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Carta abierta de Edmundo Perez Yoma y respuesta de Hugo Farías Moya

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Contra el odio

Edmundo Pérez Yoma – 11 junio, 2020

El 8 de junio se cumplieron 49 años del día en que mi padre, Edmundo Pérez Zujovic, quien se desempeñó como ministro de Obras Públicas y del Interior del Presidente Eduardo Frei Montalva, fue asesinado por un grupo de extrema izquierda denominado “Vanguardia Organizada del Pueblo” (VOP), formado por ex militantes comunistas. Actuaron a plena luz del día, mientras mi padre viajaba en su automóvil junto a mi hermana María Angélica. Fue acribillado a mansalva y falleció a los pocos instantes. Mi hermana se salvó milagrosamente, pero el haber sido testigo de un acto tan brutal le dejó secuelas emocionales para toda la vida.

El asesinato ocurrió en junio de 1971, cuando llevaba sólo medio año el gobierno del Presidente Salvador Allende. Después de cometido el crimen, el entonces director de la Policía de Investigaciones, el doctor Eduardo Paredes, amigo de barrio en mi juventud, me contó que el gobierno sabía de la existencia de la VOP y que se estaba siguiendo a sus cabecillas. Según Paredes, la policía tenía información de que dicho grupo se proponía atentar contra tres personalidades de la Democracia Cristiana, una de las cuales era mi padre. Por desgracia, tales antecedentes no sirvieron de nada. No hubo ningún plan policial que pudiera haber frustrado el homicidio.

Cuatro días después de consumado el crimen, la PDI cercó a los culpables, los hermanos Rivera Calderón, en una población de Santiago, donde se produjo un tiroteo en el que éstos fueron abatidos por los efectivos policiales.

Estoy convencido de que hubo autores intelectuales del asesinato de mi padre. Lamentablemente, nunca hubo un esfuerzo serio por identificarlos y llevarlos ante la justicia. Un par de meses después del crimen, la empresa pesquera Guanaye, de la cual yo era gerente, fue intervenida por el Estado. Meses después, un grupo armado cercó mi casa de campo en Maipú, en la que vivía con mi señora y tres hijos. A ellos se les permitió salir, pero a mí me mantuvieron como rehén un par de días. Posteriormente, el campo fue expropiado por el gobierno.

  Mi padre fue víctima de la corriente de odio que, en aquellos días de 1971, se iba       extendiendo por todos los rincones de la sociedad de un modo que – hoy lo sabemos – anunciaba la enorme tragedia de 1973. Los chilenos pagamos un precio muy alto a causa de la enajenación política de aquel tiempo, que anuló la capacidad de razonar de amplios sectores y fomentó el desprecio por la vida humana. Las campañas envenenadas de esos años, el afán de convertir a los adversarios en enemigos preparó el terreno para la división, la violencia y la pérdida de las libertades. Y a Chile le quedaron demasiadas llagas.

Desde que le arrebataron la vida a mi padre, he hecho un gran esfuerzo para no sucumbir al deseo de venganza. He luchado para que aquel crimen nefando no condicionara mi vida y la de mi familia. Sin embargo, considero que es mi deber recordar este capítulo de la historia para que no olvidemos adónde conduce el fanatismo político-ideológico, y adónde puede llevar la inclinación terrible de querer borrar a los que piensan distinto.

Por desgracia, desde octubre del año pasado hemos visto resurgir la violencia en Chile, la que algunos han intentado presentar como expresión del deseo de hacer justicia e imponer la igualdad. Ya hemos visto las penosas consecuencias de todo aquello en nuestra convivencia. En los muros de Santiago y de otras ciudades quedó la huella del odio que estaba detrás del vandalismo. Por eso mismo fue muy lamentable que numerosos parlamentarios y otras personas que ocupan altos cargos guardaran silencio frente a la violencia o, peor aún, intentaran validarla como manifestación de una buena causa. Eso es demasiado grave. No puede haber una actitud ambivalente respecto de las bases de la vida civilizada. Del mismo modo, es inaceptable cualquier intento por desestabilizar el régimen democrático.

Pertenezco a una generación que vio hundirse a Chile bajo el peso de la intolerancia, y que luego tuvo la oportunidad de trabajar por la reconstrucción de la democracia y el reencuentro de los chilenos. Por eso, quiero levantar mi voz para que no repitamos los errores trágicos del pasado.

En estas semanas he visto a mucha gente que teme que, pasada la emergencia de la pandemia, vuelva a desatarse una violencia semejante a la del año pasado. Eso implicaría sumar nuevos desastres a los muchos que tenemos. Hay que impedir que ello ocurra, pero eso exige que no nos dejemos paralizar por el temor. No tengo dudas de que la mayoría inmensa de mis compatriotas se identifica con la defensa de la paz y la libertad, que es al fin y al cabo la posibilidad de que convivamos en condiciones de respeto a la diversidad.

Sólo el Estado de Derecho es nuestra protección. No quiero que Chile vuelva a ser arrastrado por el odio. Es mi mayor anhelo al recordar a mi padre en estos días.

Respuesta de Hugo Farias Moya

Señor Edmundo Pérez Yoma:

Usted ocupó altos cargos en los gobiernos de La Concertación, dos veces ministro de defensa y una como ministro del interior. Su único mérito para llegar a esos altos cargos públicos fue ser hijo de Edmundo Pérez Zujovic, ex ministro del interior del gobierno de Eduardo Frei Montalva, asesinado por un comando extremista durante el gobierno de Salvador Allende. Su llegada a esos altos se debió más por compasión que por méritos, al igual que su ex jefe el presidente Eduardo Frei hijo. Los dos desarrollaron su carrera como empresarios, por lo tanto, son muy parecidos entre sí, ya que ninguno de los dos tenía una carrera política. Es decir, los dos son hijos de padres asesinados.

Su prontuario empresarial dista mucho de tener virtudes, es más tiene muchas zonas oscuras. Estando fuera del Gobierno, incapaz de robarle al Estado, no encontró nada mejor que robarle agua a la gente pobre y campesinos de Petorca. Convirtiendo a esa zona en un desastre medio ambiental.

La organización Modatima, que defiende el acceso al agua en la Región de Valparaíso, denunció que, debido a presiones del gobierno habrían detenido una investigación en que estaba revelando la irregular manera de adueñarse del agua de Edmundo Pérez Yoma. En una declaración pública Modatima afirmó: “Se descubrieron más de 200 metros de cañerías soterradas de conducción de aguas, cañerías que provenían de una captación de aguas sin derechos legalmente constituidos, y donde en los descargos se reconoce la venta de agua a Agrícola el Cóndor. Del mismo modo, la existencia de cañerías enterradas de conducción de aguas, y de propiedad de Agrícola el Cóndor. Es decir, usted ha conducido y acaparado agua de forma ilegal e impropia desde el año 2005. En resumen, usted es uno de los principales ladrones de agua de Chile y que ha sometido a la hambruna al Valle de Petorca.

Como buen matón que se precie de matón, usted no podía quedarse de brazos cruzados, y como es su costumbre, interpuso una demanda contra quienes lo acusaron de robar agua. Por si fuera poco, guardias personales golpearon a personal de Modatima. Estas querellas quedaron en nada.

Su hermano Francisco no lo ha hecho mejor. Era el dueño de la constructora de las tristemente célebres Casas Copeva, que el estado tuvo que demoler y después indemnizar a los pobladores afectados, claro que con dineros fiscales. Es decir, el prontuario de la familia Pérez Yoma es demasiado largo para escribirlo en este artículo.

Como ministro del Interior usted, como reconocido anti-mapuche, seguramente para proteger a sus amigos empresarios latifundistas del sur, en el año 2010 aplicó la Ley Antiterrorista a los Mapuche que se encontraban en huelga de hambre. Por esto no sorprende que Raúl Castro Antipán, lo haya involucrado a usted al reconocer que desde los años 2009 al 2011, realizó atentados incendiarios contratado por usted y también otros hechos que el tribunal calificó como “terroristas”. Todo con la finalidad de culpar a los Mapuche para encarcelarlos. Hasta ahora ni siquiera una palabra suya he visto en la prensa sobre esta grave acusación.

Debemos recordar cuando tuvo una enfermedad repentina a sus riñones, usted no dudó en utilizar su poder para recibir un trasplante de órgano. Y así de la nada pasó a ser primera prioridad para recibir un trasplante de riñón. Algo sospechoso, ya que ni siquiera se había sometido a diálisis. Fue operado de manera exprés, siendo que existían personas vulnerables y con mucha mayor urgencia que usted. Por supuesto que, insisto, como buen matón recurrió nuevamente a la justicia por difamación cuando fue cuestionado.

Ahora, según sus palabras textuales: “Por desgracia, desde octubre del año pasado hemos visto resurgir la violencia en Chile, la que algunos han intentado presentar como expresión del deseo de hacer justicia e imponer la igualdad”.

Ante estas aseveraciones le recuerdo que usted nos faltó el respeto a millones de chilenos que salimos a protestar contra las grandes injusticias que se han profundizado en los gobiernos que usted ha formado parte. No fuimos “algunos” como usted se refiere, fuimos millones de chilenos que salimos a demandar en las calles de todo el país por mejorar la calidad de vida y contra las grandes injusticias sociales. De hecho, en la gran marcha del 25 de octubre en la Plaza de La Dignidad, asistimos, según cifras del gobierno, un millón doscientas mil personas. Eran marchas llenas de alegría y también de esperanza. La violencia no la pusimos nosotros, me refiero al pueblo, sino el estado represor del que usted formó parte. Hubo cerca de 40 muertos y cientos con daños oculares producto que las balas y balines disparados por la policía. Además de los miles de detenidos, de los que aún están varios en prisión y sin recibir un juicio formal. Para que decir de los cientos de torturados y jóvenes violadas. 

Me queda claro que la clase política, de la que usted forma parte, están totalmente desconectados de la realidad y del sufrimiento de nuestro país.

 Y sigo con sus palabras: “Desde que le arrebataron la vida a mi padre, he hecho un gran esfuerzo para no sucumbir al deseo de venganza. He luchado para que aquel crimen nefando no condicionara mi vida y la de mi familia. Sin embargo, considero que es mi deber recordar este capítulo de la historia para que no olvidemos adónde conduce el fanatismo político-ideológico, y adónde puede llevar la inclinación terrible de querer borrar a los que piensan distinto”.

Le recuerdo señor Pérez Yoma, que usted fue parte de un partido político, la DC, que desde el primer año del gobierno de Salvador Allende comenzó a conspirar, junto a la derecha fascista, para el derrocamiento del gobierno legítimamente constituido. El principal sedicioso y guaripola a cargo de esta tarea estuvo el ex presidente Eduardo Frei Montalva, padre de su ex jefe. Entonces cuando se refiere a: “adónde conduce el fanatismo político-ideológico”. Yo creo que esta pregunta debe responder usted mismo. Ese fanatismo político ideológico, de la coalición de la cual su partido formaba parte, y junto a la derecha, llevó a la intolerancia, a no respetar al presidente Allende y llamar abiertamente al golpe de estado.

Un dato importante que posiblemente a usted se le ha olvidado. Le recuerdo que su partido, la Democracia Cristiana, encabezó una acusación constitucional contra el presidente Allende y que fue aprobada por la Cámara de Diputados. En esa declaración aprobaron, según su partido y la derecha, la ilegalidad del gobierno. Es decir, esta declaración le daba el margen legal para que los fascistas puedan realizar el golpe de estado. El presidente de esa cámara era un diputado de su partido Luis Pareto, que después fue intendente de Santiago en los gobiernos de La Concertación.

Sigo con su carta pública: El 8 de junio se cumplieron 49 años del día en que mi padre, Edmundo Pérez Zujovic, quien se desempeñó como ministro de Obras Públicas y del Interior del Presidente Eduardo Frei Montalva, fue asesinado por un grupo de extrema izquierda denominado “Vanguardia Organizada del Pueblo” (VOP), formado por ex militantes comunistas. Actuaron a plena luz del día, mientras mi padre viajaba en su automóvil junto a mi hermana María Angélica. Fue acribillado a mansalva y falleció a los pocos instantes”.

Le recuerdo que el 9 de marzo en Puerto Montt se conmemoraron 51 años de la Matanza de Pampa Irigoin, cuyo acto de violencia política es el más relevante de la capital regional y el hecho de sangre más cruel que recuerde la historia en Puerto Montt, en marzo de 1969. En esa ocasión las fuerzas policiales, durante el desalojo de una toma de terrenos, asesinaron a 10 pobladores, incluido un bebé de 3 meses.

En esa fecha su padre era el Ministro del interior del gobierno de Eduardo Frei Montalva. Según declaraciones de su hermana María Angélica, su padre se encontraba descansando en su casa de Algarrobo. Por lo tanto, según sus palabras, su padre no tenía la culpa de la masacre.

Ante esto señor Pérez Yoma, le recuerdo que su padre, que estaba a cargo del operativo de desalojo de los pobladores de Pampa Irigoin, es culpable por dos motivos. Uno porque si efectivamente dio la orden para iniciar la masacre; o dos, porque mientras se acribillaba a los pobladores su padre, que era el jefe directo de Carabineros de Chile y del Intendente regional de Puerto Montt, estaba descansando y mirando el mar en su residencia de veraneo. Si algo he aprendido en mi trabajo de administrador de obras es que: si uno sabe de un delito es culpable, si no sabe es un incompetente, es decir, también es culpable por omisión.

Le recuerdo también que su padre tuvo justicia, ya que sus asesinos murieron en un operativo de la policía de investigaciones en la población La Legua. Justicia que por cierto no tuvieron los 10 pobladores muertos en Puerto Montt y los más de 70 pobladores heridos a bala, por los Carabineros de Chile, cuya subordinación era al Ministro del Interior, es decir a su padre.

En resumen, señor Pérez Yoma, no le creo sus lágrimas de cocodrilo, es más ofende la memoria de los miles de chilenos que sufrieron durante la dictadura cívico militar que gobernó Chile y también de los muertos en los gobiernos de lo cual usted formaba parte.

Si quiere llorar llore por los miles de torturados y prisioneros de la dictadura de Pinochet, que según la Comisión Valech fueron cerca de 50 mil chilenos. Si quiere llorar llore por los 5 mil muertos y desaparecidos de la dictadura de la que su partido es culpable por pedir la intervención de las FFAA y aplaudió sus crímenes. Si quiere llorar se puede compadecer del pueblo nación mapuche, que durante los años que usted estuvo a cargo de la seguridad del país mandó a ocupar militarmente. La Araucanía pagó producto de sus órdenes con un gran saldo de heridos, muertos y presos. Si quiere llorar, llore por las madres de los detenidos desaparecidos, que durante casi 50 años los han buscado y ni siquiera tienen un lugar para depositar sus flores a sus seres queridos. Por último, si quiere llorar llore por los campesinos y habitantes del Valle de Petorca que han visto morir sus siembras y su ganado por la acción criminal del robo de agua que usted hace de sus pozos.

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Aquí una foto muy sonriente de usted señor Pérez Yoma con el principal asesino de Chile, Augusto Pinochet, junto al ex Presidente Eduardo Frei hijo. Claro que esta vez aparece muy sonriente y sumiso.

Hugo Farías Moya

23 de junio de 2020

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