por Franco Machiavelo
Aquí aparece una de las grandes ironías de nuestra época.
Se habla constantemente de libertad económica.
Libertad para invertir.
Libertad para emprender.
Libertad para acumular.
Pero cuando la sociedad pide libertad para conocer cómo circula el dinero que puede afectar al poder público, algunos comienzan a descubrir maravillosas teorías sobre la privacidad.
¡Qué extraordinaria coincidencia!
La libertad económica tiene alas de águila.
La transparencia financiera, en cambio, parece convertirse repentinamente en un buitre.
El sarcasmo casi se escribe solo.
Porque si todo está limpio, ¿cuál sería el miedo?
Si todas las operaciones son legítimas, ¿por qué temer una investigación?
Si todas las cuentas son transparentes, ¿por qué tratar la fiscalización como una persecución?
El que nada debe, al menos en principio, debería preferir la luz a la sombra.
LA DEMOCRACIA NO PUEDE SER UNA SOCIEDAD ANÓNIMA
El problema de fondo es mucho más profundo.
Una democracia no puede convertirse en una sociedad anónima donde los accionistas principales sean los grandes capitales y el pueblo aparezca solamente como espectador durante las elecciones.
La democracia exige control ciudadano.
Exige instituciones independientes.
Exige prensa libre.
Exige justicia.
Exige fiscalización.
Y exige, sobre todo, que el poder económico no pueda comprar silencios políticos.
Porque cuando el dinero comienza a comprar influencia, la democracia conserva sus urnas pero pierde su contenido.
Y entonces ocurre algo peligroso:
El ciudadano vota.
Pero otros deciden.
El pueblo elige.
Pero otros financian.
La mayoría trabaja.
Pero una minoría captura las decisiones.
Eso no es una democracia plenamente saludable.
Es una democracia con colesterol político.
LA LUZ COMO ÚNICA RESPUESTA
Por eso el levantamiento bancario no debería ser presentado como una venganza contra empresarios ni como un arma partidista.
Debe ser entendido como una herramienta de fiscalización cuando existe fundamento legal para utilizarla.
Porque la verdadera transparencia no tiene apellido.










