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El sionismo religioso y la herencia de Kahane

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Agrupación Judía Diana Aaron
 
Lo que el judaísmo ortodoxo rechazó como herejía en 1897 gobierna Israel en 2025. Este artículo recorre ese itinerario: de la espera mesiánica al mesianismo de las armas.

En boletines anteriores recorrimos las distintas expresiones del movimiento sionista buscando entender sus orígenes y como llegó a convertirse en un estado al margen de la institucionalidad internacional y perseguido por las mismas instituciones que se crearon tras la segunda guerra mundial en respuesta al genocidio nazi.

Recorrimos el sionismo laborista que construyó el Estado sobre un proyecto de transformación social, el sionismo cultural que buscó en Palestina una renovación espiritual del pueblo judío, el sionismo liberal y sus contradicciones frente a los derechos palestinos, y el sionismo revisionista de Jabotinsky, cuya lógica de la muralla de hierro habita hoy la dirección política israelí.

También presentamos la relación entre el judaísmo religioso y el sionismo. Mostramos que el judaísmo ortodoxo rechazó al sionismo de manera abrumadora desde sus primeros pasos, que ese rechazo tenía fundamentos teológicos y que solo una operación teológica construida por el rabino Abraham Isaac Kook, hizo posible el puente entre religión y sionismo.

Esa historia tenía dos desenlaces conocidos: el de Agudat Israel, que pasó del rechazo a la negociación pragmática y terminó firmando la Declaración de Independencia de Israel; y el de Neturei Karta, que se mantuvo en la oposición radical y persiste hasta hoy como minoría marginal dentro del mundo haredi.

Pero había una tercera rama que apenas nombramos, y es la que más importa para entender el Israel de 2025.

 

Del mismo árbol, otra rama

Del mismo suelo teológico que produjo el rechazo radical de Neturei Karta y el compromiso pragmático de Agudat Israel —dos respuestas opuestas dentro del mundo haredi— brotó también algo distinto: no el rechazo al sionismo ni su aceptación instrumental, sino su apropiación radical.

Un sionismo que no solo aceptaba el Estado como hecho consumado, sino que lo convertía en el centro de una nueva teología redentora con consecuencias políticas de enorme violencia.

Esa rama tiene un origen en el rabino Tzvi Yehuda Kook —hijo de Abraham Isaac Kook— que en los años posteriores a 1967 transformó la conquista de Cisjordania en un mandato divino.

Sobre esa base creció el movimiento Gush Emunim, la vanguardia ideológica del asentamiento en los territorios ocupados. Y de esa misma matriz surgió, décadas después, el kahanismo: la versión que extraía las consecuencias últimas del mesianismo territorial.

 El puente teológico: Tzvi Yehuda Kook y 1967

Abraham Isaac Kook sostenía que el sionismo secular era, sin saberlo, un instrumento divino: los pioneros ateos que secaban pantanos y fundaban kibbutzim estaban cumpliendo, sin saberlo, la voluntad de Dios.

Esa lectura permitió al sionismo religioso convivir con un Estado fundado por judíos laicos. Pero era una teología de la espera: el proceso de redención estaba en marcha, aunque todavía inconcluso.

En junio de 1967 cambió todo.

Para los discípulos del hijo, el rabino Tzvi Yehuda Kook, la conquista de Cisjordania, de Jerusalén oriental, de Gaza y del Sinaí durante la Guerra de los Seis Días fue un evento teológico de primer orden.

Semanas antes de la guerra, Tzvi Yehuda había pronunciado un discurso en el que lloró por la partición de la tierra bíblica, por los territorios de Judea y Samaria que permanecían fuera del Estado. Cuando las noticias de la victoria llegaron, sus estudiantes lo recordaron: él lo había anunciado. La conquista era la continuación de la redención.

De esa lectura extrajo como consecuencia política que si esos territorios pertenecen a la tierra que Dios prometió al pueblo judío, devolverlos es un acto sacrílego.

Ningún gobierno humano tiene autoridad para entregar lo que Dios otorgó.

El mapa político quedó subordinado al mapa sagrado. Y quien habita esa tierra, quien la puebla, realiza una mitzva, la voluntad de Dios.

Gush Emunim: la vanguardia mesiánica

En febrero de 1974, un grupo de estudiantes de Tzvi Yehuda Kook fundó Gush Emunim, el Bloque de los Fieles.

Trás la Guerra de Yom Kipur de 1973 en que Israel había sido sorprendido, había perdido miles de soldados, y el gobierno laborista hablaba de concesiones territoriales, para los fundadores del Gush esa posibilidad era inadmisible.

El movimiento se declaró extrapartidario, pero su programa era político en cada detalle: asentarse en los territorios conquistados, crear hechos sobre el terreno que hicieran imposible cualquier retirada futura.

Entre 1974 y 1977, el gobierno laborista de Yitzhak Rabin intentó contenerlos, enviando al ejército a desmantelar campamentos ilegales en la zona de Nablus siete veces. Siete veces los colonos regresaron.

Lo que el gobierno rechazaba no era la colonización sino la colonización no autorizada.

Ya en septiembre de 1967, tres meses después de la conquista, el propio gobierno laborista fundó el primer asentamiento en Cisjordania: Kfar Etzion.

Durante los diez años siguientes, bajo gobiernos exclusivamente laboristas, Israel estableció casi treinta asentamientos en Cisjordania. Asentamientos hoy consolidados como Ma’aleh Adumim y Givat Zeev, y la infraestructura de la carretera Trans-Samaria que los conecta, fueron proyectos aprobados y financiados por esos mismos gobiernos.

Pinchas Wallerstein —uno de los fundadores de Gush Emunim y por casi tres décadas presidente del Consejo Regional de Mateh Binyamin, que agrupa decenas de asentamientos en Cisjordania— afirmó que el movimiento colono tenía una deuda considerable con el Partido Laborista.

Rabin desalojaba a los colonos irregulares de Gush Emunim por la puerta trasera mientras el Estado construía asentamientos por la delantera. La diferencia entre laboristas y derecha no era de principios: era de ritmo y de control.

En 1977, con la victoria del Likud y la llegada de Menachem Begin al poder, el Estado dejó de frenarlos y comenzó a financiarlos.

Lo que Gush Emunim instaló en la cultura política israelí fue una inversión de prioridades: la ley del Estado quedó subordinada a la ley de Dios, y la halajá —el derecho religioso judío— se convirtió en argumento para desafiar las decisiones del gobierno.

No era desobediencia civil. Era la certeza de que el mandato divino supera al mandato democrático.

Meir Kahane: el ideólogo original

Si Gush Emunim era la versión institucional del mesianismo territorial, Meir Kahane era su versión sin filtros.

Nacido en Brooklyn en 1932, Kahane era hijo de un rabino vinculado al revisionismo jabotinskiano y creció en el movimiento juvenil Betar.

En 1968, fundó en Nueva York la Liga de Defensa Judía, presentada como respuesta al antisemitismo en barrios urbanos, pero organizada con métodos paramilitares. En 1971, condenado por conspiración para fabricar bombas/explosivos, emigró a Israel y fundó el partido Kach, desde el que construyó su programa.

De Jabotinsky heredó la convicción de que solo la fuerza garantiza la supervivencia judía; a lo que Kahane añadió el mandato divino que Jabotinsky, secular, nunca invocó.

Su ideología tenía tres ejes. Primero, una lectura etnonacionalista del judaísmo: los árabes eran, en su mayoría, enemigos irreconciliables del pueblo judío, y su presencia en la tierra de Israel era incompatible con la existencia del Estado. La solución era su expulsión masiva.

Segundo, el rechazo explícito a la democracia liberal: en su visión, la democracia era un sistema apropiado para pueblos sin una verdad divina, pero el pueblo judío tenía la Torá, y la Torá era superior a cualquier constitución.

Tercero, la justificación de la violencia como mandamiento: en el momento y lugar adecuados, el odio y la fuerza eran no solo permisibles sino religiosa y moralmente necesarios.

En 1984, Kach obtuvo un escaño en la Knéset. La reacción del parlamento israelí fue elocuente: los legisladores de todos los partidos abandonaban la sala cuando Kahane tomaba la palabra. En 1988, una enmienda a la Ley Básica excluyó a Kach de las elecciones por incitación al racismo. El tribunal que lo dictaminó que los objetivos y acciones de Kach eran «manifiestamente racistas».

Kahane fue asesinado en Manhattan en noviembre de 1990, tras un discurso en un hotel de Nueva York.

La masacre de Hebrón

El 25 de febrero de 1994, el Dr. Baruch Goldstein entró en la Tumba de los Patriarcas de Hebrón —lugar sagrado para judíos y musulmanes— vestido de militar, portando un fusil de asalto y ciento cuarenta proyectiles. Era el mes de Ramadán y el recinto estaba lleno de fieles en oración. Abrió fuego. Mató a veintinueve personas e hirió a otras ciento veinticinco. Fue reducido a golpes por la multitud.

Goldstein era médico, nacido en Brooklyn, residente del asentamiento de Kiryat Arba. Era militante de Kach y había sido director de campaña de Kahane.

La masacre tuvo dos efectos opuestos. Para la mayoría del mundo, confirmó que el kahanismo era una ideología terrorista: Israel e internacionalmente se procedió a proscribir a Kach y a Kahane Chai —la facción fundada por el hijo de Kahane— como organizaciones terroristas.

Pero en ciertos sectores del movimiento de colonos, Goldstein fue tratado como un mártir. En Kiryat Arba se erigió un monumento en su honor.

Hasta que entró en política, Itamar Ben Gvir tenía un retrato de Goldstein colgado en su sala de estar.

El período de latencia

La ilegalización de Kach en 1994 no eliminó el kahanismo. Lo dispersó. Sus ideas sobrevivieron en redes informales, en yeshivot de colonos, en organizaciones que adoptaron otros nombres.

Ben-Zion Gopstein, discípulo directo de Kahane, fundó Lehava, organización que promueve la separación entre judíos y no judíos y ha protagonizado decenas de incidentes violentos, sin ser proscrita.

Los llamados «jóvenes de las colinas» —colonos adolescentes que atacan aldeas palestinas, incendian cosechas y destrozan propiedades— no tienen estructura partidaria ni ideólogo reconocido: operan en red, con la Torá como única autoridad.

La sociedad israelí se fue desplazando hacia la derecha en cada ciclo electoral, las organizaciones de derechos humanos israelíes documentaron año a año el aumento de la violencia de colonos, y los herederos políticos del kahanismo aprendieron a presentar sus ideas en un vocabulario más aceptable para la clase media religiosa.

2022: el mesianismo toma el gobierno

En las elecciones israelíes de noviembre de 2022, el bloque de derecha y ultraderecha encabezado por Benjamin Netanyahu obtuvo mayoría parlamentaria. Para formarla, Netanyahu negoció con dos partidos que la clase política israelí había considerado marginales durante décadas.

Bezalel Smotrich, nacido en 1980 en los Altos del Golán ocupados, lidera el partido Sionismo Religioso. Colono mesiánico formado en la tradición de Gush Emunim, Smotrich ha declarado abiertamente que el Estado de Israel debería gobernar según la halajá.

Fue designado ministro de Finanzas, con autoridad adicional sobre la Administración Civil de Cisjordania —el organismo que controla permisos de construcción, movimiento de personas y acceso a recursos en los territorios ocupados—. En la práctica, Smotrich tiene más poder sobre la vida cotidiana de los palestinos en Cisjordania que cualquier ministro israelí en décadas.

Itamar Ben Gvir, nacido en 1976, fue en su juventud militante de la organización juvenil de Kach y declaró públicamente su admiración por Kahane. Fue condenado por incitación al odio y por apoyar a una organización terrorista.

Su partido, Otzma Yehudit —Poder Judío—, es la continuación ideológica directa de Kach. Fue designado ministro de Seguridad Nacional, con control sobre la policía israelí y las fuerzas paramilitares de frontera en Cisjordania.

Ambos partidos compitieron juntos en una lista conjunta —Sionismo Religioso— que obtuvo catorce escaños en noviembre de 2022, ocho para Smotrich y seis para Ben Gvir, dentro de una coalición de Netanyahu que en total sumó sesenta y cuatro de los ciento veinte escaños de la Knéset. Su peso matemático era modesto; su peso político no lo fue.

Netanyahu, procesado por corrupción y sin mayoría alternativa, dependía de esos catorce votos para mantenerse en el poder. Esa dependencia convirtió a Smotrich y Ben Gvir en los árbitros de facto de la política israelí hacia los palestinos.

El dato que resume mejor la distancia recorrida: cuando el ejército israelí descubrió en los años noventa que Ben Gvir tenía afiches de Kahane en su habitación, lo declaró no apto para el servicio militar por razones de seguridad. Treinta años después, ese mismo hombre controlaba la policía israelí como ministro del gobierno.

La cara del mesianismo en el poder

Lo que Smotrich y Ben Gvir han hecho desde el gobierno es la aplicación consecuente de una ideología que lleva décadas construyéndose. «Queremos las ideas del Rabino Kahane en el poder«, dijo Ben Gvir en un memorial al rabino

Smotrich legalizó nueve asentamientos ilegales en Cisjordania en los primeros meses del gobierno, acortó los procedimientos de aprobación de nuevas construcciones en los territorios ocupados y derogó la ley que en 2005 había ordenado el desmantelamiento de cuatro asentamientos en Cisjordania. Organizaciones de paz israelíes describieron esas medidas como anexión de facto de los territorios ocupados.

Ben Gvir, por su parte, convirtió la policía israelí en un instrumento de protección para los colonos más violentos y de presión sobre la población árabe.

Sus visitas provocadoras a la Explanada de las Mezquitas —lugar sagrado del islam— fueron acompañadas de aparato policial y cobertura mediática. En mayo de 2023, fue filmado dando un discurso frente a una tela que calificaba de «mártires» a Kahane y a Goldstein, con la inscripción: «Su sangre se elevará. Porque el Señor habita en Sión.»

El kahanismo no es una desviación: es una conclusión

Hay una narrativa cómoda sobre Smotrich y Ben Gvir: la de los extremistas que se infiltraron en el sistema, la excepción que confirma la regla de una democracia israelí que en el fondo sigue siendo sana.

Esa narrativa requiere ignorar demasiadas cosas.

Requiere ignorar que el Estado de Israel financió y protegió a Gush Emunim desde 1977, que la expansión de asentamientos fue política de Estado de todos los gobiernos israelíes —laboristas y del Likud— desde los años setenta, y que la diferencia entre los gobiernos anteriores y el actual no es de naturaleza sino de velocidad y de disposición a decirlo en voz alta.

El kahanismo no llegó al poder porque Israel haya perdido el rumbo. Llegó porque la lógica del sionismo religioso, aplicada con consistencia, lleva allí. Si la tierra es sagrada e indivisible, compartirla es traición. Si el enemigo lo es por esencia, la convivencia es ingenuidad. Si la democracia liberal contradice el mandato divino, la democracia debe ceder..

Una pregunta para quienes todavía dudan

Hay personas que llegan a este punto del artículo con una incomodidad genuina. No son apologistas del gobierno Netanyahu. No celebran a Smotrich ni a Ben Gvir.

Han apoyado a Israel durante años desde una convicción de que el Estado judío, con todas sus contradicciones, representaba algo que valía la pena defender: una democracia imperfecta, un refugio necesario, un proyecto con valores reconocibles.

A esas personas va dirigido este último párrafo.

Lo que hoy gobierna Israel no es ese proyecto.

El ministro que controla la vida cotidiana de tres millones de palestinos en Cisjordania fue durante años el líder juvenil de una organización declarada terrorista por Israel, Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y Chile.

El ministro que controla la policía israelí tenía colgado en su sala de estar el retrato de un hombre que masacró a veintinueve fieles en oración. Ambos siguen en el gobierno. Ninguno ha sido desautorizado.

No es que Israel haya dado un giro brusco e inesperado en 2022.

Es que una lógica presente desde los orígenes del proyecto sionista —la primacía de la fuerza en Jabotinsky, el desplazamiento demográfico ya ejecutado bajo Ben Gurion— encontró en el sionismo religioso posterior a 1967 su forma más absoluta: ya no una estrategia de Estado sino un mandato divino.

 Apoyar al Estado de Israel hoy no es apoyar una abstracción histórica ni una causa lejana. Es apoyar este gobierno, estas políticas, estas personas específicas. Frente a eso, la pregunta no es ideológica: es moral. Y cada uno debe responderla.

 

Fuentes

Sprinzak, Ehud. The Ascendance of Israel’s Radical Right. Oxford University Press, 1991.

Lustick, Ian. For the Land and the Lord: Jewish Fundamentalism in Israel. Council on Foreign Relations Press, 1988.

Ravitzky, Aviezer. Messianism, Zionism, and Jewish Religious Radicalism. University of Chicago Press, 1996.

Peled, Yoav. «Kahanism Today: Past, Present, and Future of a Radical Jewish Movement.» Israeli Studies, vol. 17, 2012.

B’Tselem. «The Settler Violence Phenomenon and State Complicity.» Informe institucional, 2023.

Haaretz. «Smotrich’s Takeover of Civil Administration in the West Bank.» Febrero 2023.

Human Rights Watch. «A Threshold Crossed: Israeli Authorities and the Crimes of Apartheid and Persecution.» 2021.

Wikipedia: Kahanism, Gush Emunim, Meir Kahane, Itamar Ben-Gvir, Bezalel Smotrich, Kach (partido político). Consultadas junio 2025.

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