por Felipe Portales
¡Hace décadas que las “barras bravas” se han virtualmente apoderado de los estadios de fútbol en nuestro
país; imponiendo un virtual reino de terror cuando se realizan partidos de “alta convocatoria”! Y esto ante la
complicidad o tolerancia de los dirigentes de los clubes y de la ANFP; y, lo que es peor, de las autoridades
gubernamentales, alcaldes, parlamentarios, dirigentes políticos y medios de comunicación. Son excepciones
los políticos y periodistas que claman por terminar con dichas virtuales asociaciones criminales que a lo largo
de los años han causado numerosas personas muertas, heridas o traumatizadas dentro o fuera de los estadios;
bienes saqueados o con daños en los alrededores de aquellos; barrios aledaños amedrentados; y buses
tomados en el trayecto o estaciones de metro que han debido cerrarse por precaución. Eventos recurrentes
que, además, han terminado alejando a decenas de miles de familias de espectáculos deportivos que podrían
constituir una excelente alternativa de sana recreación para los fines de semana, como era antaño.
Para más remate, dichas “agrupaciones” –que cuentan con la obvia connivencia de los dirigentes de los clubes-
dejan también una estela de terror, daños y afectaciones de personas en varias de las presentaciones de los
equipos con “barras bravas” en el extranjero. Esto ha sido frecuente, particularmente en presentaciones de
Colo-Colo en Argentina. A vía ejemplar, recordemos la estela de destrucción dejada por “nuestros” barristas -¡a
escala nacional e internacional!- en el último mundial de fútbol (¿afortunadamente?) en que la selección
chilena participó: el de Brasil en 2014.
Así, en la “celebración” en Santiago de los triunfos de la selección sobre Australia y España (¡que era el último
campeón mundial!) sucedieron hechos difícilmente replicables en otros países del mundo: De acuerdo a
informaciones oficiales, fruto de ellas quedaron ¡913 (sic) buses del Transantiago con daños y más de 40
conductores heridos por agresiones de hinchas! Además, varios paraderos de la locomoción pública, locales
comerciales y vehículos particulares fueron severamente averiados. Pero además, el vandalismo santiaguino
fue complementado por el mayor escándalo provocado por hinchas de algún país extranjero en un mundial de
fútbol.
Se trató de una turba de hinchas chilenos –aproximadamente 150 según “El Mercurio” del 18 de junio de
2014- que irrumpió a la fuerza y sin entradas en el Estadio Maracaná en Río de Janeiro donde Chile jugaba con
Brasil en la segunda ronda. De ellos “unos 35 individuos ingresaron a las instalaciones destinadas a la prensa.
Allí se confundieron, porque se encontraron en un recinto cerrado, sin acceso directo a las aposentadurías. Al
verse acorralados, comenzaron a golpear a quienes estaban en el lugar e intentaban contenerlos (…) El
comentarista de la cadena televisiva ESPN, Enrique ‘Quique’ Wolff dijo a ‘El Mercurio’ que ‘nunca en toda mi
carrera cubriendo deportes había visto una situación parecida. Los hinchas entraron como locos, arrasaron con
todo lo que veían, robaron cámaras y computadores y todo lo que encontraron a la mano’ (…) Un grupo
consiguió ingresar a la cancha donde fue capturado. Se estima que otros 20 lograron colarse en las tribunas. La
policía informó que 88 hinchas chilenos fueron aprehendidos” (“El Mercurio”; 19-6-2014), los que fueron
expulsados de Brasil…
Y este año han protagonizado graves escándalos que han terminado en tragedia o casi. Así fue en el
tristemente recordado caso del partido Colo-Colo-Fortaleza en el Estadio Monumental, que terminó con dos
fallecidos y con una peligrosa irrupción –previa destrucción de rejas- de decenas de miembros de la “Garra
Blanca” al campo de juego. Esto obligó a terminar con el partido y a que la Conmebol sancionase duramente a
Colo-Colo. Y lo mismo hace poco en el Estadio de Independiente en Buenos Aires en que, más allá de la
criminal venganza de varios hinchas de Independiente -amparados insólitamente por policías bonaerenses- en
contra de hinchas inocentes de la Universidad de Chile, todo comenzó con un comportamiento criminal de
varios miembros de “Los de Abajo” en contra de hinchas argentinos, lo que llevó a la suspensión del partido.
Y más recientemente aún, han sucedido graves hechos en el Estadio Monumental que han terminado con un
jugador de Universidad Católica con una herida en la cabeza producto de un botellazo lanzado desde las
tribunas; y con un barrista de Colo-Colo fallecido dentro del grupo que de manera completamente
irresponsable –como acostumbran- se subieron a techumbres del recinto, de modo muy peligroso para ellos y
otros asistentes. Y lo increíble es que ambas situaciones no generaron una suspensión o cancelación
–respectivamente- del encuentro, ni mayores censuras de parte de los jugadores, dirigentes, periodistas
deportivos (con honrosas excepciones) y autoridades del Estado…
Y como un indicador de la indolencia de las autoridades deportivas y políticas para detener este gravísimo mal
que ya dura décadas, “no se ha podido” aún efectuar un partido de fútbol ¡que debió haberse realizado en
enero! (la definición de la “Supercopa” entre Colo-Colo y Universidad de Chile), dado el temor ante el poder
destructivo de ambas barras bravas (la “Garra Blanca” y “Los de Abajo”). Incluso, se está planteando la
“solución” de efectuar el partido ¡autorizando sólo la venta de entradas a público mayor de 55 años o a los
miembros de las categorías de futbol joven de ambos equipos! Esta sería una medida inédita en nuestro país,
como lo ha resaltado el historiador Sebastián Salinas: “Solo hay situaciones así cuando invitaban colegios. O
cuando el desaparecido Aviación llenaba una tribuna con gente de la Escuela de Aviación y militares” (“El
Mercurio”; 3-9-2025).
Y hasta el momento han quedado en el olvido (como siempre ha pasado respecto de este tema…) los drásticos
anuncios efectuados por el flamante ministro de Seguridad, Luis Cordero, luego de la tragedia del Monumental
en abril, en el sentido que “desde el Gobierno no dudarán en considerar a las barras bravas como
‘organizaciones criminales’ si cometen delitos, ‘incluyendo a sus financistas’; y que no son necesarias nuevas
modificaciones legales o más normativas al respecto, pues con lo ya vigente es posible enfrentar penalmente
este tipo de actos” (“CNN Chile”; 11-4-2025)…











