Teófilo Briceño. Centro de Estudios Francisco Bilbao.
El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, anunció castigos contra tres autoridades chilenas: el ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz; el subsecretario de Telecomunicaciones, Claudio Araya, y su jefe de gabinete, Guillermo Petersen.
Washington les acusa de actuar en contra de los intereses de esa nación y de perjudicar la seguridad regional e incluso la del propio Chile.
Motivo: el proyecto Chile–China Express, iniciativa que busca conectar mediante fibra óptica a Valparaíso con Hong Kong, proyecto que contaba incluso con el impulso y la aprobación del fallecido expresidente Sebastián Piñera.
El gobierno chileno salió a defender a los sancionados (castigo que incluye sus familiares), el embajador gringo fue llamado a Cancillería y se le entregó una “enérgica” carta de protesta.
Pero la derecha, la mayoría de ella al menos, la que se arroga ser representativa de los “verdaderos chilenos”, se mostró comprensiva con las sanciones y expresó tibias opiniones, al tiempo que esquivó una condena por la conducta injerencista del imperio gringo.
Pero el tirón de orejas tuvo eco en La Moneda pues a los pocos días el ejecutivo reculó en su postura y precisó que el proyecto solo estaba en observación. Sin embargo, el proyecto existió, fue firmado por el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, quien luego anuló la firma.
El secretario de Estado, en un acto de servil buena conducta dijo que el proyecto recién está en los primeros pasos, corrigiendo al subsecretario de Telecomunicaciones, Claudio Araya, que a través del nefasto pasquín de la oligarquía, El Mercurio, dijo que se encontraba en la recta final.
Estos cambios de relato de La Moneda, muestran el poder del imperio en la casta política chilena. En los hechos, el Salón Oval trasladado al interior de La Moneda.
La prensa canalla a favor del imperio
Y en esta lógica cipaya tanto El Mercurio como La Tercera empezaron a publicar notas y antecedentes que blanquean la actitud imperial con las medidas tomadas por la administración trumpista, otorgando antecedentes que casi justifican las sanciones, con un relato afín a los intereses gringos.
Además, las amenazas siguen, el embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, puso en alerta al Gobierno de Chile al condicionar la permanencia del país en el programa Visa Waiver: “Ciertamente esperamos que no llegue a ese punto. Por ahora, la Visa Waiver está a salvo, pero eso no es nuestra elección. Depende estrictamente de lo que este gobierno elija hacer”, amenazó el diplomático.
Axel Phillip Kaiser Barents-Von Hohenhagen, por su parte, dijo que las sanciones eran excelentes, Moreira que había que cuidar las relaciones con USA, la mayoría no opina, pero entre pasillos apoyan a los gringos.
Brandon Judd se comporta como el que está a cargo del país (colonia), puede retar a cualquier autoridad, reunirse con empresarios, académicos, medios de comunicación y decir qué está bueno o qué está malo en el país, y hasta “corregir” lo que supone que está mal, es decir una descarada intromisión en asuntos internos en la más plena impunidad. Somos ya en la práctica un protectorado.
Queda al desnudo la falsedad del viejo adagio de que en Chile la instituciones funcionan, evidentemente que no. Y los patriotas, aquellos que se reivindican como los verdaderos chilenos, calladitos, demostrado lo que siempre han sido, simples yanaconas.
Los que amamos este país, tenemos el desafío de rechazar la presencia de Marco Rubio y sus secuaces en el cambio de administración y de levantar una alternativa que vele por los interese de Chile.
El proyecto Chile–China Express nos puede poner a la vanguardia de la región en las telecomunicaciones. Nos coloca en una situación privilegiada en el desarrollo de tecnología de punta, es un salto al futuro y claramente es beneficioso para Chile y los pueblos hermanos de Latinoamérica.
Los gringos no quieren perder totalmente su hegemonía y en su decadencia reflotan viejas y dañinas doctrinas para la región.
¿Que pasará si el supuesto adalid del libre comercio en el mundo decide que no le vendamos cobre, litio, alimentos o cualquier otro producto a los chinos con el argumento de que tal operatoria comercial atentaría contra la seguridad de la región, o más bien, contra sus intereses?
Soberanía o colonia, se devela la contradicción principal del mundo en que vivimos.
Tenemos que elegir.
Febrero 2026 desde el corazón del neoliberalismo











