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La guerra comercial de Trump amenaza la economía estadounidense y el orden global

La guerra comercial de Trump amenaza la economía estadounidense y el orden global

Reproducido de Rebelión
Diego Herranz
Público
La subida arancelaria al acero y el aluminio de EEUU es un riesgo sistémico. Contra la economía de EEUU, dopada por rebajas fiscales históricas, con déficits sin parangón, en pleno giro de su política monetaria y con un dólar débil. Contra la seguridad global, por la afrenta a aliados geoestratégicos. Y contra el raciocinio: ninguna guerra comercial ha ocasionado riqueza nacional, sino tensiones o desastres globales.

Contenedores de mercancías. Aly Song (Reuters)

El ciudadano Trump contra el resto del mundo. Así es el actual Tío Sam. Dispara sus tuits como si no hubiera un mañana. Desde el minuto uno de la asunción de su cargo, el comandante en jefe del ejército más avanzado tecnológica y militarmente del planeta y de la única potencia nuclear que ha utilizado armas atómicas contra población civil no ha parado de lanzar diatribas y mensajes ofensivos y amenazadores. Fiel a su ideario, dicen sus acólitos. Quizás uno de los que más ha disfrutado ha sido el que, hace un par de semanas, se considera de forma unánime en todas las cancillerías del mundo como una declaración de guerra comercial.

Porque, a juzgar por el contenido y el tono de sus proclamas, y por la constatación de sus más fieles asesores en la Casa Blanca, la defensa del proteccionismo y las apelaciones al patriotismo son las dos piedras filosofales de su ideario. Los temas con los que se siente plenamente realizado, los que colman su ego. Más, incluso, que su feroz, constante y numantina insistencia en que el Congreso firme el acta de defunción del MediCare o la Ley Dodd-Frank -la asistencia universal de la sanidad y las reglas contra las malas praxis del sector financiero, que hizo acopio de activos tóxicos hasta el punto de desencadenar el mayor credit crunch desde 1929, y en respaldo de los derechos del consumidor- dos de las iniciativas que marcaron el mandato de su antecesor, Barack Obama.

O que su doble rebaja fiscal, sin precedentes en la historia por el calibre de sus recortes tributarios, o el incremento presupuestario, también histórico, destinado a Defensa, que manejará este año una partida de nada menos que 600.000 millones de dólares. Bajo la justificación de modernizar el ejército, dotarle de armas innovadoras y preparar a EEUU ante nuevos desafíos globales.

Pero la afrenta de Donald Trump contra el libre comercio puede provocar que su deflagración le salga por la culata. Porque los efectos colaterales de su ordenado incremento de tarifas sobre las importaciones de acero -del 25%- y de aluminio (10%) no parecen que estén completamente bajo el control del actual inquilino de la Casa Blanca. Hay, al menos, cinco aspectos que ofrecen sombras. Es decir, que revelan dudas sobre la victoria de EEUU en esta contienda. Todos ellos, de enorme valor para Washington. De índole económico, aunque también geoestratégico. Y que dejan en entredicho las palabras de Trump, en su cuenta personal de Twitter, de que “las guerras comerciales son buenas” o su pronóstico de que EEUU “ganará” la contienda.

1.- Aliados de Washington que recogen el guante.

“El acero es el acero. Si no tienes acero, no tienes un país”. La proclamación de Trump en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca es una llamada al proteccionismo. Al patriotismo. Sobre todo, de industrias metalúrgicas poco competitivas e instaladas en el interior del país, caladero de votos republicanos y de adeptos del presidente de EEUU. “Estas acciones se han tomado porque no hay otra elección, porque son necesarias para preservar nuestra seguridad nacional”, explicaba Trump antes de sentenciar: “La mayoría de los países que nos amenazan con lo peor del comercio y de la defensa militar son nuestros aliados, como a ellos mismos les gusta denominarse”. El dirigente norteamericano hacía referencia, sin citarlos, a que tres aliados de la OTAN, Corea del Sur, Japón, India, Taiwán y México están entre los diez que lideraron las ventas de acero en suelo estadounidense. Es la competencia desleal a los trabajadores metalúrgicos que, ahora -según Trump- hay que defender a ultranza como parte de la soberanía nacional.

Pero este primer muro arancelario, que sumar al fronterizo con México, han dejado un reguero de rivales. Europa, Japón, China, Rusia y sus vecinos del todavía latente Nafta (Canadá y México) están dispuestos a presentar batalla a Washington. La UE, por ejemplo, ha enumerado un listado de 350 productos a los que aplicará gravámenes si EEUU consuma su amenaza sobre el acero y el aluminio. En realidad, son dos listas negras que, en conjunto, suman 6.400 millones de euros en ventas. La primera, la respuesta al acero, elevaría un 25% las tarifas sobre 180 bienes made in US. Si finalmente, Trump consuma su orden, prevista para el 23 de marzo. Entraría en vigor a los 90 días. La segunda, algo menos cuantitativa, tendría una prima de importación del 10%, que no sería inmediata. Pero que afectaría al whiskey, el papel, los textiles, el calzado o las joyas. En caso de que la Organización Mundial del Comercio (OMC) dictaminara que EEUU ha vulnerado, con su decisión, el principio de libre circulación de mercancías y servicios.