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La ruptura de la coalición de izquierda en el Perú

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Imagen: El presidente Pedro Castillo en la 76º sesión de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, Estados Unidos, el 21 de septiembre de 2021. (Foto: John Minchillo / Pool vía Reuters)

Jacobin

SILVIO RENDON

El flamante gobierno no podrá contentar nunca a la derecha. Pero tampoco ha contentado a la izquierda. El «centro», por otra parte, no es un apoyo firme. Pedro Castillo se mueve en arenas movedizas.

Parte de la bancada congresal del partido Perú Libre, ganador de las elecciones, vota contra el segundo gabinete de Pedro Castillo. Es un hito que marca la ruptura abierta en la izquierda. A nivel gubernamental, obviamente esta ruptura se define a favor del gobierno. Pero no queda claro cómo se definirá a nivel social y político.

La bancada con la que Castillo ganó las elecciones es el resultado de una alianza entre el sindicato de maestros contestatarios y el partido Perú Libre, originado en el centro del Perú, en la región Junín. Con la dividida votación de investidura, el gobierno de Pedro Castillo depende de la bancada magisterial que votó a su favor. El magisterio progresista podría aceptar cierto viraje de Castillo hacia el centro, pero no aceptaría una derechización. Si el gobierno intentara ir en esa dirección, la bancada magisterial podría plegarse al voto en contra del Ejecutivo. Esto marca un tope a la posibilidad de una derechización del estilo de la que ocurrió hace algunos años con Ollanta Humala. La bancada magisterial permanece como minoría crítica, como pivote de la gobernabilidad.

El gobierno, además, tiene en su contra un sólido bloque de ultraderecha, que comenzó desconociendo los resultados electorales y hoy está en campaña por destituir al presidente para que el Congreso, de mayoría derechista, asuma el Ejecutivo. Con el nuevo gabinete, el gobierno profundizó su dependencia respecto de los sectores «centristas» (o de la derecha no fujimorista). El efecto neto fue una reducción del apoyo congresal: el gabinete Vásquez fue menos votado en el congreso que el gabinete Bellido. Mal negocio en guarismos congresales.

No caben dudas de que la derecha le seguirá haciendo la guerra a muerte al gobierno. ¿Podría Castillo lograr el apaciguamiento que no lograron Kucyznski, Vizcarra ni Sagasti? Muy improbable. Se ha desplazado de la izquierda al «centro» pero no puede virar más sin comprometer seriamente sus propios apoyos, contradicción que la derecha procurará profundizar. El flamante gobierno no podrá contentar nunca a la derecha. Pero tampoco ha contentado a la izquierda. El «centro», por otra parte, no es un apoyo firme. Castillo se mueve en arenas movedizas.

Dinámicas políticas y dinámicas identitarias

El gobierno de Pedro Castillo no es el gobierno de un partido ni de una persona, sino producto de un núcleo familiar-amical-regional. Gobierna Pedro Castillo con sus sobrinos y un grupo de allegados chotanos y en general cajamarquinos, alianza que trasciende las fronteras políticas. El núcleo chotano es su gabinete en las sombras. Gente que procede del APRA, AP y APP y que, por lo tanto, no tiene una clara agenda política ni le hace asco a la derechización. Es gente que está con el profesor desde la primera vuelta y es la que toma las altas decisiones políticas. Desde luego, no es casualidad que el Ministro de Justicia, Aníbal Torres, y la Presidenta del Consejo de Ministros, Mirtha Vásquez, sean cajamarquinos. Era una condición necesaria para obtener la aprobación de todo el grupo.

Y es que el Perú no solo se estructura en función de las dinámicas políticas: las dinámicas identitarias de origen juegan también un rol fundamental. Ser «paisano» de alguien puede crear lazos y afinidades que dejen en segundo lugar las diferencias políticas, sobre todo cuando hay poder de por medio. Históricamente, las identidades político-partidarias han sido muy débiles.

Así, lo que queda por fuera de este núcleo chotano son alianzas: alianza con los sindicalistas magisteriales, alianza con sectores ultraderechistas (como Beatriz Mejía y Edgar Trejo, de «Con mis hijos no te metas», que estuvieron metidos en las comisiones de transferencia aprobando y desaprobando posibles ministros), alianza con Perú Libre, alianza con sectores oenegistas, alianza con el Frente Amplio, Nuevo Perú, Juntos por el Perú.

En el comienzo, cada sector tuvo su cuota de poder. Pero con la salida del premier Guido Bellido, la alianza con Perú Libre se rompió. El núcleo chotano se mueve en contra de Bellido, Perú Libre vota en contra de la confianza. Y tan fuerte es la ruptura que no se queda ahí: el núcleo chotano intenta luego persuadir a militantes de Perú Libre para que abandonen su partido y se sumen al proyecto de un «partido por la democracia y la gobernabilidad». Esto funciona en algunas personas, como sucedió con la incorporación de la congresista de Perú Libre Betssy Chávez al gabinete, alejándose de su partido. Funciona para lograr el apoyo del congresista Guillermo Bermejo mientras el ministro Barrenzuela estuvo en el gabinete (aunque apenas sacaron a su cercano, Bermejo votó en contra del gabinete, dejando claro que la confianza es un tema de cuotas de poder más que de políticas públicas).

Mirtha Vásquez pudo sacar al ministro Barrenzuela y aliviar en algo la presión derechista, que podría no darle la confianza, en base a un poder coyuntural: dos días antes de la votación de investidura, el núcleo no la iba a sacar para poner a otra persona. No tenían otra opción más que aceptarle y sacar a Barrenzuela, perdiendo así el voto de Bermejo. Pero ese fue un poder muy temporal para Mirtha Vásquez y su equipo. No siempre le va a funcionar el ultimátum de «o se va él o me voy yo».

Sin políticas populares no hay paraíso

Sería deseable insistir en la unidad de la izquierda y el centro ante las embestidas ultraderechistas. Pero eso sería predicar en el desierto. La ruptura es un hecho, y los fragmentos resultantes se alejan y se enfervorizan cada vez más. Lo que toca ahora es entender lo ocurrido. Y lo visto es que, evidentemente, a los 100 días de gobierno el núcleo chotano ha logrado prevalecer por sobre Perú Libre (partido que, paradójicamente, es el que ganó las elecciones). Ahora, el partido ganador de las elecciones está en la oposición, parlamentaria y extraparlamentaria.

La bancada magisterial aliada sigue alineada con el Ejecutivo, pues conserva una cuota de poder. Pero a ver qué pasa aquí. El magisterio progresista tiene las de chocar no solo con la derecha, sino con los sectores oenegistas de la educación. Y, desde luego, ambos tienen las de chocar con los ultraderechistas enquistados y permitidos con beneplácito. El núcleo chotano va a tener que optar. Algunas versiones circuladas en la prensa anunciaban que esto ocurriría: que arrancaría con un gabinete perulibrista pero que a los 100 días el Ejecutivo haría una definición como la que vemos. La puntualidad con la que esto efectivamente ha ocurrido sugiere que se trataba de algo planeado de antemano.

Y las responsabilidades, en cierta medida, son compartidas. Hubo un común denominador de precariedad técnica y sectarismo. Una vez puestos en lógicas excluyentes, gana el que tiene más poder de exclusión; y aquí tenía las de ganar el núcleo chotano, sin lugar a dudas. El Ejecutivo manda. Pero atención: el núcleo chotano no tiene congresistas, ni brazos políticos operativos. Es un núcleo, no un partido. Incluso los representantes cajamarquinos están alertas y vigilantes. 

Sin políticas populares no hay paraíso. Ahí están los problemas del país, esperando soluciones. Y ahí están los pueblos del Perú, hartos de expectativas incumplidas. Una temprana expulsión de Perú Libre define también una temprana oposición política de izquierda, que puede conectar con una oposición social que nunca se fue. Ni Juan Velasco Alvarado, con sus reformas antioligárqucias, pudo evitar la formación de una oposición de izquierda. Haría bien el núcleo hoy gobernante en recapacitar.

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