Jorge Galvez Integrante del Frente Amplio

La Derecha en estas elecciones puso en marcha una estrategia que buscaba  cohesionar el voto de su sector, primero conquistar a través de Kast a la ultraderecha alejada hace tiempo del Piñerismo, segundo con Ossandón disputar el voto en el cual anidaban las banderas de izquierda y que expresaba el descontento que tiene la gente con la Nueva Mayoría. Tercero movilizar en torno a la posibilidad de un fraude electoral al sector que siendo de derecha, no acude habitualmente a votar. Tres anclajes que permitieron a la derecha ampliar su electorado en la búsqueda de la presidencial, los cuales además permitieron irradiar más allá de los “limites” habituales de la derecha, generando hegemonía.

Sin embargo, en este escenario hay más de un derrotado, son en primer lugar la Nueva Mayoría, que con este fracaso se encuentra a un paso de su tumba definitiva, lo que se ve en ella es dispersión, con salidas hacia el centro y salidas hacia la izquierda. Lo cual transformara completamente el escenario político en los inmediatos años que vienen.

Guillier instalado con una “camisa de fuerza” neoliberal, no tuvo el espacio ni la voluntad de tomar con decisión los contenidos de transformaciones profundas anti neoliberales. Los que llamaron a votar por el candidato de la Nueva Mayoría hicieron abstracción de las fuerzas de clase que apoyaban a Guillier, que son agentes que vigilan y buscan conservar el modelo económico y político. Por eso la total indiferencia por un apoyo eventual del FA y las continuas correcciones al candidato de algunos de los agentes que componían su comando, ya fueran por la AFP, el CAE, etc.

Instalaron la disputa electoral desde la idea fuerza “todos contra Piñera” descafeinando la contradicción principal del período; neoliberalismo versus soberanía,  así la lucha política electoral se transformaba en una contienda con los aspectos personales del candidato de la derecha y no en el descalabro que ha tenido el modelo político-económico en el país, de esta manera impidieron castigar electoralmente a la derecha en su responsabilidad por la instalación y administración del neoliberalismo.

Debe llamar la atención el ¿Por qué? Bachelet entrega por segunda vez la banda presidencial a la derecha y en particular a Piñera. Y por qué Piñera entrego en su momento su banda presidencial a Bachelet, es decir estamos en presencia de un círculo “virtuoso” para la estabilidad del modelo.

El voto que obtuvo el Frente Amplio al parecer es un voto de rechazo principalmente a la Nueva Mayoría, ya sea por sus seudos reformas, que instalan la sensación y la subjetividad que los problemas en los cuales pretenden intervenir y mejorar, no logran dar real solución, cuestión que palpa y siente la gente, por tanto, se sienten desapegados de las promesas del gobierno de Bachelet. De esta manera, parte del votante del FA no entiende el llamado apoyar a la Nueva Mayoría en segunda vuelta, que ellos las masas, entienden como parte del problema. Así el FA al no darle una salida política a ese descontento, el votante busco sus respuestas en el candidato de la derecha, pues la conciencia de este votante es una consciencia en construcción, que se decepciona de una parte del duopolio, pero que aún no logra ser conciencia anti neoliberal, esa era la tarea educativa del FA que abandona en la coyuntura electoral por una decisión cortoplacista. En una mirada de pánico visceral apresuradamente sin ninguna reflexión llamaron a votar por un candidato mediocre, con un proyecto de continuidad del actual modelo neoliberal, descuidando, pero no abandonando afortunadamente la opción de apostar contundentemente a un proyecto profundamente trasformador para el futuro próximo, el único viable desde el punto de vista social y electoral en el futuro.

De esta manera, el millón 300 mil personas que votaron por Beatriz Sánchez expresan una voluntad de rechazo a las políticas particulares que afectan  a la gente directamente, que la sienten en el día a día y que tienen que lidiar en la pesada carga de sus vidas. Pero aun no es una conciencia consolidada, muestra más bien la posibilidad de un proceso de construcción que puede ir en dirección a ser conciencia anti neoliberal, anti sistémica, pero que por lo embrionario del proceso, no hay garantía aún que ese sea inexorablemente el camino, la disputa con proyectos conservadores que sintonizan con ciertos males sociales (Trump), podrían llevarnos a perder la disputa por su conducción,

Para los próximos años necesitamos un Frente Amplio con personalidad propia, una bitácora propia y que no la hipoteque su futuro ante el supuesto temor a la llagada de los sectores más conservadores del bloque en el poder. Al modelo neoliberal se le debe combatir en todas sus expresiones, tanto las llamadas “liberales” como las más conservadoras, aquí no es posible analizar este fenómeno con las categorías de los años 50 y 60 que explicaban la existencia de una socialdemocracia, el “progresismo” actual es un mecanismo del modelo neoliberal,  ya que son parte de un plan del duopolio, generando un equilibrio entre las restricciones más absolutas y las aperturas progresistas, cuyas agendas no intervienen en la trasformación del modelo.

El Frente Amplio tiene plena viabilidad futura en la medida que lidere en los próximos años la lucha social contra el modelo, la acción parlamentaria del FA debe estar en coincidencia con la movilización de los actores sociales y populares, deben ser entendidos como dos momentos de la lucha cultural, política de construcción de conciencia y sentido común desde la perspectiva de la trasformación profunda.

Pieza fundamental en esta tarea es la construcción de un partido que exprese los intereses de los trabajadores y de los sectores populares, que sean estos mismos sectores que lideren y conduzcan esta iniciativa. Un partido que aglutine la transversalidad de la izquierda del FA sólo puede ser garantía de un programa transformador, que llegue a la cúspide del poder para terminar con el actual modelo político y económico.

Un proyecto anti neoliberal implica necesariamente golpear la “viga” central que sostiene el modelo, nada menos que es el capital financiero. Terminar con la oligarquía financiera generaría un desmoronamiento sistémico del modelo. Desde la inmensa crisis que vive el capitalismo desde el año 2008 y que sigue imperando hasta hoy, el capitalismo ha sido incapaz ni siquiera dar tímidas señales de un nuevo patrón de acumulación, la razón es sencilla, no hay salida a la crisis neoliberal desde el propio capital. Por eso un proyecto y programa electoral anti neoliberal consecuente y real, no pantomimas para parecer “progre”, te lleva necesariamente a confrontar las relaciones dominantes actuales de la oligarquía financiera y sus aliados. Abriendo un camino de recuperación de la soberanía política, económica, social y territorial.

Construir una correlación de fuerzas en la cual sus protagonistas sean los sectores populares debilidad suprema aun del FA, es necesario cambiar la composición de clase de los sectores mayoritarios dentro del Frente Amplio, asumiendo sus demandas estructurales, dotándonos de un proyecto de largo plazo. El FA debe emanar de las poblaciones, del seno de los trabajadores, de los movimientos sociales, que sean eje hegemónico de una alianza mayor, que incorpore y que llame al resto del país para la liquidación del modelo.