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2017 – ANIVERSARIO, 100 AÑOS DE LA REVOLUCION RUSA

2017 – ANIVERSARIO, 100 AÑOS DE LA REVOLUCION RUSA

“Con la espalda contra  la pared, se atrevieron”. 100 años atrás los trabajadores rusos lanzaron una audaz contraofensiva. Que tenía una oportunidad de victoria, en lugar de optar por tácticas defensivas impotentes y cierta derrota. Hoy en día, cuando está en juego la propia supervivencia de la humanidad, es seguramente algo que los trabajadores pueden aprender de la Revolución de Octubre.

 

A nivel mundial el año que termina, se ha caracterizado por cruentas guerras y terrorismo, las cuales han sido azuzadas por los imperialismos occidentales y Rusia por un lado, y por el Estado Islámico y sus acólitos por otro. La corrupción política y empresarial a nivel internacional, fue claramente demostrada por los Panamá Papers. Dentro del barbarismo producto de los sistemas capitalistas que vivimos, las mujeres en casi todo el mundo, han pagado con sangre el criminal aumento del femicidio.

El año 2016 termina con una Europa no solamente con recortes en el gasto público, sino también, atormentada por el espectro populista racista que recorre el continente. No es primera vez, que los movimientos populistas racistas de extrema derecha están en marcha, con cabezas de playa parlamentarias en varias naciones y en el Parlamento Europeo. Todos los populistas que dirigieron el Brexit y sus compinches en otros países, incluyendo a Donald Trump, difunden un mensaje que dice más o menos lo mismo: “Esperamos exportar a ustedes sin aranceles, pero vamos a imponer aranceles a las importaciones de ustedes”, “Tenemos derechos a vivir y trabajar en sus países pero ustedes no pueden vivir y trabajar en el nuestro”;  “Cuando devaluamos nuestra moneda es Política Monetaria, pero si ustedes hacen lo mismo son  manipuladores de divisas”. Los políticos populistas ridiculizan a los “expertos”, y persiguen políticas divisionistas anti migración, con métodos xenofóbicos para atraer a grupos protegidos de votantes.

El problema es grave, históricamente, el nacionalismo resurgente siempre ha llevado a la guerra. No se ve ninguna razón, para que esta vez sea diferente. Pues a medida que la memoria de la Segunda Guerra Mundial se desvanece y las viejas lealtades tribales se reafirman, el mundo entra en una nueva y peligrosa fase. Hay una línea delgada entre el nacionalismo y el imperialismo, y en algún momento, alguien cruzará esa línea. No sé sabe quién, o dónde, que será. Pero cuando suceda, puede estallar una nueva guerra.

Añadido al crecimiento del populismo, este año termina marcado por una política de austeridad, cortes del gasto público, en prácticamente casi todo el mundo. Esto significó  trabajar más, más accidentes laborales, más desgaste y más ira e irritación cuando llegamos a casa. Significa ganar menos y pagar más por la educación, el cuidado de los niños, por medicina y comestibles. Si hay reparaciones que hacer, a los electrodomésticos o la casa, o sube el precio del metro y los buses, entonces hay que reducir los escasos y pequeños lujos que todavía a lo lejos nos permitimos. Significa vivir con mas estrés. Estas políticas de ajustarse el cinturón, es todo menos un accidente. Es un resultado directo de una crisis generalizada del sistema capitalista desde los años setenta. Porque, seamos claros, el sistema capitalista no será remendado por lo menos no a corto plazo y no sin que nos cueste aún mas caro a los trabajadores. ¿Merece la pena este dolor para remendarlo? Después de la última crisis de esta magnitud, el capitalismo sólo salió de ella gracias a la Segunda Guerra Mundial. Con las actuales armas disponibles, una guerra imperialista generalizada es cualquier cosa menos deseable. ¿Así que, qué debe hacerse? ¿Resignarnos y seguirnos tragando la sopa envenenada del neoliberalismo? ¿Aceptar las reglas del sistema y ver nuestras vidas cada vez más miserables año tras año? Seguir reclamando contra los presidentes, primeros ministros, parlamentos corruptos, es vital y necesario. Pero la cuestión central: sigue siendo la misma de docenas de años, derribar el sistema capitalista, construir una sociedad para nosotros mismos, los trabajadores, los oprimidos, los explotados. Lograr el sueño comunitario de una sociedad sin clases ni Estado. Unirse más allá de las fronteras nacionales y las barreras lingüísticas para combatir este sistema. Hoy día tenemos más en común con un trabajador en huelga en Sud África, o una enfermera en Argentina que con Sebastián Piñera, Andrónico Lusick,  Eliodoro Matte o cualquier otro burgués.

Sabemos sin embargo que el capitalismo no será vencido mañana por la mañana. Mientras esperamos necesitamos vender nuestra fuerza e inteligencia de trabajo lo mas caro posible. Luchando contra los recortes de sueldo y pensiones producido por la inflación. Pero debemos seguir luchando por algo mejor, porque nunca habrá algo “bueno” bajo el capitalismo. Sólo es necesario asegurarnos de que la explotación cada vez mayor  no nos aplastará. Debemos organizarnos a hablar entre sí no solamente como “trabajadores del hospital”, “maestros de escuela primaria”, “estudiantes”, “funcionario público”, vecinos del barrio o la población o “trabajadores del sector privado” defendiendo las condiciones de vida, el salario y el empleo. También, es necesario que nos organicemos, más allá de las divisiones impuestas por las empresas, los jefes y las leyes del Estado. Y sobre todo a través de nuestras luchas para reagruparnos y para darnos una organización que nos permita actuar de una manera suficientemente organizada para derrocar este podrido sistema.

Debemos luchar por una “sociedad alternativa” nos referimos a una alternativa real, no simplemente a una mejora reformista del actual sistema económico y social, sino más bien a una sociedad diferente que reemplace completamente a la actual. Esto porque cualquier mejora que logramos bajo el capitalismo, es solamente temporal, y desaparecerá en la próxima crisis económica. La base del cambio real debe ser la transformación de la estructura económica y política, es decir, la forma de producir riqueza que la humanidad necesita, bienes, servicios, etc..

Hoy en día, en todo el mundo, la producción gira en torno a los beneficios y riquezas para unos pocos. Las mismas herramientas para producir y distribuir “riqueza” están bajo la propiedad y el control de estos pocos exclusivos. Rompiendo el vínculo entre ganancia y producción, suprimiendo la propiedad de los medios de producción controlada por los servicios “públicos” o privados, y pasarlos al control de los pueblos y trabajadores, éstos son los pasos básicos sobre los que debe basarse una alternativa real. Las herramientas para producir y manejar la riqueza no deberían tener “propiedad”, a menos que  se conviertan en propiedad colectiva, puesta al servicio de la satisfacción de las necesidades humanas. Sólo a partir de tal transformación todos los demás aspectos de nuestras vidas, serán realmente mejorados.

Marx era un humanista. Creía que somos seres que transforman el mundo que nos rodea para producir objetos en beneficio de todos. Esa es nuestra esencia como especie. Un sistema que transforma esta actividad en “trabajo” que se compra y utiliza para agrandar a otros es un obstáculo para la plena realización de nuestra humanidad. El capitalismo está destinado a la autodestrucción, al igual que todos los sistemas económicos previos se han autodestruido. La revolución de la clase trabajadora llevará a la etapa final de la historia: el comunismo, que, escribió Marx, “es la solución al enigma de la historia y se conoce a sí mismo como esta solución”.

Cualquier otra propuesta, que no abarque estos supuestos, es sólo una alternativa falsa e inaplicable. No somos idealistas, no imaginamos el cielo en la tierra, sólo pensamos que hay una necesidad imperiosa de una sociedad diferente para toda la humanidad, donde el lucro y la explotación de una persona por otra desaparezcan, y con ellos toda la brutalidad de la explotación del sistema capitalista. También somos conscientes de que tal transformación no caerá del cielo, y enfrentará muchos obstáculos y mucha resistencia. Por esta razón, esta alternativa sólo tendrá la oportunidad de producirse a través de la acción consciente y perturbadora de la clase obrera internacional, que creará sus propios órganos de decisión, en los que debe haber la máxima participación democrática de los explotados. Donde los banqueros, los patrones de todo tipo y sus políticos serviles deben ser categóricamente excluidos.

Nuestra tarea Hoy Día es traer de vuelta la idea de una sociedad alternativa.  No puede haber alternativa a la acción y la conciencia de la clase obrera. Por supuesto, mirando el estado de confusión en el que la clase explotada está inmersa hoy en día, se hace fácil darse cuenta de lo difícil que es tal transformación en este momento. El proletariado, los obreros ocasionales, todos los trabajadores y sus hijos, salvo algunos individuos, están completamente bajo la influencia de la ideología dominante. Incluso los “más comprometidos” se pierden en alternativas falsas influidos por los medios de producción intelectual: la televisión, los periódicos, las escuelas, y por supuesto bajo la nefasta influencia de los mal llamados partidos “socialistas” y “comunistas” que mantienen el neoliberalismo, etc. A través de estas herramientas se propaga una visión distorsionada de la realidad, las formas ideológicas diarias que son el opio de la clase explotada .

Entre los proletarios hoy en día, el sentido de la verdadera sociedad alternativa, la perspectiva comunista verdadera, es una necesidad objetiva, pero su instrumento el partido de clase está en una baja histórica. Esto también se debe a la derrota sufrida a principios del siglo pasado. La Revolución de Octubre debería haber sido el comienzo de un proceso internacional de transformación de la sociedad. Pero la revolución política en Rusia permaneció aislada. A pesar de la agitación proletaria presente en las diferentes regiones del mundo, en ninguna otra parte los trabajadores pudieron derrotar política y económicamente a la clase patronal. Incluso en Rusia, dada la imposibilidad de “construir el socialismo en un país”, no hubo transformación económica en el sentido comunista y se abrió una fase contrarrevolucionaria, donde la burocracia estalinista  expropió la Revolución de Octubre, y se apoderó del trabajo de los proletarios para satisfacer sus lujos y vicios. Fue una gran derrota para el proletariado internacional. Al combatir, cualquier derrota debe ser examinada, pero el gran daño fue que la derrota, el estalinismo con la ayuda de los burócratas “comunistas” nacionales la pasó como una victoria. Durante décadas la ideología “estalinista” nos engañó con el “socialismo real”, y que el socialismo puede ser construido aisladamente en diferentes países. En su obra épica sobre Rusia, “La Revolución Traicionada”, Trotsky escribió en 1936: “La caída de la actual dictadura burocrática, si no es reemplazada por una nueva potencia socialista, significaría un retorno al capitalismo con un declive catastrófico de la industria y la cultura”. Esto lo vemos penosamente hoy día, como el enorme sacrificio de los trabajadores, campesinos y pueblos, de los países del este de Europa, China y Vietnam son explotados para los cofres de las industrias transnacionales y pagar los vicios y placeres de las cúpulas gobernantes de los ex estalinistas.

También, se puede aprender de las derrotas, pero la falsa ideología de los traidores reformistas,  contribuyó fuertemente a impedir cualquier análisis de la derrota, creando confusión política entre los proletarios y muchos compañeros de izquierda. La guinda de la torta se aplicó entonces con el colapso del “socialismo real”, un colapso promocionado como prueba de la imposibilidad de construir una alternativa al capitalismo, destruyendo aún más el significado de la alternativa misma, haciendo aparecer el capitalismo a los ojos todos los trabajadores del mundo como el único “mundo posible”, para justificar el robo descarado, y mantener el control de los antiguos “Directores de Empresas soviéticos”, ahora transformados en burgueses capitalistas.

En el año 2017, se cumplirán 100 años de la Revolución Rusa, 150 años del Capital de Marx y 50 años del asesinato del Che Guevara.  Estos aniversarios son ya en sí una razón, para  impulsarnos a seguir trabajando por nuestro principal objetivo político, el compromiso de esforzarnos por construir el partido revolucionario internacional del proletariado. No un partido parlamentario y no un partido que pretende “hacer la revolución” en nombre de la clase trabajadora. Más bien, una organización capaz de conectarse con el resto del proletariado, de guiarlo, estimularlo y, a cada paso, hacer realidad el significado de una alternativa comunista internacional en términos de un programa político concreto.  No puede haber ninguna ilusión de que esto sea fácil. La clase obrera mundial ha sufrido dos veces desde el fracaso de la revolución rusa. La primera fue que llevó a la larga contra-revolución que llevó a la identificación de la monstruosidad estatal estalinista con el “comunismo”. La segunda fue cuando esta monstruosidad finalmente colapsó dando a la clase capitalista del Occidente la victoria en términos de propaganda que quiere hacernos creer que, a pesar de sus defectos, el capitalismo es la única alternativa. Muchos en el movimiento obrero del principio identificaron la URSS con el “socialismo” y por lo tanto abandonaron el terreno de clase y otros tomaron el camino socialdemócrata de reconciliación con el capitalismo, llegando incluso a abandonar la lucha por las reformas.

Pero las contradicciones capitalistas nunca desaparecen, como mostró el colapso de la burbuja especulativa en 2007-8. Y tampoco desaparece la clase obrera que sigue siendo históricamente la misma clase de enterradores del capitalismo que el propio sistema crea. Y al igual que la clase obrera no puede desaparecer, así tampoco su lucha. La conciencia comunista es el reflejo inevitable de la lucha de clases de la clase obrera. No surge directamente de esa lucha, pero se basa en las reflexiones de una minoría de la clase sobre las lecciones de esa lucha. Por lo tanto, tiene una dimensión histórica. En ciertos momentos de la historia capitalista, esto ha dado lugar a una organización revolucionaria o partido que expresa el objetivo a largo plazo de la clase obrera en la forma de un programa comunista.

El programa comunista contiene nada menos que todas las adquisiciones de la clase obrera revolucionaria en su historia, como la delegación en lugar de la democracia representativa, la necesidad de aplastar el estado y los consejos obreros de los trabajadores, como la solución al problema de la participación de las masas. Los revolucionarios han luchado, están luchando y lucharán por este programa dentro de la clase obrera en general y de sus luchas, siempre y cuando exista el capitalismo. Y cuando esa lucha se hace más general, los comunistas internacionales tienen que estar listos para actuar en ella. Hoy en día, cualquiera que sea la situación, nuestra tarea es prepararnos para actuar dentro de la lucha de clases, en todos los niveles como un punto de referencia política para los trabajadores que cuestionan el sistema.

El surgimiento de los partidos de masas de la extrema derecha coincide con el fracaso de los partidos socialdemócratas conservadores y neoliberales en ofrecer una alternativa viable a la austeridad, las crisis económicas y las restricciones que sufren las grandes mayorías a manos de unos pocos. De ahí la urgente necesidad de un partido obrero socialista revolucionario. Los trabajadores producen todo. Toda la riqueza de la sociedad, aunque está distribuida desigualmente, tiene su origen en el trabajo de la gente común. Esto nos da un tremendo poder. Si el 1% se tomara un día libre, nadie se daría cuenta. Pero cuando todos los trabajadores toman el día libre, se llama huelga general, y todo el país se detiene.

Lo que se necesita no es un nuevo partido no en abstracto, sino una nueva herramienta que pueda ser utilizada por los trabajadores para luchar por el poder político como una clase, con el fin último de sustituir el gobierno de la minoría capitalista por el gobierno democrático de los trabajadores – la mayoría de la clase. A lo largo del camino, en nuestro afán de construir el movimiento, que sabemos es necesario para establecer el mundo equitativo, igualitario y solidario, debemos recordar: el éxito no se mide por el número de personas que han marchando detrás de una bandera, sino por el número de personas que marchan detrás de una bandera en la dirección correcta.

 

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