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Empieza la década que empezó el 18 de octubre

Empieza la década que empezó el 18 de octubre

DIARIO UNIVERSIDAD DE CHILE

Patricio López  Martes 31 de diciembre 2019

Este 31 de diciembre de 2019 es un día simbólicamente muy importante en la vida de cada uno de nosotros. No solamente termina un año que, como hemos escuchado recurrentemente por ahí, ha valido por cinco, ha tenido de todo o ha sido como una montaña rusa, sino que también finaliza una década. Recordemos que hace diez años la presidenta Bachelet llegaba al término de su primer gobierno con altos niveles de aprobación, mientras las encuestas daban a Sebastián Piñera como el favorito y, por lo tanto, como el eventual primer presidente de derecha elegido democráticamente en 50 años, posibilidad a la que el candidato respondía con un discurso muy centrista y moderado. Eso lo sabíamos, pero no teníamos cómo prever que estábamos a semanas del terremoto y tsunami del 27 de febrero a las 3:40 de la mañana, que cambió de un modo radical o al menos simbólico al país y la vida de todos nosotros.

Tal como respecto a este estallido social, los investigadores nos habían advertido que las placas tectónicas habían acumulado una gran cantidad de energía y que un gran terremoto era inminente, pero ignorábamos el epicentro, el cuándo y el cómo. Hasta que ocurrió. Luego, ya sabemos, vino el gran estallido social de 2011 y los posteriores estallidos regionales, de los cuales el más grande y persistente fue el de Aysén. A esas alturas, y aunque en décadas no habíamos visto alzamientos de esa envergadura, se estimaba que el sistema todavía tenía capacidad de respuesta y adecuación. El surgimiento de la Nueva Mayoría y el segundo momento de Michelle Bachelet fueron precisamente eso, en sentido histórico. Lamentablemente para la expresidenta, el alcance de las reformas implementadas no alcanzó a desatar la energía de las placas tectónicas y todo ello quedó ahí, latente, a la espera del remezón que nos desestabilizaría.

El 18 de octubre de 2019 equivale al 27 de febrero de 2010. Es la incontenible liberación de energía que cierra un ciclo e inaugura no solo una década, sino una nueva época. Es una fuerza que ha arrasado incluso con cimientos y que condena de antemano al fracaso a todos quienes pretendan hacer las cosas exactamente igual que como estaban. De aquí en adelante tiene que ser distinto y la determinación del pueblo de Chile ha permitido sostener esta convicción, a pesar de la cerrazón de las autoridades. En perspectiva, es posible que la afirmación del presidente de la República de que (para él) “lo peor ya pasó”, realizada el pasado fin de semana, se termine pareciendo a la contraportada del disco Dímelo en la calle de Joaquín Sabina, donde aparece como un boxeador que está siendo muy maltratado en el ring (simbólicamente de la vida) pero que se consuela sosteniendo débilmente un papelito que dice “lo peor ha pasado”.

Termina un año muy duro y también muy bello. Es altamente probable que con el paso del tiempo empecemos a verlo con más cariño que como lo hacemos ahora: cansados, magullados y con ganas de que todo pare o que todo vaya hacia un lugar más sosegado. Durante estos meses han estado naciendo referencias nuevas para las vidas personales y, era que no, para nuestra vida colectiva. Pocas cosas volverán a ser iguales que como eran el 17 de octubre y qué bueno que así sea. Como decía una canción que se convirtió en el himno de una década pretérita, algo grande está naciendo.

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