por Franco Machiavelo
La derecha y la ultraderecha conocen una vieja verdad: quien controla el poder económico intenta convertirlo en poder político. Y cuando eso no basta, aparece el discurso de siempre: «orden, seguridad, sacrificio». Curiosamente, el sacrificio casi siempre se le pide al pueblo.
En el Chile actual, una agenda económica favorable a los grandes intereses puede presentarse como modernización, mientras los derechos sociales aparecen disfrazados de «gasto» y las libertades comienzan a tratarse como obstáculos.
Y aquí está la contradicción: quieren un pueblo obediente, no un pueblo organizado.
Porque un ciudadano aislado protesta; un pueblo organizado disputa el poder.
La ultraderecha puede controlar instituciones, discursos y grandes recursos económicos. Pero existe algo que ningún poder puede administrar completamente: la conciencia colectiva de quienes deciden dejar de arrodillarse.
Cuando trabajadores, estudiantes, pobladores y organizaciones sociales se unen, la relación de fuerzas cambia.
La democracia no se defiende obedeciendo al poder. Se defiende poniendo límites al poder.
Y si pretenden quitar derechos y libertades en nombre del «orden», habrá que recordarles una ironía bastante incómoda:
un pueblo sometido puede ser silencioso; un pueblo consciente puede ser imparable.
¡EL PODER RESIDE EN LA FUERZA ORGANIZADA!











