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¿Cómo reconstruir una verdadera izquierda socialista?

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Mejor y más claro aún, ¿cómo reconstruir el auténtico  socialismo en Chile?

La fotografía que acompaña a esta nota muestra los primeros trabajos en La Moneda luego de haber sido bombardeada, abaleada y destruida por los militares golpistas en septiembre de 1973. Es una imagen dolorosa, sin duda, la que además permite asociarla al derrumbe de la izquierda no bien esta inició un largo exilio dividido en dos frentes; uno en el extranjero y otro dentro de nuestras propias fronteras.

Más de doscientos mil chilenos marcharon al exterior, a países como Venezuela, México, Canadá, Suecia, Alemania Oriental, Unión Soviética, Italia, Francia…entre otros. Y a su vez millones de izquierdistas permanecieron en Chile, silenciando sus bocas y encerrando bajo llave sus ideas y pensamientos a objeto de no ser descubiertos por organismos tenebrosos como la DINA, la CNI e, incluso, por el “correveidile” de vecinos, jefaturas y colegas  soplones. Al interior de nuestro país se caminaba con sigilo y desconfianza; la traición estaba en todas las esquinas. Pese a ello, y aún sin posibilidades de rearmar políticamente un grupo significativo, los izquierdistas supieron avanzar a través de las organizaciones sindicales y estudiantiles, a través de los pobladores y algunos gremios, todo ello a través del concurso vital de una parte de la iglesia católica y mediante unos pocos valientes que arriesgaron sus vidas en esos trámites.

En el exterior, en cambio, sin  el temor de agentes del  estado invadiendo hogares y degollando civiles, muchos de aquellos que se refugiaron por esos lados (se les llamó ‘náufragos’), tuvieron la hermosa posibilidad de reconstruir un amplio movimiento democrático, libertario y anticapitalista. Sin embargo, no lo hicieron. Por el contrario, fueron conquistados fácilmente por el aroma del aceite fenicio que ofrecen el capitalismo y la socialdemocracia. Renunciaron a sus raíces y se reconvirtieron dócil e interesadamente a la fe neoliberal fracturando el socialismo chileno en mil pedazos, lo cual daría origen años después al lamentable ‘archipiélago izquierdista’ que aún muestra presencia.

Incluso hubo socialistas, como el inefable Juan Carlos Moraga Duque, que regresaron al país proponiendo un referente llamado ‘Frente Socialista’, cuyo norte no era otro que aliarse con los civiles de la dictadura (verbigracia, Francisco ‘Frafrá’ Errázuriz) y apoyar la alternativa pinochetista del SÍ en el plebiscito de octubre de 1988.

En 1985, gracias a la movilización y dura lucha que al interior del país dieron organizaciones como el Comando Nacional de Trabajadores, el Frente de Pobladores, la FECH, la FEUC, la FEUSACH, la FEC, la iglesia católica y algunos gremios, la dictadura cedió abriendo puertas para el regreso de algunos de esos ‘náufragos’ que la izquierda local, de manera ingenua y honesta, recibió casi como si  fuesen los ‘salvadores’ de la democracia y la libertad.  Se creyó en ellos,  y a ellos, en gran medida, fueron entregadas las riendas de la conducción política luego del triunfo popular en el plebiscito de 1988.

Nació el nefasto ‘duopolio’, la inexplicable cohabitación con la derecha dirigida por vástagos de la dictadura, y tiendas como el partido socialista aplicaron, durante treinta años, “la política de lo posible”, ergo, la política de los acuerdos y los consensos, fortaleciendo e incluso impulsando el capitalismo neoliberal. Fueron, en suma, los ‘mayordomos’ del mega empresariado y de la derecha ultraconservadora. Y al parecer lo siguen siendo, pues los fríos hechos así lo confirman, pues miles de socialistas han abandonado la tienda hoy “social liberal”.

A este respecto, afirma Esteban Silva Cuadra, “el socialismo allendista, anticapitalista, libertario y popular, tiene el desafío de unir y reunificar fuerzas desde los movimiento sociales y populares, para estructurar un proyecto transformador para la refundación de Chile con la unidad de las fuerzas de izquierda y las antineoliberales”.

Para refundar Chile es preciso primero refundar la izquierda. Toda balanza debe tener dos platillos. La balanza actual no los tiene, aunque el establishment se esmere en repetir la vacua monserga de que el PS, el PDC, el PPD y el PRSD son tiendas de la “centro izquierda”, cuestión que ya pocos chilenos continúan aceptando como ‘posible’, pero jamás como verdadera.

Aquellos ‘náufragos’ que rescatamos, traicionaron a sus bases y a sus raíces. Transformaron sus partidos otrora izquierdistas en una argamasa parida en Europa ubicándola a la derecha de la socialdemocracia del viejo continente, lo que equivale a considerarla prohijada por el neoliberalismo y ‘bendecida’ por los depredadores económicos del hemisferio norte.

Es preciso entonces reconstruir una izquierda en serio, de verdad, latinoamericanista, solidaria, anticapitalista, que procure y luche por estructurar un sistema socioeconómico basado en esos valores. Más de alguien dirá que ello es una utopía sin destino, extemporánea, vacía. Estoy seguro que otros chilenos pensaron lo mismo a comienzos del siglo pasado cuando el pueblo luchaba por fundar los partidos obreros.

 O cuando a finales de 19060 los jóvenes cristianos apostaban y esforzaban por integrarse activamente a la Unidad Popular, originando luego al MAPU y  a la Izquierda Cristiana.

Parece que algunas utopías sí son posibles de conseguir. Por ello, hay que luchar por reconstruir en Chile esa izquierda de antaño, con valores intransables de ayer y de hoy, que tan necesaria es para construir y consolidar una verdadera democracia. En ese esfuerzo titánico, el socialismo debe llevar las banderas.

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