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El brandwashing de Israel

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Por Magdiel Sánchez Quiroz*
 
El Estado de Israel sostiene un genocidio y un apartheid colonial 
contra la población palestina en el territorio ocupado desde 1948. Al 
mismo tiempo, avanza con la anexión del sur de Líbano y lanza ataques 
permanentes contra Yemen e Irán. Ha impedido la llegada de ayuda 
humanitaria a la población gazatí, secuestrando en aguas 
internacionales y, posteriormente, torturando a decenas de ciudadanos 
de varios países del mundo que se han sumado a las dos misiones de la 
Global Sumud Flotilla.
 
A pesar de que ha asesinado a más de 74 mil personas en Gaza desde 
octubre de 2023, los crímenes del Estado israelí permanecen impunes 
gracias al respaldo principal de Estados Unidos, Alemania e 
Inglaterra, así como por el apoyo regional de las monarquías de Arabia 
Saudita, Bahréin, Jordania y Emiratos Árabes. Opera también un 
silencio cómplice de otros estados cuyas oligarquías, policías y 
ejércitos tienen compromisos económicos y militares con Tel Aviv.
 
Ni la Corte Penal Internacional ni la ONU han logrado frenar el 
genocidio. Sin embargo, la imagen del Estado de Israel está sumamente 
deteriorada. En todo el mundo, diversas colectividades se solidarizan 
con Palestina y presionan a sus estados para que dejen de ser 
cómplices. En consecuencia, para el grupo sionista que dirige Israel 
es necesario hacer un lavado de imagen a fin de poder revertir su 
descrédito y continuar con sus objetivos máximos: la apropiación total 
de la Palestina ocupada, el exterminio total de la población gazatí y 
la ampliación de sus fronteras bajo su ideal “Gran Israel”.
 
Para revertir su descrédito, el ente sionista –que cada día se 
comporta más como una corporación trasnacional que como un Estado– 
aplica un brandwashing (lavado de imagen). Ese nombre corresponde a 
una táctica de las empresas para jugar con los sentimientos y las 
percepciones de las personas a fin de remozar su apariencia y 
potenciar sus ganancias. Así, una empresa que se dedica a vender 
bebidas ultraazucaradas promueve campañas contra la diabetes, las 
petroleras más contaminantes presumen una baja huella de carbono, las 
marcas de la moda lanzan campañas de comercio justo y materiales 
reciclados para encubrir la explotación de infantes en talleres 
clandestinos y la contaminación de las comunidades donde se instalan. 
Israel, por su parte, ofrece ayuda humanitaria.
 
Tras los trágicos sismos ocurridos en Venezuela el pasado 24 de junio, 
un comando militar israelí se sumó a las labores de búsqueda y 
reconstrucción. Las operaciones son encabezadas por el general de 
brigada Elad Edri, jefe del Estado Mayor del Comando del Frente 
Interno del Ejército de Israel, quien ha tenido una labor intensa en 
las operaciones genocidas contra la población palestina en Gaza y en 
la anexión del sur de Líbano. Entrenado en el Colegio Real de Estudios 
de Defensa de Inglaterra, Edri encabeza una operación similar a la que 
implementó el Ejército israelí en Haití tras el sismo de 2010. En 
aquella ocasión, Israel fue investigado por la ONU por aprovechar las 
circunstancias para vender armas entre las pandillas haitianas.
 
Venezuela había roto relaciones con Israel el 15 de enero de 2009 en 
respuesta a la masacre sionista contra Gaza en la llamada Operación 
Plomo Fundido. El entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, acusó a 
Israel de cometer “un holocausto” contra el pueblo palestino. Bajo el 
mandato de Chávez y, posteriormente, de Nicolás Maduro, Venezuela 
apoyó a Palestina de diversas formas. Muchos jóvenes palestinos se han 
educado en Venezuela gracias al apoyo de ese país. Ante la tragedia 
desatada por los terremotos, los palestinos que viven en Venezuela y 
la embajada de ese país se sumaron inmediatamente a las labores de 
socorro. Hoy, como parte del brandwashing de Israel en Venezuela, 
Netanyahu declaró que su delegación militar está mostrando “la 
verdadera cara del Estado de Israel”, y que además de reconstruir 
ruinas, están reconstruyendo relaciones con el país sudamericano.
 
Para acabar con el régimen del apart-heid en Sudáfrica, fue necesario 
que los estados-nación rompieran relaciones con el régimen racista y 
criminal. Israel sabe que puede correr con la misma suerte que los 
supremacistas sudafricanos, por eso es tan importante su brandwashing 
y, en consecuencia, es tan crucial denunciarlo. La solidaridad con el 
pueblo de Venezuela no puede mancharse con sangre palestina.
 
PD. El brandwashing israelí también está operando en México. Militares 
israelíes promueven con su grupo “Luchadores por la vida” (en hebreo 
el nombre es “Guerreros sin fronteras”) campañas “pacifistas” y 
“altruistas” en escuelas de Chiapas. Además de exigir la extradición 
de Tomás Zerón, actualmente prófugo en Tel Aviv y responsable de la 
desaparición de los 43 normalistas de Aytozinapa, el Estado mexicano 
debería de impedir ese tipo de operaciones y revisar el papel que 
tienen las empresas militares sionistas asentadas en México, entre 
ellas: International Security and Defense Systems, Israel Aerospace 
Industries, Plasan Sasa y Elbit Systems.
 
* Filósofo, coordinador de las Obras escogidas de Fernando Martínez Heredia
 
Fuente: La Jornada, sábado 18 de julio de 2026

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