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Chile – Casas sin gente y gente sin casa

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Según el Censo 2024, la población de Algarrobo es de 16.076 habitantes y tiene 21.324 viviendas. De estas, solo 7.044 estaban ocupadas habitualmente, mientras que 14.273 se encontraban desocupadas. Esto revela una cifra impactante: El 67% de las viviendas de la comuna están vacías, destinadas a la segunda vivienda o a la inversión.

Por Millaray Inostroza Araos

Los datos son contundentes y hablan por sí solos. Según el Censo 2024, la población de Algarrobo es de 16.076 habitantes y tiene 21.324 viviendas. De estas, solo 7.044 estaban ocupadas habitualmente, mientras que 14.273 se encontraban desocupadas. Esto revela una cifra impactante: El 67% de las viviendas de la comuna están vacías, destinadas a la segunda vivienda o a la inversión.

Sin embargo, pese a esta enorme cantidad de casas sin habitantes, existe una realidad oculta, contradictoria y dolorosa: el hacinamiento afecta al 4,7% de los hogares locales.

Es decir, mientras sobran casas de veraneo, faltan techos propios para quienes habitan el territorio todo el año.

Al mismo tiempo, vemos cómo proliferan más de cinco nuevos condominios (como Mirador El YecoSanta Teresa del Mar o Costa Algarrobo, entre otros). El problema es que ninguno de estos proyectos ofrece departamentos por menos de 3.000 UF, un precio inalcanzable para la gran mayoría. Esto no solo excluye a las familias locales, sino que dispara el precio de los arriendos y de las casas usadas, alejando cada vez más el sueño de la casa propia para un número importante de algarrobinos.

 
El impacto no es solo económico, sino también territorial. Otro ejemplo claro es el megaproyecto en Punta de Fraile, que pretende levantar nueve torres de hasta ocho pisos, sumando 352 departamentos y más de 500 estacionamientos en una zona sensible.

En este, como en el proyecto ArenaMaris en Algarrobo Norte y en otros, vemos cómo el espacio común —ese lugar donde todos deberíamos poder disfrutar de la naturaleza sin importar nuestro bolsillo— termina cercenado. Se levantan rejas e infraestructuras que segregan el paisaje, decidiendo arbitrariamente quién tiene derecho a disfrutar del mar y quién no, y qué flora y fauna se respeta y cuál se sacrifica.

A mi parecer, la conclusión es clara: Algarrobo no necesita más torres para unos pocos. Si algo se ha de edificar, deben ser viviendas dignas para la comunidad que reside, trabaja y hace vida permanente en nuestra comuna.

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