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La isla ante la posible invasión de EEUU

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por Leo Viena

Tras el secuestro de Maduro a principios de enero, el gobierno de Washington
impuso una prohibición total a las exportaciones de petróleo venezolano a Cuba.
Adicionalmente, el presidente Trump amenazó con la imposición de aranceles
adicionales a cualquier nación que continuara suministrando petróleo crudo y
derivados del petróleo a la isla. En consecuencia, importantes aliados como
México y Brasil han mantenido el envío de ayuda humanitaria, pero han cesado el
suministro de petróleo. La reticencia a incurrir en la ira del presidente
estadounidense es evidente. Cuba se encuentra actualmente en una situación de
vulnerabilidad sin precedentes, lo cual también se relaciona con la falta de
solidaridad y debilidad de la izquierda en toda América Latina.

El Presidente de los Estados Unidos ha expresado en múltiples ocasiones su
intención de apoderarse de Cuba, incluso amenazando con el despliegue de
fuerzas militares estadounidenses. Tras abordar la situación con Irán, ha indicado
que Cuba sería el siguiente objetivo.

El 20 de mayo, el gobierno de los Estados Unidos formalizó cargos de asesinato
contra el ex presidente cubano, Raúl Castro. La justicia estadounidense imputa a
Castro, de 95 años de edad, la orden de derribar, en su calidad de Secretario de
Defensa, dos aeronaves pequeñas pertenecientes al grupo cubano exiliado
Hermanos Al Rescate, con sede en Miami, en el año 1996. Este incidente resultó
con la pérdida de cuatro vidas humanas. La acción cubana se consideró una
respuesta a las repetidas incursiones del grupo en el espacio aéreo cubano y al
lanzamiento de material de propaganda. Inicialmente, el gobierno cubano presentó
protestas diplomáticas, pero ante la persistencia de los vuelos, las fuerzas
militares optaron por la intervención. Treinta años después, se presentan cargos
contra Castro y cinco pilotos de combate del ejército cubano por cuatro cargos de
asesinato y conspiración para asesinar a ciudadanos estadounidenses.

La formulación de cargos contra Castro representa una escalada significativa en la
campaña contra Cuba. Por un lado, constituye un gesto político del Presidente
Trump dirigido a la comunidad cubano-estadounidense, particularmente
conservadora, en el sur de Florida. Por otro lado, representa una grave amenaza
para el liderazgo cubano. Esta acción proporciona al Presidente Trump una base
legal ante el Congreso para adoptar un enfoque similar al implementado en
Venezuela. Cabe recordar que, con la acusación contra Nicolás Maduro por
contrabando de drogas, Washington justificó el despliegue de fuerzas militares
estadounidenses en Caracas y el secuestro del presidente venezolano a principios
de enero.

Cuba se diferencia de Venezuela en varios aspectos cruciales. El PCC, las FAR y el
aparato de seguridad cubano mantienen una estrecha interconexión y una
cohesión interna significativa. La oposición, por su parte, se caracteriza por su
debilidad y fragmentación. En contraste con Venezuela, no existe en la Isla una

figura equivalente a la actual presidente Delcy Rodríguez. El gobierno de los
Estados Unidos reconoce la imposibilidad de resolver la situación cubana
mediante la simple destitución de su presidente. Asimismo, la detención de Raúl
Castro no alteraría el funcionamiento del gobierno cubano, dado que, si bien
Castro conserva una considerable influencia, ya no ocupa cargos oficiales. Por lo
tanto, una acción militar limitada, similar a la implementada en Venezuela, podría
contribuir a la cohesión del liderazgo cubano.

Desde la perspectiva de la administración Trump, los casos de Venezuela y Cuba
presentan diferencias importantes. A diferencia de Venezuela, que posee vastas
reservas de petróleo y gas, la isla de Cuba tiene una influencia económica
limitada. Para Washington, la importancia de Cuba reside principalmente en su
dimensión política: Cuba representa, horror, un Estado Socialista situado en su
proximidad inmediata. En su nueva doctrina de seguridad, la administración Trump
ha articulado explícitamente su aspiración a la supremacía en el hemisferio
occidental. Cuba simboliza la resistencia a esta aspiración hegemónica, y dicho
símbolo debe ser eliminado.

El Presidente Donald Trump, actualmente en el sur de Florida, junto con su
Ministro de Asuntos Exteriores de origen cubano, Marco Rubio, han reiterado en
múltiples ocasiones su objetivo de promover un cambio de régimen en Cuba.
Marco Rubio, quien también ocupa el cargo de Asesor de Seguridad Nacional de
los Estados Unidos, es ampliamente reconocido como la figura principal y la
fuerza impulsora detrás de la política cubana de la administración Trump. La
estrategia subyacente a esta política parece consistir en obligar al gobierno
cubano a la rendición mediante una combinación de una fuerte presión económica
y agresivas demostraciones militares. El bloqueo del petróleo por EEUU está
teniendo un impacto cada vez más severo en la vida cotidiana de los ciudadanos
cubanos. Los cortes de energía han alcanzado dimensiones considerables, La
Habana experimenta, en muchos barrios, tan solo dos o tres horas de suministro
eléctrico diario, la carencia de medicamentos obstruye el trabajo de los médicos y
hospitales aumentando la mortandad infantil y de la población.

La estrategia de Estados Unidos para intensificar la presión sobre Cuba hasta el
punto de provocar una protesta social generalizada y una oposición significativa
para derrocar al gobierno no ha logrado los resultados previstos.

Leo Viena, junio 2026

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