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50° Aniversario de la elección del gobierno de la Unidad Popular en Chile 1970

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Por Tony Saunois, Secretario del CIT y miembro del Partido Socialista de Inglaterra y Gales.

Tony Saunois

El cincuentenario de la elección del gobierno de la Unidad Popular el 4 de septiembre de 1970 representa una oportunidad para que el movimiento internacional de la clase obrera recuerde lo que representó esta victoria y saque lecciones vitales del proceso. La actual apertura de la crisis más profunda del capitalismo mundial desde el decenio de 1930 ya está dando lugar al surgimiento de una lucha entre las fuerzas de la revolución y la contrarrevolución en muchos países. En esta situación, las lecciones de la experiencia de la revolución chilena entre 1970 y 1973 son inestimables.

La elección de la UP en Chile tuvo inmediatamente un impacto internacional entre la clase obrera. Una ola de simpatía y apoyo barrió el movimiento obrero internacional. En Chile la idea de que la clase obrera lideraba este proceso significó que el movimiento tuvo un profundo efecto internacional. En Gran Bretaña y en otros lugares se desencadenó un debate “es posible ganar un camino parlamentario hacia el socialismo” dado que Chile ha elegido un presidente y un gobierno “marxista”. En el momento del golpe de 1973, destacados sindicalistas y otros, especialmente partidarios de la corriente Militant, pronunciaron discursos en la conferencia del Partido Laborista en los que advirtieron que la clase dirigente de Gran Bretaña podría adoptar medidas similares si se veía amenazada por la elección de un gobierno social radical. Tras el golpe, los trabajadores de Aeorspace en Escocia se negaron a trabajar en los motores de los aviones destinados a Chile, y los estibadores y los marineros boicotearon los puertos y buques chilenos.

La elección de la UP abrió un proceso revolucionario. Los trabajadores construyeron nuevas organizaciones como los Cordones Industriales, las JAP y otras como parte de esto. Se introdujeron reformas masivas, comidas escolares gratuitas, aumento de salarios, reforma agraria, nacionalización de bancos, empresas cupríferas y otras. Más de 4 millones 46 mil Hectáreas de tierra fueron redistribuidos en las reformas agrarias. Para el momento del golpe, el 40% de la economía estaba en manos del Estado. Como en todas las revoluciones, se desató una avalancha de iniciativas y destellos de las masas. Generalmente no se sabe, pero los primeros pasos hacia Internet se dieron en Chile entre 1971-3 en el proyecto “Cybersyn”, una temprana Internet “socialista” utilizada para ayudar a planificar la economía y la producción.

Allende ganó las elecciones presidenciales con el 36,3% de los votos. En las elecciones parlamentarias de marzo de 1973 la UP ganó el 44% de los votos. Es decir, su apoyo fue aumentando a pesar del sabotaje económico y violento de la derecha. Cuando todo lo demás fracasó, recurrieron a un golpe militar en colaboración con el imperialismo estadounidense.

Pero, ¿cómo se perdió la revolución iniciada en 1970 en aquel 11 de septiembre de 1973? Aquí hay lecciones cruciales para la clase obrera a nivel internacional. Esta tragedia ofrece vitales enseñanzas para la clase obrera internacional.

Lamentablemente los principales dirigentes de la UP, en todos los partidos, carecían de un programa coherente para romper con el capitalismo a pesar del acto heroico de Allende de sacrificar su vida frente al golpe. Sin embargo, las reformas que introdujeron permanecieron dentro del capitalismo. Al negarse a romper decididamente con el sistema y el estado capitalista en particular, las fuerzas de la derecha tuvieron tiempo para tramar, conspirar y sabotear, utilizando las fuerzas fascistas de Patria y Libertad preparando el camino para el golpe del 11 de septiembre.

Desde el principio Allende cometió un error crucial al aceptar un pacto constitucional por el cual aceptaba no tocar al alto mando de las fuerzas del Estado. Esto iba a resultar fatal. Detrás de esto estaba la convicción errónea de que los principales sectores de los militares respetarían la constitución y aceptarían un “proceso democrático”. Otros buscaban un acuerdo con el ala “democrática” de la clase capitalista. Sin embargo, cuando sus intereses se ven seriamente desafiados y no hay otro camino, entonces los sectores decisivos de la clase dominante y la maquinaria estatal actúan para defender sus propios intereses, en este caso derrocando al gobierno cuando todo lo demás no había logrado derrotarlo.

En un intento por aplacar la reacción, Allende incluso llevó a las Fuerzas Armadas al gobierno unos meses antes del golpe.

Los cordones industriales asumieron cada vez más un papel político para avanzar y defender la revolución. Uno de los más radicales fue el del distrito industrial de Cerillos que, entre muchas reivindicaciones radicales, reclamaba “una Asamblea Popular que sustituya al parlamento burgués”.

La clase obrera, estaba muy a la izquierda del gobierno y sus dirigentes, que se vieron arrastrados a dar pasos más radicales por los trabajadores y la juventud.

En respuesta a los ataques armados desatados por la fascista Patria y Liberdad, mientras la policía y el ejército se mantenían al margen, se formaron escuadrones de defensa de los trabajadores.

La revolución se extendió al campo, donde los campesinos y trabajadores agrícolas ocuparon las tierras y llevaron a cabo un programa de reforma agrícola. Se redistribuyeron más de cuatro millones 46 mil hectáreas de tierra.

Un Pueblo Desarmado

La clase dominante, junto con el imperialismo estadounidense, comenzó a desarrollar rápidamente planes para un golpe militar.

Sin embargo, en cada etapa, los dirigentes del PC (Partido Comunista) y de sectores del PS (Partido Socialista) actuaron como un freno y trataron de frenar el proceso revolucionario, argumentando que la burguesía “democrática” no debía ser alienada y defendieron la “constitucionalidad” de las fuerzas armadas.

A pesar de utilizar una retórica revolucionaria y marxista muy de izquierdas, el ala izquierda del Partido Socialista no propuso demandas o iniciativas concretas adecuadas para hacer avanzar la revolución y derrocar el capitalismo, mientras la derecha trazaba planes para un golpe militar reaccionario.

Estos acontecimientos condujeron a una polarización dentro de la coalición de la UP y a escisiones dentro de los partidos que la componen, entre la izquierda y la derecha.

Mientras tanto, Henry Kissinger, secretario de Estado de la administración Nixon, cablegrafió al jefe de la CIA en Santiago: “Es la política firme y continua que Allende sea derrocado por un golpe de estado.”

En junio de 1973, secciones del ejército, de los regimientos de tanques organizaron una rebelión contra el gobierno – el llamado ‘Tanquetazo’.

Fue un golpe prematuro y fue sofocado por los militares, bajo las órdenes de Allende. El general Prats, partidario de Allende, que sofocó el intento de sublevación, fue posteriormente asesinado tras el éxito del golpe en septiembre de 1973.

El “Tanquetazo”, en junio, actuó como látigo de la contrarrevolución y provocó que la clase obrera tomara nuevas medidas revolucionarias.

El fallido golpe de junio fue seguido por el anuncio de un plan de nacionalizaciones masivas y por una creciente demanda de armas por parte de la clase obrera para luchar contra la amenaza de la reacción.

Sin embargo, ni Allende ni los demás dirigentes tomaron medidas para golpear a los militares o para movilizar y armar a los trabajadores.
No se concedieron derechos sindicales a las filas del ejército, ni se intentó organizar o conseguir apoyo en las filas de las fuerzas armadas, muchas de las cuales apoyaban el proceso revolucionario.

Existían las condiciones para dividir las fuerzas armadas, pero era necesaria una acción decisiva. Sin embargo, los dirigentes de la UP estaban encarcelados por la idea, especialmente enfatizada por el Partido Comunista, de que existía un “ala progresista” entre un sector de la clase dominante.

Tenía una política de respeto a “la constitucionalidad de las fuerzas armadas” y de un programa gradual y medido de reformas que, con el tiempo, establecería el socialismo.

En la práctica, esta “teoría de las etapas” daba tiempo a la clase dominante para preparar sus fuerzas para el golpe, cuando el momento fuera más oportuno.

El resultado no fue evitar una guerra civil, sino ahogar en sangre el movimiento revolucionario.

Allende adoptó una política de apaciguamiento en un intento condenado de tranquilizar a los militares y a la clase dirigente.

Hizo a Pinochet comandante en jefe del Ejercito, tras la dimisión forzada del general Prats por los conspiradores golpistas.
Además, cuando algunos sectores de la base trataron de ayudar a la revolución y oponerse a un golpe, Allende apoyó escandalosamente a la jerarquía reaccionaria golpista.

En agosto, en el puerto naval de Valparaíso, 100 marineros fueron arrestados por “abandono del deber militar”.

De hecho, habían descubierto planes para el golpe y declararon que se opondrían a él. En lo que se llamó su hora más oscura, Allende, apoyó a la jerarquía de la marina mientras se detenía y torturaba a este grupo de marineros!

Hasta un millón de personas se manifestaron frente al balcón del Palacio Presidencial, donde estaba Allende, dos días antes del golpe de Pinochet.
Estos trabajadores, jóvenes y estudiantes, sabiendo del inminente golpe, exigieron armas para defender la revolución. También exigieron el cierre del parlamento burgués.

Los líderes de izquierda del PS y otros prometieron que las armas estaban escondidas y que se distribuirían cuando fuera necesario.

En realidad, no se hizo nada para armar a la clase obrera contra la sangrienta contrarrevolución.

El golpe de Estado

Dos días después, los conspiradores atacaron, mientras las armadas chilena y estadounidense realizaban ejercicios conjuntos frente a la costa chilena.
El día del golpe, la federación sindical, la CUT, llamó a los trabajadores a ir a las fábricas y esperar instrucciones.

En Chile, en septiembre de 1973, una protesta armada masiva y un claro llamamiento a los soldados para que se unieran a la revolución era la única perspectiva en esta etapa tardía para salvar la revolución y derrotar el golpe.

En cambio, a medida que el golpe se desarrollaba, los trabajadores se quedaban aislados en sus fábricas, esperando a que los destacamentos armados del ejército los eliminaran.

Una vez en el poder, el ejército desató una sangrienta era de represión y matanza. Fue una operación clínica despiadada que se dirigió a los trabajadores y jóvenes más activos y con mayor conciencia política. El régimen militar duró hasta 1990.

Al conmemorar la tremenda victoria de la elección de la UP en 1970, hoy debemos sacar las lecciones de la derrota de 1973 para evitar que la historia se repita.

Nota: Para más análisis e información  a nivel nacional como internacional, visita nuestra página  http://socialismorevolucionario.cl/

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