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Día Mundial del Teatro: Historieta, vida y teatro de Esquilo y Aristófanes

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Viernes 27 de Marzo

Día Mundial del Teatro 2020

Alfredo Rubio Bazan <alfredorubiobazan@gmail.com>

Antes de mi despertar en el teatro, mis maestros ya estaban allí. Habían construido sus casas y sus poéticas sobre los restos de sus propias vidas. Muchos de ellos no son conocidos o apenas se les recuerda: trabajaron desde el silencio, desde la humildad de sus salones de ensayo y de sus salas llenas de espectadores y, lentamente, tras años de trabajo y logros extraordinarios, fueron dejando su sitio y desparecieron. Cuando entendí que mi oficio y mi destino personal sería seguir sus pasos, entendí también que heredaba de ellos esa tradición desgarradora y única de vivir el presente sin otra expectativa que alcanzar la transparencia de un momento irrepetible. Un momento de encuentro con el otro en la oscuridad de un teatro, sin más protección que la verdad de un gesto, de una palabra reveladora.

Mi país teatral son esos momentos de encuentro con los espectadores que llegan noche a noche a nuestra sala, desde los rincones más disímiles de mi ciudad, para acompañarnos y compartir unas horas, unos minutos. Con esos momentos únicos construyo mi vida, dejo de ser yo, de sufrir por mí mismo y renazco y entiendo el significado del oficio de hacer teatro: vivir instantes de pura verdad efímera, donde sabemos que lo que decimos y hacemos, allí, bajo la luz de la escena, es cierto y refleja lo más profundo y lo más personal de nosotros. Mi país teatral, el mío y el de mis actores, es un país tejido por esos momentos donde dejamos atrás las máscaras, la retórica, el miedo a ser quienes somos, y nos damos las manos en la oscuridad.

La tradición del teatro es horizontal. No hay quien pueda afirmar que el teatro está en algún centro del mundo, en alguna ciudad o edificio privilegiado. El teatro, como yo lo he recibido, se extiende por una geografía invisible que mezcla las vidas de quienes lo hacen y la artesanía teatral en un mismo gesto unificador. Todos los maestros de teatro mueren con sus momentos de lucidez y de belleza irrepetibles, todos desaparecen del mismo modo sin dejar otra trascendencia que los ampare y los haga ilustres. Los maestros de teatro lo saben, no vale ningún reconocimiento ante esta certeza que es la raíz de nuestro trabajo: crear momentos de verdad, de ambigüedad, de fuerza, de libertad en la mayor de las precariedades. No sobrevivirán de ellos sino datos o registros de sus trabajos en videos y fotos que recogerán solo una pálida idea de lo que hicieron. Pero siempre faltará en esos registros la respuesta silenciosa del público que entiende en un instante que lo que allí pasa no puede ser traducido ni encontrado fuera, que la verdad que allí comparte es una experiencia de vida, por segundos más diáfana que la vida misma.

Cuando entendí que el teatro era un país en sí mismo, un gran territorio que abarca el mundo entero, nació en mí una decisión que también es una libertad: no tienes que alejarte ni moverte de donde te encuentras, no tienes que correr ni desplazarte. Allí donde existes está el público. Allí están los compañeros que necesitas a tu lado. Allá, fuera de tu casa, tienes toda la realidad diaria, opaca e impenetrable. Trabajas entonces desde esa inmovilidad aparente para construir el mayor de los viajes, para repetir la Odisea, el viaje de los argonautas: eres un viajero inmóvil que no para de acelerar la densidad y la rigidez de tu mundo real. Tu viaje es hacia el instante, hacia el momento, hacia el encuentro irrepetible frente a tus semejantes. Tu viaje es hacia ellos, hacia su corazón, hacia su subjetividad. Viajas por dentro de ellos, de sus emociones, de sus recuerdos que despiertas y movilizas. Tu viaje es vertiginoso y nadie puede medirlo ni callarlo. Tampoco nadie lo podrá reconocer en su justa medida, es un viaje a través del imaginario de tu gente, una semilla que se siembra en la más remota de las tierras: la conciencia cívica, ética y humana de tus espectadores.

Mensaje por el Día Mundial del Teatro

Carlos Celdrán, Cuba

Instituto Internacional del Teatro

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Esquilo

(ca. 525 a.C., Eleusis, Grecia

– Gela, Sicilia, Italia 456 a.C)

Trágico griego. Esquilo vivió en un período de grandeza para Atenas, tras las victorias contra los persas en las batallas de Maratón y Salamina, en las que participó directamente. Tras su primer éxito, Los persas (472 a.C.), Esquilo realizó un viaje a Sicilia, llamado a la corte de Hierón, adonde volvería unos años más tarde para instalarse definitivamente.

De las noventa obras que escribió Esquilo, sólo se han conservado completas siete, entre ellas una trilogía, la Orestíada (AgamenónLas coéforas y Las Euménides, 478 a.C.). Se considera a Esquilo el fundador del género de la tragedia griega, a la que dio forma a partir de la lírica coral introduciendo un segundo actor en escena, lo cual permitió independizar el diálogo del coro, aparte de otras innovaciones en la escenografía y la técnica teatral.

Esquilo llevó a escena los grandes ciclos mitológicos de la historia de Grecia, a través de los cuales reflejó la sumisión del hombre a un destino superior incluso a la voluntad divina. Tal destino es una fatalidad eterna (moira) que rige la naturaleza y contra la cual los actos individuales son estériles, puro orgullo (hybris, desmesura) abocado al necesario castigo.

En sus obras el héroe trágico, que no se encuentra envuelto en grandes acciones, aparece en el centro de este orden cósmico; el valor simbólico pasa a primer término, frente al tratamiento psicológico. El género trágico representó una perfecta síntesis de las tensiones culturales que vivía la Grecia clásica entre las creencias religiosas tradicionales y las nuevas tendencias racionalistas y democráticas.

Esquilo fue el primero de la tríada de grandes dramaturgos (Esquilo, Sófocles y Eurípides) que, a lo largo del siglo V a.C., llevarían la tragedia griega a su máximo esplendor. Amén de las citadas, las tragedias de Esquilo que se han conservado son Las suplicantes (c. 490), Los siete contra Tebas (467) y Prometeo encadenado, obra sobre cuya autoría existen aún dudas.

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/e/esquilo.htm

«De antemano bien conozco los males que me esperan: no puede sorprenderme daño alguno. Pues sé del Hado la invencible fuerza, habré de soportarla con paciencia. Pero callar o no estos infortunios no me ha sido otorgado: un don al hombre me ha uncido al duro yugo del destino: Robé del fuego, en una oculta caña, la recóndita fuente que sería maestra de las artes y un recurso para el hombre. Y aquí pago mi culpa clavado y aherrojado a la intemperie.» –Esquilo, Prometeo encadenado.

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Aristófanes

(444 a. C., Atenas, Grecia

– Delfos, Grecia,385 a.C.)

Comediógrafo griego. Poco se sabe sobre su vida; tan sólo algunos detalles extraídos de su obra, de la que se conserva una cuarta parte. Fue un ciudadano implicado en la política ateniense: participó en las luchas políticas para la instauración del Partido Aristocrático y, desde sus filas, mostró su desacuerdo con la manera de gobernar de los demócratas. En diversas obras, sobre todo en Lisístrata, denunció la guerra del Peloponeso, en la que vio un conflicto fratricida que llevaba a la miseria a los campesinos del Ática. Su postura conservadora le llevó a defender la validez de los tradicionales mitos religiosos y se mostró reacio ante cualquier nueva doctrina filosófica. Especialmente conocida es su animadversión hacia Sócrates, a quien en su comedia Las nubes presenta como a un demagogo dedicado a inculcar todo tipo de insensateces en las mentes de los jóvenes. En el terreno artístico tampoco se caracterizó por una actitud innovadora; consideraba el teatro de Eurípides como una degradación del teatro clásico.

De sus cuarenta comedias, nos han llegado íntegras once, que son además las únicas comedias griegas conservadas; es difícil, por tanto, establecer el grado de originalidad que se le atribuye como máximo representante de este género. Sus comedias se basan en un ingenioso uso del lenguaje, a menudo incisivo y sarcástico, y combinan lo trivial y cotidiano con pausadas exposiciones líricas que interrumpen la acción. Constituye ésta una fórmula personal, que nunca ha sido adaptada, ni por los latinos ni durante el Renacimiento.

Aristófanes debutó siendo aún muy joven, en el año 427, con Los convidados; en el 426 presentó Los babilonios, donde atacaba la política de Cleonte, lo que le valió un proceso. Ambas obras se encuentran hoy perdidas. En el siglo V era costumbre que el autor asumiera también la función de instructor del coro y encargado de la puesta en escena (corodidáscalo). Pero también podía ocurrir que otra persona se ocupara de esa tarea y figurara entonces con su nombre en las actas de las fiestas. Por esta razón estas dos piezas aparecen atribuidas a Calístrato.

La primera comedia que dirigió el propio Aristófanes fue Los acarnienses (425), que es también la más antigua que se conserva de él. En ella, el campesino ático Diceópolis, harto de la guerra del Peloponeso, que dura ya seis años, decide concluir por su propia cuenta la paz con los espartanos y encarga que le envíen de Esparta una paz privada de treinta años en forma de una exquisita bebida, llevando así una alegre vida pacífica en medio de los horrores de la guerra.

Esta fantasía cómica antimilitarista es de una endiablada jocundidad, plena de pasajes divertidos. En Los caballeros (424), los nobles y ricos jóvenes de la élite conservadora, que forman parte del coro, atacan duramente al demagogo Cleonte, que aparece representado en el pícaro esclavo que engaña a su anciano amo. El tono de esta comedia es tan áspero que Cleonte, quien con su acusación a raíz de Los babilonios no había logrado intimidar a Aristófanes, intentó otro proceso contra él.

En Las nubes (423), representada en las Grandes Dionisíacas, Aristófanes avanza en otra dirección, satirizando en la figura de Sócrates a la nueva filosofía y a los nuevos métodos de educación. La obra debe su nombre al coro integrado por nubes, creación poética muy compleja cuyo primer canto, según Albin Lesky, “pertenece a lo más hermoso de la poesía griega”.

El tema de Las avispas (422) es la manía de los atenienses por los pleitos y procesos ante los tribunales. Se desarrolla entre jocosas escenas, como la del proceso casero contra un perro, acusado de haber robado un queso. Su título alude al coro de viejos jueces populares, caracterizados como avispas provistas de grandes aguijones. En esta pieza, imitada por Jean Racine, vuelve a aparecer la problemática de la relación padre e hijo, presente en Los convidados y en Las nubes.

Con La paz (421), el comediógrafo retoma otro argumento que le era grato, desarrollándolo con más serenidad y comicidad que en Los acarnienses: el viñador Trigeo sube al cielo para liberar a la Paz, prisionera en la caverna de Pólemos (la guerra). Las aves (414), que según algunos críticos es la obra maestra de Aristófanes, combina la más audaz fantasía con la más delicada poesía; describe la evasión de dos atenienses al reino de los pájaros, donde establecen, entre cielo y tierra, una nueva ciudad ideal y llegan a sustituir a los dioses en el gobierno del mundo. En Las tesmoforiantes (411), las atenienses proyectan, durante las Tesmoforias (festividad que celebraban las mujeres en la época de la siembra con la rigurosa exclusión de los hombres), tomar represalias contra Eurípides, su difamador.

Lisístrata (411) varía el tono con respecto a las comedias precedentes: si antes se hablaba primordialmente de las penurias de la guerra y se criticaba con dureza a quienes se aprovechaban del sufrimiento colectivo, Lisístrata muestra un espíritu conciliador. Su argumento narra la decisión de todas las mujeres, atenienses y espartanas, de hacer huelga conyugal hasta la consecución de la paz. Las ranas (405), cuyo coro está formado por renacuajos de la laguna Estigia, presenta a Dionisos, quien, habiendo bajado al Hades para hacer volver a la vida al trágico Eurípides, se decidirá, al fin, por revivir a Esquilo.

Al igual que en Lisístrata, en Las asambleístas (392) las mujeres traman una revuelta: hartas de la deficiente administración masculina, deciden hacerse cargo del gobierno y se introducen embozadas en la Asamblea de los hombres para conseguir la aprobación de las decisiones correspondientes. La última obra de Aristófanes de la que se tiene noticia es Pluto, pieza representada por su propio autor en el año 388. Su argumento gira en torno a la restitución de la vista a Pluto, dios de la riqueza, cuya ceguera es responsable de la triste situación del mundo.

Pese a ser un autor muy admirado, Aristófanes ejerció muy poca influencia. Mayor arraigo tuvo entre los escritores latinos la Comedia Nueva, a cuyo esquema se remitió posteriormente la gran mayoría de los autores europeos que buscaban sus modelos en la Antigüedad clásica. La cultura alemana, en cambio, a partir del Sturm und Drang, demostró una mayor consideración y comprensión del valor de su obra.

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/aristofanes.htm

«Ciegos humanos, semejantes a la hoja ligera, impotentes criaturas hechas de barro deleznable, míseros mortales que, privados de alas, pasáis vuestra vida fugaz como vanas sombras o ensueños mentirosos.» –Aristófanes, Las aves.

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