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Halcones de RAND: Cuba y Venezuela objetivos

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por José A. Amesty Rivera

En mayo del presente año 2026, la organización estadounidense RAND Corporation publicó un
informe que prendió las alarmas en América Latina. El documento, llamado “Multiplicadores de
poder en las Américas”, dice que Estados Unidos debe aumentar su presencia militar, política y de
inteligencia en la región para frenar el avance de China, Rusia e Irán.
Aunque el texto habla de apoyo a fuerzas de seguridad, lucha contra el narcotráfico y combate a la
corrupción, el mensaje de fondo parece otro, Washington quiere recuperar más control e influencia
sobre América Latina.

RAND no es cualquier centro de estudios; desde la Guerra Fría ha trabajado muy cerca del
Pentágono y de la política exterior de EEUU. Muchas de sus ideas terminan convertidas en
decisiones reales del gobierno norteamericano. Por eso, cuando RAND habla de fortalecer
operaciones militares, ampliar la cooperación de seguridad y aplicar estrategias de “guerra
irregular”, no se siente como simple teoría, suena más bien como una advertencia política.

Además, el informe aparece en un momento delicado; el gobierno de Donald Trump ha endurecido
nuevamente su discurso hacia América Latina, retomando ideas muy parecidas a la vieja Doctrina
Monroe, América bajo la influencia de Washington.

En discursos recientes, funcionarios estadounidenses han dicho que China representa una
amenaza para el continente y que América Latina debería volver a alinearse con EEUU.
Aunque el informe menciona varios países, Cuba y Venezuela aparecen otra vez como objetivos
principales, no es casualidad, ambos gobiernos han mantenido relaciones cercanas con Rusia y
China, además de buscar mecanismos económicos alternativos al sistema financiero dominado
por EEUU.
RAND señala directamente que Rusia mantiene presencia política y militar en Cuba, Nicaragua y
Venezuela, mientras China sigue creciendo mediante inversiones, infraestructura y acuerdos
estratégicos.
Pero aquí aparece una contradicción clara; mientras Washington acusa a China de expandir su
influencia, EEUU lleva décadas teniendo una presencia mucho más grande en la región, bases
militares, cooperación militar, presión económica y acuerdos políticos.
En el caso de Cuba, el tema tiene un peso simbólico enorme; desde 1959, la isla ha sido uno de
los pocos proyectos políticos latinoamericanos que ha resistido abiertamente la influencia
estadounidense. El bloqueo económico ha golpeado fuerte a la población cubana, especialmente
en los últimos años, pero aun así Cuba sigue siendo una referencia política para sectores de
izquierda en América Latina.

En marzo de 2026, crecieron rumores sobre posibles acciones militares estadounidenses
alrededor de la isla, aunque el Comando Sur negó planes de invasión, reconoció que mantiene
capacidad militar activa cerca de Cuba y en la base de Guantánamo.
Eso deja claro que, aunque Washington no hable abiertamente de intervención, la presión militar
sigue presente.

El caso venezolano es todavía más complicado; durante años, Venezuela fortaleció sus relaciones
con China y Rusia en áreas como petróleo, defensa e infraestructura, esto convirtió al país en un
punto clave de la disputa global entre Washington y sus rivales.

Medios internacionales reportaron que, después de operaciones estadounidenses realizadas a
comienzos de 2026, contra el liderazgo venezolano, aumentó la presión política y militar sobre el
país.

El informe de RAND encaja perfectamente en este escenario; el documento dice que hoy las
diferencias entre amenazas estatales y grupos criminales son “difusas”, y esta idea preocupa,
porque históricamente ese tipo de discurso ha servido para justificar sanciones, operaciones
encubiertas e incluso intervenciones militares.

Esto ya pasó antes en América Latina; durante décadas, EEUU utilizó el argumento de la
“seguridad nacional” para intervenir directa o indirectamente en países considerados contrarios a
sus intereses. Guatemala en 1954, República Dominicana en 1965, Chile en 1973, Panamá en
1989 y las guerras en Centroamérica durante los años 80 son ejemplos claros.

Hoy el lenguaje cambió, ya no se habla tanto de comunismo, sino de narcotráfico, terrorismo,
corrupción o influencia china o rusa; pero la lógica política se parece bastante, presentar una
amenaza para justificar más control y presencia militar.

Otro de los temas centrales del informe es China; RAND deja claro que para EEUU el problema ya
no es solamente el narcotráfico, sino también el crecimiento económico chino en América Latina.
Según declaraciones recientes del Comando Sur, Washington vigila puertos, proyectos espaciales
e infraestructuras ligadas a empresas chinas en varios países latinoamericanos.

Estados Unidos dice que muchas de esas inversiones podrían tener uso civil y militar al mismo
tiempo; este discurso recuerda bastante al que se utilizaba durante la Guerra Fría contra la Unión
Soviética.

Pero para muchos gobiernos latinoamericanos, China representa otra cosa, financiamiento,
comercio e inversiones sin las condiciones políticas tradicionales de Washington o del Fondo
Monetario Internacional. Países como Brasil, Perú, Argentina, Bolivia y Venezuela han aumentado
mucho sus relaciones con Beijing en los últimos años.

Obvio que China busca influencia, recursos y mercados, pero varios gobiernos de la región
consideran que tener relaciones con distintas potencias les da más independencia y reduce la
dependencia histórica de EEUU.

Aquí aparece otro tema sensible, la desdolarización. El crecimiento de mecanismos comerciales
fuera del dólar preocupa mucho a Washington. Los BRICS y otros espacios internacionales
impulsan alternativas financieras que podrían reducir el peso mundial de la moneda
estadounidense.

Por eso RAND, insiste tanto en que el Pentágono debe responder también frente a la “presión
económica” china y rusa. El problema es que esa lógica puede abrir la puerta a justificar acciones
políticas o militares por motivos económicos.

Quizás lo más preocupante del informe es su tono; RAND dice que EEUU debe prepararse para
actuar en escenarios de competencia, crisis y “guerra irregular”. También propone aumentar el uso
de fuerzas especiales, cooperación militar y mecanismos de seguridad regional.

Al mismo tiempo, funcionarios estadounidenses han dicho recientemente que los carteles del
narcotráfico solo pueden enfrentarse con fuerza militar.

Este discurso genera preocupación porque América Latina conoce muy bien las consecuencias de
la militarización. La llamada “guerra contra las drogas”, impulsada durante décadas, dejó miles de
muertos en países como México y Colombia sin resolver realmente el problema del narcotráfico.

Además, usar el crimen organizado como argumento para aumentar presencia militar extranjera
puede terminar debilitando la soberanía de los países de la región.

Muchos analistas creen que detrás de todo esto hay una pelea mucho más grande, el control
político y estratégico del continente en medio de la competencia mundial entre Estados Unidos y
China.

Lo que está pasando se parece cada vez más a una nueva Guerra Fría, ya no entre capitalismo y
socialismo, sino entre un mundo dominado por EEUU y otro más multipolar.

En esta disputa, América Latina vuelve a convertirse en una región estratégica; petróleo,
minerales, rutas comerciales, telecomunicaciones y mercados hacen que el continente tenga un
valor enorme para las grandes potencias.

Cuba y Venezuela aparecen como símbolos de resistencia frente a la influencia estadounidense,
mientras China y Rusia aprovechan las tensiones históricas entre Washington y varios gobiernos
latinoamericanos para ganar espacio.

La gran pregunta es si América Latina podrá mantener cierta independencia o terminará atrapada
otra vez entre potencias mundiales.

El informe de RAND deja claro que sectores del poder estadounidense creen que llegó el
momento de recuperar influencia política y estratégica en el continente, pero América Latina ya no

es la misma de hace décadas, hoy existen gobiernos, movimientos sociales y alianzas
internacionales que buscan más autonomía.

Por eso, cualquier intento de imponer presión extrema o soluciones militares podría aumentar
todavía más la tensión y la inestabilidad en la región.

Al final, detrás de términos técnicos como “asistencia de seguridad”, “guerra irregular” o
“multiplicadores de poder”, aparece una realidad vieja y conocida, la pelea por el control político y
económico de América Latina sigue viva, y Cuba y Venezuela continúan estando en el centro de
esa disputa.

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