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El discurso por el que me prohibieron en Alemania

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JACOBIN

YANIS VAROUFAKIS

TRADUCCIÓN: PEDRO PERUCCA

Imagen: Yanis Varoufakis habla durante una conferencia de prensa el 29 de mayo de 2019, en Atenas, Grecia. (Aris Messinis / AFP vía Getty Images)

A Yanis Varoufakis se le prohibió no solo visitar Alemania sino incluso participar en videoconferencias para eventos políticos organizados en Alemania. He aquí el alegato en favor de la humanidad y la justicia en Palestina que motivó estas sanciones.

En los últimos días, el Ministerio del Interior de Alemania emitió un «betätigungsverbot» en mi contra, una prohibición de cualquier actividad política, que incluye no solo la prohibición de visitar Alemania sino también la de participar en eventos por Zoom organizados en el país. Ni siquiera se puedereproducir un vídeo mío en actos alemanes. Los problemas empezaron en serio la última semana, cuando la policía alemana irrumpió en un local de Berlín para disolver nuestro congreso sobre Palestina, organizado por el Movimiento Democracia en Europa 2025 (DiEM25). Juzguen ustedes mismos en qué tipo de sociedad se está convirtiendo Alemania si su policía prohíbe los sentimientos que se exponen a continuación.

Enhorabuena y gracias de corazón por estar aquí, a pesar de las amenazas, a pesar de la férrea policía fuera de esta sede, a pesar de la panoplia de la prensa alemana, a pesar del Estado alemán, a pesar del sistema político alemán que os demoniza por estar aquí.

«¿Por qué un congreso palestino, señor Varoufakis?», me preguntó recientemente un periodista alemán. Porque, como dijo una vez Hanan Ashrawi, «no podemos confiar en que los silenciados nos cuenten su sufrimiento».

Hoy, la razón de Ashrawi ha cobrado una fuerza deprimente, porque no podemos confiar en los silenciados, que también son masacrados y pasan hambre, para que nos cuenten las masacres y el hambre.

Pero también hay otra razón: porque un pueblo orgulloso y decente, el pueblo de Alemania, es conducido por un camino peligroso hacia una sociedad despiadada al hacerle asociarse con otro genocidio llevado a cabo en su nombre, con su complicidad.

No soy judío ni palestino. Pero me siento increíblemente orgulloso de estar aquí entre judíos y palestinos, de unir mi voz por la paz y los derechos humanos universales a las voces judías por la paz y los derechos humanos universales, a las voces palestinas por la paz y los derechos humanos universales. Estar juntos hoy aquí es la prueba de que la coexistencia no sólo es posible sino que ya está aquí.

«¿Por qué no un congreso judío, señor Varoufakis?», me preguntó el mismo periodista alemán, imaginando que se hacía el listo. Agradecí su pregunta.

Porque si un solo judío se ve amenazado, en cualquier lugar, por el mero hecho de ser judío, llevaré la estrella de David en la solapa y ofreceré mi solidaridad, cueste lo que cueste, cueste lo que cueste.

Así que seamos claros: si los judíos fueran atacados, en cualquier parte del mundo, yo sería el primero en solicitar un congreso judío en el que dejar constancia de nuestra solidaridad.

Del mismo modo, cuando los palestinos sean masacrados por ser palestinos —bajo el dogma de que para ser muertos y palestinos, deben haber sido de Hamás— me pondré mi keffiyeh y ofreceré mi solidaridad cueste lo que cueste, cueste lo que cueste.

Los derechos humanos universales o son universales o no significan nada.

Con esto en mente, respondí a la pregunta del periodista alemán con algunas de las mías:

-¿Dos millones de judíos israelíes, que fueron expulsados de sus hogares e internados en una prisión al aire libre hace ochenta años, siguen encerrados en esa prisión al aire libre, sin acceso al mundo exterior, con alimentos y agua mínimos, sin posibilidad de llevar una vida normal ni de viajar a ninguna parte, mientras son bombardeados periódicamente durante estos ochenta años? No.

-¿Están los judíos israelíes siendo matados de hambre intencionadamente por un ejército de ocupación, con sus hijos retorciéndose en el suelo, gritando de hambre? No.

-¿Hay miles de niños judíos heridos sin padres supervivientes arrastrándose entre los escombros de lo que fueron sus hogares? No.

-¿Están siendo bombardeados los judíos israelíes por los aviones y bombas más sofisticados del mundo? No.

-¿Están sufriendo los judíos israelíes un completo ecocidio de la poca tierra que aún pueden llamar suya, sin que les quede un solo árbol bajo el que puedan buscar sombra o cuyos frutos puedan saborear? No.

-¿Asesinan hoy francotiradores a niños judíos israelíes por orden de un Estado miembro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)? No.

-¿Son expulsados hoy los judíos israelíes de sus hogares por bandas armadas? No.

-¿Está Israel luchando hoy por su existencia? No.

Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas fuera afirmativa, hoy estaría participando en un congreso de solidaridad judía.

Hoy nos habría encantado celebrar un debate decente, democrático y mutuamente respetuoso sobre cómo llevar la paz y los derechos humanos universales a todos, v judíos y palestinos, beduinos y cristianos- desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo con personas que piensan de forma diferente a nosotros.

Lamentablemente, todo el sistema político alemán decidió no permitirlo. En una declaración conjunta que incluye no sólo a la CDU-CSU (Unión Demócratacristiana-Unión Socialcristiana de Baviera) y al FDP (Partido Democrático Libre), sino también al SPD (Partido Socialdemócrata), a los Verdes y, sorprendentemente, a dos líderes de Die Linke (La Izquierda), el espectro político alemán ha unido sus fuerzas para garantizar que un debate civilizado como éste, en el que podemos estar en desacuerdo, nunca tenga lugar en Alemania.

Yo les digo: queréis silenciarnos, prohibirnos, demonizarnos, acusarnos. Por eso no nos dejan otra opción que responder a sus ridículas acusaciones con nuestras propias acusaciones racionales. Ustedes han elegido esto, no nosotros.

Ustedes nos acusan de odio antisemita. Nosotros los acusamos de ser los mejores amigos del antisemita al equiparar el derecho de Israel a cometer crímenes de guerra con el derecho de los judíos israelíes a defenderse.

Ustedes nos acusan de apoyar el terrorismo. Los acusamos de equiparar la resistencia legítima a un Estado de apartheid con las atrocidades contra civiles que siempre condené y condenaré, las cometa quien las cometa: palestinos, colonos judíos, mi propia familia, quien sea. Los acusamos de no reconocer el deber del pueblo de Gaza de derribar el muro de la prisión abierta en la que lleva encerrado ochenta años y de equiparar este acto de derribar el muro de la vergüenza, que no es más defendible de lo que lo fue el Muro de Berlín, con actos de terror.

Ustedes nos acusan de trivializar el terror del 7 de octubre de Hamás. Los acusamos de trivializar los ochenta años de limpieza étnica de palestinos por parte de Israel y la erección de un férreo sistema de apartheid en todo Israel-Palestina. Los acusamos de trivializar el apoyo a largo plazo de Benjamin Netanyahu a Hamás como medio para destruir la solución de dos Estados que ustedes afirman favorecer. Los acusamos de trivializar el terror sin precedentes desatado por el ejército israelí sobre la población de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este.

Ustedes acusan a los organizadores del congreso de hoy de estar, y cito, «poco interesados en hablar de las posibilidades de coexistencia pacífica en Oriente Próximo con el trasfondo de la guerra en Gaza». ¿Lo dicen en serio? ¿Perdieron la cabeza?

Los acusamos de apoyar a un Estado alemán que es, después de Estados Unidos, el mayor proveedor de las armas que el gobierno de Netanyahu utiliza para masacrar palestinos como parte de un gran plan para hacer imposible una solución de dos Estados y la coexistencia pacífica entre judíos y palestinos. Los acusamos de no responder nunca a la pregunta pertinente que todo alemán debe responder: ¿Cuánta sangre palestina debe correr antes de que se lave su justificada culpa por el Holocausto?

Así que seamos claros: estamos aquí en Berlín con nuestro congreso palestino porque, a diferencia del sistema político alemán y de los medios de comunicación alemanes, condenamos el genocidio y los crímenes de guerra independientemente de quién los perpetre. Porque nos oponemos al apartheid en la tierra de Israel-Palestina, independientemente de quién tenga la sartén por el mango, al igual que nos opusimos al apartheid en el Sur de Estados Unidos o en Sudáfrica. Porque defendemos los derechos humanos universales, la libertad y la igualdad entre judíos, palestinos, beduinos y cristianos en la antigua tierra de Palestina.

Y para que tengamos aún más claras las preguntas, las legítimas y las malignas, que debemos estar siempre dispuestos a responder:

¿Condeno las atrocidades de Hamás?

Condeno todas y cada una de las atrocidades, sea quien sea el autor o la víctima. Lo que no condeno es la resistencia armada a un sistema de apartheid diseñado como parte de un programa de limpieza étnica que arde lenta pero inexorablemente. Dicho de otro modo, condeno todo ataque contra civiles y, al mismo tiempo, celebro a cualquiera que arriesgue su vida para derribar el muro.

¿Acaso Israel no está librando una guerra por su propia existencia?

No, no lo está. Israel es un Estado dotado de armas nucleares, con el ejército quizá más avanzado tecnológicamente del mundo y la panoplia de la maquinaria militar estadounidense a sus espaldas. No hay simetría con Hamás, un grupo que puede causar graves daños a los israelíes pero que no tiene capacidad alguna para derrotar al ejército de Israel, ni siquiera de impedir que Israel siga aplicando un lento genocidio de palestinos bajo el sistema de apartheid que se erigió con el apoyo de larga data de Estados Unidos y la Unión Europea.

¿No está justificado que los israelíes teman que Hamás quiera exterminarlos?

Por supuesto que sí. Los judíos han sufrido un Holocausto que fue precedido por pogromos y un antisemitismo profundamente arraigado que impregnó Europa y América durante siglos. Es natural que los israelíes vivan con el temor de un nuevo pogromo si el ejército israelí se repliega. Sin embargo, al imponer el apartheid a sus vecinos y tratarlos como subhumanos, el Estado israelí aviva el fuego del antisemitismo y fortalece a palestinos e israelíes que sólo quieren aniquilarse mutuamente. Al final, sus acciones contribuyen a la terrible inseguridad que consume a los judíos en Israel y en la diáspora. El apartheid contra los palestinos es la peor autodefensa de los israelíes.

¿Y el antisemitismo?

Siempre es un peligro claro y presente. Y debe ser erradicado, especialmente entre las filas de la izquierda global y los palestinos que luchan por las libertades civiles palestinas en todo el mundo.

¿Por qué los palestinos no persiguen sus objetivos por medios pacíficos?

Lo hicieron. La OLP (Organización para la Liberación de Palestina) reconoció a Israel y renunció a la lucha armada. ¿Y qué obtuvieron por ello? Humillación absoluta y limpieza étnica sistemática. Eso es lo que alimentó a Hamás y la encumbró a los ojos de muchos palestinos como la única alternativa a un lento genocidio bajo el apartheid de Israel.

¿Qué debería hacerse ahora? ¿Qué podría traer la paz a Israel-Palestina?

–Un alto el fuego inmediato.

-La liberación de todos los rehenes: los de Hamás y los miles retenidos por Israel.

-Un proceso de paz, en el marco de la ONU, respaldado por el compromiso de la comunidad internacional de poner fin al apartheid y salvaguardar la igualdad de libertades civiles para todos.

En cuanto a lo que debe sustituir al apartheid, corresponde a israelíes y palestinos decidir entre la solución de dos Estados y la solución de un único Estado federal laico.

Amigos, estamos aquí porque la venganza es una forma perezosa de dolor.

Estamos aquí para promover no la venganza sino la paz y la coexistencia entre Israel y Palestina.

Estamos aquí para decir a los demócratas alemanes, incluidos nuestros antiguos camaradas de Die Linke, que ya se han cubierto de vergüenza durante demasiado tiempo, que dos errores no hacen un acierto y que permitir que Israel se salga con la suya con crímenes de guerra no va a mejorar el legado de los crímenes de Alemania contra el pueblo judío.

Más allá del congreso de hoy, en Alemania tenemos el deber de cambiar la conversación. Tenemos el deber de convencer a la inmensa mayoría de los alemanes decentes de que lo que importa son los derechos humanos universales. Que nunca más significa nunca más para nadie. Judíos, palestinos, ucranianos, rusos, yemeníes, sudaneses, ruandeses… para todos en todas partes.

En este contexto, me complace anunciar que el DiEM25, partido político alemán inspirado en el MERA25, estará en las boletas de las elecciones al Parlamento Europeo del próximo mes de junio, buscando el voto de los humanistas alemanes que anhelan un miembro del Parlamento Europeo que represente a Alemania y denuncie la complicidad de la UE en el genocidio, una complicidad que es el mayor regalo de Europa a los antisemitas en Europa y más allá.

Los saludo a todos y sugiero que nunca olvidemos que ninguno de nosotros es libre si uno de nosotros está encadenado.

YANIS VAROUFAKIS

Fue ministro de Finanzas griego durante los primeros meses del gobierno liderado por Syriza en 2015. Entre sus libros figuran The Global Minotaur y Adults in the Room.

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