdad de ingresos en los países industrializados, fenómeno documentado inicialmente en el estudio seminal de Piketty y Saez (2003) sobre Estados Unidos y luego replicado en varios países, así como en el libro Capital en el Siglo XXI (Piketty, 2014) y en los informes sobre desigualdad global del World Inequality Lab (WIL). (página 21).

En lo que toca a Chile, el periodo indicado coincide con la inacabable “transición” a la democracia que ha dejado incólume la herencia institucional, legislativa, económica y financiera de la dictadura.

Lo que no es óbice u obstáculo para que la SOFOFA exhiba en su sitio web un mensaje de claridad meridiana: “invertir en Chile se volvió demasiado caro y complejo.” (sic)

Lo cual parece indicar que la SOFOFA está detrás de la Ley de Reconstrucción Nacional del gobierno de Kast, que busca concentrar aún más los ingresos y la riqueza en manos de los poderosos. No por nada, precisa el Informe:

… el 1 % más rico de la población mundial fue el segmento que más incrementó sus ingresos en términos relativos durante ese período. (página 22).”

En cuanto al campo de flores bordado… “Tanto en la actualidad como históricamente, Chile ha sido identificado como un país con altos niveles de desigualdad, incluso dentro del contexto latinoamericano.”(página 25).

La alta desigualdad característica del Chile actual tiene sus orígenes en el período de la dictadura civil-militar (1973-1990), llegando a su máximo hacia fines de la década de 1980. En la década de 1990 y hasta 2009 —cuando finaliza la serie elaborada por Rodríguez Weber—, la desigualdad experimenta una leve disminución respecto del período anterior, pero se mantiene en niveles elevados y relativamente estables. (página 26).

Actualmente, según un estudio de Ipsos (2024), casi 6 de cada 10 chilenos (56 %) considera la desigualdad como uno de los principales problemas del país.” (página 27)

A posteriori resulta fácil llorar sobre la leche derramada, como hizo Gabriel Boric hace unos días:

Boric afirmó que uno de los principales errores de su administración fue no interpretar correctamente las señales que ya se habían manifestado tras las elecciones parlamentarias de 2021 y durante el proceso constituyente.” (Bio-Bio Chile, 14 de mayo 2026).

Una pena, porque las “señales” eran planetarias:

Investigadores del Banco Mundial estimaron que, durante 2020, el mundo experimentó las mayores cifras de pobreza y desigualdad desde 1990 (Mahler, Yonzan y Lakner, 2022). Al mismo tiempo, se observó un incremento significativo de la riqueza en el segmento de mayores ingresos a nivel global, a pesar del estancamiento del PIB mundial (López-Calva, 2021).(página 29).

Y basta con ser economista para llegar a conclusiones que saltan a la cara:

En la práctica, esto implica que muchas personas u hogares tienen ingresos relativamente bajos, mientras que solo una minoría concentra ingresos muy elevados.”(página 36).

Para David Ricardo (1773 – 1823) se trató tal vez de una intuición, aunque para Karl Marx (1818 – 1883) fueron conclusiones objetivas. Lo cierto es que ambos supieron interpretar correctamente las señales, razón por la cual dejaron claro desde los inicios de los estudios económicos que la cuestión principal es la distribución de la riqueza creada entre capital y el trabajo.

Hay quién lo ignora y a pesar de ello busca dirigir una ONU agonizante, mientras otros preparan su propio futuro político: mangar siempre ha sido bueno.

No deseo aburrir con estas reflexiones, pero debes saber que el El Informe Sobre Desigualdad de Ingresos en Chile tiene un total de 175 páginas.

Razón por la cual precisamos que puedes descargarlo en su versión integral en en el sitio bidat.gob.cl del Observatorio Social de la Subsecretaría de Evaluación Social.

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