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Crece el desinterés por estudiar una carrera universitaria en EEUU

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Por Adán Salgado Andrade

Muchos jóvenes en México, ya no ven como una alternativa de vida, el estudiar una carrera universitaria. Tanto por problemas económicos, que su padres ya no puedan sostenerlos, así como por el alto desempleo que existe, teniendo, incluso, un alto grado académico –  una maestría o un doctorado –, no es garantía de conseguir, ya no digamos, un buen empleo, sino conseguirlo al menos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2016/05/conversando-con-un-empleado-de-atencion.html).

Y el desempleo es crónico en todo el mundo, incluso, en China, la maquiladora mundial, en donde los egresados de escuelas, ya no tienen garantizado un trabajo (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/08/en-china-como-en-el-resto-del-mundo-hay.html).

La pandemia ha agudizado el desempleo, pues han bajado mucho las actividades económicas mundiales. Hasta empresas tecnológicas estadounidenses, como Google, Twitter, Facebook, Amazon y otras, han despedido a miles de trabajadores, muchos de los cuales, han decidido iniciar pequeñas empresas, ante la imposibilidad de conseguir empleo en otras (ver: https://www.wired.com/story/tech-layoffs-are-feeding-a-new-startup-surge/).

Todos esos factores se han conjuntado, justamente en Estados Unidos, para desanimar a los egresados de las preparatorias (high school) a estudiar una carrera universitaria (college).

Y es que allá, el problema adicional es que las carreras son costosas, alrededor de $50,000 dólares anuales, en las universidades “públicas”, por lo que la mayoría de los egresados, contraen deudas impagables, pues, además, si no hallan trabajo al graduarse, menos podrán liquidarlas (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2019/09/las-impagables-deudas-de-estudiantes.html).

Muchos, hasta venden su sangre, con tal de costearse los gastos que implica ir a la escuela (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/03/en-eeuu-estudiantes-universitarios.html).

Joe Biden está tratando de que se les condonen las deudas a los universitarios, pero la muy conservadora suprema corte, que defiende los intereses de los prestamistas, no parece que vaya a aprobarla (ver: https://apnews.com/article/student-loan-forgiveness-supreme-court-hearing-2128da75fc27ff3bcc0c3804ebd98aa7).

Por eso, como señalé, muchos jóvenes estadounidenses que pensaban ingresar a alguna universidad, ya no lo consideran como una opción viable.

Justamente el artículo de Associated Press, titulado “Fastidiados por la educación, más estadounidenses están excluyendo estudiar una cerrera universitaria”, firmado por Collin Binkley, habla sobre el tema (ver: https://apnews.com/article/skipping-college-student-loans-trade-jobs-efc1f6d6067ab770f6e512b3f7719cc0).

Antes, uno habría pensado que en un país “desarrollado” como Estados Unidos (EU), el estudiar una carrera universitaria, sería una gran ambición, sobre todo, en las clases medias. Justamente fue al regreso de la segunda guerra mundial, que se impuso como forma de “éxito” que todos los jóvenes, sobre todo, los que regresaron de tal guerra, estudiaran una profesión, para lograr un “futuro brillante”, pero ya no es así, como explica Binkley.

Expone el caso de Grayson Hart, quien fue muy buen estudiante en la preparatoria y que quería ser actor o profesor, pues pensaba que “una carrera era la única forma de conseguir un buen empleo, estabilidad y una vida feliz”.

Pero la pandemia y ver la realidad del desempleo en EU, lo hizo cambiar de opinión. Ahora, mejor fundó un pequeño grupo de teatro. También, las clases en línea, lo decepcionaron y aunque hizo examen en muchas universidades, en ninguna lo admitieron. Por eso, “decidí elegir mi propio destino. Pensé, para qué gastar tanto dinero, sólo para obtener un pedazo de papel que, realmente, ni me va a ayudar en lo que ahorita estoy haciendo”.

Tiene razón. Como dije, ya no es garantía estudiar, ni siquiera altos grados, para conseguir un trabajo.

Dice Binkley que Hart “es uno de los miles de jóvenes que tomaron clases durante la pandemia y que ya estaban listos para estudiar una carrera, pero que mejor están trabajando por horas, en empleos que no requieren un título o que el hecho de que tendrían que endeudarse con una impagable deuda los desanimó. De hecho, muchos, dejaron las clase en línea, pues sentían que no aprendían nada y mejor se pusieron a trabajar”.

Si, como dije, tienen que pagar unos $200,000 dólares en promedio, por estudiar cuatro años, y no hallar trabajo al final, es muy frustrante.

Dice Binkley que a nivel nacional, cayeron las inscripciones a las universidades un 8 por ciento, entre el 2019 y el 2022, “incluso, luego del regreso a clases presenciales. Es una de las más fuertes bajas de las que se tenga registro, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas de EU”.

Eso es señal, comenta Binkley, de que las nuevas generaciones “en el peor de los casos, tienen poca fe en una profesión. Y en el mejor, que los que cursaron en línea por la pandemia, están eligiendo no estudiar, como una mejor opción. Se pensaba que luego de dos años, concluida la pandemia, se inscribirían, pero no ha sido así”.

Aquí mismo sucede eso que, como ya señalé, por la falta de empleos, mejor los jóvenes deciden trabajar, abrir un negocio por su cuenta, conducir un taxi de aplicación, así, como los que me he encontrado, que terminaron el bachillerato y decidieron ya no estudiar (por los factores mencionados, como la falta de apoyo de sus padres o que, simplemente, ya no les interesa).

En mi caso, que imparto clases en la UNAM, es lo que les planteo a mis estudiantes, que no piensen que se van a enriquecer con una profesión. Para eso, les digo, mejor métanse de narcopolíticos, narcopolicías, corruptos políticos…

Pero, en cambio, les insisto en que estudiar una carrera universitaria, brinda una satisfacción, digamos, intelectual y espiritual, que al tener más conocimientos, son más conscientes, pueden contribuir a los necesarios cambios que esta destructiva y contaminante sociedad que nos han impuesto, requiere, si es que queremos vivir otras décadas más.

Claro que hay gente que sin estudiar, es más consciente, incluso, que una con preparación. Pero son los menos. Por eso les recalco en que sí es importante estudiar una profesión, pues, además, un profesionista consciente y bien preparado, podrá proponer soluciones para mejorar el planeta.

Un egresado de ingeniería industrial, por ejemplo (una de las carreras en donde enseño), si está bien preparado, podría, supongamos, proponer el diseño de un auto que funcionara con basura y que dejara como residuos agua (no es algo exagerado, pues hay biodigestores que convierten la basura orgánica en electricidad). O un sociólogo que propusiera un modelo de sociedad compartido, colectivo, solidario.

Son sólo ejemplos, si quieren, utópicos, pero que muestran las ventajas de una preparación.

Pero en el caso de los jóvenes estadounidenses, la mayoría, sólo buscan su beneficio personal, hallar una actividad que les permita vivir o hasta enriquecerse, si fuera posible. Muchos, tienen una mentalidad materialista, que sólo busca eso, tener mucho dinero (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/11/la-materialista-mentalidad-de-algunos.html).

El problema, señala Binkley, es que habrá déficit de empleados de determinadas profesiones.

Justo como provocó escasez la propia pandemia, de trabajadores de distintos rubros, que fueron despedidos, durante lo peor y ya, cuando la economía se medio reactivó, han tenido problemas esas empresas (restaurantes, por ejemplo), para conseguir personal.

Precisamente como han incrementado los salarios bastante, con tal de conseguir gente, “es lo que ha atraído a muchos jóvenes, que llegan a percibir hasta 24 dólares por hora”.

Aunque con un titulo, dice Binkley, podrían ganar mejor, hasta 75 por ciento más, pero prefieren no pasar por todo el proceso del endeudamiento, además de no arriesgarse a que cuando terminen, no tengan trabajo.

A todos los que entrevistó Binkley, educadores, investigadores, estudiantes, “describieron una generación fastidiada por las instituciones educativas, más, durante la pandemia, que para muchos, fue sólo una pérdida de tiempo”.

En el caso de Hart dice que, de todos modos el haber dejado la escuela, “me ha resultado mejor, pues hago lo que realmente quiero, lo que en verdad es importante”. Comenzó a trabajar en una cafetería, y vio que no necesitaba una carrera para ganarse la vida. Y cuando estaba por terminar la preparatoria, los planes de entrar a la universidad, pasaron a la historia.

“Consejeros y directores de escuelas, están consternados de ver que sus estudiantes van en masa a trabajar a bodegas de Amazon o como repartidores”.

Es la respuesta, considero, a un sistema que no responde en la medida del esfuerzo hecho, cuando se estudia una carrera. Lo vemos en México, que no servirá de nada crear más universidades – como las que ha fundado López Obrador –, si a la par, no se desarrollan mecanismos para creación de los debidos puestos de trabajo, bien pagados, además.

Un egresado de alguna ingeniería, por ejemplo, en México, tiene un sueldo no mayor a ocho o nueve mil pesos mensuales, cuando comienza a trabajar (ver: https://misalario.org/empleoysalario/funcion-y-sueldo/ingenieros-civiles).

Y es lo mismo que un técnico egresado de algún Conalep, percibe. Y es más barato estudiar un bachillerato tecnológico, que una carrera universitaria.

Eso mismo sucede en EU. Por ello, muchos jóvenes, dice Binkley, han optado por estudiar un oficio, como Boone Williams, un chico de 20 años, que aprendió el de plomero. “Como nací en el campo, quería estudiar ciencia de los animales, pero por la pandemia, me desanimé. Ahora, trabajo en esto que me gusta, tomo clases nocturnas para aprender más y gano 24 dólares por hora. Por lo pronto, no pienso más en la universidad”.

Cada vez menos egresados de las preparatorias ingresan a las universidades. “En Arkansas, sólo 42 por ciento, hacen sus exámenes de ingreso a universidades. En Kentucky, el 54 por ciento, lo que ha llevado a las autoridades educativas a decir que el futuro de este estado ‘está en riesgo’. Pero para latinos y negros, es peor, pues en Tennessee, sólo 35 por ciento de latinos y 44 por ciento de negros, ingresan a las universidades”.

Sí, pues son los grupos de menores ingresos.

Mia Woodward, una chica birracial de 20 años, dice que se desanimó porque los trámites por línea no eran claros. “Mejor me puse a trabajar y ya no tengo muchas ganas de estudiar, digamos que un cincuenta y cincuenta de probabilidades de que me decida. A lo mejor, me pongo a estudiar gastronomía, pero no sé”. Actualmente trabaja en un restaurante, como mesera, y vive con su padre.

Otro chico que optó por no seguir estudiando es Daniel Moody, de 19 años, quien también aprendió plomería y trabaja en una planta en construcción de Ford, en Jackson, Tennessee, que costará $5,600 millones de dólares, y que producirá baterías y camiones eléctricos – la panacea que no resolverá la contaminación –, en donde gana también 24 dólares por hora. “Estoy a gusto, la verdad, no me arrepiento de no estudiar, pues si lo hubiera hecho, estaría bien quebrado y endeudado. Y lo que gano, no lo ganaría si estuviera en la escuela”.

Dice Jamia Stokes, citada por Binkley, directora de SCORE, una organización educativa sin fines de lucro que “esta generación de jóvenes, es más pragmática en la forma en cómo trabajan, en cómo usan su tiempo y gastan su dinero”.

Tiene razón, pues con tantos problemas, de pobreza, crisis ambiental, crimen, tiroteos allá… y otros inconvenientes, los jóvenes buscan el inmediatismo ante lo que yo llamo el desánimo social, la falta de perspectivas ante un incierto futuro (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2023/01/de-viboras-huachicoleros-y-juventud.html).

Así que si encuentran un trabajo que les permita comprarse buena ropa, buenos tenis, un auto y otros satisfactores materiales, es mejor, no vaya a ser que algún resentido los mate en un masivo tiroteo, como los que se dan tan frecuentemente en ese pistolizado país.

Esa es, pues, la razón de que no sólo en EU, sino en todo el mundo, cada vez se vea menos a una carrera universitaria, como una opción para sostenerse, costear la existencia.

No interviene el factor que mencioné, de retroalimentar intelecto y espíritu, pues, antes, se tiene que comer, pues sin el estómago lleno, para decirlo coloquialmente, no hay ni intelecto, ni espiritualidad.

Eso prefieren hacer muchos jóvenes. Y no dudan varios en involucrarse con bandas criminales, con tal de percibir un muy buen sueldo, sea secuestrando, robando, asesinando, vendiendo drogas, hackeando…

Son los más materializados de todos. Me lo han dicho algunos de ellos, que prefieren vivir bien unos años, aunque un día los asesinen y amanezca su decapitado cuerpo en un canal.

Entonces, insisto, si los jóvenes ven que estudiar una profesión ya no ofrece un futuro, se lo buscarán por sí mismos.

Es algo que este sistema capitalista salvaje debería de ofrecer, pero, al contrario, con el tiempo, crea menos y menos empleos (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2011/10/desempleo-en-eu-agudizada-tendencia-del.html).

Pero, en lugar de eso, persiste en sostener el engaño, aprovechado muy bien por las universidades privadas, que hacen de la educación, un excelente negocio. Que estudien los jóvenes, paguen puntuales sus colegiaturas y, cuando terminen, lo que menos les preocupará es si consiguen o no trabajo.

Así que para muchos jóvenes, en el caso de los mexicanos, olvidándose ya de la universidad, el dilema será: ¿pongo un puesto de tacos o manejo un Didi?, ¿trabajo en un McDonald’s o en Walmart?, ¿me meto a la policía o a la Guardia Nacional?…

Esas serán sus opciones vocacionales.

Contacto: studillac@hotmail.com  

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