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Armas de destrucción masiva

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Isabel Vileya 21/08/2025

20 de marzo y el 1 de mayo de 2003, EEUU invade Irak so pretexto de tener evidencia de la fabricación y almacenamiento de armas de destrucción masiva.

20 de diciembre de 1989 y el 31 de enero de 1990, EEUU invade Panamá. Se realizó durante el gobierno del presidente de Estados Unidos George H. W. Bush, en las ciudades de Panamá y Colón. El 15 de diciembre de 1989 Panamá.

El propósito declarado de la invasión estadounidense era derrocar al gobernante de facto de Panamá, el general Manuel Noriega, quien era buscado por las autoridades estadounidenses por crimen organizado y tráfico de drogas.

Si les suenan estos dos ejemplos de invasión, tenemos ante nosotros las pistas que explicarían el despliegue de tropas norteamericanas en aguas internacionales del Mar Caribe, frente a aguas jurisdiccionales venezolanas.

En las campañas anteriores, así como en el despliegue actual, existen nexos de interés para analizar:

En primer lugar, Estados Unidos, no es el gendarme de la humanidad y no tiene ni derecho, ni privilegio para usar aguas no pertenecientes a sus espacios gubernamentales con ningún objeto militar ni policial.

En segundo lugar y en atención a la violación del derecho internacional usando y ocupando espacios internacionales, EEUU puede y ejecuta  la autoproclamación la capacidad de inferir en cuanto país y gobierno estime por encima de cualquier organismo o institución internacional que trate de impedírselo.

Si lo anterior no es determinante para entender la amenaza mundial que suponen las atribuciones que unilateralmente EEUU se adjudica libre y voluntariamente, vamos a profundizar en el riesgo de su política propagandística y el error fatal que puede producir no responder está campaña con una respuesta internacional de los Pueblos y ciudadanos libres (de la intoxicación gringa) a esta agresión que hoy sufre Venezuela y el continente que se extiende desde el Río Grande hasta la Antártica.

Ayer fueron Grenada, Nicaragua, Cuba, Panamá, Puerto Rico, El Salvador, Vietnam, Afganistán, Siria, Libia, Irak, Irán y un alarga lista, hoy es Venezuela y mañana no sabemos quién será el próximo objetivo del criminal Imperio.

En la fase imperialista de este conflicto, estamos en la campaña propagandística, en la que el ejecutivo norteamericano con Trump como «cabeza» (puede que cabeza sea mucho decir en su favor), necesita el apoyo y favor del Congreso de los Estados Unidos, de sus contribuyentes y el beneplácito de la «Comunidad Internacional».

El imperialismo, no puede permitirse ningún tipo de derrota en Venezuela, por lo que se hace imprescindible combatir la propaganda internacional de acusaciones contra Venezuela.

Si la administración Trump no consigue convencer a su Gobierno y a los ciudadanos  de qué deben sufragar los gastos del conflicto, la situación se complica ante los deseos de invasión o de interferir para colocar en Venezuela un gobierno títere.

En tanto los Pueblos de América Latina alcen su voz para disuadir a toda la sociedad,  a sus gobiernos,  de que la propaganda Yanqui no ha conseguido penetrar la conciencia de las masas, estaremos ante la posibilidad de evitar un conflicto o cuanto menos aplazarlo.

Se hace necesaria la intervención y el pronunciamiento de todos los individuos, colectivos y organizaciones, que rechazan las calumnias y mentiras del imperialismo, que en sus ansias por controlar la riqueza natural y petrolífera de Venezuela, pretenden generar una cortina de humo, con la excusa de estar velando por los intereses de su pueblo y la estabilidad del entorno.

Es falso que el gobierno de Venezuela sea un cartel del narcotráfico, ni en un guion de Hollywood hubieran aspirado a tanto. No obstante, este cuento ya les ha funcionado y confían que con las nuevas herramientas del sistema, puedan de nuevo reeditar un nuevo capítulo de «excusas ridículas pero eficaces» para intervenir en un país y destruirlo.

Como venimos diciendo, el imperialismo hampón, está todavía en la fase de consolidar una narrativa  y recordamos, que en la situación actual, es prácticamente imposible que se pueda dar una contienda militar sin el control absoluto de todos los factores considerando lo arriesgado de exponerse a cualquier tipo de derrota total o parcial.

Por lo anterior, estamos convencidos, de que todas las manifestaciones de rechazo a esta campaña y cualquier política injerencista de EEUU contra Venezuela o contra cualquier territorio, cualquier comunicado o actividad que anime o invite a las masas a tomar conciencia de la situación actual, es un acto formidable de defensa de la soberanía de los Pueblos y de los procesos, así como de la revolución, pero por sobre todo, la posibilidad de movilizar a miles de personas al rededor del mundo contra esta campaña (que forma parte de la estrategia de guerra imperialista) es la expresión máxima de solidaridad internacionalista.

Esto, no es más que un modesto llamamiento a la solidaridad internacional de las organizaciones revolucionarias, en defensa de la Paz y la Soberanía de Venezuela. 

 

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