Inicio Análisis y Perspectivas Los pueblos siempre regresan. Por Esteban Silva Cuadra

Los pueblos siempre regresan. Por Esteban Silva Cuadra

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1. Una reserva popular y democrática que se mantiene viva

Las elecciones presidenciales recientes en Perú y Colombia dejan una lección política de enorme importancia para las fuerzas populares, progresistas y de izquierda de Nuestra América. Más allá de los resultados electorales concretos que aún se encuentran en xonteo y disputa, lo que emerge con claridad es que existe una profunda reserva democrática, popular y soberana en nuestros pueblos que sigue resistiendo el avance de la extrema derecha, del neoliberalismo y de las nuevas formas de dominación neocolonial.

2. Perú y Colombia: irrupciones, fragilidades y bloque de poder

En Perú, la extraordinaria irrupción del Perú profundo expresada en la candidatura de Roberto Sánchez volvió a demostrar que millones de hombres y mujeres excluidos durante décadas siguen aspirando a una transformación democrática, social y soberana del país. En Colombia, las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda, a pesar del estrecho resultado entre Iván Cepeda y el candidato de la extrema derecha, el pueblo colombiano continuará enfrentando a una derecha que busca revertir los avances conquistados durante el gobierno del Presidente Gustavo Petro.

Sin embargo, es importante reconocer que la irrupción del Perú profundo, aunque potente como síntoma de malestar estructural, también evidenció la fragilidad organizativa de ese Perú: sin estructuras territoriales y populares consolidadas y con una institucionalidad frágil, ese voto de esperanza corre el riesgo de diluirse si no se traduce en poder organizado día a día. En el caso colombiano, la ultraderecha y la derecha que enfrenta el Pacto Histórico no es solo una fuerza electoral, sino un bloque de poder regional —medios, gremios económicos, ciertos sectores judiciales y fiscales y subordinación al imperio— que opera como un verdadero Estado paralelo, lo que exige a las fuerzas populares desarrollar mecanismos de protección legal, comunicación propia y redes de solidaridad internacional que actúen como escudo.

3. La nueva etapa de acumulación política

La principal conclusión no es el repliegue ni la resignación. Por el contrario. La tarea es comprender que estamos entrando en una nueva etapa de acumulación política y social. Estamos llamados a rearmar a las fuerzas populares con ideas, propuestas, proyectos de país, formación de nuevos cuadros y militantes, trabajo territorial permanente y una renovada capacidad de organización y movilización.

Pero esta acumulación no puede ser abstracta: debe enfrentar la tensión entre los tiempos largos de la construcción de poder popular y los tiempos electorales que imponen los calendarios institucionales. No se trata de ignorarlos, sino de no hipotecar el proyecto estratégico a ellos, asumiendo que la disputa de los significados cotidianos —en la escuela, el barrio, la familia, el trabajo— es tan fundamental como ganar una presidencia.

4. La disputa cultural, ideológica y civilizatoria

No basta con disputar elecciones. Debemos reconstruir una perspectiva estratégica de largo plazo. Debemos fortalecer los movimientos sociales, sindicales, campesinos, indígenas, feministas, estudiantiles, culturales y comunitarios; fortalecer los gobiernos locales democráticos; ampliar los espacios de participación ciudadana y construir nuevas mayorías sociales y políticas capaces de disputar la conducción de nuestros países.
Por eso, el desafío no es solamente nacional. Es también latinoamericano y caribeño. Las fuerzas populares y progresistas de la región necesitamos reconstruir una agenda común de integración, cooperación, soberanía económica, defensa de los bienes comunes, justicia social y democratización del poder.

La disputa que enfrentamos no es únicamente electoral. Es una disputa cultural, ideológica y civilizatoria. Frente a la ofensiva de la extrema derecha internacional, respaldada por poderosos intereses económicos, mediáticos y geopolíticos, debemos responder con más organización popular, más conciencia crítica, más formación política y más organización, movilización social y unidad.

5. La esperanza organizada y el camino por recorrer

Estamos llamados a preparar una nueva etapa de ofensiva democrática y popular. No desde la nostalgia del pasado, sino desde la construcción de un futuro compartido. Porque nuestros pueblos no han renunciado a sus sueños de justicia, dignidad y emancipación.

La historia reciente de Perú y Colombia demuestra que las fuerzas populares siguen vivas. Que el pueblo sigue luchando. Que la esperanza sigue organizada.

Y que más temprano que tarde volveremos en el ámbito político institucional, porque las causas de los pueblos nunca son derrotadas definitivamente cuando existe conciencia, organización, movilización social, poder popular y voluntad colectiva para transformar la realidad.

El camino de vuelta es largo. Comencémoslo ya.

Esteban Silva Cuadra
lunes 22 de junio de 2026 
 
 
 

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