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Chile – Plebiscito de salida, contexto y lucha de clases

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Por Enid Faúndez

Política-económica internacional y nacional

De cara al segundo semestre del presente año, entramos a un momento social y económico frágil donde los efectos combinados del agotamiento de las medidas expansivas para contener la última crisis global del capital -Crisis Subprime-, los alzamientos sociales, la emergencia sanitaria por Covid-19, la guerra en Ucrania, la interrupción de cadenas de suministros, más una multiplicidad de factores conlleva una acumulación de daños crónicos, perspectivando un horizonte futuro oscuro. En este caos, los Bancos Centrales de las economías del centro siguen retirando estímulos para la recuperación económica y  subiendo Tasas de Política Monetaria (en adelante TPM) y con ello, acelerando la inflación. En EEUU, la FED planifica una nueva expansión y con una inflación de 9,1% a junio, prevé el inicio de un proceso recesivo. Como respuesta, las instituciones aplican políticas agresivas, como planificar un alza de la TPM de hasta 100 puntos básicos al 27 de julio. Con respecto a las alzas, la mitad fue sobre los precios de la energía y los alimentos -los cuales subieron 1% en términos mensuales. No obstante, una mezcla peligrosa de crisis e ingreso en la guerra podría dar paso al fascismo, golpeando duramente los derechos democráticos e impulsando la gran economía bélica -como ocurrió en la última guerra mundial-, anunciando la aprobación de un presupuesto militar de USD$ 840.000 millones para el 2023.

Con respecto a Europa y Asia, los especialistas prevén el inevitable inicio de la denominada “Nueva Gran Crisis”. Uno de los tantos síntomas de esta recesión ha sido la caída del Euro con respecto al Dólar, situándose brevemente por primera vez desde 2002 por debajo del valor de la moneda norteamericana al cierre del 14 de julio con una caída de hasta 0,9952 dólares, con una caída superior al 1% respecto del cierre del 13 de julio, lo que amplía a más del 12% la depreciación acumulada por la moneda común europea frente a la estadounidense en lo que va de 2022. A su vez, la Comisión Europea publicó el pasado jueves 14 de julio su informe de proyección macroeconómica donde contemplan una escalada inflacionaria de niveles históricos, sobre el 7,6% en 2022 y una baja del PIB de un 2,6%. Para 2023 esperan que la inflación se modere al 4%. A su vez, el conflicto bélico Rusia-Ucrania pone en evidencia el afán de expansión de la OTAN más allá de sus límites, usando como excusa la guerra para socavar las relaciones políticas con la finalidad de desestabilizar financieramente a Rusia y desintegrar cualquier obstáculo a su completa dominación capitalista mundial. Además, dentro de este convulsionado escenario, el pasado 9 de julio de 2022 se dio a conocer oficialmente una revolución popular en Sri Lanka donde multitudes se movilizaron producto de la brutal situación económica que ha sumido al país en la miseria y donde el primer ministro Gotabaya Rajapaksa finalmente reconoció la quiebra total. Esta quiebra tendría origen en la aplicación de políticas neoliberales y corrupción. Además, debe considerarse a Sri Lanka como ejemplo de la “trampa de deuda” a la que China está sometiendo a varios países del mundo -sobre todo los africanos-, obligados según ellos a efectuar exageradas concesiones comerciales o diplomáticas para retrasar las devoluciones. Durante el gobierno de  Rajapaksa, el país se benefició de un torrente de inversiones destinadas a grandes obras de infraestructura, llegando a una deuda externa con Pekín evaluada en USD$ 51 millones.

Con respecto a Latinoamérica, la CEPAL pronosticó que el crecimiento económico local se desacelerará un 2,5 % en lo que queda del 2022 y un 1,9 % en 2023. Si bien existe la idea que la crisis energética podría ser cubierta localmente, no hay garantías de estabilidad política que respalden tales teorías.  Dentro de los eventos clave de la crisis capitalista de la región se encuentra la crítica situación de Ecuador, que acumula un índice de pobreza de un 35% (en zonas rurales un 47%) y de pobreza extrema de un 15,2%. Más de 5,6 millones de ecuatorianos sobreviven con menos de USD$ 84 al mes, la desnutrición afecta al 26 % de los niños de 0 a 5 años (cifras que aumentaron al 40 % en el campo). Una de las cifras que denota la barbarie capitalista es que de cada 10 personas con capacidad para trabajar, apenas tres de ellas tienen empleo. La inversión pública en salud, educación, inclusión social cayó a sus peores indicadores desde décadas atrás; además, el presidente Guillermo Lasso para cumplir con los adeudos del FMI redujo a inicios del 2022 a USD$ 1.800 millones (su promedio era de USD$ 4.000 millones) y en el primer trimestre del año solo había entregado USD$ 67 millones; situación que desató la movilización de la protesta popular y que fue contenida con máxima represión. En 18 días de paro hubo 6 fallecidos, más de 350 heridos y casi dos centenares de detenidos. Con respecto al país vecino, Argentina, la renuncia del ministro de Economía Martín Guzmán sumó más incertidumbre, cerrando junio con una inflación de 5,3% y una inflación acumulada a 12 meses de 64%, con estimaciones al cierre el año en un optimista 70% de inflación acumulada. En América Latina, además de Venezuela y Argentina que sufren problemas inflacionarios crónicos, los países más afectados hasta el momento han sido Brasil, Chile y Paraguay. Según la OIT, en cifras generales para la región, en el primer trimestre del año se frenó la recuperación de los empleos observada en el cierre del 2021, con un retroceso que marcó un déficit de 112 millones de empleos de tiempo completo, lo que implica que la ocupación se mantiene 3,8% por debajo de lo observado antes de la pandemia.

En Chile, la inflación registró un alza de 0,9 % en junio y acumula un 12,5 % a 12 meses; el BC mientras tanto subió el pasado 13 de julio la TPM a un 9,75% como medida para contener la inflación a la que se suma la depreciación del peso de un 3,98% con respecto al dólar. Así quedó el peso como la tercera divisa con mayor depreciación en menos de una semana, luego del rublo ruso y el peso colombiano.

El proceso constituyente, opio del pueblo

Mientras la crisis del capitalismo avanza, en Chile aún existe esperanza. Sin hacer todavía un juicio de valor entre las ventajas o inconvenientes entre aprobar o rechazar el borrador de la Nueva Constitución (en adelante NC), toca entrar en el análisis que aqueja a la izquierda actualmente y que radica en determinar una posición frente a los procesos reformistas. Cabe señalar que hay muchas formas de analizar e interpretar esta situación, una de ellas es que si bien subsiste el sistema capitalista de fondo, es medir la progresividad de las reformas y si estas refuerzan la lucha de clases o la debilitan. Sobre este punto son atingentes las premisas sobre las reformas escritas por el socialista neerlandés Anton Pannekoek, quien afirma que las reformas sociales no constituyen el camino que nos lleva a la meta final, incluso muchas de ellas ni siquiera se acercan a un horizonte socialista. Así también, las reformas sociales que con lucha conllevan el aumento del poder de la clase trabajadora, sí tienen valor en función de marcar el camino al socialismo como etapa previa al comunismo. Con respecto al punto mencionado, no todas las reformas que apuntan a la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora implican un aumento de poder. Por ejemplo, si frente a una disminución de la jornada laboral las horas libres ganadas se “destinasen totalmente al ocio”, no terminaría siendo favorable a la auto organización para la lucha de la clase. No obstante, desde otro ángulo no se debe deducir que las reformas son menos relevantes, sino que se deben categorizar en cuáles son parte del programa político de lucha y cuáles no lo son necesariamente.

Considerando lo expuesto, debemos poder separar las reformas que constituyen pasos en un proceso revolucionario y las que no lo son directamente; pero que igual sirven a la clase trabajadora. Para tener una visión más global de la situación, debemos retroceder al 18 de octubre de 2019 donde en Chile fuimos testigos del clímax de la acumulación del malestar social a la par de las protestas ocurridas en varios países de Sudamérica. Salimos a la calle a evidenciar descontento como una gran masa y luego ocurrieron violaciones a los DDHH, violencia institucional, crímenes y detenidos políticos en medio de la represión.  Desde entonces ha costado sentar un análisis de lo ocurrido y sus perspectivas. Entre diversas visiones, no deja de llamar la atención que todos estos alzamientos tuvieron algo en común: “Evidencian un malestar que puede llegar a derrocar gobiernos, pero no consolidar poder de la clase trabajadora”.

Para tener un punto de comparación, podemos revisar la historia de una manera resumida y encontraremos dos experiencias de construcción de poder popular en Chile: Los “Cordones Industriales” y los “Comandos Comunales” (Años 71-72), ambas expresiones de organización con base en comunidades y de mayoría obrera que obtuvieron un éxito material en la práctica y a la vez sufrieron tensiones con los partidos políticos de izquierda. Estos últimos reconocían que tenían posibilidad de movilización, coordinación y reacción, pero no había un claro acuerdo respecto de sus alcances políticos. Muchos les veían sólo como organismos de coordinación o a su vez se planteaban convertirlos en organismos ligados al gobierno a través de los partidos políticos componentes de la Unidad Popular. Tras el constante devenir político, la derecha aprovechó esa “desorganización” y cooptó ese “poder emergente” con un golpe militar.

Una contradicción similar ocurrió entre las organizaciones del Estado y los movimientos sociales a fines del 2019 y pusieron en jaque la revuelta popular del 18 de octubre. El 15 de noviembre apareció el texto preparado en reuniones secretas entre Piñera y el ex ministro Gonzalo Blumel (Ley 21.200), donde, descolgándose del movimiento social, “convocaron” a un “Acuerdo Nacional Constitucional y de Paz”, mientras se mantenía el Estado de sitio con militares en las calles. En virtud de la firma conjunta de los partidos políticos de derecha y oposición, finalmente cooptaron e impusieron anti democráticamente las reglas del proceso constituyente, dando así el golpe de gracia a la organización emergente popular. La historia se repite. ¿Es entonces el “Acuerdo Constituyente” un triunfo a secas? Creemos que no y eso dependerá del crisol con el que se mire. Podemos considerar que cada vez que el poder emerge desde abajo – y que crece en manos de un pueblo organizado y en ciertos momentos tiene la “posibilidad” de superar al Estado y sus contradicciones- y es “frenado” desde arriba, entonces no es un triunfo a secas, y constituye un fracaso. Por otro lado, los partidos políticos no resolvieron las contradicciones de intereses entre el movimiento popular y el afán de revanchismo izquierda-derecha de la política burguesa. Entre esas tensiones asomó un tercer elemento: “El pueblo” como un simple espectador de la lucha por el poder entre bandos “izquierda-derecha” por llegar a cargos públicos y acomodarse en el parlamentarismo. Estos bandos no paradojalmente están compuestos por élites herederas de las castas de la Concertación (la llamada izquierda boutique). Durante el proceso la voz recayó en la mayoría de las ocasiones en la clase política academicista, poco y nada representativa de los trabajadores, cuando el “trabajador” es el sujeto precarizado y esclavizado por la dinámica de generar riqueza a costa de su propia pobreza. Su participación democrática y profunda quedó limitada o inaplicable, porque el obrero “no tiene tiempo”. Así, la “participación política” queda como un privilegio de clase (sociólogos, politólogos, abogados, rostros de medios de comunicación, etc.).

Luego aparece una “frágil democracia” como ejercicio de oxigenación al modelo económico-social enmarcado en una correlación de fuerzas de derecha e izquierdas socialdemócratas pro-capitalistas tendientes a un modelo semi-liberal de mercado con participación estatal y orientación social (lo que en el fondo es arrancar las pocas mejoras que permita el modelo de producción actual), quedando en segunda relevancia los verdaderos ejes clasistas de las Asambleas Territoriales. Pese a todo lo demás, el proceso constituyente podría lograr algunas mejoras, pero reducir el estallido social a este sería un grave error porque “las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo”, como dice la expresión de Audre Lorde; por ende, un proceso institucionalizado jamás dará total poder a la clase.

Finalizado el trabajo de la Convención Constitucional el 4 de julio, fue entregado el borrador final de la nueva constitución que se someterá a plebiscito el domingo 4 de septiembre próximo. El texto obviamente presenta las contradicciones propias emanadas de un proceso ciudadano cooptado por el poder (Ciudadanía como categoría mercantil del modo de producción capitalista), más que poseer elementos relevantes de poder para la clase (no quiere decir que no existan reformas buenas). Sin entrar en detalles, podemos mencionar de manera resumida algunos puntos que no aportan a la lucha de clases:

-Respecto al Estatuto de la Minería, el Estado seguirá siendo el dueño de las minas y sustancias minerales, pero se rechazó la nacionalización de hidrocarburos, litio y tierras raras, además del cobre (en que el Estado podía asociarse con privados); dejando así en manos de las reforma tributaria el financiamiento de las reformas sociales. Además, se desechó la idea de consagrar un piso mínimo constitucional para el royalty minero (https://radio.uchile.cl/2022/05/15/listo-el-borrador-pleno-de-la-convencion-cierra-su-labor-con-proteccion-de-glaciares-y-derecho-a-la-energia/)

-Respecto a los derechos de aprovechamiento de aguas otorgados con anterioridad se considerarán para todos los efectos legales autorizaciones de uso de agua según lo establecido en esta Constitución. (https://www.reporteminero.cl/noticia/noticias/2022/06/transicion-inmediata-derechos-de-agua-a-autorizaciones-de-uso-nueva-constitucion)

-Extender el fin del senado para el 2026, permitiendo a la casta política un tiempo suficiente para seguir entorpeciendo el ejercicio de la democracia. (https://www.elmostrador.cl/dia/2022/06/14/normas-transitorias-convencion-aprueba-fin-del-senado-para-el-2026/)

-El blindaje a través de quorum para modificar la nueva constitución, que además impedirían mejorarla. (https://www.ciperchile.cl/2022/06/10/%F0%9F%A4%96-la-llave-para-cambiar-la-nueva-constitucion/)

-No señalar de manera clara el fin de las Isapres. En el texto del borrador se reconoce en el Sistema Nacional de Salud (SNS) la participación de privados, manteniendo abierta la posibilidad al lucro y una salud para ricos y pobres. De igual manera y respecto al Sistema de Seguridad Social pública de Pensiones, no detalla el destino de las AFP. (https://interferencia.cl/articulos/acaba-la-nueva-constitucion-con-las-isapres)

-No habrá refundación de carabineros ni de las FFAA, es más; la tendencia es a seguir usándolas como herramientas de represión e impunidad para sus elementos.

-Inexistencia de límites claros con respecto a los TLC (y sobre el TPP-11). (https://radio.uchile.cl/2022/06/21/organizaciones-suscriben-declaracion-publica-para-que-presidente-boric-no-reflote-el-tpp-11/)

-El rechazo de la totalidad de las normas de la Comisión de derechos de los pueblos indígenas. (https://www.cnnchile.com/constituyente/pleno-rechaza-totalidad-informe-pueblos-indigenas_20220513/)

-La descentralización del Estado, creando el estado regional, situación que podría implicar más burocracia y dificultad de la orquestación de un programa central socialista. A su vez, la Cámara de las Regiones podría ser nuevamente un punto de lucha por el poder para los partidos políticos del régimen capitalista (partidos políticos de izquierda y derecha institucionalizados).

-La consagración de la dependencia del Banco Central a poderes fácticos internacionales, manteniendo la “independencia de este”. (https://www.latercera.com/pulso/noticia/banco-central-envia-oficio-a-la-convencion-constitucional-donde-expresa-reparos-y-sugiere-cambios-a-normas-sobre-su-funcionamiento/D7XQE27CIJBKNGB56RF6MC7V5U/)

-Declaraciones de Elisa Loncón respecto del método que se utilizaría en la restitución de tierras para los pueblos originarios: (https://www.msn.com/es-cl/noticias/otras/elisa-loncon-sostiene-que-expropiaci%C3%B3n-de-tierras-seg%C3%BAn-norma-va-a-depender-de-qui%C3%A9n-quiera/ar-AAZAA4J?ocid=entnewsntp&cvid=06ddbe6943354e1da9694c958d9d2c0b)

Conclusiones

Cabe mencionar que algunas reformas constitucionales dan más poder al Estado, pero de forma distribuida, siendo el Estado el motor de regulación social y de la administración del modo de producción capitalista y a su vez el instrumento de mantenimiento de la división por clases sociales, implicando una dominación democrática donde capitalistas y trabajadores son re-catalogados como ciudadanos, situación que se mantiene con la NC.  La finalidad central de la lucha por el socialismo es acabar con el capitalismo y el modo de producción capitalista; en ello, el Estado representa en sí el órden jurídico para legitimizar la explotación de clase, creando un vínculo indivisible entre este y la propiedad privada, por lo que no pueden caer el capitalismo y el Estado por separado, sino que deben caer juntos. Además, con respecto a que sí constituye una parte central de la lucha de clases la aprobación de la NC, cabe mencionar que dado la génesis institucional del proceso constituyente con el pacto de paz del 15 de noviembre, este no necesariamente forma parte de la estrategia de la clase, sino que es una estrategia de carácter ciudadano para “dar un respiro” a la clase trabajadora. Desde otro punto de vista, la aprobación de la NC generaría más bien el reinicio de un nuevo ciclo de acumulación capitalista gracias al factor de contención de la lucha social que implicaría casi por 10 años la transición a la nueva institucionalidad. A priori no podemos decir si será exitoso o no.

La NC no es la única estrategia de la clase trabajadora. Con respecto a ello, no es un punto clave del análisis “aprobar”. El escenario posible es que la clase política progresista genere un escenario de una lucha “heroica” contra un fascismo endemoniado, y la clase trabajadora nuevamente se verá arrastrada a votar por el mal menor. No obstante, aprobar no implica un retroceso, como sí lo implicaría un escenario donde gane el rechazo.

En esta misma línea, la NC además constituye una camisa de fuerza producto de la elevación de los quórum para evitar su desmantelamiento a manos de la derecha, lo que implica a su vez que se dificulte la mejora de la misma. Lo aprobado será difícil de cambiar y lograr cambios profundos implicaría nuevamente la movilización social, en un escenario adverso donde las condiciones económicas asfixian a la clase trabajadora.

A su vez, la aprobación del borrador de la NC favorece el camino a un periodo con un “inestable” Estado de bienestar que producto de la llegada del progresismo (PC, FA y algunos independientes) al gobierno nos enfrente a un Estado con una regulación plutócrata y propio de sistemas bismarckianos y bonapartistas; que si bien, por un lado ofrecen agendas progresistas con promesas de avances sociales, a la vez siguen usando diversas herramientas de represión. Sobre este punto cabe mencionar la extensión del estado de excepción en el Wallmapu que se aprobó el pasado miércoles 13 de julio, con 36 votos a favor y dos abstenciones en la Cámara Alta, y en la Cámara Baja obtuvo 119 votos a favor, ocho en contra y ocho abstenciones. A esto debemos sumar la inexistencia de señales de derogación del paquete de reformas de la “Agenda de Seguridad” de Piñera. Finalmente, hace pocos días fue despachado el “Proyecto de Ley de Infraestructura Crítica”, que sigue potenciando a las FFAA para actuar sin necesidad de una declaración de Estado de Excepción Constitucional; el que se aprobó por la Cámara de Diputados por 97 votos a favor, 17 en contra y 28 abstenciones, quedando lista para ser promulgada por el Presidente Gabriel Boric.

Con respecto a “rechazar” con la idea de “acelerar” las contradicciones de clase o “porque valoramos lo anti-institucional”, puede jugar en contra de una concepción de lucha colectiva por un proyecto mayor. El error en esa posición es que se asume “que el mundo no se puede cambiar” y se opta por un cambio local por “fuera del sistema”, sobrevalorando el repliegue territorial y fuera de la institucionalidad, favoreciendo al mantenimiento del capitalismo producto de la fragmentación.

Con respecto al método, reconocemos que la revolución no es un proceso lineal que se determina centralmente, por lo que un avance, por menor que sea, se debe considerar positivo; aún implicando aprobar algo que sabemos es esencialmente reformismo burgués (cabe señalar la premisa de Lenin: No rechazar una posición por principios). Obviamente se requiere dirección, formación y menos espontaneísmo (como lo ocurrido durante el estallido social).

Otro factor a tomar en cuenta es que el capitalismo y el modo de producción no es monolítico; el proletariado ha ido cambiando durante la historia, pero manteniendo las condiciones de explotación y precariedad. La producción de valor ha ido evolucionando desde los análisis de Marx y eso se denota en cómo se han caracterizado las crisis del capitalismo; partiendo con una primera crisis en 1929 y el crack financiero de Wall Street, que se resolvió con variadas medidas de intervención estatal que posteriormente siguieron con el abandono en 1971 del patrón oro -ruptura de los Acuerdos de Bretton Woods y el auge creación del dinero fiduciario y auge del dólar a nivel global-, a la crisis del 2008-2009 que tuvo su raíz en la explosión de la burbuja de capital ficticio, y la crisis actual que se podría caracterizar como la crisis de las políticas neoliberales y del capitalismo global. No obstante, a diferencia de lo que algunos sectores de izquierda pregonan como un dogma -que vivimos la etapa terminal del capitalismo-, desde otro punto de vista, si bien estamos viviendo una crisis del “capitalismo global” que en su inicio partió haciendo -al parecer- de todo el mundo o de todos los países neo-colonias emergentes del gran capital financiero transnacional, siendo esta una forma de capital que necesita negar al Estado-nación de país central (o Estado corporación multinacional) como modo para organizar y producir el Estado del poder-valor.

Si analizamos la evolución histórica del Estado, podemos decir que ha pasado por las etapas de “Ciudad-Estado”, “Estado-Reino”, “Estado-Nación” (en las metrópolis), “Estado-Multinacional” (Corporación multinacional de país central) y el “Estado-Global” (Estado-Red Global de Cities Financieras); lo que implica que han existido diferentes formas de Estado dentro de la racionalidad capitalista y que este siempre ha sido el eje que permite producir-organizar acumulación ampliada de Valor/Poder. El “Estado-global financiero” actual, se asume como Estado-Práctico, siendo el modo y forma de una doble plataforma de articulación para servicios financieros en red de la gran banca global (comercial y financiera, donde la financiera es la central y engloba a la comercial), y otra la plataforma de nodos en red como proveedores hiper especializados, hiper fragmentados, informalizados y deslocalizados de bienes y servicios de la producción real -que consideramos la periferia-. En este punto el capital transnacional podría entrar en una etapa histórica donde la nueva forma de capital financiero global, que niega a la anterior forma financiera y niega al capital financiero en su conjunto, va imponiendo una nueva forma de capital, abriendo así la posibilidad a la negación del capitalismo global y la irrupción de un capitalismo multipolar movilizado por el auge de la desglobalización, -que en parte, también promueve la nueva constitución-.

Para concluir, aprobar es positivo; pero, no debiese considerarse como una parte estructural de una única estrategia de lucha de clases, porque no lo es. El aumento sostenido del coste de la vida, implicará necesariamente la agudización de las diferencias de clase y va a requerir la preparación de una base política firme para un nuevo flujo revolucionario a largo plazo y que incluso pueda hacer frente en el corto plazo al fracaso del plan social de gobierno. A su vez, el escenario no necesariamente implica un momento terminal del capitalismo, sino que se evidencia el agotamiento de un tipo de capitalismo y su respuesta es adaptarse para mantener el proceso de acumulación capitalista hasta una nueva y mucho más feroz crisis. El capitalismo es un monstruo que muta en su proceso de agonía y que su término sólo puede ser en manos de la lucha organizada de la clase trabajadora.

¡Aprobemos y sigamos la lucha organizada por un horizonte anti-capitalista!

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