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La Ley Miscelánea:  El doloroso y fríamente calculado portonazo a Chile

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CHILE EN LA HORA DEL DESPOJO
La Ley Miscelánea:  El doloroso y fríamente calculado portonazo a Chile

Por Carlos Venegas

Bajo el paraguas moral de la tragedia habitacional y los incendios, el gobierno corporativo de la elite económica consolida el libreto que preparó por años: instalar un candado institucional que regala el patrimonio fiscal al gran capital, mientras las familias chilenas pagarán la cuenta de esta histórica farra neoliberal.

Para analizar con rigor científico la política económica de un país, el analista no puede pecar de ingenuidad. Afirmar que el actual gobierno ha «traicionado» a su base electoral es un error de diagnóstico técnico y político. No hay traición allí donde hay coherencia de clase. Este es, por definición, origen y patrimonio, el gobierno de los empresarios. Su triunfo con el 58% de los votos no se fundó en el engaño de la falsa justicia social, sino en una operación de persuasión masiva fríamente calculada durante casi una década: la instalación del mito del «empresario eficiente que genera empleo» y la falsa premisa de que un país debe ser administrado como si fuera un almacén corporativo.

La estrategia de demolición de la soberanía fiscal chilena comenzó el día uno de esta administración, mediante el uso de la técnica económica de la «tierra arrasada». Instalaron en el debate público la matriz de opinión de que recibían un Chile económicamente quebrado, sin recursos y desprovisto de potencial de desarrollo; una falsedad empírica que los propios datos macroecómicos posteriores terminaron por desmentir al demostrar la existencia de fondos de reserva y una estabilidad financiera superior a la declarada. Sin embargo, el pánico ya estaba sembrado. El terreno quedó abonado para la solución mágica: la Ley de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico.

El uso del concepto «Reconstrucción» no es casual; es un escudo moral perverso. Utilizando el dolor de las familias que perdieron sus hogares en los devastadores incendios forestales de las regiones del sur, el Ejecutivo introdujo un paquete legal de urgencia habitacional. Pero detrás de la legítima necesidad de levantar viviendas para los damnificados, la elite empresarial —sentada hoy directamente en los ministerios de Estado— camufló un misil financiero y regulatorio que amarra a la nación por los próximos 25 años. Estamos frente a un conflicto de interés legislado: ministros con patrimonios multimillonarios votando y defendiendo una ley tributaria que los beneficia directamente a ellos y a sus conglomerados.

Para que la ciudadanía común rompa la lectura plana de la propaganda oficial y adquiera un sentido crítico de la realidad, presento a continuación el reverso empírico de esta ley, donde la ciencia económica demuestra por qué el modelo propuesto es un fracaso histórico ya comprobado.

La anatomía de la trampa: Anverso y reverso de los ocho candados.

1. Reintegración total: El financiamiento popular del flujo privado
La ley rebaja el Impuesto de Primera Categoría del 27% al 23% y vuelve al sistema integrado absoluto.

La realidad del reverso: En el papel se defiende como el motor que inyectará liquidez a las firmas para contratar personal. En la práctica de la economía pública, esto opera como la «billetera compartida»: el impuesto que paga la empresa se transforma en un crédito personal para sus dueños. El gran empresario retira utilidades prácticamente gratis. Como el Estado no puede dejar de operar, la pérdida de esos miles de millones de dólares en recaudación se compensa de manera automática exprimiendo el consumo de la clase trabajadora mediante el IVA del pan, la luz, el gas y los insumos básicos. La ganancia se privatiza; el costo de sostener el país se socializa.

2. Invariabilidad tributaria por 20 años: El blindaje del gran capital ante la incertidumbre
Se congelan las reglas del juego impositivo por dos décadas para los megainversionistas.

La realidad del reverso: Es un contrato leonino. Mientras la familia chilena promedio vive bajo la total incertidumbre de la inflación, el desempleo o las alzas de los servicios básicos, el Estado le garantiza a las corporaciones que sus tasas tributarias no se moverán un milímetro. Si en los próximos 20 años Chile sufre un terremoto, una crisis sanitaria o la urgencia de financiar un sistema de salud digno para que los adultos mayores no mueren esperando en las listas del sistema público, la autoridad no podrá exigirle un peso más a las mayores fortunas del país. La soberanía democrática fue entregada a un contrato comercial de largo plazo.

3. El beneficio DFL2 al multipropietario: La fábrica de arrendatarios perpetuos
La ley elimina por un año el IVA a la compra de viviendas nuevas y reduce a un mínimo 5% el impuesto por arrendar propiedades DFL2 (viviendas de menos de 140 m²) a partir de la tercera propiedad.

La realidad del reverso: El discurso del gobierno promete que esto reactivará la construcción y ayudará a las familias a comprar casa. La ciencia económica demuestra exactamente lo contrario. Esta medida es un salvavidas estatal para el stock de departamentos acumulados que las grandes inmobiliarias no podían vender debido a sus precios abusivos. Al darles un premio en impuestos a quienes compran tres, cuatro o más viviendas, la ley incentiva que los grandes inversionistas compren edificios enteros para el negocio del arriendo. El resultado es devastador para la clase media: el precio de las viviendas sube de forma artificial, se destruye la posibilidad real de comprar una casa propia y se condena a las familias a pagar arriendos caros de por vida.

4. Exención universal de contribuciones: El estrangulamiento de los municipios pobres
Se elimina el cobro del Impuesto Territorial para la vivienda principal de personas mayores de 65 años, borrando los topes de avalúo fiscal tradicionales.

La realidad del reverso: Una medida de populismo económico perfecto. Se presenta como un alivio transversal para la vejez, pero es un traje a la medida para algunos ministros y empresarios que sustentan al gobierno. Al quitar el tope de avalúo, un jubilado multimillonario que vive en una mansión de lujo en Lo Barnechea o Vitacura deja de pagar contribuciones. Como este tributo es el pilar central del Fondo Común Municipal (FCM), las comunas más vulnerables de Chile pierden los recursos de forma inmediata. La consecuencia directa la pagará la familia de clase media periférica: consultorios locales (CESFAM) desabastecidos de medicamentos, calles oscuras sin luminarias públicas y plazas abandonadas a la delincuencia por falta de presupuesto municipal.

5. Plazos de invalidación ambiental a 6 meses: La impunidad territorial por diseño
El plazo legal para impugnar judicialmente o invalidar permisos sectoriales y ambientales se reduce drásticamente de 2 años a solo 6 meses.

La realidad del reverso: El aparato fiscalizador del Estado chileno padece de una asimetría regulatoria estructural: carece de científicos, ingenieros y viáticos para contrastar adecuadamente en terreno los estudios de impacto ambiental de las corporaciones. El funcionario público aprueba bajo la presión política de «no detener el progreso». El único freno real era la comunidad afectada. Exigirle hoy a una junta de vecinos vulnerable —que trabaja todo el día— que descubra la trampa técnica de una minera o una megafábrica, junte millones para abogados y presente una demanda en solo 180 días es, en la práctica, eliminar el derecho a la defensa del territorio. Los niños de los sectores más necesitados quedan condenados a crecer en zonas de sacrificio respirando arsénico o viviendo sin agua.

6. Amnistía para la repatriación de capitales: Alfombra roja al dinero opaco
. La ley abre una ventana temporal para que grandes fortunas declaren o traigan de vuelta a Chile dineros que tenían ocultos en el extranjero, cobrándoles un impuesto mínimo y perdonándoles las multas.

La realidad del reverso: Mientras el Servicio de Impuestos Internos persigue con extrema rigidez al pequeño comerciante o le descuenta por planilla a un profesional de clase media, a los evasores históricos se les pone una alfombra roja. Lo más grave es el origen oscuro de esos recursos: al eliminar las sanciones, el Estado renuncia a investigar de dónde salió esa plata. Bajo el pretexto de recaudar rápido, se abre la puerta para blanquear capitales que podrían provenir de la elusión masiva, el fraude corporativo o negocios derechamente ilícitos. Esto destruye la moral del país y deja un mensaje peligroso: en Chile la ley castiga al desprotegido, pero se transa con el súper rico.

7. El «outlet» del FUT acumulado: El perdonazo que vacía los hospitales del mañana
• La ley crea un impuesto único y rebajado de solo el 10% para que los grandes empresarios puedan retirar las fortunas que tienen acumuladas y guardadas dentro de sus sociedades de inversión (el antiguo Fondo de Utilidades Tributables o FUT) [Ciper]*.

La explicación clara: Imagina que el sistema normal obliga a los grandes empresarios a pagar hasta un 40% de impuestos cuando retiran las ganancias de sus negocios para usarlas en sus vidas personales. Para evitar pagar ese 40%, los empresarios dejan la plata legalmente «guardada» dentro de sus empresas por años. Lo que hace el gobierno con esta ley es abrir un «CyberDay» de perdonazo tributario: les dice que, si sacan esa plata ahora, ya no les cobrará el 40%, sino solo un 10%, perdonándoles el resto de la deuda para siempre.

La realidad del reverso: El gobierno hace esto para recaudar dinero en efectivo de forma inmediata y así maquillar las cifras fiscales de sus primeros meses de gestión. Sin embargo, esto es pan para hoy y hambre para mañana. Al cobrarles un 10% en lugar del 40%, el Estado está haciendo una renuncia gigantesca e irresponsable a la recaudación de los próximos años. Esos miles de millones de dólares que se les perdonaron a los súper ricos hoy son, matemáticamente, los recursos que mañana faltarán para financiar los consultorios, construir escuelas públicas o mejorar las pensiones de la clase media.

8. Subsidio al empleo con tope en $816.000: El techo de la movilidad social
El Estado financiará el 15% de la remuneración de los nuevos trabajadores contratados, pero el beneficio se restringe exclusivamente a sueldos brutos de entre las 7,8 UTM y las 12 UTM (entre $530.000 y $816.000 pesos).

La realidad del reverso: Este es el golpe directo a las expectativas de la juventud y las familias que se endeudaron para enviar a sus hijos a la universidad o institutos técnicos. La ley genera un incentivo económico perverso para que las empresas aplanen la escala de sueldos hacia abajo. Ningún gerente de recursos humanos ofrecerá un sueldo inicial digno de un millón de pesos si puede deprimir la oferta a $816.000 para que el Estado le subsidie la mano de obra. La ley no crea empleo calificado; subsidia la rotación de empleos baratos y estanca el salario profesional de la clase media por diseño regulatorio.

Corolario político: La danza global de la riqueza nacional
Creer que los recursos que se le acaban de regalar a las grandes corporaciones mediante rebajas tributarias se transformarán automáticamente en industrias nacionales, fábricas y desarrollo local es desconocer las leyes fundamentales del capitalismo globalizado. El dinero no tiene patria, no tiene moral y no tiene fronteras. El gran empresario chileno o extranjero que hoy ve aliviada su carga impositiva gracias a la Ley Miscelánea no opera bajo criterios de beneficencia o patriotismo.

En la economía contemporánea, el capital busca el mayor retorno financiero con el menor riesgo posible. Con un solo clic en una mesa de dinero en Santiago, los miles de millones de dólares ahorrados en Chile gracias a esta ley arman la maleta y se trasladan en segundos a operar en las bolsas de Nueva York, a financiar la especulación inmobiliaria en Europa, a invertir en la industria armamentística internacional o a refugiarse, como bien lo sabe el propio presidente Kast en cuentas secretas de paraísos fiscales. Los recursos naturales de Chile y el esfuerzo diario de sus trabajadores son estrujados en el territorio, pero la riqueza resultante se globaliza y se esfuma.

Fuimos testigos de una farsa planificada con precisión científica. No hubo improvisación; todo estaba programado en el diseño ideológico de la elite que hoy controla el Estado. José Antonio Kast utilizó nueve años en campaña electoral presidencial agresiva, financiada por los mismos grupos económicos, para convencer a una ciudadanía angustiada de que el país requería un «gerente» para volver a crecer. Una vez en el poder, usaron el paraguas moral de una catástrofe social y habitacional para introducir, entre cuatro paredes, un traje a la medida del gran capital. El desplome de su apoyo popular es irrelevante para ellos: el objetivo estructural ya fue cumplido. Al congelar las reglas del juego por el próximo cuarto de siglo, este gobierno ha desmantelado la soberanía fiscal de Chile, condenando a las próximas generaciones de la clase media y de los sectores vulnerables a financiar con su sudor diario el blindaje multimillonario del gran capital.

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