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BILLONARIOS Y PRECARIZADOS EN LA ERA DIGITAL

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Claudio Katz 1

Gran parte de los debates sobre la Inteligencia Artificial giran en torno a la
capacidad de las computadoras para alcanzar, sustituir o superar el cerebro humano. Esa
expectativa retoma la antiquísima búsqueda de una “máquina que pudiera pensar”, que
emergió en 1955 junto al propio término de IA, cuando el primer grupo de
científicos e ingenieros concibió esa posibilidad.

Abordaron ese desafío tratando al hombre y a la computadora como sistemas
procesadores de la información, pero dejaron establecida la diferencia entre la cualidad
humana de pensar y el efecto informático de aprender. Sin perder de vista esa distinción,
afinaron los mecanismos de computadoras para premiar las resoluciones correctas a
través del ensayo y el error 2 .

A partir de ese desarrollo, nuevos investigadores postularon la posibilidad de un
reemplazo de la mente humana por una computadora super inteligente y otros
continuaron impugnando esa creencia. La misma controversia que signó el surgimiento
de la IA ha reaparecido con gran intensidad en la actualidad

Los popes ultraderechistas del mundo digital (como Peter Thiel) retoman el
fetichismo de los primeros creyentes en la supremacía total de las computadoras.
Resaltan que los nuevos instrumentos digitales podrán superar la mente de los mortales
y remarcan las ilimitadas potencialidades de la información como recurso computable.
Con esos fundamentos desenvuelven sus tesis transhumanistas.

Pero pierden de vista que IA no opera como un autómata pensante, sino como un
algoritmo que reconoce patrones y esa identificación presenta mayor familiaridad con la
percepción que con la cognición. Es posible que el ChatGPT produzca textos que los
humanos nunca concibieron, pero lo hará reformulando los datos ya conocidos
El propio auto entrenamiento de las computadoras está inducido por decisiones
humanas y en cada etapa de ese desarrollo se definen orientaciones que las máquinas
procesan en forma automática. La elección de esas fuentes, su ponderación, la forma de
clasificarlas y el tipo de algoritmos privilegiados corresponden a decisiones humanas
influidas por la ideología, los intereses y los objetivos de sus mentores.

La obsesiva atención por discernir si la IA podrá superar al cerebro humano,
acompaña al desinterés por indagar los dos principales determinantes del desarrollo
actual de esa tecnología: el proceso de trabajo y el beneficio capitalista.

El primer campo ha sido el principal destino de las tecnologías que antecedieron
a la IA. Todas apuntaron a introducir mejoras que permitieran aumentar la
productividad de la economía. El segundo plano deriva del principal propósito de las
innovaciones bajo el capitalismo que es el incremento del lucro.

Para clarificar el rumbo de la IA es más fructífero concentrar el análisis en estos
dos campos, que en las infinitas especulaciones sobre cuándo y cómo las computadoras
destronarían al cerebro 3 .

El curso que siguió cada tecnología estuvo siempre determinado por las reglas y
contradicciones de los sistemas sociales en que se desenvolvieron. Esa causalidad jamás
fue inversa y por esa razón, ninguna máquina determinó el rumbo de una sociedad. Ese
pilar económico-social siempre operó como impulsor o freno de las trayectorias
tecnológicas y esa misma direccionalidad se repite en la actualidad con la IA.

LUCRO Y EXPLOTACIÓN

La IA transita por un nuevo peldaño de la tendencia capitalista a sustituir el
trabajo vivo y directo por el trabajo muerto ya incorporado en las máquinas. Esa
automatización emerge de la competencia por incrementar las ganancias, reduciendo los
costos y elevando la productividad.

Esa dinámica sustitutiva consumó un salto cualitativo en los años setenta con la
introducción de los robots, que anticiparon a la IA mediante operaciones de un autómata
que se mueve por sí mismo, prescindiendo de la intervención humana directa en ciertas
áreas del proceso productivo. El robot se desenvolvió reproduciendo con máquinas
automáticas las acciones físicas de los individuos y estimulando a su vez la creación de
artefactos como los lavaplatos, las fotocopiadoras o los cajeros automáticos.
La inteligencia artificial procura también reeditar las capacidades humanas, pero
en lugar de imitar las habilidades corporales pretende emular el cerebro. Se desarrolló
con instrumentos para reconocer la voz y jugar al ajedrez y se extendió con sofisticados
procesos para analizar, filtrar y categorizar la información, mediante algoritmos que
orientan el procesamiento de los datos hacia fines específicos.

Lo que permitió su explosivo desarrollo actual fue el almacenamiento del inédito
volumen de datos, que han logrado reunir las empresas que encabezan su
instrumentación. La emulación del cerebro mediante la digitalización alcanzó a su vez
una escala sin precedentes, con el traspaso de una frontera tras otra, en la conversión de
todo tipo de señales (sonidos, imágenes, información), en códigos formados por ceros y
unos.

Pero esa copia del cerebro ha sido motorizada por el propósito económico de
incrementar la productividad en todas las esferas de la actividad laboral. La IA no se
limita a imitar al trabajador individual, con la simple multiplicación del robot
humanoide. Los gigantes de la logística (Amazon, Alibaba, DHL, UPS), de la movilidad
(Uber, Share Now, Foodora, Deliveroo) y de las redes sociales (Facebook, TikTok,
Twitter), utilizan la IA para apuntalar el nuevo modelo de capitalismo de plataformas.
Es evidente que pretenden extender la gestión algorítmica para enriquecer a la
nueva plutocracia digital. Pero lo que suele ocultarse, es que ese propósito se efectiviza
incrementando la explotación de los trabajadores.

Si con el taylorismo las máquinas imitaban el movimiento de los cuerpos para
crear la cadena de montaje, bajo el capitalismo digital la IA reproduce procesos
mentales complejos con el mismo propósito. Las computadoras son entrenadas con ese
objetivo utilizando los gigantescos repositorios del patrimonio cultural, el conocimiento
colectivo y los datos sociales.

Su meta prioritaria es incrementar la productividad para engrosar las ganancias
de los acaudalados y por esa razón, recurren a la misma presión sobre los asalariados
que despliegan todos los patrones. Utilizan el mismo chantaje, que en el pasado se
consumaba introduciendo máquinas para las disuadir las huelgas o aplastar los
sindicatos. Para disciplinar a los rebeldes, actualmente se recurre a las computadoras y
en el futuro próximo a la IA.

Esa última innovación refuerza la precarización laboral. Ejerce sobre los
trabajadores calificados, la misma presión que desenvuelve la maquinaria sobre los
asalariados que realizan actividades básicas. La IA no es una invención autocentrada en
resolver los enigmas históricos de la mente humana, sino un nuevo instrumento para
aumentar la tasa de explotación mediante la intensificación del trabajo 4 .

PRIMACÍA DE LA MATERIALIDAD

El nuevo tipo de trabajo asociado con la IA incide sobre dos grandes
modalidades: actividades dentro de las plataformas y procedimientos comandados por
las plataformas. El primer caso involucra operaciones complejas de analistas
informáticos y programadores de variada calificación. La segunda variedad agrupa las
nuevas actividades que operan directamente conectadas con las plataformas, mediante
múltiples servicios (como choferes o repartidores) 5 .

Pero ambas acciones dependen de la gigantesca estructura material que sustenta
al capitalismo digital. Esas actividades están totalmente atadas a la provisión de los
insumos físicos que permiten cumplir las tareas asignadas, porque ningún software
funciona sin el hardware. Es importante registrar esa conexión, para evitar el típico
mareo de imaginar a la revolución digital como un proceso desenvuelto en el etéreo
universo de las nubes.

La IA depende del funcionamiento de una monumental estructura material de
Centros de Datos, redes eléctricas, minería de litio, producción de semiconductores y
logística global, que es motorizado diariamente por millones de asalariados corrientes 6 .
El emblemático caso de Amazon no requiere elaboradas disquisiciones para
constatar esa evidencia. Esa firma consigue sus ganancias a partir de inversiones en
infraestructura física y opera con reglas de la producción industrial, para gestionar sus
centros logísticos y su flota de entrega de mercancías.

Basta observar como todo el desarrollo próximo de la IA depende de enormes
inversiones en ese basamento físico para corroborar la materialidad de su
desenvolvimiento. Las computadoras que entrenan con abstracciones informáticas se
cimentan en montañas de cables y en descomunales centros de datos, que a su vez
exigen cadenas globales de suministros, sostenidas en el trabajo asalariado y en la
extracción tradicional de plusvalía 7 .

Es importante resaltar estos cimientos para disipar la frecuente asociación de las
redes, Internet o la IA con procesos inmateriales y trabajos meramente intelectuales. El
capitalismo digital se asienta en la precarización laboral que introdujo el modelo
neoliberal y se ha expandido con modalidades crecientes de explotación en ese universo
de bienes tangibles. Tiene la particularidad de articular una monumental base material
de infraestructura y energía con la nueva variedad de trabajo informacional altamente
calificado.

REMODELACIÓN GLOBAL DEL TRABAJO

La revolución digital es utilizada por el capitalismo para expandir un trabajo mal
pago online (supermercados, delivery, call center), que está sometido a tiránicas normas
de permanente disponibilidad. Muchas actividades se han “uberizado” a través de
plataformas, con monitoreo y vigilancia del trabajador siempre conectado para recibir
indicaciones.

Estas tendencias a la reorganización regresiva del trabajo registraron una
sostenida aceleración luego de la crisis financiera del 2008 y de la pandemia. No solo
quedó atrás la etapa fordista de trabajo con tiempo completo, ocupación permanente y
seguro social (1945-73). También se consolidó la reestructuración posterior de
flexibilización con alto desempleo (1973-90). La digitalización viabilizó ese cambio
mediante una nueva red de comunicaciones y transportes 8 .

La globalización motorizó la competencia por fabricar barato, demoliendo las
conquistas sociales logradas en la segunda mitad del siglo XX. Con excepción de los
apologistas neoliberales, todos los analistas coinciden en este dramático retrato del
mundo del trabajo.

El deterioro de las condiciones laborales escaló junto a la expansión del
offshoring y la subcontratación. La terciarización y la remodelación de las actividades
productivas redujeron los puestos de trabajo prescindibles y disciplinaron a los
asalariados con la sola amenaza de la mudanza. Esa intimidación sobrevoló las
negociaciones con los sindicatos y empujó a las organizaciones gremiales a posturas
defensivas 9 .

La globalización acható los salarios de las economías centrales por medio de ese
chantaje y facilitó la importación de los insumos económicos fabricados en la periferia.
También la contratación de trabajadores foráneos por remuneraciones inferiores al
promedio de cada país afectó los salarios, pero sin la incidencia de otros determinantes
de esa caída. La movilidad internacional del capital no tuvo correlato equivalente en el
trabajo. Mientras que la inversión extranjera como porcentaje total del producto se
incrementó significativamente, el porcentual de migrantes en comparación a la población
total apenas varió.

En el modelo laboral de las últimas décadas las empresas arbitraron globalmente
las remuneraciones, para pagar los salarios más bajos en actividades comparables. Ese
cálculo fue definitorio de las ganancias que obtuvieron los capitalistas, ante la
continuada gravitación del costo salarial. La menor incidencia de esa variable en ciertos
productos finales quedó ampliamente compensada por su elevada relevancia en los
bienes intermedios. La menor presencia de trabajadores en ciertas ramas coexistió con su
incremento en otras 10 .

Existen detallados análisis de la forma en que el capital atropelló las condiciones
laborales tanto en el centro como en la periferia 11 . Esas descripciones retratan cómo se
expandió la precarización y el trabajo temporario con pasantías mal remuneradas 12 .
También destacan la inseguridad que han padecido los trabajadores por el incremento
del desempleo estructural entre los jóvenes y la pérdida de estabilidad entre los
mayores.

Los capitalistas han recurrido a la creciente feminización laboral para reducir los
salarios, aprovechando la persistente brecha de género que impera en esos ingresos. Esa
diferencia -que oscila entre 15% y el 40% según las actividades y regiones- se ha
transformado en un gran determinante del deterioro laboral, puesto que las mujeres
representan ya la mitad fuerza en el mundo.

La degradación del trabajo es el principal rasgo del nuevo esquema laboral que
emergió con neoliberalismo, la globalización y se afianzó con el capitalismo digital. Las
viejas modalidades del fordismo de posguerra fueron sustituidas por un nuevo patrón de
precarización, que en su debut algunos autores denominaron “acumulación flexible” 13 y
otros “producción ligera” 14 . La internacionalización de la actividad productiva aceleró
drásticamente la generalización de ese esquema, mediante cadenas globales de valor que
hicieron emerger una nueva morfología del trabajo 15 .

El principal propósito de ese cambio ha sido el aumento de la tasa y la masa
plusvalía que nutren las ganancias del capital. Ese incremento de la explotación no es
tan solo una perversión del modelo neoliberal. Tampoco obedece únicamente a la falta
de humanidad o solidaridad que impera bajo ese sistema. Expresa el funcionamiento de
un sistema asentado en la competencia por beneficios surgidos de la explotación.
Las cadenas globales de valor operan en realidad como engranajes de gestación
de plusvalor, que el capitalismo internacionalizó para incrementar los beneficios de los
dominadores. Han lucrado en las últimas décadas con grandes reservas de fuerza de
trabajo que se mantenían fuera del circuito fabril.

Al incorporarlas a ese enjambre, el sistema encontró una inmensa fuente de
recuperación del beneficio, que trastocó la localización de la producción industrial

mediante su traslado al continente asiático. Con ese viraje, se duplicó desde los años 80
la fuerza de trabajo conectada a la economía global, en procesos de urbanización y
proletarización de una inmensa masa de trabajadores.

Otra modificación sustancial del modelo laboral actual ha sido la creciente
diferenciación interna. El tipo universal y homogéneo de la era taylorista ha quedado
definitivamente reemplazado por mayores jerarquías, segmentaciones, exclusiones y
desigualdades de género, edad o etnia. Esa heterogeneidad se amolda a la nueva
división del trabajo en las cadenas globales de valor.

La vieja segmentación dual de posguerra -trabajadores internos, primarios o
calificados y externos, secundarios o prescindibles- ha quedado sustituida por
variedades más diversas de articulación del trabajo complejo, intermedio y taylorizado.
La fabricación de ciertos productos enlaza las oficinas de California, con las fábricas
asiáticas y las minas del Congo. Este esquema triple que articula a la empresa
innovadora del centro, con la polivalencia del montaje en la semiperiferia y la
producción en masa en la periferia fue muy indagado en el debut de la globalización 16 .
Actualmente transita por otra multiplicidad de combinaciones.

Esas divisorias han fracturados a su vez en un mismo proceso productivo, a los
asalariados formales, informales y precarizados, en función de los valores diferenciales
de la fuerza de trabajo en los distintos estamentos nacionales. La misma globalización
productiva que extendió al proletariado generó mayores divisiones al interior de esa
masa laboral.

Estas fracturas se verifican en el propio universo interno del nuevo el trabajo
digital, que opera con las mismas normas imperantes fuera de ese circuito. Mientras el
trabajo mental queda sometido a la exigencia de estandarización, en las actividades
manuales se impuso la segmentación, relocalización y subcontratación en torno de la
cadena global del valor 17 .

EL TRABAJO MENTAL

Todas las actividades del trabajo intelectual realizado en los centros de
elaboración informática, están sujetas a los patrones de extracción de plusvalía que
rigen bajo el capitalismo. A diferencia de los procesos objetivos de transformación de
los valores de uso con instrumentos físicos, ese trabajo mental se desenvuelve mediante
la generación de nuevos conocimientos. Requiere el mismo gasto de energía humana y
procesos cognitivos que operan a través del sistema nervioso.

Ambas modalidades de trabajo pueden ser distinguidas en el plano analítico por
el tipo de productos generados (zapatos, automóviles, heladeras o libros, programas y
códigos), pero los dos casos involucran actividades laborales, que acrecientan el
beneficio de los capitalistas a través de la apropiación del valor generado y no
remunerado a los asalariados 18 .

Las mismas diferencias y categorías que distinguen a todas las variedades de
trabajos se extienden al universo digital. También en este campo existen los asalariados
corrientes, los que desenvuelven pequeñas empresas y los que optan por su propia auto
explotación. Qué realicen un trabajo mental de transformación de conocimientos, no
altera el patrón imperante en cualquier otra esfera del sistema capitalista.
Es importante distinguir si el individuo ubicado frente a la pantalla está
cumpliendo con una obligación laboral o desenvuelve una actividad de distracción o
entretenimiento. La frecuente confusión de estas acciones en el mundo actual de las
redes no altera esa diferencia cualitativa.

El trabajo mental está sujeto a las mismas normas de explotación que otras
modalidades laborales y cuenta con el limitado margen de autonomía que establecen las
reglas del capital. Sus participantes están sometidos a largas jornadas de altísima
intensidad, con reglas de disciplina moduladas por la gerencia.
Los directivos incentivan la creatividad en estricta consonancia con las metas de
la empresa. Se crean nuevas divisiones de trabajo, con especialidades, objetivos
comerciales y entornos jerárquicos. También aumenta el trabajo hogareño, con la
consiguiente disolución de la frontera que separa la vida laboral y privada. En el mundo
digital las formas de explotación se diversifican, al compás de la opresiva extensión del
trabajo a todas las esferas de la existencia.

Algunos enfoques postulan que el trabajo informático-mental queda divorciado
de los parámetros capitalistas porque su singularidad inmaterial impide cuantificarlo.
Suponen que esa peculiaridad lo ubica en una esfera ajena o contrapuesta a los pilares
corrientes del sistema.

Pero en la medida que el trabajo mental está mercantilizado, también queda
sujeto a los mismos patrones de generación de productos y rentabilidad de cualquier
actividad. Ese resultado está a la vista en la monetización de todas las actividades de
Internet, en las ventas de publicidad a partir del número de vistas, en las cotizaciones
bursátiles de cada compañía, o en el número de veces que un ChatGPT es vendido,
descargado o aplicado. Las reglas de la inversión, precio y ganancia guían la conducta
de las firmas del sector digital como en cualquier otro sector, porque operan con los
mismos pilares de la plusvalía y la explotación 19 .

DOBLE SOMETIMIENTO DEL TRABAJO

Abordar los problemas de las redes, Internet o la IA desde la óptica de los
trabajadores y no desde la mirada del emprendedor o de los usuarios, permite
comprender muchos problemas del capitalismo digital. La tradición marxista de
estudios del control patronal del proceso de trabajo es muy pertinente para ese análisis 20 .
Fue desarrollada para denunciar el taylorismo y su expropiación de
conocimientos de los trabajadores durante el surgimiento de las cadenas de montaje.
Gran parte de sus postulados puede extenderse actualmente a la CGV, los flujos y las
redes informáticas 21 .

Ese enfoque permite notar que la precarización, la flexibilización, la inseguridad
del empleo que potencian al capitalismo digital, obedecen a la necesidad de incrementar
la tasa de explotación para mantener la rentabilidad de las empresas. Con ese propósito
acrecientan el control gerencial de la actividad laboral y establecen los nuevos ritmos y
movimientos que exige la estandarización del trabajo en el capitalismo de plataformas.
En los años 60-70 esos fenómenos se investigaban en torno al trabajo estable y
en la actualidad en función de labores precarizadas, pero la lógica del despotismo
patronal preserva los mismos parámetros del pasado. Esa sujeción se desenvuelve, en el
nuevo universo de un proletariado terciarizado, subcontratado, con mayor desigualdad
salarial, trabajo a domicilio y enorme heterogeneidad de género y etnia.
El control patronal se extiende de su origen industrial a todas las áreas del
trabajo mental imperante en el capitalismo de plataformas. Esa ampliación incluye en
muchas ramas todos los rasgos de la degradación laboral, pero introduce en otros
campos la mayor gravitación de la subjetividad y del involucramiento de los
trabajadores calificados que exigen las nuevas tecnologías.

Esa dimensión de compromiso en el trabajo complejo fue subrayada en el
pasado 22 y retomada posteriormente por la corriente de pensamiento, que sinterizó las

dos características que actualmente conviven en el trabajo digital: la taylorización de
actividades corrientes y la intelectualización condicionada de las labores complejas 23 .
Esa coexistencia explica en gran medida el afianzamiento de la heterogeneidad y
la diferenciación de la fuerza de trabajo contemporánea. El capitalismo digital necesita
tanto el sometimiento como la creatividad laboral, para operar en el universo de
encarnizada competencia entre empresas. Las mismas compañías que descalifican y
estandarizan el trabajo, necesitan motivar al asalariado calificado para que participe en
la innovación. Los empleadores combinan esos contradictorios procesos de mayor
despotismo y mayor autonomía de los trabajadores.

En la propia esfera del trabajo digital se desenvuelve esa dualidad. El
conocimiento tácito del trabajador es primero codificado, luego estandarizado,
posteriormente cuantificado y finalmente gerenciado. Esta modulación rige en todo tipo
de actividades. Hay mayor control panóptico y mayor presión innovadora, para lograr el
consentimiento y la participación del asalariado con la actividad que desenvuelve. Este
doble movimiento de trabajo rutinario y creativo se verifica en las labores mentales
sometidas a la ampliación o la mera repetición de los conocimientos 24 .

Estas tendencias del capitalismo digital comienzan a verificarse también en el
universo de la Inteligencia Artificial. Por un lado, la gigantesca reunión de datos que
exige ese dispositivo se montó con formas extremas de taylorización, que incluyeron los
contratos de Google para copiar, escanear y digitalizar libros, documentos y bibliotecas,
con una enorme fuerza de trabajo precarizada, sub remunerada y subcontratada 25 .
El propio proyecto de IA surgió en gran medida asociado con la automatización
y la psicometría del trabajo. No apuntó a resolver los indescifrables enigmas de la
inteligencia, sino a cuantificar habilidades cognitivas con premeditados objetivos
laborales. Por eso avanzó rápidamente en técnicas de vigilancia como el reconocimiento
facial, buscando reforzar los instrumentos de identificación y discriminación que
utilizan los capitalistas.

La IA no se desenvuelve para imitar o superar al cerebro en el imaginario
universo transhumanista y no despuntó para resolver esas abstractas disyuntivas.
Emergió con estándares de inteligencia mecánica para propagar las jerarquías sociales y
perpetuar la explotación que impera bajo el capitalismo.

NUEVAMENTE EL “FIN DEL TRABAJO”

La aparición de la IA ha recreado el pánico al desempleo masivo que suscitaron
todas las innovaciones del siglo XX. El temor a la irrupción de máquinas inteligentes
que anulen la propia continuidad del trabajo humano dio lugar en el pasado a
incontables previsiones, novelas y pesadillas de ciencia ficción, que se multiplicaron
posteriormente con el desarrollo de la informática.

Últimamente se publicaron En Estados Unidos estimaciones de 27 millones de
puestos de trabajo en peligro en las 2.000 mayores empresas 26 . El fantasma del “fin de
trabajo” reaparece a pleno, revitalizando las catastróficas estimaciones que
acompañaron al debut de la robotización.

Durante ese surgimiento, la OCDE calculaba una pérdida inmediata de uno de
cada siete trabajos como consecuencia de la automatización 27 . La duplicación de las
computadoras cada dos años en las últimas décadas, reforzó los presagios de ese colapso
próximo del empleo. Se anunció que la revolución digital anularía con más rapidez que
otras revoluciones tecnológicas los puestos de trabajo disponibles.

Con la IA se repiten los mismos pronósticos, pero todas las variantes
apocalípticas de estos anuncios suelen olvidar que el trabajo es una condición de

subsistencia de cualquier sociedad y constituye el principal fundamento del proceso de
valorización. Sin trabajo no hay reproducción de la vida social, ni menos aún
subsistencia del capitalismo.

Las teorías del “fin del trabajo” y de la consiguiente desaparición de la clase
obrera presuponen una mirada restrictiva que identifica al asalariado con el obrero
clásico. Ignoran cómo la reestructuración del capitalismo ha modificado ese
conglomerado. Olvidan, además, que el trabajo es un intercambio de los seres humanos
con la naturaleza para producir y consumir bienes, que el trabajador abarca a todos los
individuos que viven de su actividad laboral y que los explotados deben vender su
fuerza de trabajo para sobrevivir.

De esas constataciones surge la conceptualización actual de una clase
trabajadora ampliada, que incluye asalariados estables, precarizados, incluidos,
excluidos, productivos, improductivos, empleados y desempleados. La mayoría se
inserta simultáneamente en varias de esas categorías y cambia ese lugar a lo largo de sus
vidas.

Las miradas más corrientes del “fin del trabajo” transforman el problema socio-
económico del desempleo en un subproducto de la tecnología. Suponen que las
computadoras expulsan mano de obra por su propia cuenta, omitiendo que esa acción no
constituye un mero “desempleo tecnológico”. Es efectivizada por gerentes y capitalistas
con la invariable guía de la rentabilidad. El fantasma de la total disolución laboral
enmascara la reorganización opresiva del trabajo, que rodea las periódicas innovaciones
que introduce el capitalismo.

EVALUACIONES Y PROPUESTAS

Todos los economistas marxistas subrayan ese trasfondo social del desempleo,
aunque divergen en la magnitud de los puestos de trabajo amenazados por la
informatización. Algunos destacan que esa demolición supera ampliamente la creación
de nuevos empleos 28 . Otros destacan que las poblaciones están envejeciendo sin
reemplazo adecuado y que el estrechamiento del trabajo vivo tiende a cobrar un alcance
sin precedentes 29 . Observan esa contracción como una contundente expresión de la
senilidad del sistema.

Pero la biblioteca complementaria relativiza ese alcance del desempleo
informático 30 , señalando la gran creación de puestos laborales que ser verifica en la
región asiática. Estiman que en el largo plazo la productividad reasigna empleos y que
los robots no podrían eliminarlos por completo, puesto que en ese caso desaparecería la
fuente de valor que cimenta la ganancia 31 .

Esta visión resalta que la automatización total es una exageración explícita de la
ideología capitalista para aterrorizar a los trabajadores, con cálculos infundados y
simples extrapolaciones. Recuerda que hay cualidades humanas irreemplazables en el
proceso de trabajo y que el propio sistema debe lidiar con la contradicción de reducir
costos, con despidos que estrechan los mercados y obstruyen las ventas.
Por esa razón, la robotización afronta un serio límite bajo el capitalismo. La
función de las alarmas que propagan los anunciantes del “fin del trabajo” es justificar el
recorte de derechos con mensajes que atemoricen a los trabajadores 32 .

Este mismo papel cumplen actualmente las advertencias de sustitución masiva
del trabajo mental por la Inteligencia Artificial. Es el mismo chantaje que
tradicionalmente desenvolvieron los capitalistas con los operarios manuales. Esa
presión se extiende a todos los involucrados en el capitalismo de plataformas.

Nadie sabe cuál será el alcance de la oleada inaugurada por los despidos de IA.
Las dos tendencias persistentes son la creación de empleos en Oriente y su destrucción
en Occidente, en un marco de continuado atropello a los derechos de los trabajadores.
Con la IA, los algoritmos reemplazan modalidades de gestión previa, multiplicando la
precariedad de todo el universo laboral.

La discusión sobre la renta básica es el principal corolario político de los debates
sobre el desempleo que han resurgido con la IA. Muchas figuras de ese universo
comparten el diagnóstico de un proceso de destrucción sin freno, que tiende a
generalizar la desocupación hasta un punto sin retorno. Por eso proponen una renta
básica que satisfaga las necesidades de la población privada de empleo.

Pero esa renta básica puede ser un simple instrumento de reorganización
regresiva del empleo, si queda situada en un nivel bajo que reemplace las conquistas del
pasado. Por el contrario, la reducción de la jornada de trabajo es una respuesta más
adecuada, porque permitiría superar la perversa combinación de sobre trabajo entre los
ocupados y sub trabajo entre los desocupados. Aliviaría la intensidad de las labores
distribuyendo la actividad existente entre todos los involucrados.

La reducción de la jornada de trabajo es un derecho que fue parcialmente
conquistado y también arrebatado en el pasado. Se consolidó durante el siglo XX como
resultado de la lucha social y ha sido parcialmente revertida en las últimas décadas.
Es una demanda de gran actualidad frente a la actitud resignada, que observa a la
precarización como un status inmodificable. Al suponer que el capitalismo ya funciona
invariablemente de esa forma, se renuncia a la batalla por reconquistar los derechos
vulnerados 33 . Estas conclusiones son muy importantes frente a las nuevas y
controvertidas teorías sobre el universo digital que analizaremos en el próximo texto.

10-10-2026

RESUMEN

Es más importante indagar los determinantes laborales de la IA que discernir si
podrá superar al cerebro humano. Ese dispositivo ejerce sobre el trabajo mental la
misma presión que la maquinaria sobre el trabajo manual. No flota en el etéreo universo
de las nubes, sino que depende de una monumental estructura material. Profundiza la
reorganización regresiva del trabajo que introdujo la globalización productiva e
incrementa el control gerencial, combinando la taylorización con la creatividad
condicionada por la ganancia. Nuevamente el “fin del trabajo” aparece como un
chantaje para atropellar derechos y por eso reaviva las respuestas anticapitalistas.

1 Economista, investigador del CONICET
2 Míguez, Pablo (2025) Inteligencia artificial, datos y desigualdades en el capitalismo
contemporáneo REDES Revista de Estudios Sociales de la Ciencia y la
Tecnología, Quilmes 

3 Pasquinelli, Matteo (2025). Una visión materialista de la Inteligencia Artificial
https://izquierdaweb.com/matteo-pasquinelli-una-vision-materialista-de-la-inteligencia-
artificial/ 
4 Pasquinelli, Matteo (2023) La automatización de la inteligencia general https://www-e-
-flux-com.translate.goog/journal/141/577253/the-automation-of-general-intelligence?
5 Míguez, Pablo (2024). Plataformas, rentas y trabajo: efectos en la competencia
capitalista contemporánea, Realidad Económica, n 364, Buenos Aires.
6 Morozov, Evgeny (2025) ¿Feudalismo digital o capitalismo salvaje?
https://recursoshumanostdf.ar/contenido/43369/feudalismo-digital-o-capitalismo-salvaje
7 Calderón Dongo, José Justo (2026). El espejismo de la nube
https://rebelion.org/por-que-el-tecnofeudalismo-no-ha-destronado-al-capitalismo-ni-a-
la-diversidad-del-mundo/
8 Huws, Ursula, 2014, Labor in the Global Digital Economy: The Cybertariat Comes of
Age, Monthly Review Press (p 111-113)
9 Smith, John (2010) Imperialism & the Globalisation of Production. Sheffield:
University of Sheffield, (P 39)
10 Smith, John (2010) Imperialism & the Globalisation of Production. Sheffield,
University of Sheffield, (p 92-96)
11 Patnaik, Prabhat (2017) La globalización y los trabajadores del mundo, 14-1-2017,
www.rebelion.org/noticia.php?id=221621
12 Jonna Jamil R; Foster John Bellamy (2016). Marx’s Theory of Working-Class
Precariousness Its Relevance Today https://monthlyreview.org/2016/04/01/marxs-
theory-of-working-class-precariousness
13 Harvey, David (1998). La condición de la posmodernidad Amorrortu editores, Buenos
Aires, (p 143-164)
14 Moody, Kim (1997). Workers in a Lean World: Unions in the International Economy,
Verso, (p 11-35, 85-113)
15 Antunes, Ricardo (2009). Século XXI: nova era da precarização estrutural do trabalho.
Infoproletários. Degradação real do trabalho virtual, Boitempo, San Pablo, (p 7-15).
16 Coutrot, Thomas (2015). Riesgos psicosociales y precariedad laboral: el caso
francés. Empleo, desempleo y políticas de empleo, Conicet-Ceil, n 18, segundo trimestre
2015.Buenos Aires.
17 Huws, Ursula, (2014), Labor in the Global Digital Economy: The Cybertariat Comes
of Age, Monthly Review Press (p 88-90)

18 Carchedi, Guglielmo (2014). Old Wine, New Bottles and the Internet, Work
Organisation, Labour and Globalisation, volume 8, number 1.
19 Carchedi, Guglielmo (2023). ChatGPT, valor y conocimiento,
https://politicaobrera.com/revista/13476-chatgpt-valor-y-conocimiento
braveneweurope.com, 4/6/2023
20 Braverman, Harry (1980). Trabajo y capital monopolista. México: Ed. Nuestro
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21 Katz, Claudio (2014). Discusiones sobre el control patronal, Cadernos EBAPE.BR,
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