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Brasil – “La línea divisoria está entre la democracia y la barbarie”

Brasil – “La línea divisoria está entre la democracia y la barbarie”

Guilherme Boulos, líder del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo y candidato a la presidencia de Brasil

“La línea divisoria está entre la democracia y la barbarie”

Se presenta por el Partido Socialismo y Libertad. Desde la izquierda, es crítico de los gobiernos del PT, pero se opuso al golpe parlamentario y la persecución judicial a Lula. Defiende el derecho del ex presidente a ser candidato y reclama su liberación. “Lo que nos une en este momento es la lucha por las libertades democráticas”, sostiene.

Guilherme Boulos está al frente del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST), un movimiento social que busca solucionar la problemática que afecta a más de 6 millones de personas en Brasil. Con 35 años, es el candidato a la presidencia más joven de la historia de Brasil por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), cuya compañera de fórmula, Sonia Guajajara, es la primer líder indígena que se presenta en una contienda presidencial. Boulos fue uno de los referentes que más presencia arrastró a las calles en resistencia al encarcelamiento de Lula. A pesar de su distancia con el PT, comenzó a mostrarse en actos conjuntos con el exmandatario desde que este sufrió el atentado a la caravana en la que viajaba por el sur de Brasil. Sin embargo, ante la pregunta por un frente electoral de izquierda se muestra reticente y considera que lo principal ahora es rescatar la democracia brasileña del abismo.

–La precandidatura presidencial que usted encabeza es por el Partido Socialismo y Libertad. ¿Cómo surgió esa fórmula?

–Para empezar, Brasil está viviendo una crisis política, económica y ética. Las personas no se sienten representadas por la forma en la que el sistema político está organizado. Nuestro objetivo con esta candidatura es llevar esa insatisfacción popular hacia adentro de la política, ocupar la política con esta indignación que existe. Esta fórmula fue construida a partir de una alianza de movimientos sociales como el Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST), donde milito desde hace 16 años; la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB), de donde surge el liderazgo de mi compañera de fórmula, Sonia Guajajara; activistas mediáticos como los compañeros de Midia Ninja; sectores del movimiento feminista, negro, LGBT, etc. Son sectores afines al PSOL que se han enfrentado, en los últimos años, a los retrocesos producidos en el país. El PSOL se abrió a esta alianza inédita en la historia política brasileña con el objetivo de presentarse en las próximas elecciones con un proyecto de transformación profunda para nuestro país. Por su parte, el MTST es un movimiento autónomo que acaba de cumplir veinte años y que lucha por la vivienda y por el derecho a la ciudad. Creció mucho en estos últimos años por el agravamiento de la crisis urbana brasileña: hoy hay 6 millones doscientas mil familias sin casa en Brasil y al mismo tiempo hay más de 7 millones de inmuebles abandonados. Hay más casas sin gente que gente sin casas. Esto hizo que creciera y se fortaleciera la ocupación de espacios ociosos. El último tiempo tuvimos una aproximación con el PSOL que fue el que planteó las condiciones para esta alianza.

–El MTST se encuentra dentro del Frente Pueblo Sin Miedo que en 2015 salió a manifestarse en contra del impeachment a Dilma, así como contra el encarcelamiento de Lula. ¿Cómo es la relación del MTST con el PT?

–El Frente Pueblo Sin Miedo está conformado por el MTST y un conjunto de movimientos sociales. En relación al golpe parlamentario contra Dilma, se puede decir que teníamos diferencias con su gobierno, en especial con el ajuste fiscal que aplicó, pero siempre tuvimos muy claro qué estaba en juego con el golpe. El golpe fue la forma de instalar una agenda profundamente regresiva y sacar a una presidenta que fue electa. Por eso nosotros estuvimos siempre en contra del golpe. Lo mismo sucede con la farsa judicial contra Lula. El hecho de señalar los límites de los gobiernos del PT no nos pone en connivencia con la injusticia que está sufriendo Lula: se trata de una condena política porque fue condenado sin pruebas. Hay sectores del poder judicial que apuntan a eliminarlo del proceso electoral. Nosotros defendemos el derecho de Lula a ser candidato y nos manifestamos intensamente para lograr su liberación. Miembros del MTST y de Pueblo Sin Miedo ocuparon el triplex, el departamento atribuido a Lula por el cual se encuentra condenado, como una forma de denunciar esta farsa jurídica.

–Los asesinatos de Marielle Franco y de Anderson Gomes siguen sin respuestas. 

–El asesinato de Marielle Franco fue un crimen político. Quienes asesinaron a Marielle y a Anderson mataron a una de las figuras más combativas y promisorias de la política de Río de Janeiro. Una mujer negra, habitante de una favela, que expresaba las voces de los excluidos de la política brasileña. Lo que fue lamentable fue la postura de Temer y de algunos sectores mediáticos que utilizaron este episodio como una forma de legitimar la intervención militar. Por ahora no hay respuestas y mientras tanto nosotros seguimos pidiendo justicia por Marielle. Tenemos la convicción de que la mejor forma de recordarla es seguir llevando adelante sus ideas: de justicia, de igualdad, de mayor diversidad en la representación política, etc. Las ideas no se matan. Este es el legado de Marielle.

–Luego del atentado contra la caravana del ex presidente Lula da Silva, con Manuela D’Ávila (PC do B) se presentaron los tres juntos en un acto por la democracia en Curitiba. Días más tarde, en Río de Janeiro, se reunieron representantes de sindicatos, del PT, PSOL, PCdoB, PDT, PSB y de movimientos sociales. ¿Qué buscaban expresar en esos actos conjuntos?

–En Brasil estamos viviendo la crisis política más profunda desde la dictadura militar. Esto se expresa en una politización de la justicia que tiene como emblema la criminalización y prisión de Lula. Además, existe una escalada de violencia y barbarie cristalizada en el asesinato de Marielle y en los tiros a la caravana de Lula. Es una crisis que se percibe cuando los militares empiezan a meterse en política. Como saben, un general del ejército hizo declaraciones extremadamente preocupantes, un chantaje, una amenaza al poder judicial. Entonces, frente a este panorama es preciso demostrar la unidad de la izquierda y del campo democrático. La línea divisoria está entre quienes defienden la democracia y quienes defienden la barbarie. En este sentido, los actos de las últimas semanas: el de Curitiba luego de los disparos a la caravana del ex presidente, el encuentro en Río y la resistencia en SãoBernardo do Campo contra el encarcelamiento de Lula son todas expresiones de la necesidad de tener una unidad democrática. El hecho de tener diferencias expresadas en distintas candidaturas no nos impide estar juntos en una mesa y lado a lado para defender la democracia de nuestro país.

–En su último discurso antes de entrar a prisión, Lula destacó su nombre y el de D’Ávila (PC do B). ¿A qué atribuye ese gesto?

–En lo personal, tengo una excelente relación con Lula, de mucho respeto y mucha admiración. En ese momento, él reconoció el proceso de unidad que se dio en defensa de la democracia y contra su detención. Había una gran diversidad ese día en el sindicato de metalúrgicos. Entonces, creo que Lula con eso hizo un gesto de reconocimiento. Es evidente que todos nosotros deseamos una unidad política más amplia de la izquierda, pero eso debe darse en términos de unidad de proyectos y eso todavía no maduró en la izquierda brasileña, por eso se presentan diferentes alternativas. Lo que nos une en este momento es la lucha por las libertades democráticas y, desde un punto de vista más inmediato, la libertad de Lula. Él vio eso en ese momento. El Frente Pueblo Sin Miedo estuvo muy presente en la movilización, así como en los procesos anteriores en su defensa.

–Entonces, ¿no se habla de un frente electoral? En agosto se presentan las candidaturas definitivas.

–Una unidad electoral sólo puede darse sobre la base de una unidad programática. Tenemos que tener mucha firmeza y convicción para garantizar una unidad amplia que ahora es necesaria para defender la democracia en Brasil. Convertir este debate en un debate electoral creo que va a estimular las diferencias antes que fortalecer la unidad.

–Tanto usted como otros referentes de izquierda estuvieron de gira por países europeos y latinoamericanos ¿Cómo se vive a nivel internacional la situación de Brasil?

–Estuve en Portugal con Pablo Iglesias (Podemos), Catarina Martins (Bloco de Esquerda), Boaventura de Sousa Santos, etc., con el objetivo de estimular una campaña internacional por la democracia brasileña. Esto es lo que está a la orden del día en este momento. Lo que observamos es que la prensa internacional ha sido mucho más crítica y comprometida con los hechos de lo que fue la prensa brasileña. Aquí se creó un verdadero bloqueo mediático: primero una falta de cuestionamiento sobre la ausencia de pruebas en el proceso que condenó a Lula; luego de la prisión de Lula, buscaron eliminar este acontecimiento de la agenda –desde hace algunas semanas la prensa solo habla de la receta del bizcochuelo y la llegada de la primavera–. En este sentido, la prensa internacional tiene un papel muy importante para agujerear este bloqueo y señalar la gravedad de los hechos que están ocurriendo en Brasil.

–Según los datos publicados por Datafolha, Lula conserva un 31 por ciento  de intención de voto, seguido por Bolsonaro, el candidato de la extrema derecha, y un alto porcentaje de votos en blanco. ¿Cómo analiza estos datos?

–Exacto, las encuestas muestran todavía una fuerza muy grande de Lula y evidencian el motivo de la condena, que es quitarlo del proceso electoral. Quiero reiterar que nosotros defendemos el derecho de Lula a ser candidato. No se puede naturalizar una farsa jurídica donde los jueces deciden quién puede presentarse a las próximas elecciones. La misma farsa jurídica contra Lula es la misma farsa que se reproduce con Cristina en Argentina. Por otra parte el escenario es de mucha incertidumbre. Si miramos los escenarios que presenta Datafolha en ausencia de Lula, los que lideran las encuestas son los indecisos, el voto nulo y el voto en blanco. El escenario electoral brasileño, si se consuma la proscripción de Lula, es un escenario absolutamente incierto. Vamos a tener las elecciones más imprevisibles desde 1989. Hay una enorme proliferación de candidatos, en especial la derecha que está presentando más de diez candidatos en este momento. Esta indefinición, en muchos aspectos, tiene que ver con una crisis política de representación. Las personas no se sienten representadas por este sistema, hay un enorme descreimiento, una falta de perspectiva en relación a las instituciones políticas y, de algún modo, este sentimiento de antipolítica fue canalizado en el último período por sectores de extrema derecha, como Jair Bolsonaro. En momentos de inseguridad, de incertidumbre, el discurso del miedo y del odio ganan un espacio en la sociedad. Si aparece alguien que se presenta como el salvador, aunque sea sobre la base de una farsa, gana cierta popularidad. Bolsonaro es una farsa: se presenta como una novedad en la política pero es diputado desde hace treinta años y la mayor parte de ese período por partidos absolutamente corruptos. En treinta años, Bolsonaro no aprobó ni un solo proyecto de interés nacional siendo parte del legislativo. Además fue denunciado por la Procuraduría por crímenes de racismo, fue además multado por hacer apología del abuso sexual y procesado por hacer apología de la tortura durante el juicio político a Dilma. Este hombre representa lo más viejo de la política disfrazado de nuevo. Solo espero que esto se derrumbe con el tiempo.

–¿Y la izquierda en estas encuestas?

–Considero que en momentos de crisis se pueden abrir caminos de miedo y de odio, pero también se abre el camino para rescatar la esperanza. Este es el que nosotros tenemos que construir. Transformar este momento de incertidumbre en un camino de reconstrucción del futuro: un proyecto de igualdad, de profundización democrática. Esta plataforma es la que debemos presentar en el proceso electoral. En especial para poder dialogar con el rechazo generalizado que existe hacia la política. Las encuestas de hoy no son una radiografía fiel de lo que será el proceso electoral brasileño de aquí a cinco meses. La izquierda tiene que estar bien posicionada para dialogar con la sociedad, como una alternativa a la crisis de representación. Por eso debemos mantenernos firmes en nuestras convicciones, sin buscar una composición provisoria para salvar aquello que ya no tiene solución. Sólo así, la izquierda será capaz de rescatar un camino de esperanza.

–Otros señalan que luego de inhabilitar a Lula se buscará generar una disputa electoral polarizada entre Bolsonaro, el candidato de la extrema derecha y algún candidato neoliberal, promercado. 

–El sueño de la élite brasileña es reproducir el escenario francés. Ya existe una corrida para determinar quién será el Macron brasileño. Pero existe una diferencia fundamental: Macron se volvió viable en Francia luego del fracaso de Hollande, en cambio, aquí desde hace dos años vivimos un gobierno golpista y liberal que tiene el mayor rechazo popular de la historia del país. Temer solo cuenta con una aprobación del 4 por ciento. Hasta este momento, el gobierno de facto del general Figueiredo –que decía que le gustaban más los caballos que la gente– era el más impopular de Brasil. Temer consiguió superar la impopularidad de Figueiredo, por eso no creo que el escenario electoral de este año sea un escenario de derecha contra extrema derecha. Es evidente que esta posibilidad existe, considerando los atropellos institucionales que llevó adelante el establishment para preservar la agenda del golpe, pero hay que tener en cuenta la insatisfacción del pueblo brasileño. El problema es que algunos candidatos son Temer de forma explícita y otros de manera velada, pero la agenda que ellos defienden fue aplicada sin el visto bueno del voto popular. Entonces, no veo que esta ecuación se concrete en Brasil.

–¿Las próximas elecciones serán una salida del golpe?

–No considero que la salida para lo que está viviendo Brasil se resuelva en las próximas elecciones, independientemente de quien gane. Si bien nosotros estamos presentando una plataforma y vamos a disputar la presidencia, lo que resulta muy claro, luego del último golpe parlamentario, es que es necesario ir más allá de las instituciones. El sistema político brasileño está profundamente viciado. Por ejemplo, el PMDB (el partido de Temer) nunca ganó una elección presidencial y sin embargo desde la vuelta de la democracia reparte las cartas y chantajea a todos los gobiernos porque cuenta con una mayoría parlamentaria, basada en las oligarquías locales. Este sistema político necesita ser transformado y las transformaciones sólo son posibles con la participación y movilización de la sociedad, porque sino uno puede ganar las elecciones presidenciales pero no va a poder gobernar. La mayoría debe verse reflejada en la sociedad y en las calles. Si solo apostamos a los comicios, cualquiera que gane va a ser rehén de este parlamento. Dilma ganó hace cuatro años y no pudo gobernar, porque la democracia no es un cheque en blanco. Esta estructura es lo que abre paso para un tipo como Jair Bolsonaro. Nosotros estamos pensando en un proyecto para el futuro del país, que va más allá del resultado electoral.

–¿Hace falta más movilización en Brasil?

–Primero quiero aclarar algo: no es cierto que no haya habido movilizaciones en el último tiempo. Hicimos la mayor huelga general del país para parar la reforma previsional y logramos frenarla. También debo confesar que podría y debería ser mayor para que podamos parar los retrocesos que se están imponiendo en Brasil, porque incluso las movilizaciones realizadas no fueron capaces de frenar la reforma laboral, de evitar el golpe y de impedir la prisión de Lula. Entonces, el desafío que tenemos hoy es el de fortalecer este frente en las calles. Es necesario combinar los procesos institucionales con las movilizaciones en las calles. La política no se juega sólo en las urnas, sino también en las calles. Por su parte, la izquierda terminó apostando a la institucionalidad como su único espacio de acción y por eso se distanció de la de la gente de las periferias urbanas. No podemos repetir este error.

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