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Argentina – Hacia la Huelga General

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por Eduardo Lucita

El curso de los acontecimientos parece indicar que el país marcha más tarde o más temprano a una gran confrontación social. Nótese que no afirmo más temprano que tarde, es que la experiencia nos ha enseñado que los tiempos para el desenvolvimiento de la lucha de clases no siempre, o más bien casi nunca, son predecibles. Siempre hay un grado de espontaneidad, aunque cierto también que relativa.

Tal como están las cosas podría suceder que en algunos meses las contradicciones e inconsistencias de un programa de ajuste que tiene como objetivo casi exclusivo hacer cero el déficit fiscal en poco tiempo, sin contemplar mínimas medidas compensatorias en lo social, podría terminar en una crisis política que lleve primero a gobernar por Decreto de necesidad y urgencia (DNU) y finalmente se resuelva con un recambio presidencial (cualquiera fuere la forma que este recambio adopte), pero también podría ser que el gobierno del ajuste pase el rubicón de estos próximos meses y luego de idas y vueltas, de devaluación y más ajuste, de cambios ministeriales y de personajes consiga apaciguar la inflación y controlar la situación política. Se lanzaría entonces a unificar los tipos de cambio, si consigue dinero fresco (que no es imposible aunque no inmediato) podría implementar la competencia de monedas a la que en principio, ante las negativas del FMI y EE UU, quedaría reducido el proyecto dolarizador de Milei.

Si el desemboque de la crisis fuera el primero ante la falta de una oposición sistémica organizada, podría que el recambio de gobierno fuera más a la derecha de lo que hoy está, o que el peronismo finalmente despierte de su letargo y negocie alguna alternativa vía gobernadores. Por el contrario, si fuera la segunda estaríamos frente a una reorganización del régimen político-económico del país con modificaciones estructurales de difícil reversión salvo un proceso revolucionario que no pareciera por ahora, aunque las grandes crisis acompañadas de una fuerte inestabilidad política como la actual pueden desembocar en estallidos sociales que -no siempre- impulsen grandes saltos en la conciencia y en la acción de las masas.

En cualquiera de las dos situaciones el pueblo trabajador está muy desprotegido, hay resistencias y hay reservas democráticas, pero de esto no se sale solo con resistencias, obviamente absolutamente necesarias, sino promoviendo un plan de lucha (para el que hay que definir las formas y su contenido, teniendo en cuenta la crisis identitaria y la fragmentación existente) que desemboque en la paralización del país.

Pero no se trata de un paro general, al que solo hay que ponerle fecha. Se trata de desenvolver una política que desemboque en una Huelga General Política que se construye desde abajo. Tenemos experiencias históricas: la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre en 1959 que llevó a la paralización del país por el teléfono árabe antes que la CGT llegara a declararla. También el Rodrigazo cuando fue empujada desde abajo por las Coordinadoras del 75 (fuerte inserción de la izquierda revolucionaria), que obligó a la CGT y desembocó en la primer huelga general contra un gobierno peronista. Claro que era otra época y otro movimiento obrero.

Hoy, la inserción de la izquierda en general y de los sectores combativos en el movimiento obrero organizado es muy baja, sobre todo en el proletariado industrial. Esto plantea un problema para la agitación y propaganda hacia la HG.

Se necesitará una alianza amplia desde la izquierda anticapitalista organizada, sea partidaria o no, hasta los sectores combativos y progres del peronismo. Como escribió De Santis,  un viejo militante del movimiento obrero

Será necesaria una coordinada actividad de la militancia que combine distintas y variadas actividades, movilizaciones en las ciudades y en los barrios de las grandes ciudades con las modalidades que surjan de la creatividad de las masas y de las propuestas de los diferentes sectores, y combinarlas con una intensa campaña de agitación con el objetivo de sensibilizar cada día a nuevos y mayores sectores del pueblo.

Una huelga que triunfe y abra un amplio espacio de movilización popular la debemos construir nosotros, desde las bases, paso a paso, con disciplina, con perseverancia y convicción de su concreción.

En las condiciones objetivas actuales se construye desde las bases y se sanciona desde arriba.

Tal vez una salida, para evitar disputas partidarias y de grupos (producto de políticas de autoconstrucción, del patriotismo de partido y de diferencias ideológicas) sería constituir un Comité Promotor de la Huelga General conformado por un representante representativo de cada fuerza o grupo (pienso en el SUTNA, en Aceiteros, en Sipreba, en la AGD, en ADEMYS, en los ferroviarios del Sarmiento, en los metrodelegados, en dirigentes de la Corriente Federal etc. etc.…) que convoque, planifique y coordine las diversas actividades que puedan realizarse para preparar la HG, bajo un mismo lema y con la misma firma (la del Comité). Y en paralelo entrevistarse con la CGT; hay espacio. Se vio el 24E cuando el movimiento obrero organizado convocado por la CGT actuó como el caudillo de la sociedad convocando al conjunto de las y los explotados, oprimidos y excluidos de la sociedad del capital. Se vió en la asamblea bancaria, con más de 3 000 trabajadores a la que asistieron Daer y Moyano. Se vio estos días cuando la asamblea de Télam se hizo en el histórico salón central de la CGT. Se sabe que hay un diálogo fluido entre dirigentes de sindicatos clasistas y combativos y dirigentes de la CGT, claro que también hay reticencias, pero lo peligroso de la situación impone privilegiar la unidad de clase por sobre todo otro interés.

Con una amplia unidad del activo militante se podrían constituir miles de piquetes que recorran las fábricas y los lugares de trabajo, los barrios obreros, las principales concentraciones urbanas y centros de transporte, que expliquen las implicancias políticas y sociales de la crisis actual y el drama social que se cierne sobre el país. Que agiten y propagandicen, haciendo docencia, el porqué de la necesidad de una HG. Tenemos que ir hacia el movimiento con  audacia y decisión, pero también con la actitud de saber escuchar y no tutelar.

Tenemos a favor el estado deliberativo que se ha instalado al compás del desenvolvimiento de las luchas parciales y de las asambleas barriales, para disputar el sentido común, la conciencia y la voluntad del pueblo trabajador al gobierno y a los partidos del capital.

La convocatoria y participación en la huelga general puede dirigirse exclusivamente a la clase trabajadora o ser más amplia y alcanzar a otros sectores y organizaciones sociales no tradicionales del movimiento obrero cuando también están  cruzados por la crisis. Es nuestro caso hoy.

Fuente: Viento sur

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