Inicio Nacional ¡¡¿Puede ser un necio más peligroso que un desclasado social?!!

¡¡¿Puede ser un necio más peligroso que un desclasado social?!!

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por Franco Machiavelo

Hay una diferencia decisiva entre quien está socialmente desclasado y quien, aun teniendo acceso a información, repite como eco obediente la propaganda del poder. El primero vive una contradicción material: su vida es explotada por un sistema que no controla, y su conciencia suele estar atravesada por el miedo, la precariedad y la promesa ilusoria de ascenso. El segundo, en cambio, renuncia activamente al pensamiento crítico y se convierte en correa de transmisión del discurso dominante. Ahí radica el peligro.
El necio no es solo alguien que se equivoca: es alguien que naturaliza la mentira y la reproduce con fervor. No necesita comprender la estructura de dominación; le basta con memorizar consignas, repetir slogans y defender narrativas que justifican la desigualdad como si fueran leyes de la naturaleza. Al hacerlo, cumple una función clave: legitima la violencia estructural sin necesidad de coerción directa. La dominación se vuelve sentido común.
Mientras el desclasado vota muchas veces contra sí mismo por confusión o desesperación, el necio organiza el consenso. Convierte la propaganda ultraderechista e imperial en “opinión responsable”, criminaliza la protesta, ridiculiza la memoria histórica y acusa de “ideología” a toda crítica que cuestione el orden existente. Así, desplaza el conflicto real —entre quienes concentran poder y quienes lo producen— hacia falsos enemigos: migrantes, pueblos originarios, movimientos sociales, víctimas.
El necio es peligroso porque habla el lenguaje del poder con voz cotidiana. No necesita uniformes ni cargos; opera en la sobremesa, en redes sociales, en los medios, en la escuela. Defiende intereses que no son los suyos como si fueran verdades universales. Y cuando la realidad lo contradice, no corrige: redobla la consigna. La propaganda no lo informa; lo disciplina.
En esa repetición acrítica hay una renuncia ética: aceptar que la injusticia es inevitable, que la historia terminó, que la violencia “se explica sola”. El desclasado puede despertar cuando la experiencia rompe el hechizo. El necio, en cambio, invierte su identidad en la mentira. Por eso la protege con agresividad.
El peligro no está solo en el error, sino en la función social del error organizado. Un necio que repite la narrativa de los opresores ayuda a que el sistema se reproduzca sin fricción, anestesiando la indignación y vaciando de contenido la democracia. No necesita mandar: le basta con convencer. Y cuando convencer no alcanza, justificar. 
 
 
 

1 COMENTARIO

  1. Tantos los necios como los desclasados son producto de la incapacidad y falta de confianza de los pacifistas. Son, precisamente ellos los que impiden los cambios históricos que deberían suceder casi por naturaleza. La acracia nació producto del desacuerdo en la forma de luchar que siempre han propuesto los políticos que todo lo quieren resolver por la vía pacífica, por la vía de la democracia. Pero no siempre ha sido así. La historia nos enseña que cuando no se escucha a este tipo de políticos cagones, se gana. El tío Ho fue un político no pacifista, por eso ganó el pueblo de Vietnam. La paz, la democracia, la religión, y la ley burguesa, condenan a los pueblos al yugo capitalista. Sin embargo es posible que todos estos elementos funcionen después de la derrota de la oligarquía. Pero esa derrota capitalista no se logra por medio del voto, ni por medio de la protesta callejera, aunque igual sirve, Pero la victoria verdadera siempre se alcanza en el campo de batalla. Cosa que a los pacifistas les da cuco. Más cuando tienen «cositas» que perder.

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