por Franco Machiavelo
EL ÚLTIMO SARCASMO DEL ESCUDO
Y aquí llegamos a la paradoja final.
Nos dicen:
“Es un escudo para proteger las Américas.”
Pero si para levantarlo América Latina necesita mirar hacia Washington…
Si para definir al enemigo necesita consultar a Washington…
Si para obtener inteligencia depende de Washington…
Si para adquirir tecnología necesita Washington…
Si para organizar su seguridad necesita seguir doctrinas elaboradas en Washington…
Entonces habría que formular una pregunta que ningún comunicado diplomático puede esconder:
¿Quién está realmente detrás del escudo?
Porque quizás el problema no sea el escudo.
Quizás el problema sea descubrir quién sostiene el brazo que lo levanta.
Y si ese brazo pertenece siempre a la misma potencia, entonces el continente debe preguntarse si está construyendo una defensa colectiva…
o simplemente está aprendiendo a llamar “cooperación” a una vieja relación de dependencia.
La historia latinoamericana está llena de pueblos que fueron llamados a obedecer en nombre de la civilización, la seguridad, el progreso, la democracia y el orden.
Hoy aparece una palabra nueva:
protección.
Que nadie se engañe.
La palabra puede ser nueva.
La pregunta es antigua.
¿Protección para quién?
¿Seguridad para quién?
¿Soberanía de quién?
¿Y poder en manos de quién?
Porque un pueblo verdaderamente libre no necesita arrodillarse para recibir un escudo.
Necesita tener la capacidad de construir el suyo.











