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Protestas en Cuba – ¿Qué representan?

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[Imagen: Protestas en La Habana, Cuba]

El 11 de julio, Cuba fue sacudida por las protestas más grandes que se han producido desde las protestas del “Maleconazo” que estallaron en 1994. Las protestas de 1994 siguieron al colapso de la ex URSS y al corte abrupto de la ayuda a Cuba. El resultado fue una asombrosa caída del 30% en el PIB cubano y la introducción de lo que Fidel Castro denominó en ese momento el “período especial”.

 

Tony Saunois

Comité por una Internacional de los Trabajadores, CIT.

Las protestas de julio de 2021 sin duda han sido pregonadas por el imperialismo, pero pueden representar un cambio decisivo en la situación en Cuba. Es posible que hayan escandalizado a algunos de la izquierda que miraron a Cuba como una alternativa al capitalismo y se opusieron al poder del imperialismo estadounidense. Muchos han mirado los impresionantes avances logrados en Cuba después de la revolución de 1959/60 en salud, educación, alfabetización y otras áreas. El CIT ha defendido constantemente las conquistas realizadas por la revolución. Al mismo tiempo, hemos criticado los métodos burocráticos de gobierno de arriba hacia abajo y la ausencia de una auténtica democracia obrera y de un control y una gestión democrática de obreros de la economía nacionalizada. Desafortunadamente, la mayoría de los logros de la revolución se han erosionado durante los últimos treinta años. Por lo tanto, es necesario que los socialistas evalúen con precisión lo que se está desarrollando en Cuba y extraigan lecciones cruciales de ello.


Las protestas del 11 de julio se producen a raíz de una nueva y dramática crisis económica que se ha acelerado y agravado por la pandemia y el embargo impuesto por el imperialismo estadounidense. En 2020, la economía se contrajo al menos un 11%. La pandemia de COVID-19 devastó la economía, que dependía cada vez más del turismo. La pobreza aumentó drásticamente, y el hambre asomó la cabeza por primera vez desde la revolución de 1959/60.

La crisis se ve agravada en gran medida por el vengativo embargo impuesto por el imperialismo estadounidense en 1960, que fue intensificado por Trump y ahora continúa bajo Biden. Esto se vio agravado por el colapso del turismo debido a las consecuencias de la pandemia. El CIT y todos los socialistas desde el principio han luchado contra el embargo y exigen que se levante. Se han producido cortes de energía, escasez de alimentos y una disminución drástica del nivel de vida. Sin embargo, la crisis también se ha visto agravada por la mala gestión burocrática de la economía, la falta de un control y una gestión genuinamente democráticos de los trabajadores y las políticas equivocadas adoptadas históricamente por el régimen.

No se sabe con certeza cómo se desarrollará la situación en los próximos meses. Sin embargo, el régimen cubano dirigido ahora por el presidente y primer secretario Miguel Díaz-Canel enfrenta su mayor amenaza desde la revolución.


El régimen enfrenta esta crisis cuando, por primera vez, no hay un Castro en la dirección oficial. Los Castro, especialmente Fidel, y otros líderes de la revolución, tenían una autoridad inmensa debido a la revolución, de la que carece la dirección actual. La reacción inicial del régimen fue denunciar a los manifestantes como “criminales”, “delincuentes” y “contrarrevolucionarios”. Esto se modificó posteriormente para reconocer que existen quejas reales. Significativamente, se informó que Raúl Castro había sido incluido en una reunión gubernamental para discutir la situación.

 Las preguntas cruciales que se plantean ahora son qué se esconde detrás de las protestas actuales: ¿sus participantes son simplemente contrarrevolucionarios reaccionarios que trabajan junto con los exiliados cubanos de Miami y el imperialismo estadounidense? ¿Cuál es el futuro del régimen cubano y qué actitud deben adoptar los socialistas ante estos desarrollos? Estas preguntas han provocado debates y discusiones en la izquierda socialista a nivel internacional. Algunos simplemente han descartado las protestas como contrarrevolucionarias y prestaron un apoyo acrítico o virtualmente acrítico al régimen.


La amenaza de la contrarrevolución

 La amenaza de una contrarrevolución capitalista plena es ahora sin duda una seria amenaza. Si ocurriera, sería un golpe para la clase trabajadora internacional. Las clases capitalistas a nivel internacional lo utilizarían para intensificar su ofensiva ideológica contra la idea del socialismo. Sin embargo, surge la pregunta de por qué se plantea esta amenaza. La respuesta a esto radica en los métodos burocráticos, las políticas equivocadas y las oportunidades perdidas por parte del régimen. Esto ha dejado a Cuba aislada, pero disfrutando de la simpatía y el apoyo de muchos trabajadores y jóvenes de todo el mundo, que continúan viéndolo como un desafío al capitalismo, especialmente al imperialismo estadounidense.

 La revolución de 1959/60 contó con el apoyo entre la masa de la población cubana. Barrió con la odiada dictadura de Batista, que era una marioneta del imperialismo estadounidense. Antes de la revolución, Cuba se había convertido en un patio de recreo para los ricos y poderosos de Estados Unidos, en particular con sus playas, casinos y burdeles. Millones saludaron la victoria de las fuerzas guerrilleras de Castro cuando marcharon hacia La Habana, siendo recibidos por una huelga general. La idea original de Castro no era romper con el capitalismo sino establecer un “capitalismo progresista” “moderno”. El Che Guevara defendió la idea del socialismo desde el principio, aunque no tenía una comprensión elaborada de cómo se lograría y qué clase lo lideraría.

 Sin embargo, el imperialismo estadounidense no toleraría al régimen de Castro cuando implementó reformas a las que se opusieron y lo golpeó una y otra vez. El nuevo régimen respondió tomando medidas cada vez más radicales. En una serie de medidas de ojo por ojo, se nacionalizó la economía y se extinguió el capitalismo, y Cuba se declaró “socialista”. Esto despertó un entusiasmo masivo, especialmente en el mundo neocolonial. Sin embargo, el nuevo régimen en Cuba fue atraído cada vez más al campo de la burocracia estalinista que gobernaba la entonces URSS, que aprobó un acuerdo comercial favorable con La Habana. A través de esto, el régimen de Castro introdujo reformas masivas. A pesar de la ausencia de un control y una gestión genuinamente democráticos de los trabajadores, el régimen era inmensamente popular.


Pero, desde el principio, no gobernó sobre la base de un sistema genuino de democracia obrera con control y gestión democráticos de los trabajadores. Las organizaciones de masas que se construyeron, especialmente los Comités de Defensa de la Revolución, los CDR, aunque inicialmente gozaron de un alto nivel de participación de los trabajadores y por un tiempo gozaron de autoridad, fueron en efecto correas de transmisión del gobierno más que organizaciones democráticas independientes del poder de los trabajadores.

Esto condujo a zig zig económicos y graves errores. Se tomaron medidas represivas contra quienes lo criticaron, incluso desde la izquierda. Sin embargo, durante un largo período de tiempo, el régimen continuó disfrutando de un apoyo social masivo. Esto se reflejó en la capacidad del régimen para aferrarse al poder incluso después del colapso de la URSS hace treinta años y sus devastadores efectos sobre la economía cubana…

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