Inicio Análisis y Perspectivas ¡LA DEPENDENCIA ALIMENTARIA ES EL GRAN NEGOCIO DEL CONTROL SOCIAL Y EL...

¡LA DEPENDENCIA ALIMENTARIA ES EL GRAN NEGOCIO DEL CONTROL SOCIAL Y EL ATRACTIVO NEGOCIO DEL CAPITALISMO!

4
0

por Franco Machiavelo

El capitalismo descubrió un negocio casi perfecto: vender primero el deseo y después cobrar por la dependencia. Ya no basta con alimentar; hay que convertir al consumidor en cliente permanente.
Azúcar, sal, grasas, aromas y sabores intensificados pueden hacer que determinados ultraprocesados sean especialmente atractivos y difíciles de resistir. La mercancía entra por la boca, pero el negocio apunta directamente al cerebro.
La publicidad hace su magia: convierte el hambre en deseo, el deseo en hábito y el hábito en consumo. Primero te enseñan qué desear; después te felicitan por haberlo comprado. Qué coincidencia tan rentable.
La ciencia ha identificado mecanismos de recompensa asociados al consumo de ciertos alimentos altamente procesados, mientras organismos sanitarios advierten sobre los riesgos de un exceso de azúcares libres, sodio y grasas poco saludables.
Pero culpar únicamente al individuo es demasiado sencillo. Cuando enormes industrias investigan preferencias, diseñan sabores, calculan precios y despliegan publicidad masiva, hablar solamente de “falta de voluntad” es como culpar al pez por nadar dentro de la pecera.
Aquí está la cuestión política: el control más eficaz no siempre consiste en prohibir; a veces consiste en conseguir que la persona desee voluntariamente aquello que el sistema necesita vender.
La alimentación deja entonces de ser solamente una necesidad biológica y se convierte en mercancía, hábito, identidad y mecanismo de consumo.
Y aparece la gran paradoja: mientras unos pueden escoger con mayor libertad qué poner en su mesa, otros quedan atrapados entre salarios bajos, productos baratos y una publicidad que nunca duerme.
Las ganancias se privatizan; los costos sociales y sanitarios terminan repartidos entre todos.
Y mientras algunos se lavan las manos en sus tazas de oro, millones pagan la cuenta con su bolsillo, su tiempo y su salud.
Porque cuando el mercado aprende a convertir el hambre en dependencia, la mesa también se transforma en un campo de batalla por el poder. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.