Saúl Escobar Toledo, Méxic
Hace unos días, la Secretaría de Hacienda entregó al Congreso el documento
llamado “precriterios” el cual, según la oficina gubernamental, ofrece “el marco
preliminar de las perspectivas macroeconómicas y fiscales del Gobierno de
México, que servirán de base para la elaboración del Paquete Económico
correspondiente al ejercicio fiscal 2027.” No se trata, entonces, de los proyectos
definitivos que se entregarán al Congresos para aprobar el Presupuesto y la Ley
de Ingresos de 2027. Son propósitos y cifras iniciales, que deben ser interpretar
como señales de lo que se propone hacer el gobierno y la visión que sostiene en
materia de política económica. Su importancia no es menor, aunque los
lineamientos planteados pueden sufrir modificaciones importantes.
El documento analiza la situación internacional subrayando su “volatilidad” por los
conflictos geopolíticos, las disrupciones del comercio global y los cambios en la
política comercial de Estados Unidos en momentos en que se negocia la revisión
del T-MEC.
Frente a estos retos, dice Hacienda, el país cuenta “con fundamentos sólidos
gracias a una deuda pública baja y sostenible, un sistema financiero resiliente,
niveles de inversión extranjera históricamente altos" y, sobre todo, subrayamos
nosotros, a “una posición estratégica dentro de las cadenas de valor de América
del Norte”.
No obstante, Hacienda va más allá y afirma que “el modelo de desarrollo con
bienestar” se sostiene en tres pilares: el primero, el fortalecimiento de los ingresos
de los hogares mediante el aumento del salario mínimo y las “trasferencias
directas y políticas”. El segundo, la “inversión en infraestructura estratégica” el cual
servirá para aumentar el crecimiento y elevar la capacidad productiva, cerrar
brechas regionales y detonar la inversión privada. El tercero pilar es “la
responsabilidad fiscal” para preservar la estabilidad.
El modelo expuesto en el documento tiene varias virtudes: se propone redistribuir
el ingreso; acelerar el crecimiento mediante la inversión pública; mantener la
estabilidad de precios y evitar una posible crisis por la magnitud de la deuda
pública y un empeoramiento de los conflictos mundiales.
Hay que destacar la importancia que le otorga a la inversión ya que ha sido, desde
hace décadas, una falla estructural. El año pasado, ésta se desplomó. El
documento reconoce que la inversión pública disminuyó en 19% y la privada en
4%. Hay que destacar que la inversión en maquinaria y equipo cayó 8.1%, lo que
indica que la capacidad productiva se achicó y por lo tanto también las fuentes de
empleos en el sector industrial.
Hacienda parece reconocer este problema y afirma que “el Plan de Inversión en
Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar y el Plan de Fortalecimiento y
Expansión del Sistema Eléctrico Nacional 2025-2030 permitirán acelerar proyectos
prioritarios en transporte, energía, puertos, agua y salud”.
El documento da cuenta, asimismo, de los problemas del empleo. Señala que, al
cierre de 2025, el número de puestos de trabajo registrados ante el Instituto
Mexicano del Seguro Social (IMSS) ascendió a 22 millones 517 mil, lo que
representó un incremento de 279 mil plazas respecto al cierre de 2024.
No obstante, precisa que esa cifra incluye los 217 mil trabajadores que forman
parte del programa piloto de trabajadores en plataformas digitales. Excluyendo
estos registros, ya que se trata de empleos que ya existían, el año pasado sólo se
crearon 72 mil nuevos puestos de trabajo formales. En cambio, agrega, hubo un
aumento de 630 mil personas en el sector informal, lo que implicó un incremento
en la tasa correspondiente, la cual que llegó hasta el 54.9% de la ocupación total.
Aumentar la inversión, particularmente la púbica, es indispensable para mejorar
los niveles de bienestar, alentar el crecimiento y el empleo. Como subraya el
documento, “la meta no es únicamente crecer más, sino crecer mejor”.
Sin embargo, estos propósitos no se ven reflejados en los números: según el
documento, el gasto público se verá de nueva cuenta afectado. Calcula que, para
2027, el gasto neto presupuestario tendrá una reducción real de 4.1% respecto al
de 2026 y el gasto programable pagado sufrirá una disminución real de 6.8%.
No se logra apreciar cómo se lograrán los propósitos señalados, sobre todo en
materia de inversión, si se seguirá ajustando el gastó del gobierno
La caída del gasto que vislumbra Hacienda se explica porque los ingresos
presupuestarios del gobierno federal serán menores en 2027 en comparación con
lo estimado para 2026. Al mismo tiempo, se propone disminuir el déficit público y
mantener los niveles actuales de la deuda pública. Entonces, la rebaja del
presupuesto es la única opción, es decir, más austeridad.
Las reducciones del gasto que el documento prevé para 2027 se ven reflejados en
lo que Hacienda llama “programas prioritarios”. Por ejemplo, la pensión de adultos
mayores, la pensión para mujeres y las becas Rita Cetina tendrán incrementos
moderados de alrededor del 4%. Más importante aún: los incrementos previstos
para salud serán menores, 3.4%, y los servicios educación media 3.3%
Por su lado, las inversiones, por ejemplo, en vivienda social aumentarán apenas
en 3.9%: las carreteras y caminos 3.2%, la infraestructura ferroviaria 3.4% y el
rubro operación y mantenimiento energía eléctrica 3.3%.
Es difícil pensar, con estos aumentos, en una expansión de la inversión pública de
acuerdo con la importancia y el papel que les asigna el modelo anunciado.
Tampoco se pueden imaginar los beneficios para incrementar la producción.
Hacienda calcula que en 2027 se alcanzará un crecimiento del orden de 1.9-2,9%,
superior al previsto para 2026, entre 1.8-2.8%, y muy por encima del que ocurrió
en 2025, apenas del 0.8%, pero la reducción del gasto público apuntada deja en
duda estos números.
Más bien, parecería que el objetivo principal sigue siendo reducir la inflación: el
documento calcula que ésta disminuirá a un nivel inferior al previsto para 2026,
3.7%; para 2027 sería de 3%.
De esta manera, el optimismo de Hacienda para calcular un mayor crecimiento
económico se basa en la inversión extranjera: El documento presume que: “a
pesar del entorno de incertidumbre, en 2025 México registró un máximo histórico
en IED de 40 mil 871 millones de dólares, con un incremento anual de 10.8%, de
acuerdo con cifras preliminares.”
Aunque reconoce que las actividades industriales disminuyeron el año pasado en
1.3% anual, y que la producción de equipo de transporte, fundamentalmente
destinada a la exportación, registró una contracción de 5.6%, destaca los
crecimientos en la fabricación de equipo médico no electrónico, productos
derivados del petróleo y equipo de cómputo. Este último, agrega Hacienda,” fue
impulsado por niveles elevados de exportaciones hacia EE. UU., asociados con la
expansión de tecnologías vinculadas a la inteligencia artificial.”
El documento de Hacienda admite que las exportaciones de manufacturas han
sido el principal motor de crecimiento de la economía mexicana. Expone que, el
año pasado, las exportaciones crecieron en 7% y el consumo interno en 1.1%.
Sin una expansión sustantiva del gasto y la inversión pública, Hacienda sigue
confiando en que las exportaciones a Estados Unidos, ahora principalmente de
productos de cómputo y ya no tanto de las automotrices, será la fuente más
importante de la aceleración de la economía mexicana.
No obstante, la experiencia de las últimas décadas ha demostrado que ese
impulso aporta un crecimiento muy bajo, debido a que no se producen en el país
muchos componentes del bien final. El valor agregado de nuestras exportaciones
es reducido: México ensambla los bienes que adquiere el consumidor final, en un
alto porcentaje, con piezas y refacciones importados de Estados Unidos. Lo
anterior afecta el consumo interno: aunque los salarios aumenten (principalmente
los mínimos y en menor medida los contractuales), el empleo formal crece poco y,
por ende, aumentan las ocupaciones informales.
Los buenos propósitos de Hacienda requieren menos retórica y más contundencia
en los hechos. Los números anunciados en los “precriterios” en materia de gasto e
inversión pública no anuncian un “cambio verdadero” en la conducción de la
política económica. Ojalá corrijan.
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