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El tiempo para vivir…

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escribe Luis Casado


   
JMI – Lagos… tal para cual…

En el año de gracia de 1981, François Mitterrand fue elegido presidente de Francia gracias a una coalición política llamada Unidad de la Izquierda, inspirada en la que llevó a La Moneda a Salvador Allende en el año 1970, y formada por socialistas, comunistas y radicales galos.

François Mitterrand era un social-demócrata en plan europeo, o sea lo más parecido a un engendro del extremo centro. Su pasado, ligado primero a la extrema derecha, le llevó a migrar hacia lo que aún se llamaba la “izquierda” con un programa electoral que hoy llamarían de “extrema izquierda”.

No porque lo fuese, sino porque para el gran capital todo lo que signifique redistribuir la riqueza es un atentado al pudor y las buenas costumbres.

Mitterrand, como todos los políticos de la época, conocía la industria francesa. Entre ellas la del carbón en el Norte, y los “coróns”, esas viviendas miserables, apiñadas, cubiertas por un polvillo negro, polvillo que se deslizaba también hacia las caras de los mineros, de sus mujeres y de sus hijos (te acuerdas de Lota?).

   

 

Allí se empezaba a trabajar a los 8 años de edad…

   

 

Allí se trabajaban 12 horas al día de lunes a sábado, hasta que las luchas sociales fueron reduciendo la jornada laboral. Ocho horas diarias a principios del siglo XX, para pasar a la semana de 40 horas en 1936 con el gobierno de Frente Popular, coalición constituida por socialistas, comunistas y radicales para hacerle frente al fascismo…

La Historia a veces usa las premoniciones.

De modo que a nadie le extrañó cuando François Mitterrand, social-demócrata del extremo centro, usó la consigna El tiempo de vivir para impulsar su propuesta de reducir la edad de la jubilación a 60 años.

Porque el ser humano, las familias, los niños… necesitan Tiempo para vivir.

Elegido el año 1981, y en contra de la oposición de lo más rancio de la reacción capitalista, Mitterrand cumplió su promesa en los años 1982-1983. Era el compromiso nº 52 de su programa presidencial.

Desde 1945, al fin de la guerra, la edad de la jubilación estaba en 65 años. Gracias a Ambroise Croizat, un obrero comunista que fue Ministro del Trabajo al fin de la II Guerra Mundial.

Y he aquí que un papanatas disfrazado de socialista chileno (!!!), un tal JMI, usa las páginas del diario golpista El Mercurio (el resumidero de todos los infundios escribió Ricardo Lagos) para manifestar su opinión con relación al yugo.

JMI, el héroe del trabajo productivo que nunca ha clavado un clavo ni usado una pala con sus regordetas manitas, declara muy suelto de cuerpo en el diario de los Edwards (el resumidero de todos los infundios…) :

“Más del 80% de los mayores de 75 años están en condiciones de trabajar” (sic).

Lo dice ahora, 81 años después del fin de la II Guerra Mundial, época en la que jubilabas a los 65 años, y 44 años después de que un social-demócrata tibión redujese la edad de jubilación a los 60.

Este tránsfuga de la DC y del cristianismo pasado por agua, enquistado en el P$ de los administradores del régimen heredado de la dictadura (Ricardo Lagos dixit: “Si no sabemos para quién trabajamos, terminaremos administrando el sistema”) este tránsfuga va incluso más allá usando y abusando de un falso silogismo:

“No veo porqué a los mayores se nos va a privar del derecho a trabajar” (resic)

Si este prestidigitador –del latín praestigium (fascinación) y digitus (dedo)– hubiese querido trabajar se sabría, y de todas formas uno no se explica por qué reivindica el derecho al trabajo ahora que nadie emplea a los carrozas y él mismo está más cerca de entregar las herramientas que de una industria metal-mecánica.

Este hipócrita farsante rechaza la privación del “derecho al trabajo” en un país con una tasa de desempleo del 9,5% en mayo-julio de 2026, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

En el mismo momento en que las centrales sindicales y la SOFOFA se reúnen para diseñar “una agenda de reactivación laboral” (El Mercurio, el resumidero de todos los infundios).

A JMI no le inquieta que se prive a un millón de chilenos del derecho al trabajo: le inquieta que los que tienen laburo mueran produciendo para generar más lucro.

Tampoco le inquieta que la mitad de los empleos sea “informal”, lo que no es su caso de aprovechador de los resabios y desechos de la dictadura.

JMI no se preocupa de que otro payaso, Jorge Quiroz, ande buscando inversionistas en Europa mientras el mismo Mercurio (el resumidero de todos los infundios…) en el que se repantinga asegura que las inversiones chilenas en el exterior suman más de U$ 198 mil millones…

¿Por qué te vas, billete atesorado en Chile gracias a los currantes chilenos?

No busques explicaciones: al gran capital –y a JMI– sólo le interesa la tasa de retorno, el lucro, los beneficios. Para el capital se entiende.

JMI, el Canciller que en 1998 trajo de regreso a Pinochet a Santiago, mintiéndole a tododiós acerca de la voluntad de enjuiciarlo en Chile, quiere seguir “trabajando” en lo que él –sin-vergüenza– llama “trabajo”.

Y de paso –tal vez eso le vale la ditirámbica presentación de él que hace El Mercurio, el resumidero de todos los infundios…– se esfuerza para que la masa de trabajadores chilenos sea privada del Tiempo para vivir.

Por la sencilla razón de que:

“Más del 80% de los mayores de 75 años están en condiciones de trabajar” (sic).

 

POLITIKA

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