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Ecuador: implicaciones sociales y políticas de la pandemia

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por Leonardo Ogaz Arce

Albert Camus escribía en su libro La Peste:

“Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”

[..]

”La cuarentena demuestra tres cosas:

Uno: nuestra economía se derrumba tan pronto como deja de vender cosas inútiles a las personas sobre endeudadas.

Dos: es perfectamente posible reducir la contaminación.

Tres: las personas peor pagadas del país son las más esenciales para su funcionamiento”.

Leído en la revista francesa Charlie Hebdo.

Por otra parte, hay que decir que estamos frente a un drama social gigantesco, han fallecido en el país millares de personas y la cifra de contagiados se aproxima más o menos rápido a los cien mil, siendo América Latina el que ha superado en número de muertos a los demás continentes, a lo que debemos agregar otros dramas sociales como el desempleo, de tal manera que el sentimiento de solidaridad, pesar y respeto preside estas ideas. 

No obstante me da la impresión que cuando leemos noticias y artículos sobre la pandemia parece que existiera otro virus, aparte del Corona, que logra invisibilizar lo evidente, este virus está como dice Camus también en todas partes, es sorprendente como la pobreza se vuelve invisible, las clases se vuelven invisibles, la confrontación entre ellas no se ve ni se toma en cuenta, las relaciones de poder desaparecen y nos apoderamos de lugares comunes con una facilidad que abruma. Resulta que por obra de las reflexiones que,  como consecuencia de las no tan estrictas cuarentenas, nos hemos visto en la obligación de hacer, nos ha dejado en un estado emocional  que tiene como resultante que de aquí para adelante todos seremos: mejores y más bondadosos.

Este proceso de invisibilización por acción de los medios de comunicación, la cercanía de los fenómenos y por los factores de alienación, finalmente termina diluyendo y licuando los contenidos que nos ayudarían a una mejor acción y comprensión.

Muchos de los análisis acerca de las consecuencias políticas, sociales, económicas y culturales de la Pandemia en realidad pecan, a veces con las mejores intenciones, de ingenuidad, por decir lo menos, ya que imaginan unos tiempos post pandemia distintos y mejores, en realidad como que el encierro de las cuarentenas nos hizo entrar en una especie de catarsis que nos purificó el alma de la maldad humana. Sin el ánimo de  desalentar ninguna esperanza pienso que el virus no logrará cambiar las relaciones sociales, ni el carácter de las instituciones en las cuales vivimos y desarrollamos nuestras vidas, el coronavirus tampoco va a cambiar ni la hegemonía, ni las relaciones de poder existentes, no va a haber una nueva normalidad distinta en este sentido y en estos ámbitos que son los que algo importan.

El otro error metodológico y epistemológico que se comete en el análisis es concebir a la humanidad como si no existiera una profunda desigualdad, división,  explotación, dominación y sojuzgamiento de las clases pudientes sobre las demás clases. Y la pandemia no va a desaparecer esas realidades que están ahí muy presentes, diría híper presentes  y ningún gesto filantrópico las va a cambiar, es cierto que se dan hermosos actos y gestos  de solidaridad y los alabo, pero también ocurren situaciones como las del gobierno ecuatoriano que en la más repudiable falta de ética se aprovecha de la pandemia para concretar un paquetazo neoliberal y unas leyes antihumanitarias que golpean duramente a los más vulnerables y que en una situación normal jamás pudieran haber pasado. Dichas leyes y medidas violan además  los sentimientos y maneras de pensar de la mayoría de la gente, que en octubre recién pasado le había manifestado su clara convicción, que no comulgaba con ese tipo de políticas. El corolario es que las medidas y las leyes que ha tomado el gobierno durante la pandemia son profundamente antidemocráticas.

El fenómeno que desató la Covid se dio sobre la base de una crisis económica y esto hace que se convierta en un fenómeno poliédrico por tanto con múltiples aristas, veamos algunas de estas:

Desempleo.

La crisis económica que vivía el Ecuador se vio agravada y potenciada por la Pandemia. Por una parte, miles de actividades económicas, emprendimientos, y empleos formales e informales se han visto seriamente interrumpidos, pongamos por caso toda el área del turismo; por tomar solo un ejemplo de una actividad que genera múltiples empleos. A lo cual se le agrega la política  neoliberal del gobierno que provoca más desempleo, a través de una cadena inmisericorde de despidos,  lo cual convierte a la pérdida de trabajos en un drama social de magnitudes insospechadas. Los padres que ya no pueden pagar la pensión de sus hijos, las deudas a los bancos, la compra de medicinas, en fin.

Un millón de personas no tiene empleo a junio del 2020. La cifra más alta desde el 2007, además 1,8 millones de personas perdieron un empleo adecuado entre junio del 2019 y junio del 2020 y hay casi un millón de subempleados, es decir tienen un empleo precario. (INEC).

Ahora el desempleo obliga a las familias a restringir su consumo al mínimo indispensable, esto disminuye el consumo en general, y los comerciantes a su vez dejan de vender y comunican a sus proveedores que ya no quieren más mercancías,  inmediatamente  los productores o importadores  dejan de importar y producir dejando un reguero de más desempleados por el camino, esto puede llevar teóricamente al colapso total de la economía, así de  grave es el problema.    

Por otra parte el virus dejó al desnudo la precariedad del sistema de salud pública por la insensible política de los recortes presupuestarios y la corrupción.

La corrupción que hizo visible la pandemia es tan horrorosa que ya no se respeta nada y da cuenta de un problema estructural profundo.

El confinamiento trajo aparejado el problema de la violencia contra las mujeres,  femicidios, maltrato intrafamiliar al obligar a la convivencia del agresor con las víctimas.

En el sentido político más general se está imponiendo el autoritarismo de un Estado fuerte, que se traduce en un aumento de la represión y la opresión.

Las clases sociales y las instituciones.

Lo que ha hecho la Asamblea Nacional en relación a la Pandemia es absolutamente irrelevante ya que se ha limitado después de oscuras transacciones a aprobar las inhumanas  y recesivas leyes de ajuste económico presentadas por el gobierno.  

La pandemia ha generado en los sectores empresariales una fuerte presión y la urgencia de normalizar el mercado, los trabajadores y los desempleados se ven obligados a salir a sus trabajos o a buscar empleo, esta dinámica ha hecho que la provincia de Pichincha alcance la pavorosa cifra del 20,8% de los contagios, además alentado con  resoluciones del COE, como las que tomó para el feriado recién pasado, han generado un relajamiento de las medidas de bioseguridad  y en realidad,  como piensan muchos se ha optado en los hechos por la inmunidad de rebaño y todo el mundo está en la situación de contagiarse o morir y si es lo más pronto mejor.    

Observamos que bajo las inmensas proporciones y efectos de esta crisis sanitaria y económica las contradicciones capitalistas se enervan en toda su crudeza: la brutal concentración de la riqueza, Jeff Bezos el dueño de Amazon y el hombre más rico del mundo aparece como el que más se ha enriquecido con la pandemia, la prensa nos informa que el patrimonio del señor había aumentado en un día la suma de 13.000 millones de dólares, siempre hay alguien que gana con las crisis mientras la mayoría pierde; enseguida tenemos  el posible  trastrocamiento de la guerra comercial entre China y Estado Unidos en un enfrentamiento militar/nuclear de proporciones apocalípticas, el cierre masivo de centros de trabajo en todo el mundo con su consiguiente pérdida de empleos, luego tenemos la intromisión digital en la vida privada, la automatización en gran escala, la profundización de normas sociales autoritarias y restrictivas, impunidad frente a la colonización, guerra y apropiación de territorios, como está ocurriendo en  Palestina. Nuevos hábitos de vida y el miedo apoderándose de la cotidianidad con efectos traumatizantes para toda la vida social.

Todo esto podría dibujar en el  horizonte  una deriva autoritaria con Estados fuertes y concentradores. Pero también  se podrían esbozar cuadros de estallidos sociales y rebeliones populares por todo el mundo, es allí donde podemos afincar el sembrío fértil de la esperanza. La pandemia ha dejado absolutamente en claro la incapacidad sistémica del capitalismo para afrontar este tipo de crisis. 

Es evidente que la pandemia no se vive de igual manera en Monte Sinaí que en las lujosas y espaciosas residencias de Samborodón, los recursos  médicos no son los mismos para los trabajadores que para la gente adinerada. El “quédate en casa” es mortal para las personas que viven en viviendas con un alto nivel de hacinamiento, y podríamos seguir con muchas dicotomías más, pero habría que agregar que los sueños de futuro no son los mismos entre toda la población, en los sectores que buscan la emancipación los sueños son distintos a los que defienden el injusto orden social en que vivimos. 

Educación

Una de las víctimas principales de los recortes presupuestarios en  Ecuador ha sido la educación, se han eliminado aproximadamente 900 millones de dólares.

Ya comenzamos a observar manifestaciones de los padres de familia frente a los colegios exigiendo más rebajas en las pensiones, es el caso de los colegios particulares, o la organización de los maestros que están impulsando una huelga virtual por el no pago de sus salarios.

El mito de la enseñanza por internet nos ha mostrado una enorme brecha digital según un dato de Unicef 6 de cada 10 niños no posee internet, al interior del 69% de la población que tiene acceso a internet, existe un alto porcentaje cuya calidad de  conexión no es buena, existen otros sectores que sencillamente no tienen conectividad, los padres desempleados ya no pueden pagar la conexión, por esta y otras razones se ha provocado un alto nivel de deserción escolar y podríamos enumerar  muchas otras situaciones  que vuelven a esta práctica social en  un campo lleno de  limitaciones para la relación enseñanza-aprendizaje dificultando en grado sumo las labores educativas. Hemos comprobado empíricamente  que hay estudiantes, que no tienen cámaras o micrófonos o estos son de mala calidad, a lo que se suma frecuentes cortes de energía eléctrica y otras múltiples dificultades. Hagamos un ejercicio de imaginación y pongámonos en el escenario de alcance de la tecnología en los sectores rurales o apartados.

Ahora, en cuanto al uso por los maestros  de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación se vuelve a poner de relieve la cuestión de la concepción pedagógica que los maestros tienen o deberían tener, la tecnología termina siendo funcionalizada  a la forma tradicional o a la forma moderna, participativa y democrática de la enseñanza, es decir se pone de relieve nuevamente el paradigma educativo con el que se trabaja.     

Finalmente el futuro más probable, así como la creación de nuevos movimientos sociales  como la Unión de los afectados por la banca, una vez recuperada cierta normalidad, más tarde o más temprano será el escenario de los estallidos sociales y nuestro deber será estar al lado de los más débiles. 

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