Cuando Lula asumió el cargo, prometió detener la deforestación en la Amazonía y reducir a cero las emisiones de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, el mandatario ha cedido a las presiones de las compañías petroleras, abriendo la cuenca amazónica a la perforación y permitiendo la construcción de una mega-autopista que atravesará kilómetros de valiosa selva tropical.
En los próximos meses, Brasil será sede de un evento clave: la conferencia de la ONU sobre el cambio climático (COP30). Dicha conferencia, podría servir para que Lula retome sus promesas y deje un legado climático a Brasil y el planeta.
Para enfrentarse con valentía a los poderosos intereses empresariales -petróleo, agricultura y minería-, Lula necesita toda la fuerza de un movimiento mundial que lo respalde.











