Claudio Katz 1
Tecno-feudalismo es la denominación más reciente, difundida y sorprendente del
capitalismo digital o de plataformas. La principal diferencia con los dos términos más
utilizados y pertinentes para caracterizar el modelo actual es el desconocimiento de su
carácter capitalista. En lugar de añadir algún concepto o calificativo para describir la
gravitación de la dimensión informática, el nuevo enfoque opta por complementar ese
rasgo (tecno) con una noción frontalmente antitética al capitalismo (feudalismo).
LA ANALOGÍA CON EL MEDIOEVO
Esa asombrosa caracterización estima que el poder corriente de los capitalistas
ha quedado sustituido por el control que ejerce un puñado de firmas digitales sobre toda
la actividad económica. Postula que al manejar el principal recurso del modelo actual
(los datos), esas compañías obtienen enormes rentas de todo el resto. Usufructúan de la
provisión gratuita de la información por parte de los usuarios, explotan a los
trabajadores del sector avanzado y someten a los capitalistas ajenos a la elite
informática. Todos tributan a los billonarios del mundo digital.
Este enfoque considera que el dominio de ese puñado de firmas se consuma a
través de su poder monopólico. Las firmas que manejan las plataformas obtienen
suculentas rentas por procesar y monetizar los datos que utiliza la economía. Han
desarrollado, además, algoritmos para anticipar y moldear los comportamientos de
todos los integrantes de la sociedad.
La principal conclusión de este diagnóstico es la autodestrucción del
capitalismo. Plantea que ese sistema provocó su propio suicidio al reemplazar la
ganancia por la renta, el mercado por la manipulación de las plataformas, la
competencia por el monopolio y la dominación de la clase capitalista por la
preeminencia de los nuevos acaudalados digitales.
Esa mirada estima que el fin del capitalismo fue iniciado con la captura de
Internet y las plataformas por parámetros semejantes al feudalismo. Entiende que, para
acceder a esos nodos las empresas abonan un tributo y han quedado convertidas en
vasallos de los “propietarios de la nube”.
Considera que los restantes actores de la vida económica están igualmente
sometidos a una condición comparable a los siervos del Medioevo 2 . Postula que todos
los excedentes se han transformado en rentas capturadas por la nueva nobleza de la
informática. Afirma que los mandantes digitales dominan como los antiguos señores,
recaudando pagos en un sistema que dejó atrás al capitalismo 3 .
Este enfoque también destaca que la nobleza tecno-feudal apresó al sistema
político, subordinando todo el ciclo económico a ese control 4 . Observan en la IA una
aceleración esas tendencias y entienden que la burbuja financiera no amenaza el
dominio de la nueva clase nubalista 5 .
EVIDENCIAS DE CAPITALISMO
No cabe duda que en la actualidad rige otro esquema de acumulación, con otro
modelo, otra lógica y otras empresas en el epicentro del sistema. La tecnología digital
alteró ese funcionamiento y se transformó en un nuevo conector de todas las
operaciones económicas. Por esa razón, el liderazgo que en épocas anteriores exhibían
las firmas petroleras, siderúrgicas o automotrices ha quedado sustituido por las
empresas de la informática.
Frente a esa evidencia, numerosos autores han optado por el uso de términos –
como capitalismo digital, capitalismo plataforma, capitalismo informacional- que
resaltan esa mutación. Recurren a variados conceptos para subrayar su
complementación del capitalismo. Incluso los teóricos que más distancia pusieron con
ese cimiento a fin de resaltar la presencia de una “Sociedad de la Información”, nunca
olvidaron, ni omitieron ese pilar 6 .
Las razones de esa atención a la centralidad del capitalismo saltan a la vista: el
modelo actual cumple, ratifica y consolida los cimientos de ese sistema. Opera en torno
al trabajo asalariado, se desenvuelve con grandes inversiones y se asienta en la
competencia entre empresas que buscan maximizar las ganancias. Todas cumplen con
los requisitos del capitalismo 7 .
Resulta imposible indagar la especificidad del modelo actual si se ignora, objeta
o rechaza esas evidencias. La tesis tecno-feudal se zambulle en un insólito universo,
porque a diferencia de otros estudiosos del esquema en curso desconoce ese elemental
punto de partida.
Ciertamente el capitalismo digital altera el funcionamiento tradicional del
sistema e introduce nuevas contradicciones. Una de esas tensiones es la contraposición
entre la creciente socialización y mercantilización de la información. Pero al igual que
cualquier otro desequilibrio, ese desajuste expande contradicciones del capitalismo sin
anular la continuada permanencia de ese sistema.
A lo largo de varios siglos, el capitalismo nunca quedó anulado por sus propias
disrupciones o turbulencias y tampoco la digitalización actual modifica ese patrón. Tan
solo introduce una mayor escala de los desequilibrios que corroen al sistema.
La IA acrecienta la financiarización con burbujas descontroladas, pero inscriptas
en la típica secuencia de estallidos bancarios o bursátiles que caracterizan al
capitalismo. Lo mismo ocurre con las peligrosas operaciones de alta autonomía, que
recuerdan las convulsiones ambientales o bélicas presentes en la trayectoria del
capitalismo. Esa dinámica persiste sin ninguna regresión a un pasado feudal, que
desconocía esas tensiones.
En el Medioevo no regía ningún atisbo de competencia entre empresas para
aumentar la productividad, las ventas y las ganancias. A lo sumo, las firmas comerciales
que bordeaban a ese régimen se expandían con los lucros resultantes de comprar barato
y vender caro. La compulsión a incrementar la productividad introduciendo cambios
tecnológicos surgió con la Revolución Industrial y quedó instalada como la norma
central e invariable del capitalismo.
Las mega firmas digitales están sujetas como todos sus pares de otros ámbitos a
la misma exigencia. Están forzadas a un enloquecido ritmo de innovación por la presión
de la competencia y por el barómetro de la ganancia, que somete el gerenciamiento de
las firmas a los indicadores bursátiles. El comportamiento de esas cotizaciones define el
ritmo, la estrategia y las decisiones de todas las empresas, porque es el sismógrafo de la
ganancia. Los gigantes de la tecnología son empresas particularmente atadas a esa
tiranía.
Por dónde se lo vea, la economía digital opera en Occidente al compás del
capitalismo, con mayor transparencia que en ningún otro momento de la historia
reciente. Desconocer esa evidencia postulando que comandan el regreso a la era feudal,
atenta contra cualquier posibilidad de comprender lo que está sucediendo.
El vértigo que domina la conducta de esas firmas es el indicador más visible de
su carácter capitalista. Esos ritmos eran desconocidos en etapas históricas precedentes,
porque las temporalidades de la sociedad estaban sujetas al letargo agrario o a la
discordancia de las guerras.
El capitalismo introdujo la velocidad contemporánea, acelerando todos los
ritmos de la producción bajo el látigo del trípode competencia-productividad-ganancia.
Las firmas tecnológicas están sujetas a esa compulsión y su liderazgo en gran medida
obedece a la aceleración que introducen en los ciclos de rotación del capital, para
inducir mayores incrementos del beneficio 8 .
La impronta categóricamente capitalista de estas compañías se verifica, además,
en el tipo de crisis que están suscitando. Ese desequilibrio reúne todas las características
de la sobreinversión, es decir de un excedente de capitales agolpado en cierto sector por
las expectativas de mayores ganancias que en el resto de la economía.
Las inéditas cifras de fondos capturadas por las firmas tecnológicas de Wall
Street, no guardan ninguna relación con el rendimiento que prometen. Por esa razón, se
espera algún temblor financiero de gran escala, antes que IA exhiba efectivamente su
impacto en la producción.
Esa sobreinversión es sinónimo de capitalismo. No existe ningún otro rasgo que
sintetice con mayor contundencia las características del sistema actual. Ese
desequilibrio ilustra cómo funciona, se corroe y estalla periódicamente el capitalismo.
Con solo observar, registrar y constatar este dato alcanza y sobra para reconocer la
presencia dominante de ese sistema en la economía digital.
Ni siquiera se necesita precisar si esa sobreinversión se gestó primordialmente
en la esfera del consumo, la producción, la ganancia o las finanzas. Esa indagación es
tan solo complementaria del reconocimiento elemental de su carácter capitalista. Como
los teóricos del tecno-feudalismo no perciben este punto de partida, toda su
construcción está corroída por un gran despiste.
OMISIÓN DE LA PLUSGANANCIA
La creencia que el tecno-feudalismo ha sustituido al capitalismo se fundamenta
en un supuesto de reemplazo de la ganancia por la renta. Los teóricos de esa sustitución
postulan que el cimiento del beneficio (asentado en la plusvalía) ha quedado suplido por
el provecho que imponen los “dueños de la nube” al resto de la sociedad.
Describen como esos propietarios condicionan los comportamientos de todos los
compradores, induciendo deseos, vendiendo los productos derivados de esa predilección
y extrayendo rentas del circuito de esa compra. La analogía con el feudalismo surge de
los parecidos que observan en esa tributación con los señores de la tierra del Medioevo 9 .
Pero lo que capturan las grandes empresas tecnológicas del resto de la economía
no es un gravamen impuesto por la fuerza, sino un excedente surgido del propio circuito
de inversión, producción, consumo, ganancia, acumulación y reinversión que rige bajo
el capitalismo.
Los ganadores del capitalismo digital no imponen rentas forzosas a las firmas
excluidas del nicho dominante, sino que absorben las plus-ganancias que embolsan de
sectores marginados del control de ese excedente. Ese remanente es una plusvalía
extraordinaria y no una renta, porque se nutre del trabajo realizado y no remunerado a
los asalariados en que se cimenta el capitalismo.
La plusvalía no es capturada en forma individual por los dueños de cada
empresa, sino que alimenta un circuito general de reproducción del capital, que
redistribuye esa masa de valor entre todos los capitalistas participantes de la
acumulación.
Los sectores patronales que obtienen privilegios de ese reparto, acrecientan sus
beneficios capturando una tajada mayor de la plusvalía total. Aprovechan las ventajas
transitorias que logran por su manejo de un recurso escaso, por sus mayores soportes
financieros, por su dominio de un monopolio comercial o por el control de una
innovación tecnológica que todos sus rivales necesitan y demandan 10 .
Las cambiantes modalidades que asume esa plus-ganancia han sido muy
debatidas en la economía marxista. Son beneficios empresariales superiores, que
emergen de condiciones específicas de la producción (firmas que operan con una
productividad superior a la media), o de alguna ventaja en el manejo de la oferta o la
demanda. Esas ganancias no conforman nunca rentas ajenas al capitalismo. Son
beneficios mayores derivados de la competencia que rige en ese sistema 11 .
La modalidad de plusvalía extraordinaria que impera bajo el capitalismo digital
constituye una variante de la clásica plus-ganancia tecnológica, que capturan las
empresas innovadoras. No es un invento, ni una novedad de era informática. Recrea lo
ocurrido en el pasado con todas revoluciones tecnológicas y por esa razón, el lugar en el
podio del ranking capitalista que actualmente ocupan las firmas digitales, estuvo en el
pasado en manos de compañías ferroviarias, siderúrgicas, químicas o automotrices. En
cada período histórico del capitalismo, alguna rama obtuvo ganancias por encima de la
media, siempre derivadas de su transitoria captura de la plusvalía extraordinaria.
Este tipo de plus-ganancia es visto con gran frecuencia como un sinónimo de la
renta tecnológica. Esa denominación corriente es válida, si se recuerda que su origen
proviene de un mecanismo capitalista de captura de los excedentes. Ese concepto no
tiene nada que ver con el feudalismo. Obedece a una superioridad tecnológica que
permite el control de las patentes exhibido por Apple, Microsoft, Amazon o Facebook o
el protagonismo que ejercen en toda la cadena de valor 12 .
Con ese poderío canibalizan a los competidores y afianzan la elite de los
billonarios. La renta digital en la que se asienta ese poder, no tiene ningún parentesco
con la renta agraria que imponían los nobles a sus vasallos de manera compulsiva, en el
mundo agrario de la era feudal.
OTRO TIPO DE RENTAS
El término renta es también utilizado para destacar cómo las firmas digitales
obtienen lucros con las ventas de publicidad. Esa comercialización es una fuente de
mucho dinero para firmas como Google o Facebook.
Pero ese ingreso supone el mismo tipo de renta comercial que predomina entre
otros gigantes de la intermediación. Es un servicio de publicidad que ha desarrollado el
sistema para potenciar las ventas y supone un gasto creciente en todos los procesos de
circulación del capital.
Esa renta comercial constituye una detracción de la plusvalía generada en
proceso productivo, que el sistema recicla para consumar la realización del valor de las
mercancías. La renta comercial resultante de esa necesidad es tan capitalista como la
tecnológica, porque constituye un procedimiento insoslayable para el funcionamiento
del sistema. No son rentas ajenas o contrapuestas al capitalismo, sino dispositivos
intrínsecos que recrean a ese sistema.
Incluso los monopolios naturales -que surgen del control sobre un recurso escaso
y generan rentas agrarias, mineras o energéticas- están integrados a la reproducción
capitalista, a través de los mecanismos financieros, comerciales o productivos que los
conectan con los epicentros del sistema 13 . La renta que obtienen los jeques de petróleo,
los dueños de latifundios o los propietarios de minas auríferas es tan poco feudal, como
la manejada por Google, Apple o Amazon. Esa variable tiene contenidos disímiles en
cada régimen social y se amolda bajo el capitalismo a la dinámica de este sistema 14
PEAJE, COERCIÓN Y RAPIÑA
Los teóricos del tecno-feudalismo observan al circuito actual de plataformas,
como un entramado de islotes manejado por billonarios digitales. Consideran que ese
control se ejerce por medio del pago de peajes, a todos los que circulan por esas
instancias en operaciones de compra y venta de productos.
Afirman que ese gravamen se asemeja al impuesto de carretera, que los
estudiosos del feudalismo denominaron “tasas señoriales”. Señalan que, emulando a los
antiguos señores feudales, las corporaciones de la informática cobran diezmos digitales
a los productores y usuarios que interactúan en los ecosistemas cerrados de la nube 15 .
También en esta versión atenuada del enfoque tecno-feudal se estima que las
plataformas han sustituido a los mercados y por esa razón, destaca la preeminencia de
un despótico tributo divorciado de las normas que rigen al capitalismo.
Pero la analogía de clientes con campesinos, plataformas con castillos y
empresas con caballeros, simplemente olvida que el mundo actual no está regido por las
normas de coerción extraeconómica, que sustentaban las rentas del feudalismo. El
capitalismo incluye otra variedad de rentas, amalgamadas a su funcionamiento en torno
a la competencia por ganancias surgidas la explotación.
La plusvalía es el epicentro de todos procesos de producción, acumulación,
circulación y reproducción del capital, que incluyen también rentas tecnológicas,
comerciales, agrarias o financieras. Esas variables están integradas al sistema como
rentas capitalistas y no feudales. No determinan la dinámica del curso económico, sino
que operan como derivados, apéndices o complementos de un circuito centrado en la
explotación de los trabajadores y la competencia entre los capitalistas.
La versión leve de la tesis tecno-feudal también argumenta que la creciente
captura del poder político por parte de los billonarios digitales, asemeja al mundo actual
con la era medieval. Destaca la presencia de la misma disolución de fronteras que
separan a la economía y la política. Por eso estima que los dueños de la nube dominan
por medio de la fuerza que les brinda su control del Estado 16 .
Pero no es la primera vez que el sector más dinámico y poderoso de los
acaudalados acrecienta su manejo de las palancas estatales. Ese predomino se registró
muchas veces y nunca simplificó las relaciones entre las capitalistas y las burocracias
que manejan los Estados. Las incontables mediaciones que organizan el funcionamiento
de la sociedad contemporánea, no desaparecen por ese predomino de millonarios del
acero, magnates de la construcción, acaudalados de la banca o billonarios de la
informática.
Las clases capitalistas nunca han dominado ejerciendo el poder despótico que
tenían sus antecesores de la era feudal. Actúan en un sistema que exige numerosas
instancias de gestión política. Esas mediaciones operan en forma complementaria o
autónoma del poder económico directo. No es lo mismo gobernar arbitrando entre
numerosos sectores de la burguesía, amplios segmentos de las clases medias y
poderosos contingentes de los trabajadores, que reinar en la simplificada sociedad de
campesinos y terratenientes del mundo feudal.
El supuesto de regresión feudal se asienta también en cierta analogía del
estancamiento que signó el declive del Medioevo, con la decadencia de la sociedad
actual. Pero es evidente el abismo que separa el letargo de esa era, con el incontrolado
dinamismo del siglo XXI. Todo el debate sobre el “fin del mundo” que augura la
Inteligencia Artificial retrata un desmanejo, que se ubica en las antípodas del mero
estancamiento 17 .
Las modalidades de depredación contemporánea ilustran la madurez, el
agotamiento o el declive del capitalismo actual, pero no su reemplazo por un régimen
precedente. El capitalismo digital no entraña ninguna sustitución de relaciones
mercantiles por conexiones neotributarias, impulsoras del saqueo y el robo. Las rapiñas
actuales se inscriben en la lógica capitalista de la “acumulación por desposesión”, es
decir en procesos estrechamente conectados con las propias necesidades de la dinámica
capitalista 18 .
Algunos autores observan semejanzas de la ganancia digital con el peaje feudal,
en el manejo que tienen los grupos dominantes de todo el circuito económico. Esa
supremacía es también asociada con la financiarización por la presencia de una ganancia
derivada de la mera intermediación parasitaria.
Pero también aquí olvidan que bajo el capitalismo la renta bancaria no es una
mera punición prescindible y apropiada por inútiles aprovechadores. Cumple un papel
insoslayable para la continuidad de la acumulación, mediante los préstamos que
mantienen ininterrumpidos los procesos de reproducción. Desenvuelve una actividad
indispensable para movilizar el crédito, organizar la producción y generar derechos
sobre la plusvalía futura 19 . La tesis tecno-feudal impide reconocer esas funciones y
comprender su conexión con el capitalismo digital de nuestro tiempo.
CONTRADICCIONES DE OTRA ÍNDOLE
Otra mirada de la tesis tecno-feudal considera que la competencia clásica ha
quedado reemplazada por la mera coordinación de actividades entre los dueños de las
plataformas. Entiende que ese manejo ha desembocado en la captura del valor existente,
más que en la creación de nuevos productos con el consiguiente estancamiento de la
economía 20 . Afirma que ese curso instauró la preeminencia del saqueo en un universo
de “gleba digital” gobernado por la simple depredación 21 .
Pero ese retrato de feudos digitales carcomidos por la regresión económica no se
condice con la euforia de inversión que impera en el sector y tampoco con el nuevo pico
de la revolución tecnológica que introduce la IA.
Esa última efervescencia anticipa un próximo desastre financiero por la burbuja
bursátil, un dramático agravamiento de la desigualdad, una mayor sangría bélica por el
uso militar de la informática y quizás impensables tragedias por el descontrol de los
robots. La causa de esos terribles efectos es el capitalismo que no puede regular, ni
contener las consecuencias de su funcionamiento competitivo, en su enceguecida
búsqueda de lucros y en su insaciable apetito de plusvalía.
El estancamiento, la depredación y el saqueo constituyen a lo sumo eslabones
parciales y complementarios del motor del sistema, que es la presión por mayores
ganancias resultantes de la explotación en que se asienta el capitalismo. Resulta
imposible comprender (y combatir) la lógica de este proceso, si se supone que el
sustento capitalista de ese proceso ha sido sustituido por antiguas normas de renta y
vasallaje.
Es cierto que Estados Unidos es una economía en declive, que padece
estancamiento o baja productividad y recurre a la guerra para sostener su primacía. Pero
esa decadencia justamente obedece a que concentra como ninguna otra economía, todas
las contradicciones del capitalismo. Está afectada por la exacerbación de esos
desequilibrios. No sufre la ausencia de innovaciones del pasado feudal, sino el mal
opuesto: la incapacidad para aplicar las transformaciones tecnológicas que genera en su
propia esfera productiva.
Es un desequilibrio completamente antagónico al imperante durante el letargo
del Medioevo. Efectivamente recurre a la depredación en gran escala de los países que
somete, pero esta sujeción neocolonial está alimentada por una necesidad de
competencia que estaba ausente en la era del vasallaje.
Los despiadados motores de la expansión que introdujo el capitalismo en su
nacimiento, no se han apagado en el siglo XXI. Al contrario, operan con mayor
ferocidad que en esa época, porque la presión competitiva, la masa de productos
excedentes, la retracción del consumo y el declive porcentual de la tasa de ganancia son
mayores que en el pasado. Lo que exacerba todas las turbulencias actuales es ese
acrecentamiento de pesares generados por el capitalismo y no la fantasiosa
autoeliminación de ese sistema.
La hipótesis de un mero estancamiento como explicación de la crisis
contemporánea fue «capitalismo rentista». Afirmaban que la ausencia de inversiones genuinas y
la consiguiente hipertrofia de actividades en la esfera financiera, concentraba todos los
desequilibrios del sistema en el sector bancario. Estimaban que esa traslación
multiplicaba el parasitismo, la improductividad y la ausencia de innovación en todos los
segmentos de la economía real 22 .
Esa mirada percibió la financiarización que desembocó en la gran crisis de las
hipotecas en el 2008, pero fue acertadamente objetada por los autores que criticaron su
representación fantasmal de los problemas del capitalismo. Cuestionaron especialmente
su desconocimiento de las determinaciones productivas de esos desequilibrios, en
contradicciones de la acumulación, la inversión, la ganancia y el consumo 23 .
La pertinencia de estos planteos ha salido a flote en el período actual de
capitalismo digital. Este modelo solo puede entenderse reconociendo los pilares
productivos del sistema, que han dado lugar a una revolución tecnológica impulsada por
la competencia entre empresas que disputan beneficios, ventas, ganancias y mercados.
La mirada del capitalismo como un régimen rentista impide registrar esa
dinámica. Salta a la vista que, si la Inteligencia Artificial ha cobrado tanta centralidad es
porque el capitalismo no ha quedado reducido al mero parasitismo de las ruletas
financieras.
Pero mientras que en la década pasada los debates sobre el estancamiento tenían
cierto sentido por su identificación con la financiarizacion, en actualidad han perdido
esa consistencia frente a la preeminencia del capitalismo digital.
Se puede acusar a los banqueros de parásitos, pero no es muy sensato extender
esa imputación a los gestores de la IA. Existen un divorcio con los procesos productivos
por parte de los ejecutivos de Black Rock, pero no entre los artífices de las tecnologías
digitales.
La falta de inversiones genuinas que rodea al mundo de las finanzas, no se
extiende al universo de las redes y la informática. La tesis tecno-feudal intenta
extrapolar las críticas a la financiarización a otro período, sin registrar que el
capitalismo de plataformas está afectado por contradicciones de otra índole.
PROLETARIOS Y SIERVOS DE LA NUBE
El principal cimiento de la tesis tecno feudal es su caracterización de la renta
digital como un trabajo gratuito confiscado a los usuarios. Ese postulado ilustra las
distancias que separan a ese enfoque de las teorías convencionales de la ganancia, que
observan a ese lucro como una retribución a la inversión, una remuneración los
emprendedores o un premio al riesgo y la abstención al consumo.
Al igual que el marxismo, la visión tecno-feudal sitúa la fuente del beneficio en
la expropiación de un trabajo realizado y no pagado a sus gestores. Resalta que esa
ganancia no proviene de los méritos del capitalista, sino de su aprovechamiento del
trabajo ajeno.
Con ese fundamento estima que los “señores de la nube” lucran con la opresión
de los “siervos digitales” que proveen datos a las plataformas, luego de sufrir la
manipulación de atención, publicidad y compras que impone su continuada atadura a las
pantallas. El individuo conectado en red es visto como un servidor atrapado y moldeado
por el algoritmo, que produce las rentas apropiadas por la nobleza digital 24 .
En ese vasallaje se asienta la analogía con el feudalismo que se apropiaba del
trabajo gratuito de los campesinos 25 . Esa misma configuración se habría instaurado
actualmente en el mundo de las redes, en la medida que todos teclean los datos
confiscados por la nueva casta tecno-feudal.
Pero ninguno de esos usuarios está sujeto a las coacciones extraeconómicas que
imperaban en el Medioevo. Desenvuelven su cotidiana conexión con las redes por
compulsión, deseo, alienación o necesidad, pero en ningún caso por imposiciones
forzosas. Y esa aparente independencia es una característica central de las relaciones
mercantiles. Bajo la compulsión económica que impone el capitalismo, todos los
agentes actúan con esa formal libertad.
Esa sustancial diferencia con la era coactiva del feudalismo define porque razón
el usuario no es un siervo. No actúa en el ámbito de las rentas naturales, ni genera
acciones determinadas por un mandato de explícito sometimiento a los dueños del poder
económico 26 .
DISTINCIONES BÁSICAS
La mirada tecno-feudal supone que todos los usuarios trabajan por el solo hecho
de estar conectados, subiendo los datos que las empresas les sustraen. Pero esa
confiscación -que constituye un indudable hurto- no es sinónimo de explotación.
Implica adversidades e injusticias de todo tipo para un usuario manipulado,
mercantilizado, alineado y engañado para operar a favor de otro sin ninguna retribución.
Pero ese desfalco no equivale a una explotación, si el usuario está consumiendo,
descansando o jugando en las redes. El primer tipo de sujeción presupone una relación
laboral, que no está invariablemente presente en cualquier conexión, ni tampoco en la
propia condición del usuario 27 . Su aporte de muchos o pocos datos a las redes indica, en
todo caso, una nueva modalidad de expropiación, pero no de explotación, ni de trabajo
no remunerado.
Entre los “proletarios de las nubes” se verifican esos pesares, pero no en el
bloque genérico de los usuarios. Por esa razón, hay que diferenciar qué tipo de actividad
realiza cada individuo frente a la pantalla, para determinar si está trabajando (y
generando plusvalía) o no 28 .
Si está realizando cualquiera de las infinitas tareas laborales que actualmente se procesan en las redes, nutre la plusvalía que alimenta al capitalismo digital, pero si está consumiendo, conversando o usufructuando de su tiempo libre, no participa de esa generación de excedentes.
En ese último caso, actúa como un consumidor que aporta los datos expropiados por las mismas empresas, que posteriormente lo encadenan como cliente a través de la publicidad. No es lo mismo participar por zoom de una reunión laboral, que de un encuentro entre amigos y colocar situaciones tan contrapuestas en la misma bolsa de siervo de la red, impide comprender la lógica del capitalismo digital.
Dentro de Internet se desenvuelve actualmente una inmensa variedad de trabajos
remunerados, no remunerados, reproductivos o directamente productivos. Es
obviamente indispensable reclasificar esas actividades, en sintonía con los gigantescos
cambios que ha registrado el capitalismo 29 .
Pero ese reordenamiento exige reafirmar ciertas diferencias básicas de la
economía política, que distinguen al productor del consumidor y al trabajador del
comprador. Si esas condiciones cualitativamente diferenciadas del proceso de
producción y circulación de mercancías son olvidadas, ya no hay brújula para indagar
los secretos del capitalismo contemporáneo.
El usuario que ingresa datos y es inmediatamente atrapado por el algoritmo -que
conoce sus preferencias para inducirlo a cierta compra- es cualitativamente distinto del
asalariado, que cumple un trabajo asignado en la pantalla. El desconocimiento de esa
diferencia impide captar la nueva complejidad que introducen las redes en la economía
contemporánea.
Si se supone, por ejemplo, que el trabajo y el juego se mixturan en las redes en
una combinación indiferenciada de obligaciones y placer 30 , queda diluido lo que se
necesita distinguir para comprender el capitalismo digital. La tesis de los siervos
digitales extiende esas confusiones a su máxima expresión, porque perdió el orientador
básico de cualquier diagnóstico de la actualidad, que es el simple registro de la
preeminencia del capitalismo.
INUTILIDAD DE UN CONCEPTO
La tesis tecno-feudal falla en su principal propósito de explicar el nuevo
escenario creado por el imperio de las redes. Fracasa en ese esclarecimiento, en su
versión fuerte de autodestrucción del capitalismo, aunque aporte interesantes y
acertadas evaluaciones de las contradicciones financieras y monetarias del trumpismo 31 .
Esas contribuciones a los diagnósticos de la coyuntura están socavadas por desconocer
cómo se insertan en la lógica general del capitalismo digital.
La versión débil del mismo enfoque también postula comparaciones con la era
feudal, retomando alusiones de Marx a la concentración monopólica en grandes firmas
(feudalismo industrial) o de Habermas a la retracción de los espacios comunes
(refeudalización de la esfera pública) 32 . Plantea una visión más cauta del réquiem al
capitalismo, pero introduce analogías con la era medieval que oscurecen la dinámica del
capitalismo digital.
Ese enfoque subraya que el modelo actual no rejuvenece al sistema, sino que
profundiza las características regresivas que introdujo el neoliberalismo y consolidó el
escenario de crisis pos-2008 33 . Pero la tesis tecno-feudal obstruye el desarrollo de ese
acertado diagnóstico.
Tampoco sirve el sugerido objetivo de polemizar con las teorías que enaltecen
alguna variante del capitalismo frente a otras. Si se pretende subrayar que este sistema
atraviesa por un estadio de significativo declive, generando sufrimientos mayúsculos a
la población, corresponde simplemente analizar cuáles son los desequilibrios que
potencian esa pesadilla, recordando que obedecen a este sistema y no a otro.
Finalmente, la correcta percepción que la ausencia de un esperado desemboque
al socialismo agravó las calamidades del capitalismo, no requiere aditamentos
adicionales que sugieran regresiones al Medioevo. Basta con denunciar las tragedias que
provoca el capitalismo, para esclarecer las dramáticas consecuencias de su continuidad.
Toda la mirada tecno feudal introduce mucho ruido, con el uso de un término tan
llamativo como irrelevante. Ese concepto recrea los mismos problemas de otros
desconocimientos del funcionamiento capitalista, que analizaremos en el próximo y
ultimo texto.
11-10-2026
RESUMEN
La identificación del escenario digital con el rentismo medieval ignora los
incontables pilares capitalistas de ese esquema. Olvida que en el feudalismo no regía la
competencia para aumentar la productividad, ni tampoco las crisis de sobreinversión.
Confunde las antiguas puniciones forzosas con la plus-ganancia que acaparan las firmas
tecnológicas y desconoce la especificidad de las rentas contemporáneas. El capitalismo
digital se sustenta en la plusvalía y no en peajes, rapiñas o coerciones. Las
confiscaciones que sufren los usuarios no se equiparan con la servidumbre y difieren de
la explotación laboral. La tesis tecno-feudal obstruye la comprensión del capitalismo
digital.
1 Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA.
2 Varoufakis, Yanis (2024) Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesor del capitalismo
Madrid, Ediciones Deusto (p 6-8)
3 Varoufakis, Yanis (2024). Los señores tecnofeudales son la nueva clase dominante,
julio 7 https://tektonikos.website/yanis-varoufakis-los-senores-tecnofeudales-son-la-
nueva-clase-dominante/
4 Varoufakis, Yanis (2024). El auge del tecnofeudalismo,
https://jacobinlat.com/2024/07/el-auge-del-tecnofeudalismo/
5 Varoufakis, Yanis (2025). Lo que DeepSeek significa para el tecnofeudalismo y la
Nueva Guerra Fría https://www.sinpermiso.info/textos/lo-que-deepseek-significa-para-
el-tecnofeudalismo-y-la-nueva-guerra-fria
6 Castells, M. (1997). La era de la información: economía, sociedad y cultura. Vol. 1:
La sociedad red. Alianza Editorial.
7 Roberts, Michael (2025). Economía y capitalismo "progresistas"
https://www.sinpermiso.info/textos/economia-y-capitalismo-progresistas
8 Crossa Niell, Mateo (2025) Tecnofeudalismo: una crítica
https://fisyp.org.ar/2025/07/21/tecnofeudalismo-una-critica-por-mateo-crossa-niell/
9 Varoufakis, Yanis (2024). Los señores tecnofeudales son la nueva clase dominante,
julio 7 https://tektonikos.website/yanis-varoufakis-los-senores-tecnofeudales-son-la-
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14 Puello-Socarrás, José Francisco (2026). La insoportable levedad del
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32 Durand, Cédric (2025) Desborde reaccionario del capitalismo: la hipótesis tecnofeudal
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33 Durand, Cedric (2025). El capitalismo demasiado tardío. Ernest Mandel en la era
Trump Vientosur nº 198 https://vientosur.info/el-capitalismo-demasiado-tardio-ernest-
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