Jano Ramírez.
Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT)
Este jueves no será un día cualquiera.
Para millones de trabajadoras y trabajadores en Chile, será otro golpe más al bolsillo, otra señal clara de hacia dónde nos está llevando este sistema y este gobierno de ultraderecha.
Las bencinas subirán a niveles históricos. El diésel, que mueve el transporte y los alimentos, tendrá un alza aún más brutal.
Y como siempre ocurre, no se trata solo de llenar el estanque, se trata de todo lo que viene detrás.
Sube el pan, sube la micro, sube la feria, sube la vida.
No es un accidente, así funciona este sistema
Nos dirán que es por el precio internacional del petróleo que es la guerra, que es el mercado, pero lo que no dicen es lo esencial.
No fue el pueblo el que decidió este modelo.
Fue el gran empresariado, primero imponiéndolo a sangre y fuego en dictadura y después consolidándolo con promesas, acuerdos y gobiernos que administraron lo mismo, incluso desde el progresismo.
Así se construyó un país, dependiente del mercado internacional, donde la energía quedó en manos privadas y donde se renunció a controlar precios que afectan directamente la vida.
Esto no empezó hoy, es el resultado de décadas de un modelo donde todo se privatiza, todo se convierte en negocio.
Mientras tanto, ¿quién paga?
No lo paga el gran empresariado.
No lo pagan los grupos económicos.
Lo paga el trabajador que usa auto para llegar a su pega, la familia que depende del transporte, la dueña de casa que ve subir los alimentos, el pequeño comerciante que apenas sobrevive
Lo paga el pueblo.
Porque este sistema funciona así, cuando hay ganancias, se quedan arriba, cuando hay crisis, se reparten abajo.
Y aquí el contraste es brutal.
¡¡ Mientras a la mayoría se le encarece la vida, se anuncian beneficios tributarios que favorecen directamente al gran empresariado y a los sectores de mayores ingresos.!!
Para el pueblo alzas, ajuste y sacrificio.
Para el gran capital, rebajas, incentivos y protección.
Un gobierno al servicio del orden… del capital
Y aquí hay que decirlo claro.
Este gobierno de ultraderecha no viene a cambiar esto.
Viene a administrarlo con mano dura, incluso preparando el terreno con avisos televisados donde ya anuncian cómo van a atacar los intereses de las y los trabajadores.
Nos hablan de responsabilidad fiscal, de que no hay plata, de que no se puede hacer más.
Pero nunca vemos esa misma urgencia cuando se trata de proteger las ganancias de los de arriba.
Ahí sí hay rapidez, ahí sí hay voluntad.
Para el pueblo, ajuste.
Para el gran capital, protección.
No es solo la bencina, es la vida misma
La bencina es sólo el comienzo.
Detrás viene todo más caro, sueldos que no alcanzan, más endeudamiento, más angustia para llegar a fin de mes.
Y todo esto en un país donde ya vivimos con pensiones miserables, salud pública altamente precarizada convertida en negocio, educación endeudada.
Un sistema que se pudre
Nos quieren hacer creer que esto es normal, que no hay alternativa.
Pero lo que estamos viendo es otra cosa.
Es un sistema que se está pudriendo.
Un sistema que necesita que la gente viva peor para que unos pocos sigan ganando.
Un sistema que funciona como si se alimentara de la crisis, del desgaste, del sufrimiento.
Llámalo como quieras, pero sin lugar a dudas, es un sistema enfermo, que pone la ganancia por sobre la vida.
Ya basta
Esto no es un problema técnico, es un problema político.
Y cada alza, cada abuso, cada crisis que cae sobre el pueblo, va dejando algo cada vez más claro.
No es que la vida esté cara, es que este sistema hace imposible vivir con dignidad.
No estamos frente a un error, estamos frente a un modelo y mientras este modelo siga intacto, seguiremos pagando nosotros.
Hasta que digamos basta.











