por Franco Machiavelo
Cuando el poder imperial comienza a tambalearse, sus peones regionales descubren que los amos también pueden perder.
Una eventual derrota electoral de la derecha ultraconservadora en Estados Unidos y un retroceso político de Donald Trump podrían desencadenar un terremoto ideológico y geopolítico en América Latina. Porque los proyectos autoritarios que hoy se presentan como fuerzas invencibles tienen algo en común: necesitan del respaldo político, económico, mediático y estratégico de Washington para sostener buena parte de su influencia.
Y cuando el centro de gravedad comienza a desplazarse, los satélites empiezan a perder estabilidad.
Durante décadas, América Latina ha sido tratada como un territorio de influencia, un espacio donde determinadas élites económicas y políticas han aprendido a gobernar mirando hacia el norte, confundiendo soberanía con obediencia y democracia con protección de los intereses del capital concentrado.
Pero los pueblos no son propiedad de ningún imperio.
Si el trumpismo sufre una derrota política importante, muchos de sus admiradores latinoamericanos podrían comenzar a sentir el frío de la incertidumbre. Aquellos que construyeron su discurso sobre el nacionalismo autoritario, la persecución del adversario, la militarización de la sociedad y la subordinación de los intereses populares a los grandes grupos económicos podrían descubrir que el respaldo internacional no es eterno.
¡Y EN AMÉRICA LATINA MÁS DE ALGUNO COMENZARÁ A TEMBLAR!
¡EL ESCUDO DE LAS AMÉRICAS PODRÍA COMENZAR A RESQUEBRAJARSE!
Ese llamado escudo de las Américas, presentado bajo el lenguaje de la seguridad, la cooperación y la defensa hemisférica, merece una pregunta fundamental: ¿seguridad para quién y protección de cuáles intereses?
Porque la seguridad de los pueblos no puede convertirse en una excusa para perpetuar la dependencia, militarizar las fronteras, disciplinar a las sociedades o convertir los recursos naturales en mercancías al servicio de intereses extranjeros.
La verdadera seguridad consiste en tener educación, salud, trabajo digno, soberanía alimentaria y libertad para decidir el propio destino.
¡EL NEGOCIO DE LA GUERRA TAMBIÉN PODRÍA ENTRAR EN UNA NUEVA ETAPA!











