Le Monde Diplomatique, edición chilena
Este 25 y 26 de agosto se desarrolló en la ciudad de Antofagasta un importante encuentro de dirigentes sindicales. Su relevancia radica en que los protagonistas se propusieron debatir sobre la situación actual del sindicalismo desde una perspectiva de clase, enfatizando la autonomía e independencia como pilares esenciales para cualquier proceso de reactivación sindical.
La iniciativa surgió de la Federación de Sindicatos BHP Billiton -la minera de cobre más grande del mundo- y contó con el apoyo de la Confederación Bancaria y del Sistema Financiero. Asimismo, asistieron sindicatos de la salud, educación, alimentación y otras organizaciones de la minería pública y privada, además de la Central Autónoma de Trabajadores (CAT) y agrupaciones territoriales.
Que se haya efectuado en Antofagasta adquiere un significado profundo. El Norte Grande evoca las primeras organizaciones de resistencia de la clase obrera: las mancomunales que antecedieron al sindicalismo y que lograron, por un breve período, desarrollar la solidaridad a través de los socorros mutuos. Este territorio permite a los sindicalistas desenterrar las grandes luchas del movimiento obrero, como la Escuela Santa María y La Coruña, recordando que nuestros antepasados en las salitreras dieron su vida por mejoras laborales y económicas frente a la metralla, la muerte y el abuso del Estado chileno.
Por ello importa el Norte Grande, y Antofagasta en especial, pues es la región que aporta alrededor del 12% del Producto Interno Bruto (PIB) y registra el PIB per cápita más alto de Chile. La ironía es que mantiene bolsones de pobreza indignos que se reflejan en el aumento de campamentos habitacionales, develando la brutal desigualdad de nuestro país.
En este encuentro hubo varios razonamientos que vale la pena destacar. En primer lugar, todos los participantes refrendaron el carácter de clase para abordar las complejas situaciones que enfrentan a diario. De igual manera, se enfatizó la necesidad de mantener en alto los principios de autonomía e independencia frente a los partidos políticos, empresarios, gobiernos de turno e iglesias. Así, se reafirmó que el compromiso ineludible es solo con los trabajadores y con los sectores más golpeados de la sociedad: estudiantes, pobladores y organizaciones sociales.
Un relato repetido entre los asistentes fue la crítica a la obsecuencia que ha expresado cierto tipo de sindicalismo en los últimos años, provocando un daño irreparable al conjunto de la clase trabajadora. Asimismo, acusaron que la impericia legislativa del gobierno de Boric ha hecho que leyes relevantes, como la Ley Karin y la de 40 horas, generen mayores complejidades para defender los derechos laborales, provocando deterioros y retrocesos cuyo impacto aún es difícil de calibrar. Retomar conceptos como clase trabajadora, autonomía sindical, lucha de clases y huelga general permite avizorar un escenario positivo. El solo hecho de romper el círculo invisible en el que han sido capturadas las palabras abre debates relevantes de cara a las bases, pues serán las y los trabajadores quienes deberán movilizarse, no solo para defender lo que aún poseen, sino para hacer frente a las ofensivas patronales que, bajo el gobierno de Kast, se vislumbran mucho más amenazantes.
También resultó esperanzador que muchas intervenciones reivindicaran la “revuelta de octubre” como un proceso histórico que develó la voluntad existente en un pueblo que no se contenta con las promesas permanentes de quienes prometen todo y terminan gobernando para los más ricos del país. Asimismo, se destacó la huelga del 12 de noviembre que demostró cómo, mediante la unidad en la acción concreta, los trabajadores pueden hacer temblar las estructuras del poder. Sin embargo, también se coincidió que con esto no basta: se necesita dotar al sindicalismo de mayor centralidad y de dirigentes competentes, capaces de comprender las nuevas realidades tecnológicas. No para obnubilarse con la Inteligencia Artificial, sino para entender que la tecnología nunca es neutra y que siempre estará en disputa. El mundo del trabajo debe luchar por alcanzarla y controlarla, ya que detrás de la mayoría de las aplicaciones que utilizan los empresarios se esconde el objetivo por el control del tiempo y del saber del trabajador.
Se puede concluir que lo vivido en Antofagasta fue un gran paso, no exento de complejidades. El sindicalismo requiere esfuerzo, dedicación y preparación, pero, por sobre todo, necesita dirigentes convencidos de que es posible cambiar las relaciones de poder y avanzar hacia una sociedad más justa, igualitaria y libre; un anhelo que, bajo el capitalismo, es y será imposible.











