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¡¿POR QUÉ LA PÉRDIDA DEL DINERO PREVISIONAL DE LOS TRABAJADORES PUEDE CONVERTIRSE EN UN GRAN NEGOCIO PARA LA CLASE EMPRESARIAL Y LOS BANCOS INTERNACIONALES?!

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Por Franco Machiavelo

¡EL TRABAJADOR ASUME EL RIESGO, EL CAPITAL ADMINISTRA EL DINERO Y EL SISTEMA PROTEGE SUS PROPIOS INTERESES!

Hay una contradicción brutal en el corazón del sistema de AFP: los trabajadores pueden perder parte de los ahorros acumulados durante décadas de esfuerzo, mientras las instituciones financieras que administran esos recursos pueden seguir cobrando comisiones por sus servicios.

¡He aquí una de las grandes paradojas del capitalismo financiero! El trabajador pone el dinero, entrega los frutos de su trabajo y carga con la incertidumbre de los mercados; entretanto, las administradoras ejercen su poder sobre enormes masas de capital y participan de una industria que genera ingresos por la gestión de esos recursos.

¡Cuando las inversiones suben, el sistema proclama las virtudes del mercado; cuando caen, es el trabajador quien contempla con angustia cómo disminuye el valor de sus ahorros!

¿Dónde queda la justicia social cuando el destino de una parte fundamental de la futura jubilación de millones de personas depende de las fluctuaciones de los mercados financieros internacionales?

¡EL DINERO DE LOS TRABAJADORES SE CONVIERTE EN PODER PARA EL CAPITAL!

Los ahorros previsionales no son dinero surgido de la nada. Son el resultado de años de trabajo, sacrificios, jornadas agotadoras y salarios que muchas veces apenas alcanzan para vivir dignamente.
Sin embargo, esos recursos ingresan a un circuito financiero en el que grandes bancos, fondos de inversión y empresas pueden adquirir una enorme capacidad económica.

El trabajador ahorra para sobrevivir en su vejez; el sistema financiero administra esos recursos dentro de una estructura que también responde a sus propios intereses económicos.

¡El dinero que representa la seguridad futura del trabajador se convierte, durante décadas, en capital disponible para financiar actividades empresariales y operaciones financieras!

Y aquí surge la pregunta fundamental: ¿quién ejerce el poder sobre ese dinero y quién soporta las consecuencias cuando las inversiones fracasan?

Porque no es lo mismo administrar capital ajeno que arriesgar el patrimonio propio. Tampoco es lo mismo cobrar por administrar recursos que depender de ellos para pagar la alimentación, los medicamentos y la vivienda durante la vejez.

¡LA GRAN FARSA: CONFUNDIR EL AHORRO PREVISIONAL CON UNA SIMPLE INVERSIÓN FINANCIERA!
No se puede culpar al pueblo por este gobierno facho nazi de ultraderecha!

Las izquierda y los reformistas burgueses cometieron enormes errores… desde una candidata incompetente con un programa neoliberal de derecha, hasta una elite política y parlamentaria arrodillada!

Una reflexión final
La frase de Joseph de Maistre puede servir como advertencia sobre la relación entre una sociedad y sus instituciones, pero también puede utilizarse injustamente para culpar a quienes sufren las consecuencias del poder.

Quizá una formulación más humana sería esta:
«Los pueblos no siempre tienen los gobiernos que merecen; muchas veces tienen los gobiernos que las circunstancias, las desigualdades y las contradicciones de su tiempo les permiten elegir. Y su dignidad se revela en la capacidad de aprender, organizarse y luchar para cambiar su destino».

Porque lo verdaderamente triste no es que un pueblo se equivoque.

Lo verdaderamente triste es que llegue a creer que su sufrimiento es inevitable, que la injusticia es natural y que ya no tiene derecho a construir un futuro diferente. 

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