Hay algo que comprendí de Marx (en fin, eso creo…), es la prioridad de la lucha sobre la clase.
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escribe Luis Casado
Confrontados a la atroz libertad de elegir el próximo presidente de la República Francesa, quienes tenemos el privilegio de ser ciudadanos estamos obligados a soportar las interminables letanías del periodismo tarifado, los insufribles rosarios machacones de los medios –TV, prensa y radios– en manos de media docena de oligarcas, así como los persistentes recordatorios del sistema sobre los límites permisibles de esta democracia de sastre cortada a la medida.
Francia tiene ante sí una difícil situación financiera, una deuda equivalente al 118% de su PIB, un déficit presupuestario anual crónico que supera el 6% del PIB, necesidades crecientes en los ámbitos de la Salud, la Educación, la Previsión, la re-Industrialización, la Agricultura, la Pesca, la industria Aero-Espacial, etc.
Mucho de todo esto generado por gobiernos que redujeron las modestas tasas e impuestos que pagaba el riquerío, al punto de que la deuda pública y el déficit equivalen con precisión micrométrica al crecimiento de la fortuna de 500 oligarcas que –juntos– poseen el equivalente del patrimonio de 30 millones de pringaos.
Con el loable propósito de reducir el costo del trabajo sustituyeron las cotizaciones salariales por aportes del Estado, lo que de facto generó una llamada TVA social compensatoria y disparó los déficits de la Seguridad Social y del Sistema de Pensiones.
El circo electoral impuso ahora un debate de los candidatos, organizado por el MEDEF, –la organización patronal nacional–, que desde las prístinas alturas de su autoridad empresarial cuenta ejercer un rol de motosierra orientada a desbastar los candidatos que pudiesen salirse del estrecho marco de sus sagrados intereses.
Candidatos no faltan. La inmensa mayoría de derecha, visto que aquí impera el gran capital. Todos parecen inspirarse en la jerga de Jorge Quiroz, que repite de la mañana a la noche que hay que reducir, recortar, minimizar, atenuar, mitigar, subestimar e infravalorar todo lo público, para potenciar el control ejercido por sus patrones que ya hicieron y hacen pata ancha en un país que les pertenece.
Lo que aún no les pertenecía –¡sorpresa! Aún quedaba algo de propiedad pública– será saqueado (privatizado) en breve.
Pero… nunca falta. Ante los más de 4 mil empresarios reunidos en el Estadio Rolland Garros, escenario de competiciones tenísticas de París, hubo un candidato que tuvo el valor de cantar otra canción, desentonando seriamente con la doxa preparada para atraer la simpatía de los “hombres de trabajo” (los empresarios: los otros, los asalariados, se las tiran y viven de la generosidad patronal).
Un patriota local, Régis de Castelnau, lo cuenta de este modo, abro comillas, a la línea:
“Magnífica lección de lucha de clases. ‘Hay que aumentar el salario mínimo’ (dijo Mélenchon). Esa explosión de risas (los 4 mil patrones estallaron en carcajadas…) dijo todo. La codicia, el desprecio, la arrogancia, la vulgaridad de esa clase que escogió la fiesta “en las glaciales aguas del cálculo egoísta”. Y de no ceder nada, jamás. Salvo si se les arranca a la fuerza. ¿Era posible ser más claro? Hay algo que comprendí de Marx (en fin, eso creo…), es la prioridad de la lucha sobre la clase. Esta última no pre-existe a la lucha, son las formas de la dominación que le infligen las que la modelan, la determinan y la constituyen en tanto clase. Ese estallido de risas definió lo que debiese ser su respuesta”.
Mélenchon les recordó que si no aumentan los salarios Francia entrará en recesión por la sencilla rzón que 55% de su PIB proviene del consumo de la masa de asalariados… Y que en medio del cafarnaum provocado por el cambio climático, las guerras provocadas por Trump, la escasez de energía que es su corolario, la deuda pública abismal de EEUU (U$ 40 billones y creciendo) y la crisis financiera que asoma su nariz… jugar con el consumo de 60 millones de ciudadanos no es un buen chiste.
Repentinamente las risas se congelaron en los labios, la insinuación inevitable de muecas de vergüenza apenas disimulada, el desamparo ante ese futuro que vemos llegar a paso de atleta olímpico, la seriedad de cementerio de la cara de Patrick Martin, presidente del MEDEF, mostraron a qué punto los empresarios asistieron el debate en paños menores, cubiertos apenas por su muy transparente ignorancia.
Servidor también comprendió algo de Marx (en fin, eso creo), que tiene que ver con la riqueza creada por el trabajo humano, el de los currantes, el de los asalariados, el de los esclavos modernos. La lucha sigue siendo la que libramos cada día los proletarios contra los capitalistas por obtener una remuneración decente.
Lo demás…
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