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La rabia juvenil que recorre Europa

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Miguel Salas

Sin Permiso   16/10/2026

En el Reino de España

El movimiento por la vivienda en el Estado español ha cambiado las coordenadas de la política nacional. No ha sido un movimiento espontáneo, venía precedido de mucho trabajo de resistencia y organización a través de los Sindicatos de Inquilinas. Fue el desahucio de Mari Carmen lo que desató la chispa y su posterior fallecimiento lo que enardeció los ánimos. Miles y miles de jóvenes, seguidos de muchos de otras generaciones, han ocupado la calle y han definido los objetivos: contra los rentistas, contratos indefinidos, rebajar los alquileres, limitación de compras o expropiación de los grandes fondos.

De esa movilización ha surgido la convocatoria de una huelga general para el 11 de noviembre, apoyada por todos los sindicatos obreros que a la exigencia de vivienda digna han sumado la mejora de los salarios y las condiciones de trabajo. El gobierno, muy a la defensiva frente a los ataques de las derechas, ha respondido convocando elecciones para el 29 de noviembre. La convocatoria electoral no detendrá la movilización, en todo caso puede ser un acicate para derrotar a las derechas, a quien todas las encuestas dan por ganadora. Todo esto es el resultado de la respuesta de la juventud al encarecimiento insoportable de la vivienda y a todo lo que representa de imposibilidad de un futuro aceptable.

Arde Francia

El sábado 17 de octubre una explosión social de las que tienen costumbre los franceses ha mostrado la profunda crisis política y social. La crisis económica galopante y el gobierno Macron, que solo puede descontar los días que quedan hasta las elecciones de abril de 2027, aboca al país a una lucha entre una salida encabeza por los profascistas de Le Pen o un giro hacia la izquierda más consecuente para satisfacer las exigencias de las clases populares.

Lo que a finales de septiembre empezó con un instituto exigiendo medidas para arreglar su centro se ha transformado en la crisis actual. El gobierno respondió con la más brutal represión sobre los bachilleres. Ha habido más de 6.800 detenidos. El 6 de octubre, más de 450.000 salieron a la calle y unos 1.800 centros escolares fueron bloqueados. El 13, en otra jornada de movilización, 480.000 personas se manifestaron por todo el país.

El movimiento ha arrastrado a las universidades y a otros sectores: bomberos, incluso policías que se han negado a cargar sobre los bachilleres, abogados que van a protegerlos a la puerta de los institutos, sindicalistas que hacen de barrera entre la policía y los jóvenes. Son la expresión de un malestar generalizado. Valga como ejemplo que desde 2017 los salarios de los empleados públicos solo se han incrementado en 2022, un 3,5 %, y en 2023, un 1,5 %: un aumento total ligeramente superior al 5 %. Entre tanto, la inflación acumulada desde 2017 alcanzará el 24,17 % a finales de 2026. Los sindicatos obreros están preparando una acción general para el 5 de noviembre y hasta los chalecos amarillos, que en 2018 se movilizaron por toda Francia, están sumándose a este movimiento general contra el gobierno Macron que anuncia un recorte de 54.000 millones en los presupuestos del Estado.

A las reivindicaciones estudiantiles: reducir las clases masificadas, más profesores, limitación de horarios agotadores (a veces de las 8 a las 18 horas) y que se invierta en las instalaciones escolares, se han sumado las exigencias contra la carestía de la vida, el precio del gas oil y los bajos salarios. La represión policial ha politizado el movimiento y en muchos casos a las consignas inmediatas se añaden consignas antifascistas, referencias la revolución francesa y a la revuelta estudiantil de 1968.

En Alemania

El giro del Estado alemán, apoyado tanto por la derecha como por la socialdemocracia, hacia el rearme militar está movilizando a la juventud. El ejército alemán pretende alcanzar entre 250.000 y 270.000 soldados activos para 2035, si no llegan con voluntarios activarán el reclutamiento forzoso. De hecho, han empezado a citar a jóvenes para una evaluación médica de los nacidos entre 2007-2008.

El 25 de septiembre se registró una gran huelga escolar con más de 45.000 participantes en alrededor de 100 ciudades para rechazar el reclutamiento y la vuelta a la mili obligatoria. Sus consignas eran claras: “vuestras guerras, sin nosotros”, “educación en lugar de armas”, “estamos resistiendo en lugar de ser carne de cañón”. El movimiento denuncia que el Gobierno destine cerca de 140.000 millones de euros al presupuesto militar para 2027 mientras se mantienen recortes en educación, sanidad y acción climática. Asimismo, exigen que se prohíba la entrada del ejército en escuelas y universidades. Una red de comités extendida por todo el país sostiene el movimiento que también está logrando apoyo popular.

La crisis económica y política en el país está moviendo también a la clase trabajadora. El ejemplo más claro es Volkswagen que quiere despedir a 50.000 trabajadores. El 3 de octubre, los sindicatos organizaron manifestaciones en 15 ciudades contra los recortes sociales, mientras se amplía el presupuesto militar.

Portugal

Não dá mais para viver assim (No se puede seguir viviendo así), ha sido el grito generalizado en las manifestaciones del 10 de octubre contra el encarecimiento de la vivienda y la pérdida de poder adquisitivo. Las protestas más masivas se sucedieron en Lisboa y Oporto (que se prolongó en una acampada hasta el día 15 que fue desalojada por la policía con 35 heridos) y también en otras ciudades del país. El movimiento exige alquileres asequibles, más vivienda pública y medidas frente al aumento del coste de la vida.

La plataforma convocante agrupa a colectivos de defensa del derecho a la vivienda, organizaciones sociales y sindicales, entidades antirracistas y asociaciones de migrantes. Las protestas llegan en un momento especialmente difícil para quienes necesitan alquilar una vivienda. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística de Portugal, la renta mediana de los nuevos contratos reflejó un incremento interanual del 10,2 %.

El problema no afecta únicamente a quienes tienen ingresos bajos. El encarecimiento alcanza también a trabajadores con empleo estable, parejas jóvenes y familias que necesitan desplazarse cada vez más lejos de los centros urbanos para encontrar una vivienda dentro de sus posibilidades económicas. Por eso, las organizaciones convocantes relacionan directamente el problema habitacional con los salarios. Sostienen que las subidas salariales resultan insuficientes cuando buena parte de los ingresos se destina al alquiler, la alimentación, la electricidad o el transporte. Al igual que en España, la alianza entre los movimientos por la vivienda y los sindicatos obreros es necesaria para enfrentar el encarecimiento de la vivienda y los bajos salarios.

Bélgica, Irlanda, Italia, Albania

El malestar que encabeza la juventud se extiende a importantes sectores de la clase trabajadora. El lunes 12 de octubre Bélgica se vio sacudida por una huelga de servicios públicos convocada por el sindicato ACOD y otras estructuras sindicales enfrentados a los recortes presupuestarios que discute el gobierno. El viernes 9 una gran manifestación recorrió Bruselas. La huelga tuvo bastantes repercusiones en el ferrocarril, el transporte urbano, en los medios públicos y en la actividad escolar.

El miércoles 14 más de 300.000 trabajadoras y trabajadores de los servicios públicos de Irlanda fueron convocados a la huelga, que la radiotelevisión pública reconoció como una de las mayores jornadas de huelga de los últimos años. El origen está en el vencimiento, el 30 de junio, del anterior acuerdo salarial del sector público y que el gobierno no ha presentado una propuesta suficientemente concreta para recuperar el poder adquisitivo. Los sindicatos sostienen que los salarios del sector público han llegado a quedarse hasta un 5 % por detrás de los precios. En septiembre, la inflación interanual alcanzaba el 3,7 %, mientras que los salarios habían tenido un incremento medio de alrededor del 1,5 %. Si no hay acuerdo, ya se ha comunicado una segunda jornada de huelga para el 21 de octubre.

El 17 de octubre fue el turno de Italia. Manifestaciones en Milán, con duros enfrentamientos con la policía, Turín, Bolonia y Roma contra la carestía de la vida y los bajos salarios. La CGIL, el primer sindicato del país, ha convocado huelga general para el 20 de noviembre.

En Albania han sido los universitarios quienes encabezan las protestas contra el mal estado de las universidades, el elevado coste de las matrículas y la falta de perspectivas laborales. El malestar viene precedido por las protestas que este verano hubo en todo el país contra el intento de familiares de Trump de construir un centro turístico en una zona de gran valor ambiental.  

Maduración política

Estos acontecimientos facilitan procesos de maduración política de amplios sectores juveniles. La represión policial les hace sufrir en directo cómo actúa el Estado. Sus reivindicaciones inmediatas les enfrentan a los gobiernos y al mismo sistema, ya sea defendiendo la enseñanza pública o una vivienda digna, denunciando la privatización de los servicios públicos o cómo los gobiernos protegen los intereses de los rentistas y de los grandes propietarios, o cómo el rearme abre las puertas a la guerra y se hace a costa de inversiones en servicios públicos. En todos los países las movilizaciones de la juventud tienen un marcado carácter antifascista, porque se ha roto la idea de que la sociedad actual pueda dar satisfacción a los problemas actuales, y que seguir igual es el caldo de cultivo para los movimientos profascistas.

Esta juventud vuelve a mirar a las clases sociales, y no al pueblo en general, como la expresión del funcionamiento de la sociedad y se dirige a la clase trabajadora, de la que se siente parte. Empieza a comprender la necesidad de una alianza con el movimiento obrero. Es una generación que quiere cambiar el mundo y ha aprendido que no es cosa de un día ni de unas elecciones, que para avanzar necesita organización y objetivos políticos y que no tiene temor a hablar de revolución (lo cantan los estudiantes franceses) de enfrentarse al militarismo (como hacen los alemanes) o combatir lo peor del capitalismo (la usura con el derecho a la vivienda). Una generación que siente que los problemas no se pueden solucionar sólo en su país, que el capitalismo es mundial y que combatirlo exige poner en práctica el internacionalismo, la solidaridad entre los pueblos, ya sea para defender a Palestina o para sumar esfuerzos en las luchas cotidianas en cada país.

El camino hacia nuevas políticas y organizaciones puede ser largo y complejo, pero está iniciado.

 

Sindicalista. Es miembro del comité de redacción de Sin Permiso.

Fuente:

www.sinpermiso.info, 16 de octubre 2026

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